Arte para no artesanos 7. Actor #3
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7. Actor #3

Ella abre la boca, pero el pánico en sus ojos es más fuerte y se da media vuelta para regresar corriendo hacia sus compañeros. No me sorprende en lo absoluto, pero supongo que ellos están acostumbrados a ver solo el lado más falso suyo, entonces esto podría impactarles.

Me pregunto si piensa que él la odia. Ilusa, no tiene ni idea.

Él se fue media hora antes en su coche, cuando llego al hotel son las nueve de la noche, me tomé el tiempo de cenar en la cafetería del primer piso y esperar allí unas dos horas. El tiempo que considero prudencial para entrar a mi cuarto tras la advertencia de mi compañero de hotel.

Faltan treinta minutos para las doce, si es que trajo un invitado, ya debería haberse ido.

¿Voy a entrar a encontrarme con la peor escena posible pintada en la cama de Malek? Joder, pues espero que no.

Me aseguro de dar pisadas que se oigan antes de ingresar, incluso toco la puerta tres veces pese a que tenga la llave. Azoto la puerta, trato de evitar mirar en cierta dirección, pero al ir hacia la cocina, noto que todo está en completo silencio.

No hay nadie aquí. O eso pareciera.

«¿Le canceló la chica? Eso sería divertido».

Voy al baño para quitarme el maquillaje, la puerta se abre antes de que toque la manija y casi me meo del susto.

—Parece que acabas de ver al diablo —se burla un Malek recién salido de la ducha, con una bata envolviendo su cuerpo y el cabello goteando sobre su rostro.

—Calculé que te plantaron o cambiaron de lugar de encuentro.

—No te debería interesar tanto mi vida privada.

—¿Te cancelaron? —pregunto de forma burlona.

—Sí, vieron que la peli iba a ser contigo y mi reputación bajó tanto que ya nadie se me quiere acercar —responde con ironía—. Lo típico.

—Lo que sea, no te molesto, voy a... —Ladeo la cabeza hacia la entrada del baño—. Por cierto, creo que fuiste un poco frío con la chica de marketing en la tarde. Entiendo que seas así conmigo, pero ella no nos conoce y no te dijo nada malo.

—Es una falta de respeto, pero es lógico que no lo entiendas porque no has llegado al nivel de fama para comprenderlo.

Entorno los ojos. La rabia crece en mi pecho.

—Explícamelo.

—Te lo diré de esta forma: No hay nada en el mundo que puedan darme para que te ayude a hacerte más famosa, claro que la película necesita foco, para eso tienen un presupuesto millonario en promoción y con eso debería ser suficiente.

No somos sus payasos, al menos yo no. El "fingir" algo te beneficiaría más a ti y no me apetece hacer caridad.

—Le pudiste haber dicho eso a la chica.

—No me pagan por dar explicaciones y mucho menos entrenar personal no capacitado. Ella sabía con quién hablaba.

—Se te ha subido a la cabeza, Cooper.

Entre un parpadeo y el otro, la emoción en sus ojos cambia, pero vuelve a la frialdad total antes de que pueda resaltarlo.

—¿Te he pedido consejos sobre cómo manejarme con las personas? No. Así que no me hagas perder el tiempo escuchándote, Soledad.

—Hazlo que gustes, pero si alguien en alguna rueda de prensa me pregunta sobre este tipo de detalles, no voy a mentir.

—Amenazándome con hablar mal de mí, ¿con todo lo que sé de ti?

—Estoy siendo sincera.

—Si llevas el juego allí, yo lo llevaré más lejos. —Su mirada se clava en la mía—. Te lo aseguro, princesa, es algo que no quieres hacer.

Me encierro en el baño antes de responderle algo que haga que nos gritemos por el resto del mes.

Al salir me espero encontrarlo acostado, en lugar de ello, está vestido de manera elegante y colocándose su perfume frente al espejo del tocador.

—Voy a salir. No me esperes.

—No iba a hacerlo.

—Solo por avisarte, si alguien se mete a robar la poca dignidad que te queda guardada en la maleta, que sepas que no fui yo.

—¿Sabes qué? Espero te vaya genial en tu cita o lo que sea, quien sea que te esté alejando de mí, bendecida sea. El altísimo la proteja.

—Pfff. —Sonríe a su reflejo—. Gracias por tus buenos deseos, rubia.

—En serio, pásala bien. No regreses hoy. No regreses nunca, ojalá tu polvo dure 365 días.

—No tengo idea de cuándo será, pero no tienes tanta suerte, volveré a por ti —se burla—. Dejé unas sobras en la cocina por si no quieres seguir tomando pésimas decisiones financieras, esta ciudad es demasiado para ti. —Carraspea—. Nos vemos en el set.

Veo cómo acaba de ajustar las mangas de su camisa negra antes de tomar su teléfono y billetera.

Es recién cuando oigo la llave trancar la cerradura que me permito relajarme, cambiarme a mi pijama en calma. Es bastante tarde, pero no tengo sueño, así que me propongo preparar un té de manzanilla que me ayude a descansar.

Mi taza está girando en el microondas con su saquito dentro cuando observo la mesada de la cocina, su caja de dulces está allí, estas deben ser las sobras de las que habló.

Tengo la tentación de tirarlo directo a la basura porque no quiero su lástima y quizá sus postres están envenados, pero la curiosidad es más fuerte que yo.

Al abrirlo, veo que son cuatro filas de tres postres cada una, hay migajas de alfajores de chocolate y restos de Nutella. Los alfajores de maicena, por otro lado, están intactos.

No recuerdo si no le gustan, lo cual es lo más probable. Pero son mis favoritos, así que su jugada macabra de la noche le salió por completo mal. Los pongo en mi platillo junto a mi taza de té.