Arte para no artesanos 6. Club De Teatro
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6. Club De Teatro

CLUB DE TEATRO

DIECIOCHO AÑOS

No hay mal que por peor tragedia no venga.

A los diecisiete años creía que el mundo era bueno. Y bueno, uno cree cosas muy idiotas a esa edad. De los dieciocho a diecinueve, no tengo idea de quién era esa persona.

Solo sé que cuando cumplí la mayoría de edad estaba a la mitad del segundo semestre en la universidad, llevaba dos meses con mi novio y mis primeros meses en el club de teatro.

Era...

Una buena chica.

—Deja de colocarte en mi lugar, Cooper. —Arrojo los papeles de Malek de un pupitre al otro, él se estremece—. Sabes que me gusta estar en primera fila.

—No veo bien, Sol. Lo sabes.

Ruedo los ojos. A veces me molesta que me hable así, como si me importara algo de él solo porque tuve la decencia de hablarle.

—No tengo la culpa de que nacieras defectuoso.

—Hay dos lugares en la primera fila.

—Ese es mi asiento.

—Solo quiero leer en tranquilidad. Te lo daré apenas empiece la clase. Por favor.

—Muévete.

Malek observa sus papeles tirados en el piso con cierta melancolía, luego levanta la mirada, pero no llega a verme a los ojos, su sonrisa se tuerce. Arrastra sus pies hasta el siguiente pupitre en la fila de atrás.

—¿Por qué estás aquí tan temprano?

Él evita responderme, y yo la verdad es que no le tomo mucha importancia. Me froto los ojos, son las seis de la mañana, somos los únicos insoportables intensos en el campus.

Bosteza, volviendo a leer su conjunto de papeles. Se reacomoda sus lentes sobre la nariz.

—Cooper.

Estira su mano con cuidado hasta el termo con café. El aroma llena el salón de teatro.

—Cooper, no me ignores. —Me levanto, mandando un poco para atrás mi silla, pongo mi mano en su hombro—. ¡Cooper! —grito en su oído.

Mi grito lo sobresalta. El termo casi se cae.

—No me ignores. —Detengo su mano sobre el papel—. Muéstrame, ¿qué es eso?

Estiro el papel de sus manos, no logra aferrarse a ellos lo suficientemente rápido. Mis ojos se deslizan hacia el título.

—¿Estás estudiando a los romanos? ¿Marco Aurelio? ¿En serio?

—Es de un libro que me gusta.

—Esto se ve como un guion.

—¿Qué hay de malo en eso? Quise adaptar los diálogos a ese formato.

—Terrence es quien se encarga de qué guion escogemos, no deberías preocuparte mucho por estas cosas. Igual, si quieres, se lo muestro y decidimos en clase qué...

—¡No! ¡Dámelo! —Trata de quitármelo, provocando que el termo caiga al suelo—. Mierda, perdón, Sol.

Se ha manchado la ropa gris clara que traía también, ahora se ve como si se hubiera vomitado encima.

—Tranquilo, yo lo limpio. —Me agacho, trata de detener mi mano, pero el papel toca el líquido antes de que lo salve—. Ay, Dios, lo...

Lo siento.

Iba a decir lo siento. De verdad.

Mi intención era hacerle la vida imposible a Malek, pero nunca había sido tan cruel con alguien. Pensé en pedirle disculpas, lo juro, mas no lo hice.

Terrence entra a la clase justo en ese instante, trae una camisa blanca y una corbata roja. Su cabello dorado peinado hacia atrás. Es como ver a un ángel en persona.

—Buenos días.

Sus ojos se fijan en la lamentable escena, me tenso por un momento pensando que la desaprobará y eso sería un problema. Él niega con la cabeza y se carcajea.

—¿Qué ha hecho el torpe de Malek Cooper ahora?

Me permito sonreír una vez él lo hace.

Llevo solo un rato saliendo con Terrence, a escondidas, claro, no se vería bien que él salga con una alumna.

La gente no lo entiende, nada pasó hasta que yo cumplí dieciocho hace un poco más de dos meses. Además, no fue una relación espontánea, ya le conocía por su actuación en obras de teatro locales hace años. Empezamos a ser cercanos desde que yo tenía dieciséis.

Él es como la superestrella en nuestra relación y yo nunca he sido más paranóica.

Pero son solo las mariposas en mi estómago explotando.

Deseé por miles de noches que alguna vez me diera una oportunidad.

El año pasado terminó con su pareja de años y le di tiempo, tiempo que decidió utilizar conmigo.

Las personas se espantan por cosas muy pequeñas, soy madura y él es tan moderno como yo, nos entendemos. No somos como los demás romances con diferencia de edad. Terrence es un diamante en bruto, de no ser así, no estaría siendo profesor a los veinticinco.

Vale, profesor... actor guía del club de teatro... clase, club... es lo mismo. Tiene su título de profesorado. Ejercería, pero es que él está destinado a cosas mejores.

Aun así, estoy feliz de que haya aceptado este trabajo, de no ser así, no hubiéramos vuelto a conectar.

—¡Terrence, mira! —Me rio en alto—. Cooper escribió un guion, quizá puedas corregírselo.

Corro a darle las únicas dos hojas que sobrevivieron al café, él intenta detenerme, pero soy más rápida.

Terrence lo toma en sus manos, los demás alumnos inscriptos empiezan a llegar.

—Hmm. ¿Esto lo hiciste todo tú, Malek? ¿Sin inteligencia artificial?

Él se queda tieso observando al profesor, su expresión es la de alguien que ve un criminal. Entorno los ojos, Cooper es tan dramático.

—Prefiero llamarlo inteligencia artesanal; y sí, claro que lo hice yo.

—Bien, déjame darte un consejo para mejorarlo. —Terrence se estira sobre su escritorio y toma el bolígrafo rojo—. A los diálogos, les falta pasión. —Tacha por completo la hoja—. Y a ti te falta poner los pies sobre la tierra, esto es basura.

Rompe las hojas a la mitad y luego continúa rasgándolas hasta hacerlas tiritas. Por un segundo me da miedo que Cooper le reaccione, pero este es inmutable, solo se fija en mí como si esperara algo. No le doy nada.

Terrence arroja el papel al basurero al lado de su escritorio y toma asiento.

—Bienvenidos a la clase de hoy, nuestro tema será: ¿Como reconocer si un guion realmente vale la pena ser interpretado? Cuando eres actor, no puedes solo actuar de lo que sea. Tu talento será fuertemente juzgado por los trabajos que decidas tomar.

Cooper parpadea varias veces aún al lado del basurero, toma una larga respiración antes de volver a su pupitre salpicado de café y usa las hojas ya en el suelo para limpiar el charco mientras Terrence empieza a comentar el tema.

Estoy sentada sola en la cafetería a las cinco cuarenta de la mañana, Terrence dijo que vendría para que desayunemos, pero no hay rastro suyo. El reloj junta sus manecillas, aún no llega.

Me he despertado horriblemente temprano solo para arreglarme, observo en la cámara frontal de mi teléfono mi maquillaje. El labial rojo no me queda bien, siento que se ve como si fuera un payaso y mi intento de vestuario "serio" me hace verme rara. Eso me deprime.

Borro las pestañas abiertas que tenía, quedándome por un segundo sobre la foto de su ex. Observo la selfie en silencio, sus ojos celestes, su cabello negro largo. No es difícil encontrar a Luna en las redes, es una autora famosa.

Voy a la cantina a pedir un alfajor de Maicena. Cooper ya se encuentra en la fila antes que yo.

—¡Buen día! —saludo a la cocinera pese a que fuera el turno de él—. ¿Me daría ese postre, por favor?

Atienden mi pedido primero, él no dice nada. Siempre ha sido callado y de perfil bajo, pero últimamente ya ni siquiera reacciona a mis provocaciones.

Hacerlo sentir mal hace que una parte de mí se sienta bien. Y sé lo patético que es eso, pero es de las pocas cosas que me hacen sentir algo estos días. Creo que me odio tan profundamente que ver un poco de mi posible potencial en Cooper hace que pierda la cabeza.

Me encandila verlo.

Lo detesto. Pero no más que a Luna, que a Terrence, que a mí.

Trago mis pensamientos junto al alfajor. Checo mi teléfono, mi novio me ha cancelado el desayuno. «Mucho tráfico».

Paso directo a la biblioteca, tengo que estudiar. Mi carrera real es Ingeniería administrativa, estaba pensando complementarlo con otro tipo de ingeniería básica que se vea bien en papel para mi curriculum . Me gusta actuar, pero no soy una soñadora. Necesito algo estable.

En una esquina de la librería, saco mi tableta para leer. He comprado todos los libros de la exnovia de Terrence, ya he leído tres de los quince que tiene. Quiero vomitar en cada página pensando que los escribió pensando en él, pero no puedo parar, mi cerebro se ha obsesionado con ella.

Siento que sé cuáles son sus mensajes secretos, siento que puedo oler el aroma de sus velas aromáticas al lado de la computadora cuando escribe.

Me he visto sus vídeos de vacaciones, sus fotos me las sé de memoria y por supuesto que esto me está intoxicando, pero soy yo quien ha escogido beber el veneno en primer lugar.

Esto no era lo que esperaba vivir al ser mayor de edad, creía tenerlo todo claro hace tan solo unos meses y ahora no entiendo bien qué está pasando.

Constantemente una fuerza invisible me arrastra con ella, impidiendo que sea por completo feliz en cualquier circunstancia y me agarra del cuello cada vez que trato de ponerla en palabras.

Estoy enojada y no sé con quién o por qué.

Elevo la vista, él está al otro lado de la biblioteca con libros de matemáticas en la mesa. Cooper no solo es bueno en el arte, también ha ganado cada torneo de matemáticas, cálculo y números hecho en este campus. Es el estudiante estrella de su clase.

Ahora sus lentes descansan sobre "Economía IV" mientras que él se tapa los ojos con las manos.

Puede que no deba empezar otra conversación sin nada bueno que decir, pero lo pienso, así que lo digo, no hay un filtro entre mi cerebro y mi boca.

—¿Cansado?

—Bastante. —Bosteza—. No dormí muy bien anoche, Sol.

—¿Qué pasó? —pregunto, e intento no sonar preocupada porque ese no es mi papel y Cooper no me importa, pero sé que su madre no se encontraba bien de salud al empezar el año. Mi corazón se detiene por un instante.

—Estuve memorizando unas líneas, voy a presentar a un casting .

Vuelvo a respirar con tranquilidad.

—¿En serio? ¿De qué?

—Un musical. No es lo que esperaba, pero aún estoy esperando respuesta del último casting que hablamos.

Eso me hace carcajearme. El bibliotecario nos llama la atención y él me hace una seña para salir al pasillo.

Sigue estando algo vacío, las clases suelen empezar a las ocho.