Arte para no artesanos 5. Estrella
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5. Estrella

ESTRELLA

Al mal tiempo, mala cara.

Me duele la espalda por dormir en el piso.

Llevamos casi una semana así y deberían haberme transferido, pero, por alguna razón, cada vez que se habilita una habitación, es reservada virtualmente, pago adelantado.

Para colmo, Malek tiene el soundtrack de Wicked como alarma, así que cada mañana me despierto oyendo musicales al azar.

Todas las mañanas es una nueva tortura, abre las cortinas, hace ruidos incómodos en el baño, huele a frambuesa con chocolate por su perfume y no respiro oxígeno hasta salir al balcón.

Esto es... De hecho, no tan malo como imaginaba.

—Buen día, princesa —dice desde el piso, estoy segura de que no necesitaba ejercitar con su coach a todo volumen a las cinco de la mañana—, ¿cómo amaneciste, rubia? Espero que mal.

—Horrible.

—Sí, te veo.

—¿Podrías dejar de decir que me veo fea? Acabo de despertar, perdón por no ser tan hegemónica como tú, supongo.

—Te perdono. —Me guiña—. Y no te he dicho fea, solo creo que eres como una leche: caducada.

—Eso no tiene sentido.

—Tú no tienes sentido.

—Agh, no tienes caso.

Me levanto del piso, arrastrando mi única mantita conmigo hasta el baño. De reojo, lo veo hacer lagartijas a mitad de la suite , tiene un vídeo pregrabado de su entrenador personal. Trae ya su ropa deportiva, sus brazos definidos, sus músculos marcándose levemente.

Malek está en forma, no más, no menos. Podría pasar desapercibido como alguien que tiene buena genética y, a veces, diría que no se ve como alguien que lo hace cada día. Puede que esté loca, pero creo lo hace para molestarme.

Me lavo la cara mientras decido qué hacer, no puedo permitir que esto siga me afectando cuando siempre he sido muy de dejarme llevar por la oscuridad. Debo hacerle frente.

Al salir del baño, Malek ya tiene su café en la mano. En la mesada de la cocina hay otra taza con vapor saliendo de ella.

—Lindo peinado, rubia.

Tengo el cabello desordenado, algo quemado y seco.

Lo ignoro, me dirijo también hacia la cocina, pero él me detiene tomándome de un hombro y señala la taza con la mirada .

—¿Tú?, ¿invitándome algo? Sé que tiene veneno, Malek. No me fío.

—Me la suda, tómalo o no. No voy a insistirte y, de todos modos, ya no queda café, me lo acabé.

Gruño enfadada, me hará mal despertar y estar tan llena de odio. Tomo la taza, debo admitir que huele bien y él parece saborearlo a gusto. Me lo llevo a los labios, él sigue mis movimientos con los ojos.

Escupo el café al instante, manchando la mesada, mi pijama y su ropa.

—¿Ponerle sal? ¿En serio?

Él estalla en una carcajada tan alta que lastima mis oídos.

—Agradece que no es veneno, rubia.

—¿Sabes que eres un adulto? No un niño para hacer este tipo de bromas idiotas, ¿también le pusiste al tuyo y pretendiste solo para que caiga?

—No, no soy imbécil. El mío está perfecto.

Estiro el brazo para bajar su taza de su boca y probar un sorbo, solo quiero comprobar que dice la verdad, pero captura mi muñeca en el aire.

—Cuida tus manos, Soledad. Aléjate de mí.

—Haré lo que se me de la gana. Si quieres comportarte como un crío, entonces los dos podemos jugar. —Agito mi taza, una gota cae al piso. Él aprieta su agarre en mi muñeca.

Me libero de un solo movimiento brusco, él se ríe y aquello suena casi aterrador. Me mira por debajo del hombro, su mirada sombría, su sonrisa falsa brillante.

—¿Estás segura de eso, princesita? Estaba intentando no hacerte llorar tan pronto.

—Nadie tan patético como tú podría lograr eso en mí. Eres un fraude.

—Pfff.

—¿Qué?

—Considera esto una declaración de guerra. —Me ofrece su mano para estrecharla—. Te informo que estás del lado perdedor.

Doy media vuelta, dejo el café en la mesa e intento regresar al baño para cambiarme el pijama. Él me detiene poniendo su pie como zanjadilla en el camino.

—No eres nadie para ignorarme —susurra—. Mírame, Soledad. —Chasquea los dedos y me odio a mí misma por cumplir su orden—. Aún podría darte la posibilidad de tener paz, puedo retractarme.

—Eres lo peor.

—Te he ofrecido un trato.

—El cual no voy a aceptar, eres malo por naturaleza.

—Puedo volverme muy bueno para ti... Si te pones de rodillas.

—¿No te da miedo que salga a quejarme de ti y tu papel de príncipe encantador se desvanezca?

—Es tu palabra contra la mía. Pierdes.

—Podría conseguir pruebas.

—No eres así de lista.

—Si esperas que me ponga a chillar a tus pies, entonces deberías dejar de mirar porno masoquista. Las fantasías raras que tengas déjalas fuera de este trabajo.

Su risa es tan alta que apenas escucho mis pensamientos internos insultándolo, para peor, es contagiosa. Malek se ve bien, incluso siendo un monstruo. Detesto eso. Bastante.

—De verdad crees que soy tan malo. —Se limpia una lágrima falsa, rompe el espacio entre nosotros, su rostro a centímetros—. Soy mucho peor, Soledad. Princesa... Te diré esto de la forma más dulce que sé: Deberías renunciar ahora mismo para no retrasar la película. Si fuera tú, empezaría a correr.

—Sobre mi cadáver vas a robarme esta oportunidad.

—Eso suena a un reto, me gustan los retos.

—Vete al infierno, Malek Cooper.

—Oh, querida, ya estamos allí. —Se acerca aún más, sus ojos verdes intensos son todo lo que veo—. Último llamado: Sal por esa puerta ahora, Soledad. Eres mediocre, pero supongo que tienes juventud y un buen cuerpo, podrás conseguir más roles a tu medida, escalar poco a poco.

—Escúchame, niño prodigio —suelto eso con tanto desprecio que mi tono me sorprende a mí misma—. No voy a renunciar. Y no lo haré por el simple hecho de que, si voy a fracasar, vamos a fracasar juntos.

—Ilusa.

—Irritante.

—Ridícula.

—Rarito.

—Patética.

—Patán.

—Te odio. Con cada fibra de mi ser, eres peor de lo que recordaba y me alegra que la vida nos haya juntado solo para al menos complicarte un poco esta nueva película.

—Tienes demasiados aires de grandeza para alguien que su mayor logro fue chupársela a su profesor de teatro en...

No me percato de que mi palma abierta fue directo a su mejilla hasta que oigo el sonido. Pero no del golpe, sino de mi mano impactando contra la suya deteniéndola.

—Ni modo, Soledad. Yo te lo advertí. —Suspira—.

Primero, te dejaré algo claro: no hay nada que tu minúsculo cerebro ni tus torpes manos puedan formar para joderme, tengo la carrera perfecta, la fama, los premios, el dinero y el estatus.

Nada puede arrebatarme mi trabajo; y, segundo, voy a hacer todo lo que esté en mi poder, del cual tengo bastante, para hacer los siguientes meses de tu vida el infierno en la tierra.

—Su mano se posa con suavidad en mi cuello—.

Puedes empezar terapia, pero sería más fácil si en tus plegarias incluyes tus sueños y tu futuro en la actuación, porque tendrás que despedirte pronto de ellos.

—¿Una amenaza tan directa, niño prodigio? —Arqueo una ceja—. Un hombre usando su jerarquía para intimidar a los demás. Creativo, sin duda.

—Puedes decir tus frases vacías cuánto quieras, pero siento tu pulso, huelo tu miedo. —Me percato de que por eso estaba tomándome y doy tres pasos hacia atrás—. Te conozco, conozco cómo te ves cuando sabes que estás absolutamente perdida.

—No eres siquiera lo peor que voy a enfrentar este mes y quieres venir a decir tus tonterías.

—Voy a arruinarte.

—Bien.

—Vas a desear no haber cruzado la puerta del club.

—Qué romántico.

—Agregaría que destruiré tu vida; pero, supongo que de eso ya te has encargado tú.

Después de todo... Venimos del mismo lugar, la única diferencia es que yo estoy en la cima y tú bajo la suela de mis zapatos.

—Deja su taza en la mesada junto a la mía—.

No olvides estar en la clase de baile que pediste porque no sabes hacer nada.

No puedo esperar a opacarte también allí.

—Te pisaré los dedos de todos los pies.

—Se dice todos los dedos de los pies, solo tengo dos pies, genia.

—Eres realmente lo peor. Entiendo por qué no has tenido pareja y tienes que mentir sobre ello porque no quieres que yo sea el único contacto cercano que has tenido con una mujer en la cama.

—No fantasees conmigo en una misma cama, princesita.

—Tus fans estarían tan decepcionados de ti si te escucharan como el ogro que eres.

—Tu yo del pasado estaría decepcionada de ti si pudiera ver la fracasada en la que te has convertido. A mí no me importa la opinión pública, ¿pero tú? Incluso tú estarías en tu contra.

Vale, quizá ese disparo ha rozado demasiado cerca mi piel esta vez.

—Nos vemos allá, Malek.

Ropa cómoda, miradas incómodas, una mujer más alta que Malek y yo con el cabello pintado de Violeta frente a nosotros.

Las paredes son espejos, de repente, soy demasiado autoconsciente de los pequeños detalles de mi cuerpo que no son perfectos. De todo detalle técnico erróneo, de mi mala postura y poca habilidad para hablar con extraños.

Detesto ser así, las palabras se enredan en mi lengua y termino vomitándolas. No era así antes, a los diecisiete era presidenta del club de debate, terminé el instituto con honores, hablaba en el escenario y a cualquiera en frente, tenía cierto arte.

Luego me pudrí como cualquier fruta cortada en la mesa esperando a ser devorada, pero pasó demasiado tiempo, el moho se ha impregnado en mí y siento que, hasta ahora, no estoy limpia.

—Bien, lo primero sería hacer estiramientos, el baile es una disciplina que requiere mucho al cuerpo y, si la practican sin consciencia, pueden lastimarse. Por favor, imiten mis actos.

Me siento ridícula. Bailar se me da fatal y me duele incluso inclinarme hacia el frente e intentar tocar mis pies mientras que mi compañero parece haber nacido para esto.

Estamos varios minutos estirando hasta que ella se acerca a su teléfono para reproducir la música, la primera de las varias escenas de danza en la película. No la conocía, es demasiado romántica y azucarada para mi gusto.

Nos sentamos en el suelo, ella imita el acto y acorta la distancia entre nosotros.

—Bueno, ¿Somos...? ¿Todos nuevos? ¿Han tenido alguna experiencia con la danza antes? ¿Con seguir coreografías?