Arte para no artesanos 3. Harvel
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3. Harvel

HARVEL

UNA SEMANA ANTES DE LA REUNIÓN

Más vale nunca que tarde.

Mis padres eran hípsters y emos enamorados, por lo cual, decidieron que ponerme Soledad Clemencia sería buena idea cuando mi apellido es Gómez. Eso y que me odian, claro.

Soy solo exactamente lo que se esperaría de alguien que se llame Soledad: dramática, llorona, pasional y mala bailarina. Énfasis en mala bailarina.

—¿Mentiste en tu audición?, ¡¿estás loca?! —Mi representante se desliza del sofá al piso—. ¡¿Sabes lo que me costó mantener mi compostura cuando te vi firmar el contrato?! No puedes ir por la vida fingiendo ser cosas que no eres.

—Soy buena bailarina.

—Solo te sabes la coreografía del baile de graduación de secundaria, en la cual pisaste a tu pareja, ¿al menos fue esa la que les mostraste?

—La verdad es que sí y, siendo sincera, yo misma hice una oferta antes que ellos. Sí, he aceptado el papel por un precio lamentable, pero este es mi boleto al estrellato, lo hubiera hecho gratis.

—Eres una actriz increíble, Sol. No me queda duda. Pero le rompiste la nariz a mi hermano la última vez que intentaste bailar.

—Esa despedida de soltera fue intensa, ¿vale? Se me salió el tacón.

—Se la rompiste de un cabezazo.

—Todos cometemos errores.

—¿Sabes qué? Me voy a callar mis pensamientos, porque debo reconocer que has conseguido este papel sola y, joder, es la oportunidad del siglo.

Este juego en el que soy tu “representante” ha acabado.

Tú eres tu propia representante, puedes con todo.

Eres una heroína —dice al leer el papel firmado por quinta vez.

—Gracias por tu apoyo. Pero quizá algún día necesite, al menos, mentir sobre que tengo una.

—Fue un honor ser tu representante sin sueldo, estaré contigo siempre que lo necesites. Pero no me necesitas, lo sabes, ¿no? Puedes sola.

—¿Acabas de renunciar?

—Básicamente —bromea—. Lo he hecho por tu bien. No ocupas la firma de nadie en medio de tus próximos grandes sueños.

—Cuando sea famosa, tendrás un sueldo solo por ser mi amiga. E iremos a comprar libros sin mirar el precio.

Dolores, mi mejor amiga, sacude la cabeza y me sonríe en grande.

—¿Te has leído el libro en el que se basa la película?

—He leído de la autora porque escribe clásicos que nos hicieron estudiar en secundaria y en la universidad. De hecho, no sabía que los protagonistas son tan... modernos. Pensé que era algo como no sé, lo usual, niñas ricas que han vivido en un castillo esperando un príncipe azul.

—Yo sí me lo he leído. Es bueno. Estoy segura de que te encantará, es, dentro de todo, un drama romántico.

—Dios, esta noche no para de mejorar, no puedo esperar a ser "Alma Gioia" —Hago efectos especiales con los dedos al pronunciarlos—. Hasta suena mágico.

—En realidad. Tú te pareces bastante físicamente a ella, bajita, cabello largo, ojos oscuros y cara de niña buena. El cabello te lo pintamos, problema resuelto.

Abro la boca, ofendida.

—No soy tan niña buena como imaginas, ayer me dieron mi café extragrande en lugar de solo grande y no lo devolví.

—Tienes razón, te estás volviendo maléfica.

Cruzo los dedos.

—Manifestemos que gane un Óscar por ese papel.

—Tú sabes que manifiesto el mundo en tu plato para que te lo comas, pero por ahora, enfoquémonos en este bocado. ¿Has leído el correo que te enviaron?

—Todavía. He estado ocupada fantaseando.

—Va, pues no es nada del otro mundo. Es la dirección y los horarios de grabación. Es más como uno general que envían a todos los actores, al parecer, porque hay más personas adjuntas.

—¿Algún nombre conocido? Es decir, algún colega que conozcamos.

—Pues, conocido por mí no, pero tu próximo Romeo es Malek Cooper, el nuevo chico dorado del cine, ¿has oído de él?

Creo que hace poco participó en una miniserie de Harvel como el nuevo...

¿Cómo era? Ese que tiene cuernos. Aunque claro, se veía más sexy de gladiador.

Ese hombre sí que es perfecto de pies a cabeza; además, dicen que es supereducado y dulce. Mi hermana se lo topó una vez.

No hay nada malo en lo que acaba de decir; sin embargo, el rostro me cambia. Palidezco y Dolores lo nota.

—Oye, Sol, ¿te sientes mal? Pareciera que acabo de nombrar al anticristo.