Arruinada Capítulo 8 Jamie
27%

Capítulo 8 Jamie

El JFK es el hervidero de siempre. El sonido de las ruedas de las maletas sobre el hormigón, los cláxones y los aviones volando bajo evocan ese entusiasmo desenfrenado que sientes cuando te vas de vacaciones.

Nadie tiene que recordarme que esta vez es completamente diferente.

Porque hoy me voy de gira mundial con una de las bandas más grandes del mundo occidental. Tengo que pellizcarme para creerlo.

Hoy me siento descansada después de haber dormido bien.

Kai se aseguró de que no tuviera oportunidad de reunirme con el resto del equipo para tomar algo: me endosó una lista interminable de tareas, desde reservar un sinfín de restaurantes hasta preparar los requisitos del camerino para cada local.

A este tío le encanta el whisky y los M nuestros cuerpos se rozan y cada terminación nerviosa de mi cuerpo se enciende.

Intento con todas mis fuerzas parecer indiferente al contacto, mantengo la distancia y le lanzo lo que creo que es mi mejor mirada asesina.

Convencida de haber logrado mi pose de tía dura con aplomo, me muero de vergüenza al verlo partirse de risa mientras murmura «adorable» entre dientes.

Que se vaya al infierno este hombre. Vuelvo al cubículo de Trent pisando fuerte, abro la cortina de un tirón y dejo el vaso de golpe sobre su bandeja.

—Aquí tienes tu whisky con soda. —Juro que si ahora me pide una bolsa de frutos secos, no respondo de mis actos.

—Gracias, Jamie. Además, quería avisarte de que puede que necesite que quedes con un amigo mío cuando lleguemos a Los Ángeles. Tiene un regalo que quiere hacerme llegar.

—¿No han oído hablar de DHL o del buen y viejo servicio postal de Estados Unidos?

—Sospecho que este es otro de sus «paquetes», y la cosa se va a poner incómoda si sigue endosándome estos encargos.

Como no le ha gustado mi respuesta, se pone los auriculares y su actitud se vuelve de una superioridad gélida.

—Eso es todo, Jamie. Ya puedes volver a tu asiento.

—Consciente de que me está despachando sin contemplaciones, vuelvo arrastrando los pies a mi asiento e ignoro la mirada curiosa de Kai.

No sé si de quien desconfía es de mí o de Trent.

De camino a mi asiento paso junto a una Natalia abatida.

Seguro que vio más de lo que esperaba. Espiar nunca trae nada bueno.

Cuando vuelvo, me alegra ver que Jason ya está despierto.