Arruinada Capítulo 7 Jamie #2
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Capítulo 7 Jamie #2

—Aunque no puedo negar que es un músico con un talento increíble. Toca el bajo mejor que nadie con quien haya trabajado. Y solo parece mejorar con el tiempo.

Me alegra que Jason pueda al menos decir algo positivo sobre él. Parece que hay poco donde elegir.

—Sí, ese es un bala perdida.

Sandra se ríe, no sin cariño, y da su opinión:

—Literalmente, nadie tiene una mala palabra que decir sobre Shauna y Mickey, especialmente Shauna. Ella es el pegamento que mantiene unida a esa banda. No durarían ni cinco minutos sin ella. Y Mickey es la tranquilidad personificada, pero no habla mucho.

—Está demasiado ocupado adorando a Shauna como para hablar.

Natalia suspira soñadora:

—Encontradme un hombre que me mire así.

Jason resopla incrédulo:

—Si quieres un hombre así, Natalia, ¿por qué siempre acabas con los mayores cabrones que encuentras?

No me entra en la cabeza que los hombres no se rindan a los pies de Natalia con ese aspecto tan sensual.

Natalia le arruga la nariz y se vuelve hacia mí con un destello de advertencia en la mirada.

—Bueno, supongo que eso nos lleva al último miembro, Kai.

Por la manera en que escupe su nombre, está claro que Kai entra en la categoría de mayores cabrones.

—Te dije que no te liaras con él, Natalia, pero no quisiste escuchar —la regaña Jason, y mi traicionero corazón se encoge al imaginarlos juntos.

Ojalá mi cuerpo no reaccionara con solo oír su nombre. Y peor aún, estos celos irracionales que me punzan como si fuera una amante despechada ante la idea de él con otras mujeres. Ojalá pudiera apagar este sentimiento.

Natalia gime como enfadada consigo misma:

—¿Qué puedo decir? Él iba borracho, yo iba borracha, y dejó claro que aquello no iba a ninguna parte, pero fui tan estúpida de pensar que podía cambiarlo.

La verdad, si alguien tan deslumbrante como Natalia no consigue que se le caiga la baba, no hay mucha esperanza para el resto de nosotras.

Sandra tamborilea con sus uñas acrílicas sobre la mesa y añade pensativa:

—En general, Kai es buena persona. Cuida de todos en el equipo.

A veces es un poco brusco, pero normalmente es porque tiene la cabeza en otra parte, componiendo música alucinante con esa mente genial que tiene.

Pero cambió mucho después de que Jada muriera.

Se cerró emocionalmente. Es casi como si ya no estuviera ahí.

Todos asienten, y no es difícil ver el respeto que le tienen.

Mi teléfono suena y al instante veo el nombre de Trent en la pantalla. —Debería contestar. Es Trent —digo mientras pongo los ojos en blanco. Todos contienen la risa mientras hablo.

—Hola, Trent. Sí, voy de camino. ¿Quieres pizza? ¿Cuántas? Estaré ahí lo antes posible. Termino la llamada, guardo el teléfono en el bolso y me levanto para irme.

—Me tengo que ir. Hay una emergencia. Trent necesita pizza —digo con cara de póker. Todos se ríen solidarios, y estoy bastante segura de que nos llevaremos bien.

—¿No se da cuenta de que hay miles de pizzerías que le llevarían la pizza a domicilio?

—Parece que prefiere que se la lleve yo en persona. Me encojo de hombros. Al menos ahora tengo trabajo, así que no me quejo.

—Vuelvo al hotel contigo —se ofrece Jason—. Necesito hablar con Kai y Trent sobre el próximo concierto.

Cada uno se va por su lado. Natalia y Sandra me dicen que nos veremos para el vuelo de mañana.

Jason me sostiene galantemente la puerta del café.

Al salir, me ciño más el abrigo. El cielo azul de antes ha dado paso a nubes oscuras, y un viento gélido me pellizca las orejas.

Jason saca un porro mal enrollado del bolsillo de la camisa y lo enciende. Se asegura de ofrecérmelo primero.

—Muy amable, caballero —digo imitando mi mejor acento de dama sureña.

—Pronto sabrás lo que es vivir la locura de una gira de Razor Shade. Acabarás fumando hierba como si la necesitaras para respirar.

—Sí, bueno, solo unos días con ellos han sido una locura.

Después de seis meses, estaré lista para retirarme al campo.

Doy una última calada al porro antes de devolvérselo; el humo me raspa la garganta.

Hace mucho que no fumo hierba y ya estoy bastante colocada.

No sé si estoy preparada para el estilo de vida del rock and roll, pero si quiero tener la oportunidad de volver a la universidad, tendré que apañármelas como pueda.

—¿Qué tal te va con la banda? ¿Se portan bien todos? Sacude la ceniza sobre la acera y se coloca el pelo largo detrás de las orejas.

—Como era de esperar, Shauna y Mickey son increíbles. No sé si podría sobrevivir sin ellos. Trent es exigente, pero a veces puede ser amable.

—Normalmente cuando está colocado —añade Jason, quitándome las palabras de la boca. Me quedo callada unos segundos, buscando las palabras adecuadas para describir el enigma que es Kai Reed. Soy un poco más sincera de lo habitual, con la lengua suelta por estar medio colocada.

—Con Kai es difícil saberlo. Oscila entre parecer que me odia y comportarse como si yo no existiera…

—Presiento un pero. Jason no tarda en señalarlo, y mi mente vuela al incidente del ascensor.