Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

—¡¿Cómo pudiste?! —lo empujó por el pecho, tomándolo por sorpresa.

Se suponía que no era una mujer violenta— ¡No, no, no!

Debo ir por ella —Sin pensarlo mucho corrió hacia la puerta de la casa, decidida a salir corriendo hacia la construcción en llamas y salvar a su hermana, pero Leandro fue más rápido: la sujetó violentamente del brazo, tirando de ella hacia atrás y estampándola contra su pecho.

Sintiendo el agarre de hierro del hombre que pretendía arruinar su vida, Fernanda comprendió que no habría negociaciones ni súplicas. Lo único que le quedaba por hacer era luchar por su libertad.

***

Christian contuvo el aliento cuando el auto blanco lo rebasó y por un momento no pudo ni respirar. Era Fernanda, la mujer que iba en el asiento trasero era Fernanda.

¿Podría ser que Leandro estuviera a punto de hacerse de sus dos hijas?

Prendió su auto sin dudarlo y salió tras de ellos a una distancia prudencial.

Sin embargo, a pesar de la impresión y la euforia que le generaba tener por fin la pista que tanto pidió, se vio obligado a marcarle a Adam.

Megan le había facilitado los números de sus hermanos en caso de emergencia y si bien llegó a creer que nunca los necesitaría, hoy agradecía no haberse resistido a registrarlos.

—¿Bueno? —se oía agitado.

—Creo que tu padre tiene a Fernanda, estoy en la carretera en Epping Forest y ahora estoy siguiendo el auto.

—¿Christian? —su estupefacción duró poco—. Estamos a pocos minutos de allí con todo un contingente de seguridad, no los pierdas de vista por nada del mundo.

Bien, al menos no estaba solo en esto.

Diez minutos más tarde, cuando ingresaron por una zona boscosa, un presentimiento helado le oprimió las entrañas al ver como un humo negro y denso comenzaba a levantarse por las copas de los árboles, en un camino diferente al que acababa de tomar el auto donde iba Fernanda.

«Toma ese camino», le dijo una vocecilla y Christian rezó en silencio para que Fernanda pudiera aguardar por él y resistir unos minutos a salvo.

Algo le decía que debía cambiar de rumbo y decidió seguir sus instintos. Maniobró el volante con brusquedad y se adentró por el sendero secundario que conducía hacia el origen del fuego.

El lugar se encontraba a una distancia razonable, pero cuando llegó se encontró con una antigua capilla de madera que estaba siendo consumida por las llamas.

Se bajó del auto y si bien el calor que emanaba de la construcción era insoportable, eso no lo hizo detenerse y se acercó a la entrada.

La vio… Megan estaba tendida en el suelo, inconsciente, cerca del altar y a poco de ser tocada por las llamas.

—¡Megan!

No lo pensó dos veces. Se cubrió la boca con la manga de su chaqueta y se lanzó al interior del infierno.

El humo asfixiante y el calor abrasador amenazaban con hacerlo desmayarse, pero él no pensaba darse por vencido hasta alejar a Megan del peligro.

Cuando logró alcanzarla, su cuerpo se abrumó por completo al ver la gravedad de sus heridas y el rostro desfigurado por los golpes.

—Vas a estar bien, mi amor —sollozó, odiando verla tan malherida, y justo cuando se inclinó para alcanzarla, una viga envuelta en llamas cayó violentamente hacia ellos.

La cubrió con su cuerpo y situó su brazo como barrera. Un ardor intenso y punzante le recorrió la extremidad, pero el dolor físico no fue nada comparado con el terror de perderla.

Ignorando la quemadura y sacando fuerzas de donde no tenía, tomó a Megan en brazos y corrió hacia la salida segundos antes de que el techo de la capilla se derrumbara por completo.

Al salir al aire libre, se desplomó sobre la hierba con ella en brazos. Las lágrimas no podían dejar de bajar por sus mejillas y con el rostro cubierto de hollín, le acarició la mejilla magullada con desesperación.

—Resiste, mi amor... por favor, resiste —le suplicó en un murmullo roto—. Pronto irás a un hospital, te lo prometo.

Sacó su celular con la mano temblorosa, pero antes de que pudiera marcar al servicio de emergencias, el destello de unas luces rojas y azules lo hizo volver en sí.

Se sorprendió al notar que la ambulancia y la patrulla que venía detrás se desplazaban en completo silencio, sin activar las sirenas.

Entendió de inmediato que habían logrado dar con Leandro y que avanzaban con cautela para no alertarlo.

Adam ni siquiera esperó que la patrulla de Benjamin se detuviera, saltó del auto sin dudarlo y corrió hacia Christian, odiando que su cuerpo empezara a temblar sin control alguno al ver el estado de su hermana.

Su padre no sólo la había golpeado, sino que intentó borrar todo rastró de evidencia quemándola.

—Megan —la voz se le quebró y lo primero que hizo fue revisar su pulso—. Es bajo —susurró y se volvió hacia los paramédicos—. ¡Dense prisa, necesita oxígeno!

—Deben ir a la casa principal —musitó Christian, aún abrumado, y él tragó con fuerza al ver la quemadura de su brazo—. Fernanda está en peligro.

—Adam… —Nicholas y Benjamin se situaron junto a ellos, pero él ni siquiera los dejó hablar.

—Vayan por Fernanda —soltó aceleradamente—. Si mi padre le hizo esto a Megan, ella no correrá con mejor suerte. —Conectó su mirada con la de Nicholas—. Te encargo a Fernanda, ahora mismo… Megan me necesita.

Nicholas asintió y junto a Benjamin y los hombres de Ewan partieron hacia la casa principal, y él no pudo hacer más que ayudar a los paramédicos. No le gustaba, la saturación de su hermana era muy baja y le urgía saber si existía alguna hemorragia interna.

Sólo esperaba, de todo corazón, que Erick aún no hubiera abandonado su turno.

Era al único hombre al que pensaba confiarle la salud de su hermana.