Capítulo 29 #2
—Si usas la red general de la policía para dar la alerta, Leandro Matthew sabrá que su hija ya está en camino —sentenció el hombre, mirando fijamente a Nicholas y luego a su colega—.
Hay un soplón dentro de la delegación. Alguien en la nómina de Matthew que le pasa información en tiempo real.
Actuar por las vías oficiales en este momento es sentenciar a Megan Matthew.
Nicholas sintió que la sangre se le congelaba.
—No puede ser, ¿entonces qué se supone que debemos hacer? —El horror se plasmó en su rostro—. Ese tipo es un peligro mortal para Fernanda... —articuló con un hilo de voz, enfrentando la mirada del otro detective que aún no se había presentado.
Evanson y Cross intercambiaron una mirada de profunda gravedad. Ambos sabían que la fuga de Fernanda acababa de complicarlo todo.
—Bien —dijo el recién llegado, tomando el mando de la situación con frialdad—.
Si no podemos usar los canales oficiales, usaremos el rastreo de tránsito de la ciudad.
Cross, amplía el zoom de la cámara exterior, dame la matrícula del auto que abordó y rastreemos su ruta a través del sistema de cámaras de tráfico urbano.
Tiene que haber tomado alguna de las vías principales para salir de la ciudad y seguramente se dirige hacia el noreste —siseó, enviándole un mensaje a su gente que se encontraba en Epping Forest con la matrícula y la foto del auto blanco para que estuvieran atentos.
—No está… —Ewan regresó a la oficina y Nicholas lo miró con impotencia, odiándose a sí mismo por haber sido tan descuidado—. No es tu culpa, Nico, ella es muy obstinada cuando se lo propone.
Negó con la cabeza, nada de lo que le dijeran lo haría sentir mejor.
***
¿Por qué su madre terminó huyendo?
Por más que lo analizara, Adam no podía comprender qué estaba sucediendo. Cuando acompañó a los oficiales hacia la casa de sus padres —quienes ya estaban inspeccionando todo porque recibieron la orden de Cross— lo hizo pensando que su madre colaboraría y se involucraría en la búsqueda de Megan.
No obstante, ella había desaparecido.
¿Y si Fernanda tenía razón? ¿Y si Fátima era tan culpable como Leandro de la desaparición de Megan?
El sonido de una llamada entrante lo arrancó de su letargo y buscó su celular en su abrigo, frunciendo levemente el ceño al ver que se trataba de una llamada de un número internacional no registrado, ¿podría ser algo del hospital o la delegación?
—¿Bueno? —respondió con voz tensa y miró su celular a los segundos al no oír nada del otro lado de la línea—. ¿Bueno? —insistió, ¿por qué no había una respuesta?
—Adam... —la sangre se le congeló al reconocer aquella voz femenina que llevaba años sin escuchar—. Necesito que mantengas la calma y no cuelgues —la voz era firme, pero cargada de una contención emocional que le hizo dar un vuelco al corazón.
Adam se paralizó en medio del gran recibidor y se olvidó hasta de respirar.
¿Él… realmente había escuchado bien?
—¿Fanny...? —susurró, sintiendo como todo temblaba a sus pies—. ¿Stephany...? ¿Eres tú?
—Tus hermanas te necesitan, pero necesito que te comportes como un adulto y hagas exactamente lo que te voy a decir sin causar ningún revuelo —ordenó ella sin dar pie a nostalgias, recordándole lo odiosa que podía ser cuando se lo proponía.
—¿Dónde demonios has estado todo este tiempo? —exclamó en un susurro furioso, alejándose hacia un rincón del recibidor con mayor seguridad de la que realmente tenía—. ¡Desapareciste sin decir nada!
—Adam…
—Un momento… ¿Qué sabes tú de mis hermanas? —escupió, recordando que, así como llegó a amarla, ahora la odiaba— Nunca llegaste a conocerlas. Además, ¿de dónde me estás llamando y cómo conseguiste mi número?
—¡Eso no importa ahora! —le cortó Fanny con severidad, haciéndolo cuadrar los hombros con inmediatez—. Leandro amenazó a Fernanda y ahora ella está de camino a su encuentro, se entregará porque él le dijo que si no iba mataría a Megan.
—¿Qué? —se llevó la mano a la cabeza, desorientado—. Eso es imposible, Fernanda está bajo resguardo.
—Leandro tiene infiltrados dentro de la delegación de policía —le explicó con rapidez—. Por eso Fernanda no pudo pedir ayuda. —Esto era una locura—. Adam, escucha con atención: necesito que vayas a la delegación y busques a mi hermano.
—¿Benjamin?
—Solo habla con él, ¿me entiendes? —No era un idiota—. Ya le informé sobre la situación y está moviendo a su gente, pero no confíes en nadie más dentro de esa estación.
—¿Benjamin se convirtió en detective? —preguntó, confundido—. ¿Qué diablos está pasando? ¿Cómo sabes todo esto?
—¡Haz lo que te digo! —perdió la paciencia— ¡Tus hermanas te necesitan! Al menos por una vez, trata de ser un buen hermano para ellas.
—No cuelgues —farfulló al adivinar sus intenciones—. Espera un minuto, Fanny, quiero saber donde estás. —Odió que la voz le temblara.
—Tú sólo encárgate de tus hermanas —cortó la llamada, y él perdió la paciencia.
—¡Daniela! —la llamó con aquel nombre que sólo empleaba cuando estaba molesto con ella y se tentó a estrellar su celular contra la pared.
¿Qué mierdas estaba pasando?
Una mezcla de ira, confusión y culpa lo carcomía por dentro.
«Traidora... cobarde», pensó con rabia recordando la repentina huida de Stephany años atrás. Sin embargo, apretó los puños y guardó su celular con rapidez.
Las explicaciones del pasado tendrían que esperar. Lo primero era evitar que su padre destruyera lo poco que quedaba de su familia. Salió de la casa de sus padres como alma que lleva el diablo, subiéndose a su vehículo con la determinación de llegar a la comisaría lo antes posible.
***
Diez minutos más tarde, el ambiente en la oficina del detective Cross era insoportable.
Nicholas caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado, mientras Ewan permanecía en un rincón apartado de la estancia, pensativo.
Las cámaras de tráfico urbano habían perdido la pista del auto en uno de los desvíos sin cobertura cerca de la ruta que conectaba con los límites rurales de la ciudad, y encontrar su ruta estaba tomando más tiempo del esperado.
—¡Ha pasado demasiado tiempo! —estalló Nicholas, encarando a Cross y al detective Evanson—. ¡Estamos perdiendo minutos valiosos! ¡Si ese hombre le pone una mano encima a Fernanda, juro por Dios que lo mataré con mis propias manos!
En ese momento, la puerta de la oficina se abrió bruscamente y Adam ingresó con el rostro sudoroso, despeinado y respirando con fatiga.
Al entrar, la mirada de Adam se cruzó de lleno con la del detective de cabellera rubia. Adam frenó en seco, con los ojos desorbitados por la sorpresa al reconocer las facciones del hombre que tenía enfrente.
—Benja... —alcanzó a pronunciar con la voz entrecortada.
Benjamin lo observó con una frialdad despectiva, cruzándose de brazos.
—Veo que mi hermana tuvo la amabilidad de llamarte —espetó en tono irónico y lleno de veneno.
Nicholas frunció el ceño, mirando a ambos hombres sin comprender absolutamente nada de la tensión que flotaba entre ellos.
—¿De qué demonios están hablando? ¿Quién lo llamó? —demandó saber, a punto de perder la paciencia—. ¡Fernanda está desaparecida y ustedes están jugando a los acertijos!
Antes de que Adam o Benjamin pudieran responder, el celular de Nicholas resonó en la habitación.
El nombre de Jenny parpadeó en la pantalla.
Nicholas contestó al instante.
—¡Jenny! ¿Qué pasó? ¿Ocurrió algo con Adrián? —no quería recibir más malas noticias.
—¡Nicholas, escucha! —la voz de su hermana sonó agitada, con un tono de desesperación que raras veces mostraba—. ¡Tienes que salir de ahí ahora mismo! ¡Fernanda está saliendo de la ciudad por la autopista del noreste!
Nicholas se congeló, mirando a los presentes, y puso la llamada en altavoz.
—¿Qué? ¿Cómo sabes eso?
—Cuando la abracé esta mañana antes de que salieran del departamento...
le coloqué un micro-GPS de rastreo satelital dentro del dobladillo de su abrigo —confesó ella sin rodeos—.
Sospeché que su padre trataría de tenderle una trampa y que ella impulsivamente intentaría hacer alguna locura por su hermana si las cosas se complicaban.
—Su corazón empezó a bombear sin control alguno—.
Estoy monitoreando la señal en mi ordenador ahora mismo: va a gran velocidad en dirección a los límites de Epping Forest. Te estoy mandando las coordenadas en vivo a tu teléfono en este segundo.
Un silencio sepulcral reinó en la habitación por un instante.
Nicholas miró la pantalla de su teléfono móvil mientras el mapa se actualizaba en tiempo real, mostrando un punto rojo en constante movimiento internándose en las afueras de la ciudad.
Una luz de esperanza pura y helada brilló al final del túnel. Nicholas alzó la vista, mirando a todos los hombres que se encontraban dentro de la oficina.
—Ya tenemos la ubicación exacta —sentenció Benjamin con voz firme, ajustando su arma—. No hay tiempo que perder.
—Yo me quedaré para no levantar sospechas —espetó Cross con rapidez—, pero…
—Mi equipo de seguridad nos respaldará —habló Ewan con frialdad, pero Benjamin negó con la cabeza.
—No podemos ir todos. —Miró a los tres hombres con atención—. Uno de ustedes debe quedarse, se vería raro que después de estar todo el día aquí decidan irse así sin más.
Nicholas se tensó, no pensaba quedarse en…
—Yo me quedaré —dijo Ewan sin dudarlo, comprendiendo que Adam y él tenían más razones para querer ir por Fernanda y Megan, y envió un par de mensajes por su celular—. No pierdan más tiempo. Mi gente ya está al tanto de que deben seguirlos.
—Gracias —susurró y su amigo, porque no se creía capaz de considerarlo de otra manera, asintió.
—Confío en ti, Nicholas.
Y con eso, Ewan McKenzie dejaba claro que, a partir de ahora, Nicholas era el responsable de su familia.