Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 26
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Capítulo 26

Pronto serían las ocho de la noche y en la mesa de la sala, un par de tazas de café humeaban sin que nadie las tocara.

Nicholas permanecía de pie cerca de la entrada, con los brazos cruzados y la mirada fija en Ewan, mientras Fernanda escuchaba en silencio la actualización que su amigo les brindaba.

—Los hombres que tu padre contrató siguen sin soltar una sola palabra —explicó Ewan en tono sombrío, frotándose la nuca con pesadez—.

Tienen abogados pagados de fondo que están alargando el proceso de fianza.

La policía intuye que detrás de esto hay una estructura de poder, pero sería absurdo e irresponsable citar oficialmente a Leandro Matthew sin pruebas directas que vinculen la orden de secuestro con su nombre.

Fernanda apretó la mandíbula, sintiendo una mezcla de frustración e impotencia.

—Es un maldito manipulador... —musitó ella, con la voz cargada de amargura—. Siempre encuentra la forma de limpiarse las manos.

—Debes instalarte aquí —espetó su amigo, y Fernanda se tensó—. Es el lugar más seguro para ti y Adrián, estarán escoltados las veinticuatro horas del día.

Sabía que su amigo tenía razón, pero…

—Ewan tiene razón —dijo Nicholas, y lo buscó con la mirada—. Ahora mismo lo más importante es que ustedes estén lejos de su alcance.

El timbre del departamento resonó con firmeza, rompiendo la tensión del lugar. Ewan avanzó rápido, revisó el monitor de seguridad y le abrió la puerta a Adam, quien ingresó a la estancia con el rostro desencajado, la corbata floja y la mirada perdida.

—¿Qué sucedió? —inquirió Fernanda al instante, poniéndose de pie de un salto—. ¿Dónde está Megan? ¿Hablaste con Fátima?

Adam la miró con pesar, soltando un largo suspiro que delataba su agotamiento.

—Fui a la casa... hablé con mamá —empezó a explicar, pasándose la mano por la cara—.

Ella insiste en que solo fue a buscar a Megan para almorzar y discutir una posible alianza matrimonial con los Beckett.

Dice que Megan se fue por su cuenta después de eso y que pudo haber huido de nuevo para evitar el compromiso.

—¡Eso es una absoluta mentira! —estalló Fernanda, perdiendo los estribos por completo y dando un paso al frente para encarar a su hermano—.

¡Es imposible, Adam! Megan jamás se iría así sin decir nada.

¡Ella me dejó un mensaje advirtiéndome de Adrián!

Jamás nos dejaría a la deriva si tuviera la opción de elegir.

Fátima la tiene o sabe exactamente en dónde está.

—Ya no sé qué creer —admitió Adam con la voz rota—. Por eso vine a buscarte. No voy a quedarme de brazos cruzados. Voy a ir a la delegación a interponer una demanda formal por la desaparición de Megan... pero necesito que vengas conmigo. Necesitamos declarar todo lo que sabemos.

Fernanda se congeló en su lugar. La sola idea de pararse frente a un oficial de policía y articular en voz alta los secretos más oscuros de su familia, exponiendo la atrocidad de Leandro y revelando su pasado, le provocó un violento mareo.

La duda y el pánico amenazaron con ahogarla otra vez.

Sintió unos pasos firmes aproximarse por detrás. Dos manos cálidas y seguras se posaron suavemente sobre sus brazos. Nicholas se pegó a su espalda, inclinándose ligeramente hacia su oído con voz firme, pero reconfortante.

—Tienes que hacerlo, Fernanda —le susurró, apretando con delicadeza sus brazos—. Para que ese hombre pague por todo el infierno que te hizo pasar y para que salves a Megan, es necesario hablar con la verdad. No puedes seguir cargando sola con esto.

Fernanda se giró levemente para mirarlo a los ojos, buscando esa seguridad que le faltaba. Ewan, observando la escena desde el centro de la sala, dio un paso al frente y asintió con aprobación.

—No estás sola, Fernanda —intervino su amigo con voz serena—. Tienes a tu hermano, a Nicholas y me tienes a mí. No hay razón para que sientas miedo nunca más.

Un suspiro entrecortado escapó de sus labios. La calidez del respaldo de Nicholas y la lealtad inquebrantable de Ewan terminaron por disipar las sombras de su vacilación. Miró a Nicholas y luego dirigió la vista hacia Ewan.

—Iré con Adam a la delegación —decretó con una determinación renovada—. Pero les voy a pedir algo... Por favor, cuiden a Adrián junto con Susan. Por esta noche, olviden cualquier diferencia que tengan entre ustedes. Él es lo único que me importa.

Nicholas y Ewan intercambiaron una breve mirada. No hubo palabras desafiantes ni tensión competitiva entre ellos; en sus ojos solo había una tregua implícita nacida del profundo amor que ambos le tenían al pequeño y a ella.

—Descuida —respondió Nicholas por los dos, dedicándole una mirada llena de ternura—. Estará más seguro que nunca. Ve tranquila.

Ewan asintió solemnemente en respaldo a las palabras de Nicholas, comprendiendo la prioridad absoluta de proteger al niño.

Minutos más tarde, dentro de una oficina fría y desprovista de adornos en la delegación central de policía, Fernanda permanecía sentada frente a un detective veterano de mirada perspicaz que respondía al nombre de Julian Cross.

A su lado, Adam apretaba los puños sobre las rodillas, con el rostro tenso.

Fernanda tomó aire, cerró los ojos por un segundo para tomar fuerzas y, por primera vez en diez años, dejó salir la verdad completa.

Narró con voz temblorosa pero pausada el intento de abuso que sufrió por parte de Leandro Matthew una década atrás, la complicidad silenciosa de Fátima, y cómo su hermana Megan arriesgó todo para intervenir, golpeando a su propio padre para ayudarla a escapar de esa pesadilla.

Colocó sobre el escritorio su celular, mostrando el último mensaje que Megan le envió advirtiéndole del peligro hacia Adrián, y proyectó el video de la cámara de seguridad donde se veía a Fátima aguardando en el auto mientras Megan abordaba con rigidez.

El detective tomó notas detalladas en su expediente, guardando un largo silencio tras escuchar el desgarrador testimonio.

—Entiendo la gravedad de todo lo que acaba de exponer, señorita Matthew —habló el oficial, acomodándose los anteojos—.

Sin embargo, debo ser completamente honesto con ustedes: para imputar formalmente al señor Leandro Matthew por intento de abuso de hace diez años o vincularlo directamente con el ataque de esta mañana, se requieren pruebas periciales y testimoniales muy sólidas.

Sin embargo, esta declaración cambia por completo el panorama para la búsqueda de su hermana.

—¿En qué sentido, detective? —preguntó Adam, incorporándose en la silla.

—Esto sienta un precedente grave y establece un motivo real para la desaparición involuntaria de Megan Matthew —explicó el moreno, marcando un par de recuadros en la carpeta—. A partir de este momento tenemos a dos sospechosos principales en este caso.

Adam se tensó por completo, sintiendo un sudor frío en la nuca.

—¿Dos? —articuló él con la voz seca.

—Su padre por el antecedente de agresión, y la señora Fátima Matthew —afirmó el oficial fijando su mirada en Adam—.

La señora Matthew fue la última persona vista con la joven antes de que su teléfono fuera apagado.

No se la puede pasar por alto bajo ninguna circunstancia.

Emitiré una orden para citarla a interrogatorio el día de mañana.

Adam asintió, comprendiendo que existía un protocolo, y luego añadió:

—Quiero que el mejor detective de la delegación tome el caso, no me importa el costo —soltó con inquietud, ansioso por encontrar a su hermana, y Cross le sonrió.

—Lo siento, pero por el momento él está a cargo de otro caso. Pero no se preocupen, soy tan bueno como mi colega.

Fernanda esperó que sus palabras fueran ciertas. Sentía que, si no se apresuraban, las cosas para Megan no terminarían nada bien.

***

Mientras Susan preparaba una mamadera en la cocina, la estancia principal quedó sumida en un silencio pacífico. Adrián dormía plácidamente en el cochecito al lado del sofá, ajeno al torbellino que sacudía al mundo de los dos hombres que estaban a cargo de él.

Nicholas permanecía junto a la ventana observando al pequeño, cuando escuchó los pasos de Ewan aproximarse con dos vasos de whisky en las manos. El castaño se detuvo a un par de metros y le extendió uno sin pronunciar palabra.

Nicholas aceptó el vaso con un leve asentimiento, tomando un pequeño sorbo antes de romper el hielo.

—No pensé que el tipo que casi destruye la vida de Carlos, terminaría siendo el ángel guardián de Fernanda —soltó el rubio en tono bajo pero directo, fijando su mirada en él.

Ewan soltó una risa seca, sin rastro de arrogancia, y contempló el líquido ámbar en su vaso.

—Cometí errores nefastos en el pasado —admitió con absoluta sinceridad, mirando de reojo al niño dormido—. Lo que intenté hacer con la mujer de Carlos fue un acto vil, movido por la soberbia y siento mucha vergüenza de solo recordarlo.

Nicholas asintió, él no podía olvidar todo el daño que causó en el pasado.

—No espero tu perdón, ni el de él, ni el de nadie de su círculo... —Ewan fue sincero—. Pero te voy a pedir algo: jamás pongas en duda el amor que siento por Fernanda y por este niño.

Nicholas apretó ligeramente el cristal, evaluando las palabras del hombre que tenía enfrente. La sinceridad en la voz de Ewan era tan palpable que resultaba imposible desconfiar de él.

—Fernanda me salvó de mí mismo cuando llegó a mi vida —continuó Ewan, con la mirada ablandada por el afecto—. Me dio una razón para cambiar y para usar mi posición de una manera correcta. Ella y Adrián son mi familia.

Nicholas se giró por completo para encararlo, sosteniéndole la mirada con una pregunta que llevaba rondándole la cabeza desde que descubrió su cercanía.

—¿Alguna vez pasó algo entre ustedes? —preguntó directamente.

Ewan negó con la cabeza sin vacilar.