Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 25
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Capítulo 25

Adam era incapaz de aceptar la tórrida situación, pero suponía que sería algo estúpido de su parte no querer ver la realidad después de todo lo que Fernanda le dijo. Es decir, aún confiaba en su madre, pero en ¿Leandro?

No, claro que no.

Él conocía a su padre y sabía que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya, por lo que tratar de encubrirlo o encontrar una razón para no juzgarlo erróneamente sería absurdo.

—¿Cómo te perdonó? —la pregunta de Ewan McKenzie, el hombre que se presentó como el mejor amigo de su hermana, lo hizo volver en sí y lo buscó con la mirada.

Ambos seguían en la delegación, esperando por nuevas noticias.

—¿Cómo sabes que estaba molesta conmigo? —frunció el ceño—. ¿Te habló de mí?

—Claro que no —soltó Ewan con el ceño fruncido—. Fernanda es demasiado discreta, así que yo hice mis averiguaciones hace un par de años.

Adam enarcó una ceja.

—¿Siempre supiste quién era?

—Sí —se encogió de hombros—, pero pensé que huyó por un acto de rebeldía, no porque sus padres estuvieran locos.

—Mi madre…

—Tu madre se casó con tu padre por algo, ¿no crees? —lo desafió con la mirada y él tragó con fuerza—. ¿Puedes ponerme en contexto o prefieres que se lo pregunte a ella?

Adam recordó lo difícil que fue para su hermana contarle que su padre intentó abusar de ella, por lo que prefirió hablar con la verdad, pero obvió esa parte de la historia. Después de todo, estaba ante el hombre que logró reducir a los hombres de su padre con su propia gente.

Ese pensamiento lo hizo enderezar la espalda.

—¿Cómo sabías que estábamos en peligro? —frunció el ceño—. Es decir, llegaste de un momento a otro con tus guardaespaldas.

—Una amiga de tu hermana me contactó y me dijo que ella está en peligro, que podría necesitarme y compré un pasaje a Londres a los minutos.

Adam enarcó una ceja.

—¿Mi hermana te gusta?

—No, es mi amiga —la sinceridad en su voz fue evidente—. La única que tengo, así que debo cuidarla —le guiñó el ojo y Adam se rio por lo bajo.

—Gracias por cuidarla.

—En un principio no lo hice con buenas intenciones —se sinceró y Adam lo miró con fijeza—. Quería vengarme de Nicholas y ella… bueno, tenían sus roces y parecía una gran aliada.

—¿Aún quieres vengarte de él?

—Yo sólo quiero que ella y Adrián sean felices —suspiró llanamente, indiferente—. Admito que Nicholas no me gustaba, pero después de ver como la protegió y tomó a Adrián en brazos, me di cuenta que todos merecemos una segunda oportunidad.

Era evidente que ese hombre amaba a Fernanda como a una hermana, puesto que él estaba viendo más allá de todas sus diferencias con Nicholas para localizar qué era lo mejor para ella.

—Nadie es perfecto —espetó finalmente y Ewan asintió, pensativo—. ¿Crees que esos hombres hablen?

—Tomará días, esperarán a ver si alguien paga su fianza.

—Si admiten que fue mi padre quien los envió, ¿podrán arrestarlo?

—Él es muy poderoso, puede ser un proceso complejo. —Adam cerró los ojos con frustración—. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de que él haya hecho cosas horribles en el pasado y podamos usarlas en su contra.

Lo miró significativamente y él negó con la cabeza.

—Viví la mitad de mi vida en Madrid, hay muchas cosas que no sé de mis padres.

Ewan asintió.

—¿Dónde está Megan? —la mención de su hermana hizo que el pulso se le disparara—. No la vi por ninguna parte y…

—Fernanda me dijo que mi madre se la llevó a la fuerza —abandonó su lugar de un salto, inquieto, y Ewan frunció el ceño—. Debo ir por ella, quizá mi madre sepa algo y pueda ayudarnos.

El castaño torció los labios y se cruzó de brazos, pensativo.

—¿Por qué no la demandamos por secuestro? Es evidente que quisieron hacerse de ambas hermanas el mismo día.

—No, mi madre no es así —gruñó—. Además, Megan se subió a su auto por voluntad propia, así que la demanda no sería viable.

—Ya veo —susurró y le hizo un gesto para que siguiera—. Yo aguardaré por nueva información, tú ve por tu hermana.

Una vez más, Adam le dio las gracias y salió a paso apresurado de la delegación.

¿Cómo pudo olvidarse de Megan?

¡Era un completo idiota!

***

Cuando Fernanda volvió en sí después de una larga siesta, lo primero que hizo fue extender el brazo para abrazar a su hijo; no obstante, el pánico la invadió al sentir la cama vacía y se sentó sobre su lugar con rapidez, quedando como piedra al ver a Nicholas con su hijo en brazos, junto al gran ventanal.

Adrián estaba perdido en la vista, apoyado contra el pecho de su padre y estaba actuando como si lo conociera de toda una vida.

—Nicholas… —musitó y ambos rubios se giraron en su dirección.

Tal y como lo predijo, la quietud dejó el cuerpo de Adrián y Nicholas se encargó de acercarse a la cama para entregárselo.

—Ma… —susurró su hijo, abrazándola por el cuello, y ella besó su coronilla con ternura.

—Todo está bien, mi amor —susurró y una nueva lágrima se deslizó por su mejilla, pero Nicholas la apartó con rapidez después de sentarse junto a ella.

—No le transmitas tu inquietud —pidió con ternura y ella asintió—. Ves, te dije que tu mami despertaría pronto —soltó con ternura y Adrián le regaló una sonrisa risueña.

—¿Adam regresó?

—No, me temo que aún no tengo noticias de ellos.

Ese hecho la inquietó en demasía y luego recordó algo de suma importancia.

—Salimos de la agencia sin avisar, el señor Rivers…

—Ya hablé con él. Lo que sucedió esta mañana salió en las noticias y tuve que informarle que estábamos involucrados.

—No quiero que pierdas tu trabajo, Nicholas —aprovechó el momento para abordar ese tema y él acarició la mejilla de su hijo—. De verdad perdóname por no hablarte de Adrián, yo pensé que tú no lo querrías.

Su hijo la miró con sorpresa y él se alarmó.

—Lo amo —soltó él con pesadez y el niño miró a su padre con atención—. Es mi hijo, ¿por qué no sentiría todo este amor por él? —la voz masculina tembló y Fernanda observó en silencio como Adrián se deslizaba para terminar una vez más junto a su padre.

Nicholas lo abrazó con fuerza, conteniendo cada uno de sus temblores, y ahora fue ella quien acarició su brazo.

—Lo siento.

—Me lo merezco, fui un patán.

—Pero sobre tu trabajo…

—Lo único que me interesa ahora mismo es cuidar de ustedes —fue sincero y conectó sus miradas—. Deja de pensar en mi trabajo, te aseguro que esa no es una de mis prioridades ahora mismo.

Fernanda asintió, creyendo en cada una de sus palabras, y después de un largo silencio susurró:

—Iba a decírtelo, pero hoy sucedieron muchas cosas y ya no pude hablar contigo.

—¿Y qué te hizo cambiar de parecer? —la miró significativamente y ella se encogió de hombros, nerviosa—. ¿Algún día podrás perdonarme?

—Ya te perdoné, Nicholas —musitó con esfuerzo—. ¿Y tú, podrás perdonarme?

Él se dio unos segundos antes de negar con la cabeza.

—De verdad lo siento, yo…

—No hay nada que perdonar, mi amor —entrelazó sus manos, tomándola por sorpresa, y Fernanda abrió los ojos con sorpresa cuando él unió sus labios con suavidad—. Fui yo el que te abandonó primero.

Adrián gruñó, claramente disgustado por el gesto de su padre, y Fernanda odió que las lágrimas bajaran por sus mejillas. Le aliviaba que él sepa la verdad, sentía que acababa de deshacerse de un gran peso que llevaba encima, pero… ella no tenía intención alguna de quedarse a su lado.

Ellos… eran muy buenos a la hora de hacerse daño.

Abrió la boca para expresar sus preocupaciones, pero un suave toque en la puerta de la alcoba la instó a cerrarla de nuevo. La puerta se abrió, dejando a la vista a la hermosa rubia que vio hace más de una semana en la agencia, y miró a Nicholas de reojo.

—Perdón, es sólo que la cena está lista y tu hermano dijo que debías comer —explicó Jennifer, apenada, y Fernanda asintió—. Y debo irme, espero que te sientas mejor.

—Espera —Nicholas abandonó la cama y se acercó a la puerta para instarla a entrar—. Déjame presentarte a Fernanda, Jenny.

¿Jenny?

¿Por qué le sonreía con tanto cariño?

¿No se suponía que él odiaba a toda su familia?

—Fernanda, te presento a Jennifer, mi hermana —soltó de pronto, tomándola por sorpresa, y por el rubor que vio en las mejillas de la rubia, dedujo que ella tampoco había esperado que él se refiriera a ella de esa manera—. Ella… me ayudó a llegar a ustedes a tiempo.

—Un gusto, Jenny —musitó con una suave sonrisa en el rostro, viendo una calidez poco común en los ojos de Nicholas—.

Gracias por lo de hoy —añadió de pronto, aunque evitó mencionar el hecho de que por su culpa Nicholas descubrió que hackeó todo el sistema de la agencia—. ¿No puedes quedarte a cenar?

—Estuve aquí todo el día, me temo que debo ir por mi hija.

¿Una hija?

¿Nicholas tenía una sobrina?

«Ya tendrás tiempo de sobra para seguir descubriendo cosas de él», le dijo una vocecilla y asintió para sus adentros, determinando que el trato que Nicholas le estaba dando a su media hermana era algo totalmente nuevo para ella.

¿Podría ser… que después de todo… él sí pueda ser una buena persona?

***

Cuando su madre atravesó el umbral de la sala de espera, Adam no supo qué pensar al verla tan sonriente y tranquila. Era como si en el exterior, su marido nunca hubiera mandado a buscar a Fernanda y Adrián.

«Tal vez no lo sabe», se dijo a sí mismo, inquieto.

—Qué hermoso tenerte de visita, cariño —espetó Fátima, envolviéndolo firmemente en sus brazos, y él tragó con fuerza—. ¿A qué se debe este milagro?

—¿Dónde está Megan? —Su madre frunció el ceño, invitándolo a decir más—. Fuiste por ella esta mañana, madre, hay un video que demuestra que se subió a un auto contigo dentro.

Sus ojos castaños brillaron con temor, pero rápidamente se recompuso.

—Fuimos a almorzar. No sé si lo sepas, pero tu padre quiere hacer una sociedad con los Beckett y estábamos interesados en casarla con Christian.

—¿Por qué elegirle un marido a tu hija? —siseó, molesto, y Fátima se rio.

—Pero si ellos llevan más de un año saliendo, ¿por qué no ayudarlos?

—¿Qué? —la miró con sorpresa y su madre frunció el ceño.

—¿No lo sabías? —negó con la cabeza—. Vivieron juntos en Berlín, tu padre sólo quería que él se hiciera cargo de sus actos.

¿Por qué Megan y Fernanda nunca le hablaron de eso?

—Quiero verla.

—No sé dónde encontrarla, se marchó después de nuestro almuerzo.

—¿Qué? —se confundió aún más—. Megan nunca llegó al departamento.

Aunque… no estaba seguro de eso.

Después de todo, después del ataque de su padre, ellos no regresaron al departamento de Fernanda.

—Qué extraño, nosotras sólo almorzamos juntas.

Se frotó el rostro, inquieto, y decidió sacar su celular para marcarle.

—No contesta —susurró con frustración, mirando de reojo a su madre, quién sólo lo miraba con atención—. Y esto no me gusta nada, madre, porque fuiste la última persona con la que Megan fue vista.

La palidez en el rostro de su madre fue evidente y cuando decidió marcarle por tercera vez, su llamada fue desviada a buzón de mensajes.

—Dime la verdad —empezó a perder la paciencia—, ¿dónde está mi hermana?

—Te juro que no lo sé, cariño —soltó con nerviosismo—, ¿y si intentas escribirle?

Adam abandonó su lugar y alborotó su cabellera con inquietud.

¿Qué diablos estaba sucediendo? ¿Por qué Megan apagó su celular?

—Mira, madre, estoy siendo muy tolerante con ustedes, pero si esto sigue así la policía se enterará de la situación.

—¿La policía? —lo miró con sorpresa y sus alarmas se prendieron—. ¿De qué hablas? ¿Crees que le hice algo a tu hermana?

Tragó con fuerza.

—¿Dónde está mi padre?

—No lo sé, no lo he visto en todo el día —le contó como si estuvieran hablando del clima—. Sabes que él y yo no hablamos mucho, Leandro siempre está metido en sus cosas.

—Mi padre intentó secuestrar a Fernanda y su hijo.

Su madre jadeó y se cubrió la boca con ambas manos.

—Esa es una acusación muy grave, hijo, ¿tienes pruebas?

—Sólo es cuestión de tiempo para que esos hombres confiesen, los atrapamos a todos.

Su madre negó con la cabeza, mostrándose muy confundida, y él tuvo que narrarle los últimos acontecimientos para que estuviera al tanto de la situación.

—Me rehúso a creer que tu padre sea capaz de hacer algo así —lo defendió con frenesí, indicándole que no tenía la menor idea de con qué demonio estaba casada—. Megan está reacia a casarse con Christian, ¿qué tal si huyó para no cumplir el deseo de tu padre?

Se tensó.

Eso podría tener mucha lógica, pero… ¿su hermana no los habría buscado para pedir ayuda y decirles que todo estaba bien?

—No sé qué está pasando, madre —fue sincero, y no bajó la guardia—. Pero si usted no sabe dónde está mi hermana y ahora ella tiene el móvil apagado, demandaré su desaparición para que empiecen a buscarla.

—Es lo más lógico —dijo apresuradamente, mirándolo fijamente a los ojos—. ¿Necesitarás mi ayuda?

—Sólo que ponga de su parte —fue sincero—. Porque será a la primera que interrogarán.

Después de todo, el video de Fernanda dejaba claro que el día de hoy, su madre y Megan sí llegaron a reunirse.