Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 20
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Capítulo 20

El regreso de sus padres a sus vidas estaba generando más problemas de los que ellas habían esperado.

Lo cierto era que Fernanda aún no había recibido un ataque en concreto, pero el hecho de que su padre estuviera dispuesto a formar una sociedad con los Beckett, sólo para condenar a Megan a un matrimonio por conveniencia, dejaba claro que su padre no había olvidado cómo terminaron las cosas hace diez años.

—Es su venganza —musitó con inquietud, alborotando su cabellera—. Lo hace porque fuiste tú quien me ayudó a escapar, quiere castigarte —soltó con congoja y su hermana le sonrió con ternura.

—No tienes que preocuparte, no pienso aceptar ningún acuerdo.

Fernanda se tensó y en ese momento Daniela cruzó las piernas, pensativa.

—Megan no planea heredar nada de tus padres, por lo que no necesita complacerlos de ninguna manera.

—No conoces a nuestros padres, Daniela, ellos serían capaces de cualquier cosa con tal de salirse con la suya —soltó con desespero—. ¿Christian te dijo algo más? —miró a su hermana con inquietud, ella estaba demasiado tranquila y eso no le parecía prudente.

—Sólo vino a echarme la culpa —siseó, molesta—. En ese momento no pude reaccionar, pero por suerte Daniela llegó y lo puso en su lugar.

—Algo que no podré hacer durante los siguientes días porque estaré atrapada en mi conferencia —las miró con preocupación—.

¿Lograron reunirse con su hermano? —Ambas castañas asintieron—.

¿Arreglaron sus diferencias? —Fernanda le regaló una sonrisa cuando clavó su mirada en ella—.

Perfecto, es momento de que él conozca la verdadera cara de sus padres y las defienda.

—No es tan sencillo, Adam no es un hombre confrontativo y creerá que todo se solucionará con un buen diálogo —soltó con pesar y Megan negó con la cabeza.

—Si le dijeras la verdad, él mismo se encargaría de poner a nuestro padre en su lugar.

La sola idea de contarle a Adam lo que Leandro pensó hacerle hizo que la piel se le erizara. No lo entendía, ¿por qué sentía culpa de algo en lo que ella sólo fue una víctima? No hizo nada para provocar eso, pero incluso así se sentía muy responsable.

—No me siento lista —fue sincera.

—¿Qué piensas hacer con el padre de Adrián? —inquirió Daniela—. ¿Por qué no me dijiste que volviste a verlo?

Porque su amiga nunca apoyó su sed de venganza.

—Fue repentino.

Y no era mentira, sólo llevaba trabajando con él un poco más de un mes.

—¿Pasaste la noche con él? —la pregunta de Megan fue planteada con cautela—. Llegaste muy afectada, ¿tuvieron una discusión?

—No —musitó, cabizbaja—. Es sólo que él… dice amarme y que quiere tener algo serio conmigo.

—No le creas —espetó Megan atropelladamente—. Christian hizo lo mismo conmigo y mira como estoy un año después —habló desde su experiencia y Megan buscó a Daniela con la mirada, quien con un simple gesto le pidió que no opinara—. Si lo metes a tu vida te lastimará a ti y a Adrián.

—En realidad, también me preocupa el hecho de que me protegió ante nuestro padre y ahora Leandro conoce su nombre.

Sus padres estaban acostumbrados a chasquear los dedos y salirse con la suya.

—Nicholas debe enterarse de la verdad y comprender la amenaza que tus padres representan para ustedes —acotó Daniela finalmente, usando sus habilidades de psicóloga para brindar un consejo sabio y sensato—. Es el padre de Adrián, querrá lo mejor para su hijo y por ende buscará protegerlo.

—¿Y si lo rechaza?

—Si lo rechaza, sabrás que su confesión de amor fue una vacía —añadió con sabiduría, helándole las venas.

—Está bien.

Estaba en un callejón sin salida, no había manera de que pudiera seguir engañando a Nicholas. Él… a pesar de su rechazo y traición, no sólo la trajo hasta su departamento, sino que le aseguró que mantendría su promesa y cuidaría de ella.

—Muy bien. —Daniela miró la hora en su reloj de mano—. Yo debo irme, mi madre y hermano me esperan. No duden informarme cualquier anomalía que suceda durante esta semana, ¿de acuerdo?

Las mellizas dudaron, pero terminaron asintiendo.

—Suerte con tu conferencia.

—Como si eso realmente fuera importante —siseó la rubia antes de despedirse y Fernanda observó en silencio como abandonaba su departamento, rezando en silencio para que Daniela no terminara involucrada en sus problemas.

Lo menos que deseaba era que sus padres la vieran como un nuevo objetivo.

—¿La buscaremos si algo sucede? —inquirió Megan y ella negó con la cabeza.

—¿Por qué expondría a una mujer tan buena a la maldad de nuestros padres?

—Tienes razón —suspiró su hermana—. Ella nos ayudó y nosotros no vamos a condenarla.

Fernanda fue a su habitación por su laptop y una vez que estuvo junto a su hermana, ambas redactaron un correo electrónico para su padre, dejando claro la negativa de Megan ante el matrimonio que quería pactar con los Beckett.

—No puedo creer que después de tantos años, él realmente crea que tiene poder sobre nosotras —suspiró su hermana, y Fernanda asintió.

—Otra opción es huir a Manhattan —la miró significativamente y su hermana tragó con fuerza—. Podría hablar con Ewan y en unos días dejaríamos Londres atrás.

—¿Él sabe la relación que tenemos con nuestros padres?

—No sabe nada en lo que nuestro apellido respecta.

Y esperaba que su pequeño secreto no pusiera en tela de juicio su amistad.

No quería imaginar todos los importunos que sus padres podrían causarle a los McKenzie.

Aunque… no era como si los Matthew fueran más importantes que ellos, lo cierto era que no les llegaban ni a los talones, pero Ewan y Lucio no merecían pasar un mal rato por su culpa.

—¿Cuándo hablarás con él? —inquirió Megan y ella pasó saliva con esfuerzo.

—Una vez que le cuente toda la verdad a Nicholas.

Porque huiría de sus padres, mas no del padre de su hijo.

***

Andrés Rivers debía reconocer que estaba pasando más tiempo del deseado en su agencia, puesto que habría preferido quedarse en cama con su esposa, pero el haber recibido un correo de Leandro Matthew la noche anterior no era algo que pudiera tomarse a la ligera.

Ellos no eran socios, nunca le generó la suficiente confianza como para crear alianzas, por lo que no era normal que el hombre quisiera reunirse con él.

—Debo admitir que su mensaje me tomó por sorpresa, señor Matthew. —El pelinegro le regaló una sonrisa engreída—. ¿Puedo saber qué es lo que desea de mí?

El hombre acarició el gran anillo que tenía en el dedo anular, y Andrés no bajó la guardia.

—En nuestro medio, es muy normal que nos pidamos favores los unos a los otros, Rivers.

—Y he de suponer que va a pedirme un favor —enarcó una ceja, entretenido—. Porque en lo que mí respecta, no necesito nada de su familia —habló con sinceridad. Los Matthew no eran más que los Rivers, por lo que en esa reunión él estaba un peldaño por encima de ese hombre.

—Exactamente —siseó con una fingida sonrisa y Andrés asintió.

—Lo escucho.

—Quiero que despida a Cranston.

Andrés era un hombre metódico, por lo que evitó reírse por lo alto ante tan estúpida petición.

—¿Puedo saber por qué me pide algo así? El señor Cranston lleva años trabajando para mí y hoy es el gerente general de mi agencia.

Y si bien ambos siempre fueron muy profesionales en su trato, él sabía que era muy amigo de la familia política de su hermana —como también suyo—, por lo que jamás lo traicionaría de esa manera.

—Sucede que él se metió con una de mis hijas. —Según tenía entendido, todos los hijos de los Matthew salieron de su casa hace muchos años—. Y por si no lo sabía, su Directora de Operaciones es la futura dueña de toda mi fortuna.

—¿Fernanda? —abrió los ojos con sorpresa y Leandro asintió—. ¿Dice que entre Fernanda y Nicholas existe una relación? —Con una mueca de asco, él asintió—. ¿Entonces quiere que despida a Nicholas para alejarlo de su hija?

—Creo que por fin nos entendemos.

Andrés no estaba sorprendido por su petición, era algo que cualquier padre de ese medio haría —incluso el suyo lo habría hecho en el pasado—, pero el problema radicaba en que él no estaba de acuerdo con el proceder del hombre.

—¿En todo caso no es mejor despedir a su hija? —frunció el ceño y Leandro le regaló una radiante sonrisa.

—Eso facilitaría muchas cosas, aunque dudo que ella quiera trabajar para mí por el momento.

¿Por qué Fernanda nunca le dijo quién era realmente?

Ella ni siquiera mencionó a su familia en su entrevista.

—Entiendo su desesperación, pero lastimosamente no puedo ayudarlo —decidió ser sincero y el hombre palideció—. Nicholas es mi mano derecha, a él podría confiarle mi vida sin dudarlo —decidió exagerar—. Y en cuanto a Fernanda, ha sido un gran pilar para mi agencia, por lo que la necesito dentro.

—¡Es un donnadie! Estoy seguro que puede conseguir a alguien mejor —se refirió a Nicholas y Andrés apretó la mandíbula.

—Le pediré que hable con más propiedad, está hablando de uno de mis hombres de confianza.

—Esto es absurdo —farfulló, abandonando su lugar con rapidez, y alborotó su cabellera con inquietud—. Esperé todo, menos esto, Rivers.

—Eso me queda claro —sonrió con malicia—. Lo cierto es que no sigo órdenes de nadie y tampoco hago favores —decidió ser sincero—. Y sólo para informarle, puede que usted tenga mucho poder, pero le aseguro que Nicholas no será alguien fácil de aplastar.

En ese momento los ojos oscuros del hombre brillaron con comprensión.

—¿Es su amigo?

—Lo es —aseveró con firmeza—. Y es alguien muy importante para los Montaño y los Waldorf, por lo que yo me iría con mucho cuidado.

La mención de los apellidos lo hizo retroceder, pero su semblante ensombrecido le dejó claro que no se daría por vencido.

Ese hombre quería alejar a Nicholas y Fernanda a como dé lugar.

—Nicholas tiene mucho dinero y es muy listo —trató de hacerlo entrar en razón—. Tengo entendido que su hijo mayor es médico, ¿no cree que su hija necesita un esposo como Nicholas para…?

—¡Fernanda no necesita de ningún hombre! —perdió los estribos y a los segundos lamentó eso—. Lo siento, creo que lo mejor será que me retire.

Andrés no insistió y lo vio marcharse en silencio. Siempre supo que ese hombre era desagradable, pero debía reconocer que no le gustó confirmarlo.

Nicholas llegó a la agencia a los diez minutos, justo cuando pensaba retirarse, y no le pasó por alto la carpeta que tenía en manos.

—Señor Rivers —se oía nervioso—. No esperaba encontrarlo aquí.

—Tenía un asunto que atender —miró la carpeta—. ¿Tienes información para mí?

—Sí —le enseñó que no era una carpeta, sino dos—. Usted tenía razón, alguien hackeó el sistema, pero no debe preocuparse porque mi hermana lo solucionó todo. —Le entregó el informe y esa noticia le generó algo de tranquilidad.

—¿Y qué tienes ahí? —se interesó en la segunda carpeta.

—Bueno… —Su sonrisa titubeante lo alarmó, él estaba actuando muy extraño—. Es mi carta de renuncia.