Capítulo 19 #2
Megan no tenía la menor idea de qué debía hacer al respecto.
Fernanda nunca quiso hablarle a su hermano sobre lo sucedido con su padre, pero el hecho de que Leandro hubiera dado con ella no auguraba nada bueno, más si se tomaba en cuenta que Fátima enloquecería de los celos si su esposo decidía hacerse de su hermana.
—¿Qué hago? —musitó, angustiada, mirando la hora de su celular.
Eran las cuatro de la tarde, ¡¿dónde diablos estaba Fernanda y por qué no le contestaba?!
Adrián y Susan estaban en su alcoba, por suerte su sobrino no estaba tan al pendiente del regreso de su madre, pero ella no se sentía nada cómoda con la situación. El timbre empezó a sonar de manera incesante y antes de que Susan tuviera que salir del cuarto, ella abrió la puerta con rapidez.
—Fernanda… —su voz fue muriendo al ver de quién se trataba—. ¿Qué haces aquí, Christian?
Ellos no tenían nada que hablar.
El enojo que brilló en los ojos grises hizo que el pánico la invadiera y logró apartarse a tiempo, antes de que él sujetara su brazo con brusquedad.
—Eres una traidora —farfulló, rojo de la cólera, y ella frunció el ceño.
—No sé de qué estás hablando, yo no hice nada.
—¡No mientas! —explotó y Megan tuvo que cerrar la puerta a su espalda para que Adrián no se exaltara por el escándalo—. Buscaste a tus padres.
—Sabes que nunca lo haría —lo recriminó ante tan baja acusación—. Yo…
—Tu padre acaba de ofrecerle una sociedad a mi padre a cambio de un matrimonio arreglado, Megan, ¿sabes lo que significa eso? —escupió, sulfúrico, y ella palideció.
—No, eso no es posible —negó rápidamente con la cabeza—. Debes hacer algo, debes evitar esto o…
—¡Estamos atrapados! —bramó, pateando el piso con impotencia—. ¡Y todo es tu maldita culpa! —se acercó peligrosamente a ella, pero una tercera voz hizo que parara en seco.
—¿Ah sí? Pues Megan no pidió que te la follaras en París, Beckett.
—Megan jamás entendería el tipo de poder que Daniela poseía, pero ella siempre llegaba cuando Fernanda y ella más la necesitaban—.
¿Te parece adecuado atacar a una mujer de esta manera?
—espetó la rubia con disgusto, protegiéndola con su cuerpo, y su gran altura hizo que Christian diera un paso hacia atrás.
—Este no es tu problema —farfulló y ella sonrió con cinismo.
—Claro, es tu problema porque son tus padres los que quieren la sociedad con el señor Matthew.
Christian miró a la mujer con rencor, y luego a Megan.
—Esto no ha terminado.
—Y no terminará si no les dices a tus padres que no seguirás sus órdenes —espetó Daniela por ella, crispando al rubio—. Deja de culpar a Megan por todo.
—Ella…
—Ambos se metieron en este problema, ahora sé un hombre y busca la solución.
El temperamento de Daniela nunca fue fácil de tratar, ni mucho menos dominar, por lo que Christian se dio por vencido y se marchó como alma que lleva el diablo, dejando claro sin necesidad de palabras que esto no se quedaría así.
—Es un patán —siseó la rubia y se volvió hacia ella, molesta—. ¿Te encuentras bien? —le sonrió con ternura, obligándola a sentir vergüenza de sí misma por decir que ella no le gustaba.
¿Por qué le costaba tanto aceptar que esa mujer hizo más por ellas que su propia madre?
—Yo…
—¿Dónde está tu hermana? Fernanda nunca te habría dejado sola —observó y eso hizo que recordara algo de suma importancia.
—Mi padre la encontró, Daniela. —La rubia se tensó—. Me dijo que se iría a un hotel para que no la siguiera, pero ella no ha regresado.
—Entremos —pidió la rubia con rapidez, y Megan asintió—. Intentaré comunicarme con ella ahora mismo —sujetó su maleta y ella observó el bolso.
—¿Qué haces en Londres?
—Llegué para una conferencia que empezará mañana y por alguna extraña razón decidí llegar primero aquí antes que a mi casa.
¿Una extraña razón?
¿Por qué Daniela era capaz de sentir cuando algo no andaba bien en sus vidas?
***
Una vez más, ella decidió dejarlo.
No importaba cuánto le suplicara, Fernanda jamás lo elegiría.
—¿Cómo te sientes?
Ni siquiera entendía por qué la llamó a ella, en todo caso debió buscar a Carlos.
—Una mierda —musitó y Jennifer le entregó una taza de té humeante, pensativa—. Yo… estoy desesperado. Es la mujer que amo e hizo cosas horribles con tal de destruirme.
—Sí, a veces eres exasperante —soltó ella y la miró con enojo—. El amor es así, Nicholas, a veces odias y otras amas, son facetas muy extrañas —trató de consolarlo, pero él negó con la cabeza.
—Es la primera vez que me pasa.
—¿Y qué piensas hacer? ¿Le dirás al señor Rivers que es ella quien está saboteando a la agencia?
—Claro que no —gruñó y su hermana enarcó una ceja—. Quiero que borres cualquier prueba que pueda delatarla, inventa algo que sea creíble y sólo dile que expulsaste al hacker.
—Está bien —musitó con voz suave y Nicholas se tensó cuando acarició su coronilla con ternura—. Dale tiempo, ella también te quiere.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Pudo destruirte desde el primer día y no lo hizo.
Nicholas se tensó, recordando lo agobiada que se veía cuando la dejó en su departamento.
—¿Por qué estás aquí? Nunca he hecho algo bueno por ti, pero corriste al primer llamado.
Jennifer no le dio una respuesta y se limitó a barrer su departamento con la mirada.
—¿Debería limpiar?
—Deberías responder —ordenó y ella bajó el rostro, apenada.
—Porque somos hermanos —la voz femenina tembló y él la miró con fijeza—. Yo… a pesar de todo, siempre estaré para ti, Nico —acunó su mano con temor, pero él no la apartó, sino que posó su otra mano sobre la suya y la apretó con fuerza.
—Gracias, Jenny —susurró con esfuerzo y agradeció en silencio que ella lo envolviera en un cálido abrazo.
Se sentía una mierda por el cómo se dio todo con Fernanda, pero era agradable saber que, por primera vez en años, no estaba del todo solo.
Jenny lo ayudó a limpiar su departamento sin hacer muchas preguntas al respecto y Nicholas ladeó el rostro cuando la vio estudiando el celular que le quitó a Fernanda.
—No funciona, cayó al agua hace tres años y nadie ha podido repararlo —le contó y la rubia asintió, pensativa.
—¿Quieres que lo revise? Quizá pueda hacer algo por ti.
Nicholas asintió, ¿por qué no la buscó a ella desde un principio?
—Bien, debo ir con Emily, pero te dejé la comida hecha y tu departamento está reluciente —dijo mientras dejaba caer el celular en su bolso—. No dudes en llamarme si necesitas algo.
—Por favor, borra todo lo que te pedí.
—Te enviaré un informe esta noche —asintió ella, decidida.
—Gracias —susurró y antes de que ella saliera de su departamento, acotó—. Por todo. Gracias por todo, Jenny.
Porque a pesar de haber sido un hermano miserable y mezquino, ella nunca se atrevió a albergar el más mínimo atisbo de rencor hacia él.
***
Fernanda llegó a su departamento cabizbaja, incapaz de procesar todo lo que vivió en las últimas horas, y no supo qué pensar al ver a Daniela y Megan en la sala, ambas tan pálidas como dos hojas en blanco.
—¡Fernanda! —espetó Daniela al mismo tiempo que Megan decía—: ¿Te encuentras bien?
No tenía la menor idea de qué hacía su amiga en Londres, pero no dudó ni por un segundo a la hora de abrazarla y llorar entre sus brazos.
—¿Tu padre…?
—No —soltó rápidamente, entre llanto—. Leandro no pudo dar conmigo porque él me cuidó —sollozó con impotencia y su amiga se tensó.
—¿Quién es él? —musitó Megan, preocupada, y Fernanda la buscó con la mirada.
—El padre de Adrián.
Un hombre que merecía saber la verdad y al cual no podía seguir engañando.
Su mentira ya había llegado muy lejos.