Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 19
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Capítulo 19

Fernanda sabía que estaba abusando de la confianza de Nicholas al colarse en su oficina en casa, pero lo único que quería era obtener su antiguo celular y llevarse consigo a Manhattan el único artefacto capaz de alterar toda la vida que construyó en los últimos años.

Una cosa era exponer su corazón a sus dulces palabras y actos de amor, pero otra muy distinta era dejar que él llegara a la vida de Adrián y darle las armas necesarias para destruirlo todo.

Su pasado era complejo, no era un hombre precisamente familiar, por lo que la noticia de que tuvo un hijo suyo sin consultárselo podría sentarle fatal. Así que sólo había un camino que seguir y era huir de la misma manera que lo hizo hace tres años.

Nicholas la superaría. Una vez que retomara su pacífica y perfecta vida en la agencia, él dejaría de pensar en ella y eso que decía sentir por su persona.

Era lo mejor para ambos y lo cierto era que tampoco quería exponerlo al peligro que Leandro Matthew representaba, jamás se perdonaría si algo llegaba a sucederle por su culpa, por lo que lo más sensato era alejarse de él para siempre.

Abrió el último cajón y su corazón empezó a bombear sin control alguno al ver un celular. No obstante, ¿era ese el celular?

Lo sujetó con rapidez y trató de prenderlo, pero frunció el ceño cuando la pantalla permaneció apagada. ¿Estaba averiado? ¿Al final no pudieron arreglarlo? De ser así, ¿por qué Nicholas lo seguía guardando?

—¿Buscas algo? —Fernanda dio un brinco en su lugar y el pánico la invadió al ver a Nicholas bajo el umbral de la puerta, apoyado en el marco de la misma.

Por todos los santos, trató de ser lo más silenciosa posible.

—Te llamo más tarde —espetó él, obligándola a percatarse de que estaba en medio de una llamada—. ¿Qué haces en mi oficina, Fernanda? —La piel se le erizó, no había que ser un genio para percatarse de su molestia.

Él prácticamente había escupido su nombre.

—Yo… yo… —dejó el celular sobre el escritorio, inquieta, y por más que ideó una mentira, no pudo darle una respuesta—. Lo siento, sentía curiosidad y…

—No me mientas.

La garganta se le cerró, ¿por qué se sentía tan miserable?

Él le abrió las puertas de su departamento para cuidarla y consolarla, y ella acababa de invadir su privacidad de una manera desagradable.

—Deja de mentirme y habla con la verdad ahora mismo —su orden hizo que se despabilara y lo mirara con preocupación.

—No sé de qué hablas —miró el celular de reojo y él debió notarlo, porque cruzó la estancia para hacerse del mismo y guardarlo en el bolsillo de su buzo.

—¿Sabes por qué llevé a Jennifer a la agencia?

¿Pensaba hablarle de trabajo justo ahora?

Negó con la cabeza y él se desplazó por el lugar, posicionándose junto a la puerta para impedirle el paso.

—Mi hermana es un genio en cuanto a la tecnología. —Fernanda hizo hasta lo imposible por mantener la calma—. Y el señor Rivers me pidió que la contactara porque tenía la sospecha de que el sistema fue hackeado.

Esto era malo.

—Eso es muy grave —simuló demencia—, ¿logró encontrar algo?

Se suponía que el hacker de Ewan era muy bueno, por lo que quería creer que…

—¿Tanto me odias que te atreviste a hackearle el sistema a un hombre como Andrés Rivers?

La sangre se congeló en sus venas, él acababa de descubrir el secreto que ella pensaba llevarse a Manhattan porque ya no tenía pensado seguir fastidiándolo.

Cometió un terrible error al creer que podría concretar sus planes, ella jamás sería tan ruin como sus padres, pero por un momento pensó que podría irse manteniendo una buena relación con Nicholas.

Fue una tonta.

Y quizá, sólo quizá, esto era lo mejor para los dos.

¿Qué garantía tenía ella que él no iría a buscarla a Manhattan?

Después de todo, decía amarla y uno por amor hacia muchas locuras.

—¿Cómo estás tan seguro de que fui yo? —trató de mostrarse inocente, pero él explotó.

—¡Los primeros ataques fueron desde Manhattan y desde hace un mes son hechos desde tu oficina! —Estaba muy molesto y por esa razón no opuso resistencia cuando la sujetó del brazo con violencia—. ¿Qué diablos tienes en la cabeza? ¡Eso es un delito muy grave!

—Te dije que quería tu puesto —soltó sin expresión alguna en el rostro y él abrió los ojos con sorpresa—. ¿Qué te hace pensar que con simples besos y palabras de amor borrarás todo el odio que siento por ti?

Esto era lo mejor. Mientras más lejos estuviera Nicholas de ella, más fácil sería que su padre se olvidara de él.

—¡¿Por qué no puedes perdonarme?! —la zarandeó, tomándola por sorpresa—. ¿Todo este tiempo jugaste con mis sentimientos? —la desesperación en su voz fue palpable y Fernanda no pudo emitir palabra alguna—. Lo que dijiste ayer, todo lo que sucedió entre nosotros, ¿fue real?

Fue tan real que estaba segura que si permanecía un día más junto a él, no sólo correspondería sus sentimientos, sino que le hablaría de Adrián y le pediría que intentaran formar la familia que su hijo merecía.

—Piensa lo que quieras —apartó el rostro, posando la vista en los documentos de su escritorio—. Llegué a Londres con un solo propósito y no pararé hasta conseguirlo.

—¿Todo este tiempo dejaste que te besara, tocara e incluso tomara para salirte con la tuya? —la soltó con rapidez, como si ella fuera el mismismo fuego, y Fernanda intentó pasarlo de largo—. ¡Responde! —sujetó su brazo con firmeza y ella apartó su mano de un manotazo.

—¡Sí! —perdió los estribos, ¿por qué importaban tanto los detalles?

¡Él ya sabía que ella era el hacker, ¿por qué simplemente no la acusaba y ya?!

—Porque así cómo tú te acostaste conmigo para que hiciera tu trabajo —posó el dedo índice en su pecho—. Yo me acosté contigo para quitarte todo lo que amas —escupió, sintiendo como la voz se le quebraba, y odió que una lágrima se deslizara por su mejilla.

¿Por qué le dolía tanto rechazarlo? ¿Por qué odiaba que su mañana hubiera terminado así? ¿Qué tipo de esperanza albergó en su pecho la noche anterior que esa pelea no hacía más que desesperarla?

—¿Y estás conforme con lo que hiciste?

Fernanda bajó el rostro, apenada, y armándose de valor susurró:

—No, porque sigues con tu puesto.

Dichas esas palabras regresó a la habitación de visitas con paso apresurado y se quitó el pijama para ponerse su vestido y sujetar sus tacos y cartera. Ya no podía quedarse en ese lugar, lo menos que quería era que él siguiera interrogándola porque terminaría contándole la verdad.

Salió de la habitación con paso apresurado y paró en seco al ver a Nicholas en medio del pasillo, vestido con un jean y una camiseta casual.

—Te llevaré a tu departamento —soltó sin mirarla, y ella tragó con fuerza—. Dije que te protegería, no dejaré que te vayas sola.

Fernanda se tensó.

—¿Cuándo le dirás al señor Rivers lo que sabes? —inquirió con cautela.

Por un momento pensó que salir de Londres sería fácil, pero al parecer necesitaría un abogado.

—Ese no es asunto tuyo —siguió con su camino y ella se plantó frente a él para conectar sus miradas—. ¿Qué es lo que quieres?

—No se lo digas —se escuchó suplicando, no quería que nada retrasara su viaje a Manhattan. Nicholas la miró con sorpresa—. Yo… puedo pagarte, te daré lo que quieras, pero por favor no se lo digas.

Debió pensar en todos los problemas que podría causarle ser descubierta.

Sería un pésimo antecedente para su vida laboral.

—Hazte a un lado —intentó continuar con su camino, pero ella soltó sus tacones y bolso para sujetarlo de los brazos.

—Dejé de entrar al sistema hace una semana, yo… pienso volver a Manhattan y…

La sorpresa la golpeó con fuerza cuando Nicholas rodeó su cintura y tiró de ella en su dirección con violencia.

—No puedes irte —siseó furioso, como si estuviera a punto de perder el control, y Fernanda titubeó—. Ya me dejaste una vez, no permitiré que eso vuelva a suceder. —Abrió los ojos de par en par y nada la preparó para sentir los labios de Nicholas sobre los suyos.

¿Qué estaba pasando?

Había esperado insultos, gritos e incluso que la echara de su departamento, pero no que la llevara hacia su habitación, la desnudara sin contemplación alguna y la tomara con desesperación.

Sin embargo, no fue eso lo que la desconcertó más, sino el como ella respondió y lo aceptó con abandono, rogando por más y aferrándose a su cuerpo como si de eso dependiera su vida.

Él estaba molesto, eso era evidente, pero el amor que decía sentir por ella parecía ser capaz de nublar su buen juicio, puesto que el Nicholas que conoció en el pasado ya estaría hablando con su jefe para preparar una demanda, y no estaría ahí, manteniéndola boca abajo mientras la penetraba sin contemplación alguna.

—Nico… —cerró las manos sobre la almohada, preguntándose cuánto más necesitaría ese hombre para sentirse satisfecho, y su cuerpo se estremeció en respuesta cuando ambos llegaron al clímax—.

Tengo que irme… —musitó jadeante, exhausta por todo lo que hicieron en la última hora, y él se cernió sobre su espalda y entrelazó sus dedos con firmeza, manteniéndola en la misma posición.

—Dijiste que harías todo lo que quisiera si no te acusaba.

La garganta se le cerró.

—¿Qué es lo que quieres?

—Quiero que te quedes a mi lado.

Fernanda odió que la visión se le cristalizara y evitó responderle.

¿Cómo podía explicarle que eso era simplemente imposible?

Ella… ya causó mucho daño escondiéndole un hijo y saboteando su trabajo, no pensaba permitir que sus padres arruinaran la vida del hombre que amaba.

—Si no me respondes, no pararé —aseveró de pronto, angustiado, y ella tragó con fuerza—. ¿Por qué me haces esto? ¿Qué más quieres que haga para demostrarte que estoy arrepentido?

Ella sabía que él se arrepentía de todos sus actos, pero también comprendía que un momento así su mejor aliada sería el silencio.

Cumpliendo su amenaza, Nicholas salió de su cuerpo y la instó a ponerse boca arriba para unir sus labios una vez más. Lo besó, decidió que ese día aprovecharía y tomaría todo lo que él estuviera dispuesto a darle. Después de todo, nunca esperó que su respuesta a su traición fuera justamente esa.

***

¿Debía buscar a Adam?