Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 16
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Capítulo 16

Cuando Nicholas llegó al edificio de Fernanda, sólo necesitó ingresar al recibidor para encontrar a la morena en medio de la estancia, aguardando por él.

Por una milésima de segundo, se preguntó qué tan recelosa debía ser para no permitir que se anunciara, pero cualquier razonamiento se esfumó de su cabeza ante la imagen que ella le proyectó.

Llevaba un vestido negro de satén, de escote asimétrico y corte ceñido que abrazaba cada curva de su cuerpo hasta deslizarse en una abertura profunda en su pierna derecha.

Su cabellera oscura estaba recogida en un peinado alto que dejaba al descubierto su cuello, clavículas y hombro derecho.

El maquillaje era elegante, pero el labial rojo oscuro completaba la imagen de una mujer dispuesta a no dejarse pisotear por nadie.

Sin embargo, no fue eso lo que más le gustó, sino el hecho de que ella llevaba lentes de contacto y su rostro, cejas y nariz respingona podían admirarse en su total esplendor.

La garganta se le cerró y el pulso de su corazón se ralentizó, advirtiéndole que esa imagen era demasiado para él.

Quería alejarse, realmente quería dejarla en paz, pero una parte de él quería luchar por su amor.

¿Es que nunca dejaría de ser un hombre egoísta?

—Te ves hermosa —musitó con esfuerzo, tratando de regularizar sus emociones, y ella asintió.

—El señor Rivers quiere nuevos socios, ¿no? —comentó con indiferencia—. Ewan me enseñó que, para las mujeres, el aspecto físico es un arma muy poderosa.

Se tensó.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que haré hasta lo imposible por agradarle a tu jefe —sonrió con cinismo, prendiendo sus alarmas—. ¿Nos vamos? —intentó pasarlo de largo, pero él la sujetó del brazo.

—Define imposible —masticó sus palabras y ella se zafó de su agarre para abandonar el edificio, dejando claro que no iba a continuar con esa conversación.

No lo entendía. Ella tenía una familia con Adam. ¡¿Por qué diablos quería involucrarse con otros hombres?! Se relamió los labios con ansiedad, ¿quién era esa mujer y por qué no se parecía en nada a la Fernanda que él conoció en el pasado?

Decidió hacer el camino en silencio. No quería presionarla ni fastidiarla de ninguna manera, comprendía que ese día el evento era de suma importancia y debían trabajar como un equipo de verdad.

—¿Por qué estás tan callado? —inquirió ella a pocas cuadras del lugar y Nicholas la miró de reojo—. ¿Qué estás tramando?

—Solo quiero que disfrutemos del evento y no es que tenga mucho que decirte.

Preguntarle sobre Adam y el niño que vio la noche anterior sólo lo metería en problemas, puesto que él nunca debió estacionarse fuera de su edificio, ni mucho menos esperar por ella y vigilar con quién llegaba.

Lo menos que necesitaba ahora mismo era una demanda en recursos humanos.

Cuando llegaron al lugar, Nicholas agradeció en silencio que los primos Waldorf estuvieran ahí, más dispuestos que nunca a integrarlos entre la multitud. Ahora mismo sentía que sus habilidades sociales se habían debilitado más de lo necesario.

—¿Directora de operaciones? —inquirió Margot con fascinación, mientras su primo estudiaba a Fernanda con más pericia de la debida—. Debes ser una mujer muy preparada, no veo a Andrés Rivers confiándole un cargo tan importante a cualquiera.

—Me siento halagada —respondió Fernanda con propiedad y Nicholas arrugó levemente el cejo, ¿era impresión suya o se desenvolvía con la elegancia adecuada?

Ni siquiera el tatuaje que llevaba en la muñeca la hacía ver corriente o vulgar, ella… destacaba por su porte y encantadora sonrisa.

—Tengo entendido que piensa abrir su primer orfanato, señorita Waldorf —espetó de pronto y la rubia se ruborizó.

—Dime Margot, por favor. —Fernanda le regaló una amable sonrisa—. Sí, es un proyecto muy importante para mí. Durante años he hecho un sinfín de campañas para distintos orfanatos, con el único fin de mejorar la calidad de vida de los niños que terminan allí, pero el año pasado decidí hacer el mío.

—Se oye muy contenta, es evidente que es un tema que la apasiona.

Margot asintió, contenta, y luego miró a su primo.

—Ethan se encarga de las organizaciones que ayudan a las madres solteras. Es una máquina para generar empleos y asegurar la calidad de vida de esas mujeres y sus hijos.

—La familia Waldorf es muy conocida por su filantropía —añadió Nicholas, más cómodo de lo esperado.

—Pero no lo hacemos por popularidad —aclaró Ethan con cierto disgusto—. Somos fieles creyentes de que todos merecemos una segunda oportunidad.

—Es grato oír eso —se sinceró—. Más en un medio donde muchas familias solo sueltan cheques estrafalarios para quedar bien dentro de su círculo social —espetó sin pensarlo y Nicholas la miró con preocupación.

¿Cómo se le ocurría decir algo así justo ahora?

Fernanda se dio cuenta de su error y el pánico la invadió, pero por suerte Margot se rio por lo alto y Ethan escondió su sonrisa socarrona tras su copa.

—Tienes toda la razón —soltó Margot, entretenida—. ¿Puedes creer que el heredero de Edward Montgomery se limitó a mandar un cheque con una donación escandalosa, pero ni siquiera tuvo la molestia de presentarse?

Fernanda agradeció que su comentario no hubiera sido tomado como una ofensa.

En el fondo sabía cómo funcionaba ese mundo porque sus padres siempre solían quejarse de las obras benéficas, diciendo que la gente depositaba su fe en causas sin sentido y ellos estaban obligados a perder una gran suma de dinero para seguir siendo aceptados entre su gente.

—Si me disculpan, hay unas personas con las que debo reunirme —espetó Nicholas de pronto, demandando su atención—. Te dejo en buenas manos, Fernanda.

Vio con incredulidad como se retiraba para reunirse con el señor Martines, el socio que el señor Rivers quería atrapar, y determinó que decidió dejarla fuera de esa reunión por la conversación que compartieron en el lobby de su hotel.

Él era… demasiado territorial para su gusto.

Sólo decidió fastidiarlo cuando insinuó que seduciría a sus futuros socios, quería ver qué tanto debía hacer para sacarlo de sus cabales.

—Nicholas se ve diferente, ¿no crees? —comentó Margot de pronto, mirando a su primo, y el pelinegro se encogió de hombros—. Lo veo más relajado —acarició su mentón, pensativa.

—Deberías dejar de detallar al empleado de tu socio —espetó el pelinegro, entretenido—. Él no es tu amigo.

—Es amigo de Carlos, así que es amigo de la familia.

—Sí, pero te aseguro que, en eventos como estos, él sólo quiere ser un empresario más.

—Fernanda asintió, a pesar de que Margot trató a Nicholas con soltura, él nunca dejó las formalidades de lado—.

¿Usted conoce a la hermana del señor Cranston?

—inquirió de pronto, tomando a ambas mujeres por sorpresa, y Fernanda se tensó.

—¿Hermana? —arrastró sus palabras.

No sabía que Nicholas tuviera una.

—Sí, estuvo en la agencia el otro día que pasamos por su despacho —añadió Margot, mirando a su primo de reojo—. Su nombre es Jennifer, ¿no la viste?

¿La mujer que fue a la agencia hace unos días era la hermana de Nicholas?

—No, me temo que no conocía su parentesco.

—Parece una mujer divertida y elocuente —espetó la rubia.

—Entonces es totalmente diferente a su hermano —añadió con sorna, ruborizándose al instante, y la rubia carcajeó por lo alto.

—Es posible, él no se veía muy cómodo con su presencia —musitó finalmente, posando la vista en Nicholas—. Carlos suele decir que es alguien solitario…

—No hables de su vida privada —siseó Ethan, reprobando a su prima con la mirada.

—Pero…

—Su primo tiene razón —espetó Fernanda, inquieta—. Nicholas sólo es mi colega de trabajo, no sé nada de su vida privada y preferiría que las cosas siguieran así. —No quería involucrarse más de lo debido con el rubio, estaba haciendo todo lo que Ewan le sugirió que no hiciera.

Ahora fue Ethan quien enarcó una ceja.

—Sin embargo, si usted lo desea, puedo conseguir información de la señorita Cranston.

Para sorpresa de ambas mujeres, el pelinegro de ojos celeste pálido asintió.

—Le estaría agradecido.

Fernanda decidió que era momento de vagar por el salón y se excusó con los primos Waldorf, viendo de reojo como la rubia empezaba a interrogar a su primo con un ceño más fruncido de lo normal.

¿Por qué?

No tenía la menor idea.

Aún no lograba descifrar a esa familia.

Sin embargo, esa interrogativa duró muy poco en sus pensamientos porque nuevamente se puso a pensar en la hermana de Nicholas. Él le había dicho que odiaba a toda su familia, ¿por esa razón ese día no fue precisamente cariñoso con la rubia?

Ladeó el rostro, consternada. No era como si pudiera sacar algún tipo de conclusión, los había visto interactuar por pocos segundos, pero como el señor Waldorf le pidió información sobre la rubia, quizá podría husmear un poco en la vida privada de Nicholas.

«¿Desde cuándo trabajas para los Waldorf?» Siseó una vocecilla reprobatoria y ella tragó con fuerza.

Era normal que quisiera saber de su familia. Después de todo, no conocía a los abuelos paternos de su hijo —no sabía si eran buenas o malas personas— y al parecer Adrián tenía una tía.

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no volvió en sí hasta que su cuerpo impactó con el de alguien más.

—Lo siento… —musitó con nerviosismo ante el gruñido femenino.

—¿Por qué no me sorprende que sigas siendo la misma torpe de siempre? —Un escalofrío recorrió su espina dorsal al reconocer esa voz y muy lentamente levantó el rostro, quedando como piedra al ver a su madre allí.

¿Qué hacía Fátima en una gala benéfica?

¡Ella y su padre siempre enviaban los cheques!

La castaña se vio obligada a sonreír cuando un grupo de hombres pasó junto a ellas y se acercó a ella con pasos calculados, girando su copa de champagne en su mano.

—Eres una tonta, ¿por qué saliste de tu escondite? ¿De verdad crees que te hará bien volver a relacionarte con nosotros?

—No tengo intención de relacionarme con ustedes —siseó, armándose de valor, y su madre enarcó una ceja con sorpresa—. Estoy aquí por trabajo.

—¿Por trabajo? —soltó con sorna y la estudió de pies a cabeza con desprecio—. ¿Eres la zorra de algún empresario?

—Claro que no —gruñó con enojo—. Trabajo para el señor Rivers.

La mención de Rivers hizo que la sonrisa de su madre temblara y eso ayudó a que Fernanda se sintiera más segura. Ella no había esperado que la vida la estuviera tratando tan bien.

—Lárgate ahora mismo —ordenó Fátima de pronto, obligándola a cuadrar los hombros—. Hazlo antes de que Leandro te vea.

La mención de su padre hizo que todo su cuerpo entrara en tensión y cuando dio un paso hacia atrás, la sangre se le congeló cuando Nicholas se puso a la par suya.

—¿Todo bien, Fernanda? —inquirió el rubio, mirando a su madre de reojo al percatarse de su palidez—. Señora Matthew —hizo una leve inclinación con la cabeza y la castaña le regaló su mejor sonrisa.

No le sorprendía que Nicholas conociera a sus padres, él seguramente estudió a todos los invitados; sin embargo…

—¿Fernanda? —volvió a llamarla y en esta ocasión conectó sus miradas—. No te ves bien, vamos por un poco de agua —añadió con desconfianza, como si pudiera percibir un extraño peligro.

—Está bien… —Hizo el ademán de girarse para seguirlo, pero las piernas le temblaron cuando escuchó una tercera voz.

—¿Te irás sin saludar a tu padre?

En esta ocasión Nicholas tuvo que sujetarla de la cintura para que no perdiera el equilibrio total de su cuerpo.

—Diablos, ¿qué te sucede? —se oía bastante preocupado, como también sorprendido.

—Sácame de aquí, por favor —suplicó en un hilo de voz, sólo para que él escuchara, y lo escuchó tragar con fuerza—. Por nada del mundo me dejes con ellos.

—Fernanda sigue siendo la misma grosera de siempre, cariño, mira que ignorar a sus padres en un evento como este.

La tensión en el cuerpo de Nicholas le advirtió que ya sabía que el apellido no era una coincidencia y que claramente no había esperado que ella fuera hija de Leandro y Fátima Matthew.

—Ven —logró recomponerse de la sorpresa y la ayudó a ponerse derecha—. Es hora de que nos retiremos.

—Fernanda… te estoy hablando —espetó su padre con frialdad y ella cerró los ojos con fuerza, antes de girarse muy lentamente hacia su progenitor.

—No tengo nada que hablar con ustedes —soltó con frialdad, pero el miedo recorrió sus venas ante la penetrante mirada de su padre—. Déjenme en paz.

Leandro dio un paso en su dirección, pero se vio obligado a parar en seco cuando Nicholas la cubrió con su cuerpo.

—No creo que sea el evento adecuado para tener una disputa familiar, señor Matthew. Recuerde que en un año lanzará su partido político y no necesita generar ningún escándalo ahora mismo —dijo con sumo cuidado y el hombre pareció volver en sí, pero sus ojos destilaron odio puro.

Fernanda se tensó, ¿su padre quería convertirse en el alcalde de Londres?

Por todos los cielos, eso le daría un poder abismal que claramente alguien como él no debía poseer.

La piel se le erizó de solo pensarlo, pero todo parecía tener sentido.

Matthew Logistic trabajaba con toda la gestión portuaria, eran expertos en el comercio internacional y aportaban en demasía a la economía de la ciudad.

Tampoco podía pasar por alto que hace poco inauguraron una fundación filantrópica.

Todo indicaba que quería mostrar una imagen limpia y familiar ante la ciudadanía.

Leandro era un experto en la manipulación.

—¿Quién es usted? —escupió su padre con desprecio, haciéndola volver en sí—. Quiero hablar con mi hija. Llevo años sin saber de ella, así que le pediré que se haga a un lado y no se meta en nuestros asuntos familiares.

Fernanda lo sujetó del abrigo, rogándole en silencio que no lo obedeciera, y se vio obligada a soltarlo cuando Nicholas se posicionó a la par suya para abrazarla por la cintura.

—Soy Nicholas Cranston, el novio de su hija.

Y si hasta ese momento Nicholas pensó que algo no cuadraba, sólo necesitó ver la rabia que invadió a Leandro Matthew para deducir que el hecho de que Fernanda no hablara de su familia era más que un simple acto de rebeldía.

En vez de oponerse, Fernanda lo abrazó por el vientre —diciéndole sin necesidad de palabras que quería huir de ahí—, y él se vio obligado a forzar una sonrisa.

—Si nos disculpan, nosotros ya nos íbamos.

La sacó del salón y cuando llegaron a su auto, no supo qué hacer al verla tiritar sin control alguno.

—Fernanda… —no se atrevió a tocarla, por lo que se sacó el saco para cubrirla por los hombros al ver como se abrazaba a sí misma.

¿Por qué se veía tan vulnerable?

No le gustaba… esta imagen no le gustaba en lo más mínimo.

—No me lleves a mi departamento —suplicó con lágrimas en los ojos, sujetándolo del brazo con firmeza—. Por lo que más quieras, Nicholas, sácame de este lugar, pero no me dejes sola.

¿Y dónde diablos se suponía que la llevaría si no era a su departamento?