Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 9
27%

Capítulo 9

Diez días más tarde, Fernanda apenas podía creer que Nicholas no la estuviera fastidiando.

Era como si el suceso que vivieron en su despacho le hubiera afectado más a él que a ella, puesto que incluso podía sentir la inquietud del hombre cuando ella estaba cerca o debían reunirse con el señor Rivers, quien cada cinco días se presentaba en la agencia para hacer un seguimiento.

Por supuesto, el comportamiento de Nicholas también podría deberse a todos los problemas que Fernanda le generó en sus cronogramas y agenda desde la cuenta que el hacker de Ewan le entregó hace más de seis meses en Manhattan.

Ingresar a la base de datos de la agencia no fue fácil, pero al final obtuvieron lo que querían y si bien eso era un delito, Fernanda solo alteraba lo necesario para luego presentarse como la salvadora del día.

No existían pérdidas, sólo un empleado incompetente.

Comprendía que una cosa era fastidiar a Nicholas y otra cosa muy distinta ganar a Andrés Rivers como enemigo.

—Me siento decepcionado, Nicholas, ¿cómo pueden irse de tus manos detalles tan absurdos? —espetó el señor Rivers con frustración, no estaba acostumbrado a que el rubio tuviera esos errores—. Si no fuera porque mi esposa está embarazada, habría regresado a la agencia.

El hombre estaba siendo dramático, ninguno de los problemas que generó fue tan grave. Al menos no los de los últimos días.

—Le juro que no sé qué está pasando, señor. Hablaré con George, es probable que esté un poco distraído y el exceso de trabajo haya provocado que no revise los documentos a detalle.

En realidad, tanto Nicholas como su asistente hacían un gran trabajo. El problema era ella, quien en las noches entraba al sistema para cambiar todos los archivos a su antojo.

—Me siento muy aliviado de que estés con nosotros, Fernanda —dijo su jefe de repente, captando su atención—. Has sido de gran ayuda en los últimos días, de no haber sido por ti habríamos perdido muchos contratos.

—Es verdad —soltó Nicholas con agradecimiento y ella asintió, manteniendo un gesto profesional.

—Solo hago mi trabajo, soy bastante perfeccionista en estas cosas —les sonrió con amabilidad y ambos rubios se limitaron a asentir—. Creo que el señor Cranston sólo está pasando por un mal momento, quizá podría derivarme algunos de sus trabajos para aligerar su carga.

Si bien estaba dentro de la agencia, había encargos que el señor Rivers no quería derivarle y eso se debía a que aún no confiaba en ella. Un hecho que pensaba cambiar lo antes posible.

—Hay ciertos clientes que están muy acostumbrados a Nicholas —respondió el señor Rivers con propiedad, logrando que la tensión que se cernió sobre su rival disminuyera.

A pesar de todo lo ocurrido, él confiaba ciegamente en su mano derecha—.

Sin embargo, lo tendré en consideración si las cosas se siguen complicando.

Nicholas la miró de reojo y Fernanda le sonrió con fingida amabilidad.

«Sí, no he olvidado mi propósito».

—Me gustaría que traduzcas cinco contratos que nos llegaron de Barcelona. —Fernanda asintió, era muy capaz de hacerlo—. Pero los necesitaré a más tardar en cinco días, ¿crees que puedes conseguirlo?

¿Ella debía traducir contratos y Nicholas asistir a importantes reuniones?

Era un fastidio, pero sabía que existía un privilegio de antigüedad.

—Claro que sí, señor.

Debía mostrarse complaciente y capaz.

—Nicholas te ayudará, háganlo juntos de ser posible.

—¿Qué? —el pánico la invadió, ¡ella no quería trabajar de la mano de ese idiota!

—Debe supervisarte, aún eres nueva en la agencia y no puedo arriesgarme.

—Pero señor Rivers…

—¿No estás de acuerdo? —enarcó una ceja, dejando claro que no permitiría una réplica, y Fernanda forzó una sonrisa.

—Lo siento, no estoy acostumbrada a trabajar en equipo —bajó el rostro, apenada.

—Y por esa razón los quiero juntos, creo que harán un excelente trabajo.

¿Cómo solían hacerlo en el pasado? ¿Cuándo toda su relación era una farsa que él inventó para aligerar sus tareas?

—Creo que podríamos optimizar los tiempos si movemos esta fecha al fin de semana —comentó distraídamente, estudiando los cronogramas de Nicholas, y el rubio apartó la vista de los informes que ella redactó.

—Tienes razón —la abrazó por los hombros, buscando una cercanía—. ¿Cómo es que no lo noté?

A pesar de que llevaban semanas saliendo, Fernanda aún no podía acostumbrarse a su contacto físico. Algo estúpido si consideraba que ya ingresó a su cama y aceptó que él hiciera todo con ella.

—Es algo que uno puede pasar por alto —comentó con timidez y corrigió el cronograma, observando de reojo como él dejaba los informes de lado—. ¿Te cansaste?

—No estoy seguro —apoyó el mentón sobre su mano, mirándola con fijeza—. Tal vez sólo quiero mirarte.

¿Por qué?

No era como si Fernanda pudiera arreglarse mucho o llamar la atención.

Desde hace años que se propuso mantener un perfil bajo y por esa razón su aspecto era…

lamentable. Llegó a asumir que los gustos de Nicholas eran peculiares, dado que un hombre tan apuesto y elegante como él jamás posaría los ojos en ella por más de un segundo.

—¿Por qué te gusto? —decidió preguntar y giró el cuerpo en su dirección, curiosa—. No soy precisamente hermosa y…

—Lo eres —soltó de sopetón y Fernanda tiritó cuando le quitó los lentes con lentitud.

Todo se volvió borroso a su alrededor y el calor trepó por sus mejillas cuando él acunó su rostro con ternura antes de unir sus labios con suavidad.

Una de las razones por las que cedió a Nicholas eran sus besos, él siempre solía besarla con paciencia, con profundidad y nunca exigía nada si ella no estaba dispuesta a dárselo.

Un suave gemido brotó de su garganta y eso fue más que suficiente para que él penetrara su boca y tirara de su silla en su dirección. No tenía la menor idea de cómo lo hizo, pero pronto terminó a horcajadas sobre él, besándolo con mayor ahínco.

—Te sientes tan bien —acunó su nalga, robándole un jadeo, y no opuso resistencia cuando le abrió la chompa de lana y posteriormente los botones de su camisa.

Cuando su sujetador quedó a la vista, los ojos de Nicholas brillaron con intensidad y Fernanda se arqueó en respuesta cuando acarició el canalillo de sus generosos pechos.

Él gruñó y Fernanda lo abrazó por el cuello cuando abandonó su lugar y la llevó hacia su habitación, donde la tendió en la cama con mucho cuidado para quitarle los zapatos y posteriormente su falda de algodón.

La vergüenza la golpeó con fuerza cuando quedó en ropa interior y sintió la necesidad de cubrirse; no obstante, él sujetó sus muñecas y asumió que conectó sus miradas. Ante ella todo era muy borroso.

—Déjame ver —estudió su cuerpo, rozando sus clavículas, su cintura y posteriormente su cadera.

Era la primera vez que la observaba con tanto detalle—.

Me encanta tu piel, tu cuerpo y como te ves en mi cama —sus dedos se posaron sobre el tatuaje que tenía a la altura de la costilla—. ¿Por qué te escondes?

¿Tan evidente era que ella prefería no llamar la atención?

—Nicholas… —tiritó cuando sujetó la costura de su braga y empezó a bajarla con destreza—. Espera, me siento muy vulnerable, apaga la luz.

—Quiero verte, Fernanda —su intimidad quedó a la intemperie, llevándola a respirar con irregularidad—. Y… —le abrió las piernas con delicadeza— también probarte.

—¡Ah! —la boca masculina se enterró en la unión de sus piernas y Fernanda dejó de pensar con claridad.

La pasión la gobernó, era la primera vez que él hacía algo así y eso fue más que suficiente para que ella empezara a disfrutar con mayor frecuencia y desenfreno sus encuentros.

Nicholas desvistió su alma, le entregó la seguridad que necesitaba y a partir de ese momento empezó a sentir más de lo que alguna vez pretendió por ese hombre.

Tanto que a las semanas la tuvo a sus pies, mientras se bañaban, dándole tanto placer con la boca como él solía hacerlo con ella.

—Sí, cariño —gimió él, tirando la cabeza hacia atrás, y Fernanda gimió cuando presionó aún más su cabellera en su mano—. Levántate —la instó a incorporarse y sin previo aviso la giró hacia la pared, antes de penetrarla con brusquedad.

—Ah —jadeó, pero en ningún momento le pidió que parara.

¿Qué les había pasado?

¿En qué momento se convirtieron en dos bestias, incapaces de separarse?

Ellos… vivían prácticamente juntos.

—Lo siento —musitó minutos después, abrazándola con firmeza—. He sido una bestia, yo… me llevaste a un límite desconocido.

Tanto que cometió el error de acabar en ella.

—¿Puedes llevarme al cuarto?

Para Nicholas no era un secreto que ella no veía sin los lentes puestos.

—Sí, luego iré por la pastilla.

Fernanda estuvo totalmente de acuerdo. Si bien anteriormente lo habían hecho sin condón, Nicholas siempre llegaba a salir de su cuerpo antes de que el deseo o la pasión lo gobernaran.

Fue esa noche… Fernanda no necesitaba pensarlo mucho para determinar cuando terminó embarazada porque tres semanas después, él la echó de su vida como si ella fuera un pedazo de basura.

Un suave toque en la puerta de su oficina la hizo abandonar su letargo e hizo una mueca cuando vio que se trataba de Nicholas.

—¿Puedo pasar? —debía empezar a cerrar la puerta. Asintió—. Veo que ya te instalaste —observó las plantas que estaban en el lateral del lugar—. Se ve lindo.

—Como verás, tengo bastante trabajo acumulado —respondió con voz neutra.

Nicholas apretó levemente los labios. Intentó mantener la compostura y dio un par de pasos hacia su escritorio.

—¿Cuándo empezaremos con los informes? —apoyó una mano sobre el borde del mismo—. Suele tomar mucho tiempo.

—Estoy en ello. —Él enarcó una ceja.

—Dijo que lo hiciéramos juntos.

—No deseo…

—Sin réplicas —aseveró, dejando claro que en ese momento se trataba únicamente de trabajo, y ella suspiró.

—No terminaremos todo si sólo trabajamos en horario de oficina, hay muchas cosas que hacer.

—Podemos ir a un café, a mi departamento o al tuyo si eso te hace sentir más cómoda.

«Primero muerta».

—Sabes que no avanzaremos mucho en un café y no entrarás a mi departamento —aseveró y él asintió.

—Entonces sólo queda un lugar...

—Mi oficina.

Le importaba una mierda si debía quedarse hasta tarde. Después de todo, Megan se mudó con ella ante la repentina desaparición de Christian y Adrián no se quedaría solo.

—Está bien —decidió no presionarla, pero pudo ver cierta inquietud en su rostro—. Me gustaría invitarte a almorzar como agradecimiento, me salvaste el pescuezo en las últimas semanas.

Fernanda evitó reírse por lo alto, ¿cómo tomaría la noticia de que era ella quien lo estaba hundiendo?

—Te agradezco la intención, Nicholas, pero estoy bien así —dijo con una frialdad ejecutiva que rozaba el desprecio. Detuvo el tecleo por un segundo y lo miró fijamente a los ojos—. Pero ahora que lo mencionas, me he estado fijando que tus cronogramas son un desastre.

Nicholas arrugó el entrecejo, preocupado.

—¿Un desastre? Eso no es posible, los cronogramas están perfectamente estructurados.

—Los cruces de horarios, las sesiones superpuestas y las cancelaciones de esta semana dicen lo contrario —sentenció Fernanda sin pestañear, volviendo la vista a su monitor—. Había modelos citadas en dos sets distintos a la misma hora. Si no intervenía, la producción de la tarde habría sido un caos.

Sintiéndose acorralado y sin dar crédito a lo que oía, Nicholas dio un paso atrás y llamó a su asistente a través del pasillo con voz tajante.

—¡George, ven un momento, por favor!

El joven asistente ingresó a la oficina casi al instante, acomodándose las gafas con evidente nerviosismo al notar la tensión en el ambiente.

—¿S-sí, señor Cranston?

—La señorita Matthew indica que hay inconsistencias graves en las agendas de este mes —espetó, cruzándose de brazos y mirando a su empleado con severidad—. Quiero que seas mucho más cuidadoso con los datos. Es inaceptable que se crucen las fechas de los sets. Revisa el sistema de inmediato.

Sólo esperaba que George no fuera su primera víctima. No había pensado en lo mucho que lo estaba perjudicando al editar sus archivos.

—P-pero señor... —George parpadeó, confundido y pálido—. Yo verifiqué el sistema ayer por la noche antes de irme y todo estaba en orden, se lo juro...

—Pues no lo está —le cortó Nicholas con rudeza, avergonzado ante la mirada calculadora de Fernanda—. Revisa la base de datos de nuevo y arregla cualquier fallo. No podemos permitirnos esta clase de torpezas frente al señor Rivers. Retírate.

El asistente asintió atropelladamente y salió a toda prisa. Nicholas miró a Fernanda una última vez, buscando alguna grieta en su postura, pero ella ya estaba concentrada de nuevo en su trabajo. Sin más opción, dio media vuelta y regresó a su despacho masticando la frustración.

¡¿Es que acaso nada le saldría bien?!

Alborotó su cabellera, inquieto.

Le parecía un milagro que el señor Rivers siguiera confiando en él a pesar de todo lo sucedido. Sin embargo, había algo que aún no le cuadraba y era todas las fallas que estaban presentando sus informes. Miró de soslayo la oficina de Fernanda, ¿podría ser…?

No, claro que no.

Ella jamás se atrevería a sabotearlo de esa manera. Fernanda era el tipo de mujer que jugaba limpio y siempre se salía con la suya.

La garganta se le cerró.

Tal vez lo mejor sería volver a marcarle al técnico.

¡¿Qué tan difícil podía ser arreglar un celular?!