Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 8
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Capítulo 8

De regreso a su departamento, Fernanda pudo regularizar sus miedos e inquietudes en cuanto a Nicholas, pero empezó a cuestionarse cómo le estaría yendo a Megan en su primer día como niñera de Adrián.

Su hijo no era travieso, pero cuidar de un niño era algo totalmente nuevo para Megan, por lo que quizás se encontraría con más sorpresas de las que quería recibir.

Lastimosamente, sólo necesitó cruzar el umbral de la puerta de su departamento para darse cuenta de que sus miedos estuvieron totalmente justificados.

—¡Megan! —el grito se le atoró en la garganta al ver a su hermana tendida en el suelo del recibidor, rodeada de juguetes—. ¿Qué te sucedió? —Ella estaba demasiado pálida para su gusto.

—Estoy bien, estoy bien... —se apresuró a decir la castaña, haciendo una mueca de dolor mientras se sujetaba el tobillo—. Estábamos jugando a las atrapadas con Adrián y no vi el carrito. Di un mal paso y... creo que me lastimé. Llevo cuarenta minutos sin poder levantarme.

Al parecer, su hijo decidió hacer una ciudadela alrededor de su tía lesionada.

—¡Mamá! —el niño debió escuchar su voz porque salió del pasillo con varios peluches en brazos.

Fernanda lo tomó en brazos, pero fulminó a su hermana con la mirada.

—¿Por qué no me avisaste?

—No quería preocuparte —se ruborizó y ella negó con la cabeza.

—Debemos ir al hospital. —Su tobillo estaba muy inflamado y todo indicaba que su hermana necesitaría apoyo para el cuidado de Adrián—. Pediré un taxi.

Estaba lo suficientemente nerviosa como para querer manejar. Al llegar al hospital, la saturación del lugar amenazaba con hacerlas esperar horas y de más estaba decir que Adrián no podía ir más allá de la sala de espera, algo que complicaba todo porque no quería dejar a Megan sola.

Sin embargo, para sorpresa de ambas hermanas Matthew, el destino decidió jugarles una mala —o quizá buena— pasada.

—¿Megan? ¿Fernanda?

Esa voz…

Un escalofrío recorrió su espina dorsal y muy lentamente giró el rostro, temiendo lo peor.

El impacto visual hizo que las piernas le temblasen y aferrara a Adrián contra su pecho.

De todos los lugares en los que pudieron encontrarse, su hermano venía a aparecer en uno de los hospitales más prestigiosos de Londres.

«¿Y qué esperabas? ¡Es doctor!»

Tal y como lo había esperado, Adam se veía impresionante. Su hermano mayor vestía un ambo médico y lucía más maduro que la última vez que lo vio, antes de que él empacara sus maletas para irse a estudiar a España y dejarlas a merced del infierno que sus padres representaban para todos.

¿Acaso ese día nunca acabaría?

¡Apenas eran las cuatro de la tarde!

Adam intentó acercarse a ella, dado que sus ojos castaños estaban fijos en su hijo, pero Fernanda dio un paso hacia atrás, recelosa. La admiración y el amor incondicional que alguna vez llegó a sentir por su hermano ya no existían, ella… lo prefería lejos de su vida.

El castaño percibió el rechazo y detuvo sus movimientos en seco. En el fondo comprendía que no podía obligar a su hermana a perdonarlo, por lo que ahora mismo le bastaba con poder verla en perfecto estado.

Sin embargo…

—¿Qué sucedió, Megan? —Su otra hermana no parecía correr con la misma suerte—. Te ves muy pálida. —Acortó la distancia con auténtica preocupación, pero en contra de su voluntad miró una vez más de reojo al niño que Fernanda tenía aferrado en sus brazos.

¿Era mamá?

Megan nunca le dijo nada al respecto.

—Sufrí un accidente mientras jugaba con Adrián y me lastimé el tobillo —musitó su hermana con los ojos llorosos y aprovechando el rango que tenía en el hospital, como el ginecólogo del mismo, hizo que los enfermeros se movieran y llevaran a su hermana a emergencias para que uno de sus colegas la atendiera.

—No la dejes sola, Adam —espetó Fernanda, tomándolo por sorpresa, y él le sonrió con ternura.

—No lo volvería a hacer —arrastró sus palabras y la miró significativamente—. ¿Es tu hijo?

Ella hizo una mueca, pero terminó asintiendo. Era tío y por las estupideces que hizo en el pasado, nunca pudo estar junto a su pequeña hermana.

—Iré con Megan, no durará mucho tiempo —acarició la coronilla del rubio y su sobrino le sonrió con curiosidad—. Quédate aquí, creo que tenemos una charla pendiente.

Mentira. Lo que realmente tenía pendiente con sus hermanas era una disculpa, dado que las abandonó a ambas cuando, posiblemente, más lo necesitaban.

Fernanda observó como Adam y Megan se perdían al final del pasillo y por un momento estuvo tentada a huir del hospital; no obstante, luego determinó que estaba harta de ser una cobarde y que no dejaría sola a Megan.

Así cómo pensaba enfrentar a Nicholas, también debía lidiar con todos los problemas que dejó atrás, mas nunca resolvió.

Se acomodó en las sillas de la sala de espera con su hijo en brazos y Adrián no tardó en quedarse dormido contra su pecho, agotado por las emociones del día.

Una hora más tarde, la puerta del pasillo principal se abrió. Adam caminaba junto a Megan, quien venía apoyada en su hombro con el tobillo firmemente vendado. Él ya no llevaba la bata médica, sino su ropa de calle.

—No tiene fractura, solo un esguince de segundo grado —informó él con más calma—. Las llevaré a casa. Necesito hablar con las dos.

—No es necesario —le cortó Fernanda, poniéndose de pie con cuidado para no despertar a su hijo—. Podemos tomar un taxi.

—Fer, por favor —le suplicó Megan en un susurro cansado—. Vamos juntos, ¿sí?

Al ver la vulnerabilidad de su hermana, cedió.

El trayecto en el auto de Adam transcurrió en un silencio tenso. Al llegar a su departamento, ella se encargó de acostar a Adrián en su cuna antes de regresar a la sala, donde sus dos hermanos la esperaban.

—Sé lo que piensan de mí —comenzó él con la voz quebrada—. Sé que sienten que las abandoné cuando me fui a España. Pero les juro que mi intención jamás fue ser un mal hermano, pasaron muchas cosas que hicieron que olvidara todo lo que está a mi alrededor.

¿Por qué se oía tan atormentado? ¿Qué fue lo que sucedió en Madrid cuando sus padres fueron a visitarlo que al final de todo su compromiso con su novia se rompió y él nunca llegó a casarse?

—Cuando me enteré de que te habías ido, Fernanda, intenté buscarte por todos los medios, pero te borraste del mapa. No tuve éxito y la culpa me carcomió todo este tiempo.

Las lágrimas traicioneras comenzaron a rodar por sus mejillas. El rencor que había guardado durante años se tambaleó ante la sinceridad en los ojos de su hermano. Él no sabía la verdadera razón por la que ella huyó —y prefería que eso siguiera así—, pero el dolor de su disculpa era real.

No pudo articular palabra, pero no se alejó cuando Adam dio un paso en su dirección.

—Por favor, dame una oportunidad para ser el hermano que mereces y el tío que ese niño necesita —pidió con suavidad—. No soy como Leandro ni Fátima, y la clara prueba de ello es que los tres hemos tratado de mantener nuestra distancia con ellos.

Fernanda, sabiendo en el fondo que su hermano siempre había tenido un buen corazón y que en el pasado lo adoró, terminó asintiendo débilmente, aceptando la tregua.

—Pero necesito tiempo.

Aún no estaba lista para abrazarlo, para jugar ni bromear con él. Ella… necesitaba saber qué tanto lo habían cambiado los años que estuvieron separados.

—Hice el pedido de unas muletas para Megan —su hermana sonrió, apenada—. Llegarán en dos horas, ¿debo asumir que viven juntas?

Si bien Adam y Megan sí estuvieron en contacto, todo indicaba que él no sabía de la relación que ella tenía con Christian.

—Sí —respondió Megan con rapidez, observándola de reojo para que siguiera su mentira.

—Durante su curación, Megan me dijo que ella cuida de Adrián porque tienes trabajo.

—Fernanda asintió, jamás pensó que su día terminaría así, con sus dos hermanos en la sala de su departamento—.

Ella necesitará ayuda. Conozco a una mujer de absoluta confianza que puede trabajar como niñera, ayudar en el departamento y asistir a Megan mientras se recupera.

—Esa sí que era una buena noticia, dado que ella no conocía a nadie en Londres que le inspirara suficiente confianza como para dejarla a cargo de Adrián—. Yo me encargaré de contactarla.

—Te estaría agradecida —musitó con esfuerzo y agradeció que Megan sujetara su mano con firmeza—. Yo… pediré algo para cenar, con todo lo ocurrido no preparé nada.

—Descuida, deja que yo invite la cena. —La mano masculina se posó en su hombro y Fernanda tiritó, odiando que los ojos le ardieran.

¿Cuánto había echado de menos la idea de recuperar a su hermano mayor?

Adam debió notar su dolor, pero en vez de apartarse tiró de ella con suavidad y la abrazó con fuerza, dándole la confianza para romper en un suave llanto.

—Tranquila, Fer, te prometo que a partir de ahora yo siempre cuidaré de ustedes y mi sobrino.

—Adrián… —musitó en voz baja y él rio por lo bajo, frotando su espalda.

—Todo estará bien.

Y, por alguna extraña razón, esa afirmación la llenó de una valentía irracional para seguir enfrentando a Nicholas.

Sólo esperaba, de todo corazón, que el regreso de Adam también le abriera los ojos a Megan para dejar al idiota de Christian, quien al parecer determinó que lo mejor para él era huir de su novia porque con el pasar de las horas, ambas se dieron cuenta de que bloqueó a Megan de todas sus redes.

***

Esa noche, después de poner su departamento patas arriba, Nicholas por fin pudo encontrar su antiguo celular. El cual se encontraba en una caja llena de documentos irrelevantes de la agencia.

—No prende —siseó después de diez intentos y lo estudió por todas partes, determinando que lo único que podía hacer era llevarlo a un técnico—. Necesito recuperar los mensajes.

Como el número era otro que la agencia le brindó y él nunca lo dio de baja, supuso que no sería tan difícil recuperar la información. O al menos eso quería creer.