Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 5
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Capítulo 5

Dos meses después

La mudanza de Fernanda no fue algo que requiriera mucho esfuerzo porque solo se quedaría seis meses en Londres.

Ya lo había decidido, así que solo trajo consigo todo lo necesario y decidió que los juguetes y las cosas que Adrián pudiera necesitar los compraría allí.

En cuanto al departamento, Ewan se encargó de alquilar uno amoblado y eso facilitaba todo en demasía.

Aunque, desde su punto de vista, su amigo exageró al buscar uno de cuatro habitaciones.

¡Sólo eran Adrián y ella!

—Debiste ocupar mi pent-house —susurró Ewan, aún disgustado por el inmueble que alquilaron—. Este lugar es… muy sencillo para mi gusto —admitió, y su hijo se rio en respuesta, mientras balbuceaba unas cuantas incoherencias mientras caminaba de un lugar a otro por la sala.

—Él no está de acuerdo contigo.

Ewan negó con la cabeza y decidió abordar el tema que la tuvo inquieta durante los últimos días.

—¿En serio se lo presentarás a tu hermana? Aún puedo llevarlo de paseo y dejar que tu cena se efectué con normalidad.

—Ella se mudó a Londres, Ewan, esconderlo no será tan sencillo. —Más cuando tenía la leve sospecha de que su hermana no la estaba pasando nada bien y muy probablemente necesitaría su apoyo durante estos meses—. Sabíamos que tarde o temprano sucedería.

—Estás resignada con Megan, pero no piensas de igual manera en cuanto a Nicholas.

Lo miró con disgusto.

—Porque él ni siquiera sabrá donde vivo. —El castaño se cruzó de brazos, levemente inquieto—. ¿Qué te preocupa? ¿Sientes que él podría hacerme algo?

—Dudo que algo así suceda, es sólo que… la última vez que lo viste en París terminaste algo afectada. Te tomó un año mudarte a Londres —le recordó con cautela y odió que la piel se le erizara—. No digo que sientas algo amoroso por él, es sólo que comparten un hijo y eso podría complicarlo todo.

—No compartimos un hijo —farfulló en voz baja—. Él nunca estuvo interesado en formar nada conmigo y decidí tener a mi hijo sola.

—¿Estás segura que, de saber la verdad, Nicholas no querrá formar parte de su vida? —le indicó a su hijo con un gesto—. Lo odio y nada me daría más gusto que verlo arrastrarse, pero… no podemos olvidar que es el padre de Adrián.

Fernanda levantó el mentón con suficiencia y se cruzó de brazos de igual manera.

—Nunca lo vi como tal —admitió con altanería y su amigo negó con la cabeza—. No lo entiendo, trabajamos en esto por años, ¿qué es lo que me sugieres?

—Si no quieres tener nada que ver con él, te sugiero que vuelvas conmigo a Manhattan.

Lo miró con incredulidad y después de breves segundos de análisis profundo, llegó a una conclusión:

—¿No quieres trabajar con tu abuelo y por eso quieres que vuelva contigo?

Su amigo hizo una mueca.

—Por favor, Ewan, estás más que capacitado para hacerte cargo de todo —le dio una palmadita en el brazo—. Además, si algo pasa puedes llamarme, siempre estaré ahí para darte una mano.

—Claro que podré solo —gruñó y apartó el brazo—. Es solo que Franco se quedará una temporada en Manhattan y es insoportable, se reirá en mi cara porque ahora debo trabajar.

Franco era el ahijado del sobrino de Lucio, un primo de segundo grado de Ewan que para ser tan irresponsable como su amigo, tenía mucha suerte en los negocios y no hacía más que multiplicar su fortuna.

—Yo sé que podrás manejarlo —decidió fastidiarlo, después de todo, ambos se llevaban muy bien—. Mira el lado bueno, no te sentirás tan solo.

Sus palabras no fueron de mucha ayuda y una hora más tarde, mientras ella preparaba todo para la cena, Ewan determinó que Adrián necesitaba nuevos juguetes y preparó todo para irse de paseo con su hijo.

Como de costumbre, no objetó. Después de todo, fue Ewan quien la ayudó en la crianza de su hijo durante todos estos años.

Quizá por esa razón Lucio creía que podrían ser un gran equipo, cualquiera que los viera pensaría que eran una feliz familia.

A lo largo de la tarde, se preguntó qué tipo de hombre sería el novio de su hermana. Ella le dijo que vendría acompañada, por lo que Fernanda se imaginaba que estaba a punto de conocer al hombre que atribuyó a que Megan arruinara su carrera.

Grande fue su sorpresa cuando horas más tarde, Megan llegó a su departamento acompañada de Alex Ojeda, un modelo de renombre que actualmente debía prepararse para la campaña publicitaria de la serie que firmó en Berlín el último año. Tal vez, después de todo, su hermana no hizo una mala elección.

Ella trató con Alex en París, cuando la asistente de Nicholas tuvo problemas con sus pasajes, por lo que podía afirmar que era un buen hombre que para tener todo el éxito que tenía, estaba dentro de sus cabales.

Los invitó a pasar y se preguntó dónde diablos estaría Ewan.

—Tu serie ha generado muchas expectativas en los últimos meses —comentó ella una vez que les invitó dos vasos de zumo y Alex le regaló una sonrisa amable—. Estoy segura de que será un éxito, no sabía que tú y mi hermana estaban saliendo.

—Él no es mi novio —soltó Megan con rapidez y Fernanda la buscó con la mirada.

—Dijiste que vendrías con él —frunció el ceño.

—Chris tuvo un percance.

—¿Chris: nuestro Christian? —Abrió los ojos con sorpresa.

¿Estaba hablando de su mejor amigo de la infancia? ¿La razón por la que Megan terminó adentrándose al mundo del modelaje en su adolescencia?

Lo cierto era que Fernanda nunca fue tan cercana al rubio, la del encanto y gran personalidad era Megan, por lo que ellos solían pasar mucho tiempo juntos mientras ella se dedicaba a su estudio.

—Sí.

Por todos los cielos, no sabía si debía alegrarse o preocuparse.

—¿Nuestros padres lo saben? Espero que no.

Leandro Matthew daría lo que fuera porque una de sus hijas terminara casada con el único heredero de la familia Beckett.

—Nadie lo sabe, así que tranquila —susurró Megan con inquietud, ella comprendía sus temores mejor que nadie.

—Lo siento, estoy siendo grosera —dijo con rapidez al percatarse de que no estaban solas y se dirigió a Alex—. Pensé que ustedes…

—Somos amigos.

—Ya veo.

La puerta sonó, anunciando que por fin su hermana descubriría su más grande secreto, y todos se incorporaron cuando Ewan apareció en su campo de visión con su hijo en brazos.

—Mamá… —Adrián se estiró en su dirección y Fernanda no demoró mucho en tomarlo en brazos, bajo la atónita mirada de su hermana.

—Ven aquí, cariño.

—Se portó bien —informó Ewan, entretenido, y lo reprobó con la mirada por su impuntualidad—. Buenas noches, Megan.

—Señor McKenzie…

Megan se encargó de presentar a Alex.

—Díganme Ewan, por favor, Fernanda y yo somos muy buenos amigos.

Megan y Alex asintieron, pero no apartaron la vista de su hijo.

—Te presento a Adrián, Megan, es mi pequeño y gran adoración.

—Es precioso, Fernanda. —Se hizo de su sobrino, quien los observó a ambos con curiosidad, y Alex frunció el ceño, seguramente percatándose del nulo parecido que compartían madre e hijo.

—Lo sé —besó la mejilla de su hijo, consciente de que muy pronto su hermana buscaría el momento adecuado para interrogarla y reclamarle el hecho de que decidió esperar dos años para contarle que se convirtió en mamá.

***

Unos días más tarde, Nicholas no lograba entender cómo diablos pudo suceder algo así.

Nunca, jamás, en sus siete años que llevaba trabajando en esa empresa había ocurrido algo así; primero, uno de sus más grandes inversionistas tenía en la mira a la competencia, segundo, tres contratos fueron dados de bajo en el último mes y todos los cronogramas de sus modelos —mal elaborados— provocaron cancelaciones de sesiones y campañas.

¡¿Por qué sucedió esto?!

¡Él siempre tenía todo bajo control!

—Esto no me agrada, Nicholas —espetó el señor Rivers con seriedad, quien no necesitó que él lo buscara para enterarse de la situación—. Quisiera saber qué está ocurriendo.

Estaba claro que su matrimonio con Melody Ojeda lo había cambiado, puesto que en el pasado lo habría despedido sin miramiento alguno, recalcándole que era un inútil de primera.

—No lo entiendo, señor, siempre he sido pulcro en todo mi trabajo.

Rivers suspiró.

—Y por eso te daré el beneficio de la duda. —El aire regresó a sus pulmones, no quería perder su puesto—. Hablaré con el señor O’Connor, yo solucionaré nuestras diferencias para que la sociedad no se termine.

—Muchas gracias, señor.

—Sin embargo, empieza a ser más cuidadoso con tus cronogramas. Tu asistente quizá no es tan eficiente como crees. —Lo dudaba, George era muy perfeccionista con todo—. Regresaré dentro de unos días, es probable que haga un par de ajustes en la agencia.

Era normal que él no pudiera quedarse. Hace unos días se había confirmado que su esposa estaba embarazada y su jefe jamás se atrevería a dejarla sola. Por todos los santos, ese adicto al trabajo renunció a todo con tal de quedarse junto a su mujer e hijos.

—Lo estaremos esperando —asintió, nervioso.

—¿Sabes algo de Milenka y Alex? —lo miró fijamente, ¿qué tanto sabía de su amiga y el castaño?—. Alex es mi cuñado y Milenka la hermana menor de mi mejor amigo, Nicholas —lo miró con obviedad.

El aire se atoró en sus pulmones. Así que lo que sucedió en Paris hace un año por fin saldría a la luz para la familia Montaño.

—Fue un malentendido, Milenka se asustó mucho y salió huyendo, señor. —Él le hizo un gesto con la mano para que continuara—. Se cayó por las escaleras estando embarazada y le dijo a Alex que perdió al bebé.

—Esa parte de la historia la conozco —admitió, pensativo—. Tengo entendido que Alex quería lastimarla.

—Lo dudo —fue sincero—. Fue un accidente. —Aunque Alex nunca fue de su agrado, no podía obviar el hecho de que era un hombre decente—. Ahora Milenka quiere decirle la verdad, que nunca perdió al bebé en la caída, pero él…

—No quiere escucharla.

Nicholas asintió, esta situación era demasiado frustrante.

—Vigílala. Mi esposa me pidió que me encargue de la situación porque su hermano merece conocer a su hija. Así que asumo que para el día de mañana esto dejará de ser un secreto.

Porque por Melody, él movería a toda su gente a su antojo.

—Como usted ordene, señor.

Andrés Rivers abandonó su despacho y Nicholas se dejó caer en su asiento, agotado.

Llevaba un año tratando de ser mejor persona, mejor amigo e incluso compañero, pero a veces se preguntaba si eso estaba ayudándolo en algo. Lidiar con los problemas de Milenka estaba siendo agotador, pero no era como si pudiera abandonarla, él la quería como a una hermana.

Aunque tiempo atrás se atrevió a manchar su relación.

Ladeó el rostro, al menos ahora ya se había dado cuenta de sus errores y estaba dispuesto a hacerlo mejor.

«Estás más solo que nunca. No tienes familia, te tiras a todo lo que se mueve para llenar tus vacíos y al parecer debes ofrecer sumas de dinero exorbitantes para tener a la mujer que deseas».

Las palabras de Fernanda volvieron a retumbar en su cabeza y cerró las manos en dos puños, furioso.

Nada le daría más gusto que volver a verla y demostrarle que podía ser mejor persona, que nada de lo que le dijo era real —a excepción de lo de su familia— como también rodearla por la cintura, besarla por horas y hacerla suya una vez más.

—Dijo que volvería… pero está tomando demasiado tiempo.

Ya había pasado un poco más de un año desde que se reencontraron en París y la morena no había dado señal alguna. Era como si la tierra se la hubiera tragado y no era como si él pudiera contratar a un par de detectives para que la buscaran, sus capacidades económicas aún no llegaban tan lejos.

Una hora más tarde, Milenka le informó que estaba en la agencia porque intentaría hablar nuevamente con Alex y Nicholas maldijo en silencio que el ascensor estuviera en reparación.

¿Cuántas cosas más tendría que solucionar ese día?

Vio como Alex salía del set y utilizaba las escaleras, decidido a irse.

Le escribió a Milenka, advirtiéndole que pronto se encontrarían, y maldijo en silencio cuando el técnico demandó su atención.

Fueron tres minutos, sólo tardó tres minutos en seguir a Alex, y muy a su pesar terminó encontrándose con una escena desagradable.

Milenka estaba llorando mientras el amigo de Alex, Christian, la sujetaba con más fuerza de la que debería para que no se acercara al castaño.

—Si vuelves —siseó Alex, sentado en el piso. Todo indicaba que habían tenido un accidente en las escaleras—. Yo mismo iré con tus hermanos y tu padre para decirles que me tienes harto. Tú…

—Suficiente. —Detuvo esa locura, no dejaría que ese hombre siguiera lastimando a su amiga—. Te dije que no vinieras —soltó con impotencia y abrazó a Milenka por los hombros para instarla a bajar las escaleras.

—Nicholas…

—Hablaremos en otro sitio —musitó en voz muy baja, viendo de reojo como Christian consolaba a Alex.

¿Qué tan terco debía ser Alex para provocar que el mismísimo Andrés Rivers interviniera?

—Esto ha llegado muy lejos, ¿no te parece? —siseó una vez que estuvieron en su despacho y le entregó una taza de café.

Milenka miró la misma sin expresión alguna en el rostro.

—Nunca debí decirle que mató a nuestro hijo —susurró con congoja—. Él… hoy lo vi tan asustado cuando caímos por las escaleras.

—Lo hiciste por su bien, él quería…

—¿Y si no quería? —le cortó—. Andrés me lo dijo, ¿qué tal si todo fue un malentendido?

—Sea como sea, tú estás haciendo todo lo posible para hablar con él y Alex no está poniendo de su parte. Ya no puedes seguir así, hoy estuviste a punto de hacerte daño y fuiste tratada de una manera desagradable.

—Alzaré las manos —confesó con cansancio—. No me gustó verlo así, fui egoísta al creer que era la única que estaba sufriendo con toda esta situación.

—Creo que lo mejor que puedes hacer es dejar que las cosas sucedan por sí solas —sugirió—. Tal vez no es un buen momento para que Alex sea visto con su hija, eso podría sabotear muchas cosas.

No podían olvidar que la serie en la que estuvo trabajando todo este tiempo fue todo un éxito y ahora estaba en medio de la campaña publicitaria.

—Lo sé. —Milenka asintió, cabizbaja—. Quisiera decir que él nunca llegará a sospechar que Alexa es su hija, pero Melody la reconoció y es probable que con Alex suceda lo mismo.

—Entonces deja que lo descubra por sí mismo.

«O por Andrés Rivers», añadió mentalmente.

—¿Qué tal si salimos esta noche? —sugirió de pronto, tenía la leve sospecha de que tanto Milenka como él necesitaban despejar la mente.

—¿Salir? —torció los labios con disgusto.

—¿Hace cuánto que no sales?

Ella negó con la cabeza.

—Deja que esta noche Alexa se quede con sus abuelos y ven conmigo, te llevaré a un lugar agradable.

—Yo…

—Necesitas distraerte.

Realmente lo necesitaba.

—Está bien.

La llevaría a cenar y luego irían a un pub, parecía el plan adecuado para relajarse un poco.