Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 3
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Capítulo 3

Fernanda sintió una gran satisfacción al ver como su hijo caía dormido y esbozó una débil sonrisa al recordar toda la alegría que invadió a Adrián al ver que por fin estaba de regreso en Manhattan. Lo arropó en su cuna y no pudo evitar fijarse, una vez más, en sus rasgos.

¿Por qué tenían que ser tan parecidos?

Lo único que la conmocionó en demasía cuando se reencontró con Nicholas fue el gran parecido que tenía con Adrián.

Cuando decidió seguir con su embarazo, no le preocupó la idea de que algún día él regresara a su vida y la viera con un hijo; no obstante, en su mente su hijo heredaba su cabellera oscura, sus ojos almendrados y su piel trigueña.

Pero no… terminó siendo una réplica exacta de su padre.

Eso lo complicó todo, desde un principio, pero incluso ese hecho no cambió sus sentimientos. Lo amó desde el primer segundo porque por primera vez en años, supo que ya no estaba sola y nunca más lo estaría.

Una llamada entrante la obligó a abandonar la habitación y no contestó hasta que llegó a la sala de su departamento.

—¿Bueno?

—Supongo que la pasaste tan bien regresando a casa, que olvidaste decirle a tu hermana que llegaste en perfecto estado.

Fernanda se rio por lo bajo y negó con la cabeza.

—Lo siento, Meg. Ha sido un día largo —miró el pasillo con ternura—. Al final no pudimos hablar más, fue una semana ajetreada y cuando quise buscarte para despedirme desapareciste del hotel.

—Fue muy grosero de mi parte, de verdad perdóname.

—No hay nada que disculparte, yo también estuve muy ocupada. ¿Cuándo te mudarás a Londres? Escuché que te ofrecieron un contrato para trabajar en la agencia de modelaje de Andrés Rivers.

No le gustó que el silencio se prolongara al otro lado de la línea.

—Sobre eso…

—Sabes que puedes contarme lo que quieras.

—Empecé una relación y mi novio debe ir a Berlín por trabajo, pienso irme con él.

Lo que quería decir que rechazaría la oferta laboral de Rivers.

—¿Estás segura?

—Sí, no quiero dejarlo.

—¿Lo conozco? —inquirió con cautela, ¿por qué la situación le disgustaba tanto?

—Te lo presentaré en su momento.

¿Eso era un sí?

Como sea, su hermana era una mujer adulta capaz de tomar sus propias decisiones.

—De todas formas, Daniela está en Berlín. Si necesitas algo, puedes buscarla.

—Sabes que ella no es de mi total agrado. —Fernanda blanqueó los ojos, disgustada.

—Gracias a ella ambas logramos salir adelante, ¿lo olvidas?

—Y eso hace todo más turbio.

Megan era una malagradecida.

—Bueno, sólo te informo que está ahí por si llegas a necesitar ayuda.

—Entiendo —zanjó el tema—. ¿Piensas mudarte a Londres?

—En unos meses.

—¿Te reunirás con nuestro hermano? Él… aún te sigue buscando, me es muy difícil engañarlo.

—¿Qué hermano? —fingió demencia.

Adam era el hijo perfecto, el preferido de su madre y para nadie era un secreto que Fátima conocía todos los movimientos de su hijo, por lo que ella jamás buscaría acercarse a él.

Eso sólo haría que sus progenitores dieran con su paradero y, en el peor de los casos, quisieran arruinarle la vida que construyó con tanto esfuerzo.

Adrián debía mantenerse como un secreto.

—¿Por qué lo odias? —gruñó su hermana—. Él no tiene la culpa de que Leandro y Fátima…

—Porque nunca me apoyó —musitó con voz débil, odiando que su pecho temblara—. Porque prefirió ser el hijo perfecto, antes que un buen hermano.

Para Adam todo fue muy sencillo, su madre siempre lo apoyó en todos sus sueños y proyectos, mientras que Megan y ella…

«Yo te daré lo que tú quieras, princesa», recordó las tiernas palabras de su padre y la piel se le erizó.

—Si le hubieras contado todo, Adam…

—Olvídalo, Megan —explotó, por esa razón prefería evitarla, porque ella siempre le recordaba lo que vivieron junto a sus padres—. Por favor, respeta mi decisión o cortaré todo contacto contigo.

—Tranquila, te prometo que no volveré a tocar el tema.

—¿Ellos trataron de contactarte? —quiso saber, nunca estaba de más conocer los movimientos de sus enemigos.

—Llevo cuatro años sin hablar con ellos, sabes que no les importo.

Era verdad. Megan nunca fue la favorita de sus padres y por esa razón se ganaba la vida como modelo, porque Leandro y Fátima nunca la instaron a ingresar a la universidad, nunca le dieron dinero para sus gastos, ni mucho menos le brindaron algo de cariño fraternal.

Lastimosamente, su familia siempre fue disfuncional.

«Y enferma», añadió mentalmente.

—¿Cuándo nos volveremos a ver? —preguntó Megan de pronto, arrancándola de su letargo—. Siento que hay algo que no me contaste.

Era verdad.

Megan aún no sabía que era tía, pero lo cierto era que la idea de que sus padres descubrieran la existencia de su hijo la aterrorizaba. Ellos eran muy rígidos en cuanto al qué dirán y su posición social, por lo que nunca sería bien visto que una de las mellizas Matthew fuera madre soltera.

—Ya habrá tiempo para ponernos al día.

Aunque, muy a su pesar, tarde o temprano Megan terminaría descubriendo todo. Es decir, Daniela sólo necesitó hacer un viaje a Manhattan para descubrir su secreto.

Daniela Evanson era lo más cercano a una familia que Fernanda tuvo en los últimos siete años de su vida, por lo que no debería sorprenderle que su repentino silencio la hubiera llevado a tomar un avión desde Alemania hasta Manhattan.

Ella la conocía muy bien y no le resultó complicado deducir que algo raro estaba sucediendo, no por nada era una psicóloga de renombre.

—Lo siento, nunca quise engañarte —musitó con un hilo de voz y la hermosa rubia tomó a su hijo de un mes en brazos.

—Sólo querías esconderme a tu hijo —añadió con serenidad, sonriéndole al pequeño—. ¿He de suponer que estás jugando a lo mismo con su padre?

—Él no está al tanto de nada, me dejó antes de que me percatara de mi embarazo.

Su amiga asintió, pensativa.

—¿Y quién es el tipo al que tuve que amenazar para que me dejara verte?

—Ewan —evitó reírse, él se encontraba en la sala de su departamento.

—Se ve muy cercano para ser tu jefe —la miró con preocupación y Fernanda negó con la cabeza—. Si estás con él por necesidad…

—No, no —dijo rápidamente—. Realmente estoy trabajando para él, es algo incompetente para los negocios.

—Se nota —susurró en tono confidencial y Fernanda rio por lo bajo—. ¿Qué planeas hacer? Tus padres no deben saber de su existencia.

Daniela conocía su historia, fue ella quien la ayudó a salir y huir de ese agujero, por lo que entendía lo peligrosos que podían llegar a ser los Matthew.

—Me quedaré en Manhattan. —Su amiga suspiró con preocupación—. Estaré bien, ya no soy la adolescente que conociste.

—Prométeme que, si algo raro sucede, me llamarás —aseveró, y ella asintió—. ¿Se lo dirás a Megan?

—Prefiero mantener todo en secreto, igual llevo meses sin hablar con ella.

—Esa niña, ¿por qué no usó sus fondos para estudiar? —siseó y Fernanda ladeó el rostro, aún consternada.

Jamás entendería por qué Daniela les brindó una suma de dinero a ella y su hermana para que eligieran el tipo de vida que quisieran tener.

Fernanda lo aceptó porque tenía toda la intención de terminar sus estudios y graduarse, pero Megan…

ella viajó por el mundo y actualmente ninguna de las dos sabía en qué estaba metida, puesto que no la vieron en ningún tipo de campaña en los últimos meses.

—¿Algún día me dirás por qué gastaste tanto dinero en nosotras?

Su amiga se tensó, pero negó lentamente con la cabeza.

—Todos merecemos una oportunidad, ¿no?

—¿Aceptarías que te devolviera tu dinero ahora que tengo un buen empleo?

—Claro que no —soltó Daniela, incrédula. Después de todo, tenía un gran trabajo y suponía que el dinero era el menor de sus problemas—. Pero si quieres pagarme, puedes pedirme que sea la madrina de Adrián —le guiñó el ojo y ella asintió.

Después de todo, nadie mejor que su mejor amiga para ocupar ese puesto.

—¿Fernanda? —la voz de Megan la hizo volver en sí—. Debo cortar. Cuídate mucho, ¿sí?

—Tú también, Meg —susurró—. No dudes en llamarme si necesitas algo.

La llamada llegó a su fin y decidió ponerse al día con todos los informes de McKenzie BioPharma Distribution, la empresa que Ewan heredaría dentro de poco y la cual no era de su total interés.

No obstante, incluso así, Fernanda se encargaba de ponerlo al día en todos los asuntos porque era la directora general de la empresa y para ella sí era importante que las operaciones se realizaran exitosamente.

Por esa razón Lucio se rehusaba a dejarla ir. En contra de su voluntad, recordó la conversación que tuvo con el abuelo de Ewan antes de irse a Paris.

—¿Sucedió algo malo, Lucio? —ingresó al despacho con sumo cuidado y el anciano le indicó el asiento que tenía en frente.

—Siéntate, por favor.

¿En qué nuevo problema se habría metido Ewan?

—Hay algo que me gustaría hablar contigo, Fernanda. —No dijo nada, dejaría que él hablara primero—. Debo admitir que desde que llegaste a la vida de Ewan, mi nieto no sólo mejoró como persona, sino como empleado de la empresa.

Evitó mencionar el hecho de que en un principio era ella quien hacía todas las labores de su nieto.

—Eres una mujer inteligente, atractiva y muy capaz de conseguir lo que desea.

—Muchas gracias por pensar así —le sonrió, un tanto preocupada.

—Seré directo contigo, no me gustan los rodeos.

—Por favor —suplicó con mayor soltura, y ambos rieron por lo bajo.

Ewan siempre la presentó como su amiga y por ende existía mayor confianza entre ellos.

—Quiero que te cases con mi único nieto. —La sangre se le congeló—. Quiero que Ewan tenga un hijo varón. Debo asegurar que mi legado continuará y eres el tipo de mujer que me garantiza que nada de McKenzie BioPharma Distribution se perderá cuando yo no esté.

—Yo… —boqueó, nerviosa. No quería casarse con nadie.

—Tú y Adrián siempre serán bienvenidos en mi familia. Te aseguro que a tu hijo nunca le faltará nada e incluso recibirá un porcentaje de mis acciones. Es un niño maravilloso y merece el mismo amor y trato que el bisnieto que te estoy pidiendo.

¡Ni siquiera le gustaba Ewan!

—Disculpa, Lucio, pero esto que me pides es demasiado —logró recuperar la voz y el anciano suspiró larga y pesadamente.

—Puede que no estés acostumbrada, pero en este mundo los matrimonios son así.

—Le aseguro que nunca abandonaré a Ewan, él es como un hermano para mí.

El hombre golpeó el piso con su bastón.

—Estoy dispuesto a comprarle una esposa, Fernanda, puedes decirme cuánto deseas.

Ella le sonrió con ternura.

—El dinero es lo de menos.

Si ella aspirara a poseer una gran fortuna, nunca habría dejado a sus padres.

—Maldición, ese idiota me dijo que esto pasaría.

Porque Ewan la conocía muy bien.

—¿Usted planea comprarle una esposa a su nieto? —preguntó con asombro y Lucio asintió—. Pero… ¿qué es lo que espera de ella?

—A este paso, será más que suficiente que Ewan la acepte. Ese idiota se deshace de todas las mujeres que consigo para él.

Evitó reírse por lo alto, suena a algo que Ewan haría.

—Por eso decidí hacerte esta oferta, porque sé que contigo sería diferente.

—Él no está interesado en mí de manera romántica —se vio obligado a aclarar y él asintió.

—Sí, pero te quiere como amiga y no te sacaría de su vida tan fácilmente.

Fernanda achicó los ojos.

—Usted es peligroso, Lucio —bromeó y el hombre sonrió con suficiencia.

—Sé mover mis cartas.

—Déjeme decirle que Ewan será un digno rival para usted, ambos son… algo testarudos —se vio obligada a decir y el hombre se rio por lo alto.

—Al menos tengo el consuelo de que nunca lo abandonarás, ¿verdad?

—No —admitió—. Amo mi empleo, la paga es buena y he logrado mucho gracias a ustedes, pero…

—¿Pero…? —enarcó una ceja.

—Hay algo que debo hacer en Londres, tendré que irme por unos meses y…

—Tenemos una sucursal allá, podrás trabajar allí y…

—Hay un puesto que debo robar —decidió ser sincera—. Pero dejaré a alguien en mi lugar, te aseguro que no te decepcionará.

—Ewan me dijo que tienes tus propios intereses —reconoció Lucio con curiosidad—. ¿Planeas quedarte en esa empresa?

—No —fue sincera—. Sólo sacaré a alguien a patadas y luego volveré.

Porque ella no se quedaría en un lugar donde todo el tiempo estaría pensando en el padre de su hijo.

—Si necesitas ayuda, puedes pedírmela.

Fernanda enarcó una ceja y Lucio asintió.

—Amo a las mujeres, querida, y me gusta pisotear a la gente que se burla de ellas.

—Creo que tu red de contactos podría ser de ayuda.

Porque si quería destruir a Nicholas, un hombre tan capaz e inteligente como ella, debía hacerlo desde adentro.

Después de esa conversación, Fernanda supo que los McKenzie la aceptaron en su familia. No obstante, no podía negar que le preocupaba el hecho de que Lucio aún la creyera un excelente partido para Ewan.

No quería que las cosas se complicaran más adelante. Quizá Ewan y ella sabían lo que querían, pero Lucio… algo le decía que él no se daría por vencido tan fácilmente.

Ladeó el rostro, consternada, y por el momento dedujo que lo mejor que podía hacer era iniciar su espionaje a Nicholas y detectar los pilares más débiles dentro de la agencia. No se mudaría a Londres tan pronto, primero atacaría desde Manhattan.

Unos meses más tarde, Fernanda se enteró de que Nicholas ahora tenía un asistente varón, ya no tenía una vida de excesos y, curiosamente, pasaba más tiempo del prudente con Milenka Montaño, la mujer que una vez le presentó como amiga; pero, según tenía entendido, terminaron involucrándose sentimentalmente.

—Es un buen punto para atacar —resaltó el nombre de Milenka.

Ewan hizo una mueca.

—No metas a terceros, esa joven es una buena persona y…

—No le haré nada a ella —soltó con obviedad—. Me refiero a que es un buen punto de distracción. —Su amigo asintió—. ¿Ya tienes al hacker?

—Tomará tiempo, pero pronto tendrás acceso a toda la base de datos de la agencia.

Y así, se quedaría con sus socios, adelantaría contratos para la competencia y se encargaría de quitarle a sus modelos estrella.

El daño que causaría sería leve, Andrés Rivers se encargaría de poner orden antes de que su empresa presentara una grieta real, pero las capacidades de Nicholas quedarían en tela de juicio.