Capítulo 2 #2
Seis días más tarde, Nicholas se encontraba ahogado en el alcohol, observando como sus empleados celebraban la culminación de su jornada laboral y se emborrachaban sin control alguno.
Mañana volverían a Londres, él retomaría su rutina y ocuparía ese escritorio que tanto amaba. No obstante, eso no le generaba nada de satisfacción porque no podía dejar de pensar en Fernanda, quien ahora mismo seguramente se encontraba en su suite, retozando con el idiota de Ewan.
¿Dónde vivía?
Según tenía entendido, Ewan nunca se quedaba en un solo lugar por mucho tiempo.
¿Cómo haría para encontrarla de nuevo?
No tenía su número, no podía encontrarla por las redes y…
ella estuvo evitándolo toda la semana. Lo que debía ser una semana de desfogue y entretenimiento terminó convirtiéndose en una pesadilla por culpa de la morena.
Incluso intentó acostarse con Bethany, pero la tarea le resultó tan desagradable que terminó pidiendo otra habitación para la rubia.
Se frotó el rostro, agotado, y decidió retirarse al hotel.
Cuando llegó a su destino y atravesó todo el lobby para dirigirse a su habitación, algo en el jardín captó su atención. Era Fernanda, caminando alrededor de la piscina mientras hablaba por celular. No culpó al alcohol, porque sobrio se habría acercado de todas formas, y salió en su búsqueda.
Lo más probable era que el día de mañana ella desapareciera, por lo que le urgía pedirle su número.
Comprendía que las cosas entre ellos terminaron muy mal hace dos años, pero ella no podía ser tan rencorosa, maldita sea, ¡estaba dispuesto a darle lo que le pidiera con tal de que lo aceptara nuevamente en su vida!
¿Por qué?; no tenía la menor idea, sólo sabía que no quería volver a perder su rastro.
Estuvo a punto de hacer notar su presencia, pero lo siguiente que escuchó hizo que parara en seco:
—Yo también lo extraño mucho —La sangre se le congeló, ¿no tenía una relación formal con Ewan?—. No pienso desprenderme de él cuando regrese.
Cerró las manos en dos puños.
Ella… sufrió un gran cambio en los últimos años.
—Él sabe que lo amo y ansío volver con él.
¿Amor?
Evitó bufar y reírse en voz alta, ¿qué sabía esa mujer del amor?
—Está bien. Muchas gracias por todo y no olvide darle mi recado, por favor.
Fernanda cortó la llamada de Lucio, sintiendo una gran emoción en el pecho porque pronto se reuniría con su hijo, pero el pánico la invadió cuando una fuerza mayor rodeó su brazo con violencia y la hizo girar sobre su lugar.
—¿Qué haces? —lo miró con incredulidad, ¿por qué la trataba de esa manera?—. Acabas de darme un susto de muerte.
—¿Con quién estabas hablando? —la sangre se le congeló, ¿qué tanto escuchó de su conversación?—. Responde, Fernanda, ¿tienes un novio esperando por ti?
El alivio se extendió por todas sus extremidades, pero su pregunta hizo que frunciera el ceño.
—A ti qué te importa —escupió y se zafó de su agarre—. Ese no es tu problema. ¿Por qué te quedaste a escuchar mi conversación? ¿Acaso estás enfermo?
—¡Sí! —explotó, tomándola por sorpresa—. ¡Estoy enfermo de los celos!
Porque ahora no era sólo Ewan quien la tenía, sino alguien más.
Alguien a quien ella amaba.
¡Era una locura!
Fernanda lo miró con incredulidad. Ni en sus más locas pesadillas vio a Nicholas haciéndole una escena de celos, ¡se suponía que regresó a su vida para generarle problemas laborales, no sentimentales!
—Déjame en paz —farfulló e intentó pasarlo de largo, pero él bloqueó su camino y la abrazó por la cintura con violencia—. Suéltame —siseó, furiosa.
—Quiero dormir contigo. —Su aliento le alertó que había bebido más de lo necesario—. Mañana te irás y no sé cuándo volveré a saber de ti, yo…
—Si yo fuera tú, rezaría para que mi regreso tome tiempo —gruñó y logró liberarse de su cautiverio—. ¿No lo entiendes? Pienso arruinarte la vida, haré que te arrepientas de cada una de tus palabras —reveló sus intenciones y él la miró con fijeza.
—¿Tú también quieres vengarte?
—Sí —admitió con severidad—. La razón por la que terminé junto a Ewan es porque ambos queríamos lo mismo: destruirte —el enojo la hizo hablar, pero para su desconcierto él no mostró ninguna emoción en el rostro, sólo la miró fijamente por largos segundos de silencio.
—Vas bien… —soltó de pronto y ella frunció el ceño—. ¿Por qué no intentas romperme el corazón? —Sin previo aviso, Nicholas sujetó su nuca y unió sus labios con hambre voraz, prendiendo todas sus alarmas. Intentó empujarlo, pero lejos de soltarla, él profundizó el beso.
El asco que sintió fue inmenso y su falta de respuesta hizo que el rubio redujera la intensidad del beso.
—Te necesito, Fer… —admitió con voz ronca, entre besos, y ella aprovechó ese momento para empujarlo por el pecho y estrellar una firme cachetada en la mejilla masculina.
—¡No vuelvas a hacer algo así! —tiritó de la pura rabia y él acarició su mejilla, desconcertado.
—Antes te gustaba.
—Antes no sabía lo miserable que podías llegar a ser —lo insultó, importándole muy poco si se estaba extralimitando—. Han pasado dos años, Nicholas, no esperes que las cosas sigan siendo igual.
—Claro que la situación es diferente ahora —espetó con enojo—. Ya tengo dinero, una posición prestigiosa y si tú quisieras, podría darte…
—Estás muy equivocado si crees que vas a conseguirme con tu dinero. —Nunca elegiría a una persona por algo tan vacío—. ¡Tú no tienes nada al lado de Ewan!
Le daría donde más le duele: en esa herida de inferioridad que él compartía con sus amigos.
—¿Cómo te atreves? —logró alterarlo y ella se rio por lo alto.
—Sólo digo la verdad —extendió los brazos, satisfecha—. Tú no tienes nada bueno que ofrecerme.
—Te equivocas, yo…
—Estás más solo que nunca —se mofó, y él cerró los labios en una fina línea—.
No tienes familia —levantó un dedo para enumerar sus carencias—.
Te tiras a todo lo que se mueve para llenar tus vacíos —alzó el segundo dedo—.
Y al parecer debes ofrecer sumas de dinero exorbitantes para tener a la mujer que deseas —le enseñó tres dedos, entretenida—. ¿Debería seguir?
—Por tu bien, cierra la boca.
Oh sí… él estaba muy molesto.
—Por tu bien, Nicholas, deja de meterte en mi camino —dio un paso en su dirección, mirándolo con tal determinación que él dio uno hacia atrás—. No regresé para avivar la llama de lo que sea que hayamos tenido, lo hice para destruirte, para enseñarte que yo soy peor que el karma.
—¿Qué quieres decir? —hizo una mueca, y ella le sonrió con cinismo.
—Tarde o temprano, entenderás el significado de mis palabras.
—Tú tampoco tienes familia. —Sus palabras hicieron que parara en seco, debió suponer que él no se quedaría tan tranquilo—. Te tiras a Ewan teniendo a alguien quién sabe dónde. —Lo miró con rencor—. Y dejas que tu jefe pague por ti.
Decidió sonreírle, no dejaría que sus palabras la afectaran.
—¿Quién dijo que Ewan paga para tenerme? —los ojos color cielo se llenaron de rencor y Fernanda no objetó cuando sujetó su muñeca con brusquedad—. Suéltame.
—¿Quieres que me disculpe? —siseó.
—Quiero que te arrepientas.
—¿Arrepentirme? —La saltó—. Eso jamás —farfulló—. Tú no eras apta para trabajar en la agencia.
—Porque te parecía fea, ¿verdad? —Lo sintió tensarse—. Porque visualmente, no era lo que nadie esperaba.
—Fernanda…
—Nos volveremos a ver, Nicholas. —Él cerró los labios en una fina línea—. Y, por tu bien, cuida muy bien el “imperio” que levantaste.
Lo dejó ahí, en medio del jardín, y no se sintió tranquila hasta que se refugió en su habitación. Lugar donde encontró a Ewan con palomitas de maíz, pegado al balcón de la habitación.
—Te dije que le gustarías —soltó con diversión y ella lo fulminó con la mirada—. ¿Te gustó el beso?
—Casi vomito —farfulló y el castaño enarcó una ceja.
—¿Qué te dijo?
Negó con la cabeza, por el momento no quería hablar del tema.
—¿Estás lista para regresar a Londres e iniciar con nuestro plan?
—No —fue sincera, ahora mismo sólo quería mantener su distancia del rubio—. No se parece en nada al hombre que dejé atrás, el padre de Adrián jamás me habría besado a la fuerza ni hecho una escena de celos. Él… está descontrolado.
Y quería creer que una vez que estuviera en Londres, ocupando el cargo que tanto amaba en la agencia de modelaje, Nicholas volvería a ser ese robot sin sentimientos que quería destruir.
—De acuerdo, ¿entonces regresamos a Manhattan?
Fernanda asintió.
—Necesito ver a mi hijo.
Sólo él lograría serenar todas las emociones que la estaban aturdiendo. Las cosas no salieron como había esperado.
«¿Tú también quieres vengarte?»
«¿Por qué no intentas romperme el corazón?»
Como si eso fuera posible.
¿Cómo diablos se rompía un corazón que no existía?