Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4) Capítulo 1
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Capítulo 1

Dos años después

Fernanda se asomó al balcón de su habitación para observar la gran piscina del hotel Rivers bajo la luz de la luna y le sorprendió que esa hermosa imagen no la hubiera cautivado. No obstante, ¿por qué lo haría si junto a Ewan conoció lugares de ensueño?

Fue grato descubrir que podían ser una gran dupla.

Aunque suponía que eso se debía a que su amigo poseía mucho dinero y ella la inteligencia suficiente como para guiar cada uno de sus pasos.

Ewan era como un niño; alguien emocionalmente impulsivo, pero inteligente, y por esa razón Fernanda ahora trabajaba para su abuelo, Lucio McKenzie, porque según el hombre era la única persona capaz de explotar el potencial del castaño.

—¿Todo en orden? Estás más seria de lo normal. —Ewan salió de su habitación, secando su húmeda cabellera.

—Extraño a Adrián.

—Te aseguro que junto a mi abuelo está mejor que cualquiera.

Fernanda sonrió. No podía obviar el hecho de que los McKenzie ahora eran como su familia. Si bien en un principio las intenciones de su amigo no fueron las mejores para con ella, con el paso de los meses algo lo había hecho cambiar de parecer.

Quizá fue su carácter, su hijo o simplemente se le había ido el capricho por Diana Montaño, la esposa de su ex mejor amigo, y con quien Ewan intentó casarse a la fuerza hace dos años.

—¿Hiciste lo que te pedí? —recordó que el día de ayer se reunió con su hermana, quien tenía un contrato para esa semana con la agencia de Andrés Rivers, la cual estaba a cargo de Nicholas desde hace dos años.

—Sí, tendrá una de las mejores suites del hotel —espetó su amigo—.

¿Por qué no me dijiste que tienes una hermana y es Megan Baker?

—Se volvió hacia Ewan, pensativa. Hace unos años, su hermana alcanzó el máximo pico de popularidad dentro de las pasarelas; no obstante, ahora no estaba pasando por un buen momento—.

Ahora que lo pienso, nunca me hablaste de tu familia.

—La miró significativamente—. ¿Tienes más hermanos?

Había temas que no se le apetecía abordar con él, ni con nadie.

—No somos tan cercanas —pero no quería ser grosera con su amigo.

—¿Por eso no le hablaste de la existencia de Adrián?

Regresó la vista al jardín, dejando claro que no abordaría ese tema, y su amigo suspiró.

—Nicholas ya está hospedado en el hotel, llegó a París esta mañana —le comentó y ella le dio un sorbo a su vaso de agua—. El tiempo lo ha hecho algo incompetente, ¿no crees?

—Al parecer, el requisito para ser su asistente es ser hermosa —comentó con indiferencia—. La inteligencia está sobrevalorada en sus entrevistas.

Fernanda se había encargado de solucionar todas las fallas de esa mujer y todo porque la nueva marca de ropa de lujo de Ewan estaba trabajando con las modelos de la agencia Rivers. Según su amigo, era momento de aparecer en la vida del rubio y destruir todo lo que él estuvo creando.

«Que quizá solo sea un gran ego», determinó, indiferente.

—¿Ya pensaste qué harás cuando lo tengas en frente? —su amigo le regaló una sonrisa socarrona, para después estudiarla con la mirada—. Ahora eres otra mujer, tu aspecto lo dejará boca abierta.

—Eso es lo de menos —recalcó. No quería impresionar al rubio de esa manera, pero no podía negar el hecho de que pensaba utilizar su cuerpo para arruinar todos sus planes.

Total, él le enseñó que el fin justificaba los medios.

No podía negar el gran placer que le generaba armar esos cronogramas. Era una mujer aplicada, se graduó de la universidad con honores, y le parecía una lástima que su talento estuviera siendo desperdiciado en una cafetería y un bar.

Un bar... Enderezó la espalda con rapidez y miró a Nicholas con incertidumbre.

—¿Qué sucede? —el apuesto rubio la observó con el ceño fruncido—. ¿Ya no deseas ayudarme?

—No es eso —fue sincera, después de todo eran amigos—. Tengo trabajo en un bar, no puedo faltar o me despedirán. —Hizo el ademán de levantarse de la mesa, pero él sujetó su muñeca.

—Espera, no terminaré si me abandonas ahora.

Lo sabía, él tenía mucho trabajo, pero...

—En una semana debo pagar mi renta —musitó, apenada—. De verdad lo siento, pero no puedo quedarme.

—Yo me encargaré —se incorporó de un salto, sorprendiéndola—. Después de todo, me estás ayudando y no me gusta la idea de que trabajes en un bar a esta hora —le indicó su reloj—. Pronto serán las once.

Era una oferta tentadora, pero porque un hombre que acababa de conocer sería tan generoso con ella. Es decir... no era una belleza, ni poseía un gran carisma.

—No puedo aceptar —decidió ser sensata.

—Puedes tomarlo como un pago por tu trabajo. —Eso sonaba mejor—. ¿Te parece si continuamos en mi departamento? El café cerrará en cualquier momento.

Su mayor error fue creer en su sonrisa y buenas intenciones. Nicholas la vio como una presa fácil, alguien con quien divertirse y a quien sacarle provecho sin sentir compromiso alguno, y ella fue una tonta al entregarle todo sin medir las consecuencias.

—Podrías acostarte con él, enamorarlo locamente y luego romperle el corazón.

—¿Qué corazón? —bufó con diversión y se volvió hacia su amigo—. Y no, gracias. La sola idea de que ese hombre me toque me genera repulsión.

La vida de Nicholas estaba llena de vicios y excesos, y por esa razón actuaría con cuidado porque no quería que él descubriera la existencia de Adrián.

Su hijo estaba mejor sin su padre.

—¿Crees que podrás esconderlo toda una vida? —inquirió su amigo, como si pudiera leerle la mente—. Adrián es idéntico a su padre, esconderlo no será tan sencillo y lo sabes.

—Estoy segura que, si en el peor de los casos, él descubre la existencia de Adrián se hará al desentendido.

Un hijo jamás estaría en sus gloriosos planes de llegar a la cima.

—¿Y si se interesa en ti? —la pregunta fue hecha con cautela.

—Por esa razón estamos compartiendo la suite, para que él crea que entre tú y yo hay algo más que una relación laboral.

—Una amistad —se llevó una uva a la boca y ella se rio por lo alto—. Será divertido fastidiarlo, Nicholas odia que le quiten sus cosas y...

—No soy una cosa —siseó y Ewan levantó las manos en son de paz.

—Solo digo que hay un abanico de posibilidades y debemos estar listos a posibles reacciones. Eres una mujer hermosa e inteligente, solo un ciego no vería tu valor.

«Y un idiota», añadió mentalmente.

—Descansa, Ewan, mañana será un día largo.

Después de dos largos años, por fin podría ver a ese patán a los ojos y demostrarle que subestimó cada una de sus capacidades.

***

Como gerente de la agencia de modelaje de Andrés Rivers, Nicholas se sentía como todo un triunfador. Se encontraba en París a la espera del París Fashion Week junto a su hermosa, pero no muy útil, asistente.

Le parecía una lástima que Milenka ya no estuviera interesada en el modelaje ni en él. Al parecer Nicholas sólo fue su pasatiempo de un par de meses, puesto que después de la boda de Andrés, Milenka no demoró más de dos semanas en mudarse a París para empezar con sus cursos de fotografía.

Llevaba días tratando de reunirse con ella, pero su amiga siempre tenía una excusa para rechazarlo.

—¿Todo en orden? —ronroneó Bethany, su rubia y monumental asistente que sólo era buena para calentarle la cama.

—Sí —respondió con frialdad, observando el ensayo con indiferencia.

Le parecía una lástima que el imbécil de Alex también formara parte de esta pasarela. Si bien Milenka llevaba mucho tiempo ignorando al castaño, para Nicholas era evidente que los papeles se habían invertido y ahora era Alex quien siempre trataba de acercarse a ella.

—Pero mira a quién tenemos aquí. —Evitó rodar los ojos con aburrimiento.

Sabía que Ewan Mckenzie estaría en París, su línea de ropa había contratado a sus mejores modelos, pero incluso así le resultaba tedioso tener que trabajar con ese traidor; aun recordaba que la última vez que se vieron, Nicholas tuvo que recurrir al abuelo de Ewan para que él dejara en paz a la esposa de Carlos.

Le parecía curioso que el castaño fuera tan amigable, si la memoria no le fallaba, Ewan juró que se vengaría de él.

—Señor McKenzie. —Los ojos de Bethany brillaron con entusiasmo—. Es un gusto tenerlo por aquí.

Ewan apenas y le dirigió la palabra a la rubia.

—Lo mismo digo.

—¿Cuándo llegaste? —inquirió con curiosidad.

—Esta mañana, pero estuve algo ocupado con mi mano derecha todo este tiempo. —Le señaló hacia el otro lado del salón, donde los ojos de Nicholas se posaron en las curvas deslumbrantes de una esbelta mujer.

Al parecer no era el único que se follaba a su asistente, dudaba mucho que un hombre pudiera resistirse a ese trasero.

—Por cierto, señorita Bethany, no nos envió los horarios de los modelos. No entiendo por qué Alex no está en París.

Nicholas contuvo el aliento, lo cierto era que Bethany sería despedida al regresar a Londres, era demasiado inepta y estúpida, ¿quién demonios no compraba el pasaje del modelo estrella de la agencia?

—Hubo un error —dijo él con rapidez—, pero Alex llegará pronto.

—Claro que lo hará, mi mano derecha se encargó de todo lo que tu asistente no pudo. —Lo reprobó con la mirada y Nicholas percibió un deje burlón—. Si me permiten, debo reunirme con ella.

Achicó los ojos con curiosidad al ver como rodeaba la cintura de la morena y le susurraba algo al oído. Por alguna extraña razón, terminó caminando en su dirección.

—Yo siempre consigo lo que quiero —lo escuchó decir en un seductor susurro y Nicholas decidió hacerse notar.

—¿Por qué no me presentas a tu mano derecha? Al parecer es bastante capaz de cumplir tus demandas.

¿Por qué carajos se había acercado a ellos?

Ewan lo miró por encima del hombro y esbozó una cruel sonrisa, al tiempo que la mujer giraba sobre su eje y ante él aparecían unos ojos castaños que conocía muy bien, sólo que en esta ocasión sus anteojos portaban un marco más delicado.

Ahora entendía por qué nunca más volvió a saber de ella una vez que la echó de su vida.

—Te presento a Nicholas Cranston, Fernanda. —Ewan la abrazó por la cintura y la pegó a su cuerpo—. Nicholas, ella es mi mano derecha, la mujer más lista y hermosa que conocerás en tu vida.

Y en ese momento Nicholas comprendió que la venganza de Ewan McKenzie estaba dando inicio; el que Fernanda hubiera terminado trabajando para él no era ninguna coincidencia del destino.

La estudió con la mirada, tratando de localizar un atisbo de la joven tímida y tierna que conoció hace más de dos años, pero no vio más que un gesto arrogante y despectivo.

En ese momento, su mente empezó a trabajar a mil por hora y trató de recordar todo lo que le dijo en su despacho la última vez que se vieron.

¿Por qué?

No tenía la menor idea.

¡Ella no debería afectarlo de esa manera!

Pero… le resultaba imposible no fijarse en su larga cabellera azabache, en su piel trigueña maquillada con sumo cuidado y en esos ojos almendrados que antes solían observarlo con fascinación.

Maldición, ¿cómo diablos hizo para ponerse tan hermosa?

El cuerpo no le sorprendía, él mejor que nadie sabía todo lo que Fernanda escondía debajo de sus horribles prendas. Sin embargo, debía admitir que con ese vestido negro bien podría pasar como una de las modelos del evento.

—Coincidí con el señor Cranston en un par de ocasiones —espetó ella profesionalmente y se ajustó las gafas, las cuales ahora portaban un marco sofisticado, y su tonto comentario lo sacó de quicio.

—Fernanda fue la mujer que llevé a nuestra cita de parejas, Ewan —dijo sin pensarlo, y ninguno reaccionó a su afirmación—. Es mi ex novia.

Si Ewan quería jugar a quién se quedaría con Fernanda, perfecto.

Sólo necesitaba un par de días para volver a tenerla a sus pies.

Ahora todo era diferente, poseía dinero, había hecho sabias inversiones y podía darle el cargo que ella quisiera con tal de tenerla nuevamente entre sus brazos.

Después de todo, él mejor que nadie sabía lo competente que Fernanda era en su trabajo y en la cama.

«Esto será divertido».

Fernanda enarcó una ceja con cinismo y Ewan silbó por lo bajo, para después frotarse la nuca.

—Todos pensarán que me quedé sin amigos por follarme a sus novias —se atrevió a decir en voz alta y Nicholas palideció, odiando que una terrible tensión se alojara en su estómago.

¿Ella... se atrevió a acostarse con ese imbécil?

No, imposible, Fernanda jamás haría algo así. Era una mujer de relaciones serias, nunca daba un paso en falso, Ewan solo lo estaba fastidiando porque ese era su deporte favorito.

—Si me disculpan, supervisaré a los modelos —dijo ella con serenidad, como si estuvieran hablando del clima, y Nicholas observó con ira contenida como Ewan se reía en su cara una vez que estuvieron solos.

—Te dije que me vengaría —musitó en voz muy baja, provocándolo.

Lo sabía, esto no era una coincidencia.

—¿Por qué meter a una inocente en esto? —arrastró sus palabras y el castaño enarcó una ceja, entretenido—. Fernanda...

—Ella estaba tan sola como yo, por lo que solo me queda agradecerte.

—¿Agradecerme? —masticó la palabra.

—No la hiciste tu mano derecha y ahora es solo mía en todos los sentidos de la palabra.

Por alguna extraña razón, el piso tembló a sus pies.

¿Por qué le molestaba tanto saber que ella fue de alguien más? ¿No se suponía que era algo que debía pasar?

Él fue el primer hombre en la vida de Fernanda, pero nunca hizo nada para ser el último.

«Grave error», le dijo una vocecita y él tragó con fuerza.

—¿Qué es lo que quieres?

—Creo que no entiendo tu pregunta.

—Para dejarla fuera de esto.

Ewan se rio por lo alto para finalmente decir:

—Eres tú el que está fuera, Cranston —dichas esas palabras, lo dejó atrás para seguir con su camino, dejándolo más aturdido que nunca.

¿Era normal sentirse tan preocupado por la mujer que abandonó hace más de dos años? O, peor aún, ¿por qué su regreso le generaba tanta satisfacción en el pecho?

«Porque desde que ella se fue, no volviste a conocer a alguien así», le dijo una segunda voz y giró sobre su eje para dirigirse a su asiento, y analizar la situación con mayor claridad.