Arrepentirme ¡Jamás! (Reescribir la historia nº 4)
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Prólogo
—¿Quién lo diría? —Nicholas se rio por lo alto, observando el despacho de su jefe con fascinación, y Fernanda se reajustó las gafas con entusiasmo.
Todo había salido mejor de lo esperado, jamás pensó que su novio recibiría ese ascenso con tanta prontitud—.
Por un momento pensé que Melody Ojeda me robaría mi trabajo y ahora resulta que gracias a ella estoy al mando de todo.
—Acarició la placa de Andrés Rivers y muy lentamente la puso boca abajo.
Según tenía entendido, el señor Rivers se retiró de su agencia de modelaje por tiempo indefinido y decidió dejar todo a cargo de Nicholas, convirtiéndolo en el nuevo gerente del edificio.
Por fin las cosas empezarían a mejorar, Fernanda llevaba años esperando una oportunidad laboral de ese calibre y ahora que por fin pudo demostrar sus capacidades sabía que Nicholas la haría su asistente.
—Me alegro tanto, Nico —musitó risueña y se posicionó junto a él—. Llevas años trabajando arduamente por la agencia, es lo menos que mereces.
Aunque ellos sólo se conocieron hace unos meses, su química fue tan inmediata que no les resultó difícil formar una relación y estabilizarse como un buen equipo.
Durante todo este tiempo lo había ayudado con todo el trabajo que el señor Rivers puso sobre sus hombros y si bien fue agotador, debido a que también era mesera en un café y un bar, todo había valido la pena porque por fin tendría un trabajo digno de sus capacidades.
«Una vez que tenga mi ascenso, te convertirás en mi mano derecha», recordó todas las promesas que él susurró en su oído, y acarició el escritorio de roble con nostalgia.
Sus padres estaban equivocados, ella sí lograría alcanzar sus objetivos sin su ayuda.
—Lo sé —musitó el rubio con frialdad y se volvió hacia ella—. Llevo años trabajando por este sueño y eso me recuerda a que tengo algo que decirte.
Fernanda juntó las manos sobre su regazo con entusiasmo.
—¿De qué se trata?
Era momento de hablar de su nuevo puesto de trabajo, después de todo ese fue su acuerdo hace unos meses.
—Ya no quiero seguir con nuestra relación.
—Cada músculo de su cuerpo entró en tensión y podía jurar que el color abandonó su semblante—.
Así que te pediré que desde ahora no me llames, no me escribas ni mucho menos me busques, ¿de acuerdo?
Pienso bloquearte de todas partes, necesito olvidar tu existencia y todo lo que sucedió en los últimos meses.
¿Qué? No lo entendía, nada de esto tenía sentido.
—Pe-pero me prometiste un puesto de trabajo, Nicholas —susurró con un hilo de voz—. Llevo meses trabajando para ti a cambio de una oportunidad, ayudándote en todo lo posible y…
—Sólo te utilicé —soltó con frialdad, sacando a flote su verdadera personalidad, y lo miró con fijeza—.
¿No lo entiendes? —le sonrió con cinismo—.
Qué raro, creí que eras más lista —suspiró dramáticamente—.
Te hice mi novia porque necesitaba ayuda con el trabajo.
Rivers me bombardeó con tareas como castigo por meterme con su mujer y tú llegaste a mi vida como un milagro, debo admitir que eres muy lista en cuanto a los negocios.
—Si no quieres continuar nuestra relación, lo entiendo. —Decidió ser sincera, ni siquiera sabía si estaba realmente enamorada de él—. Pero yo di por sentado este trabajo, incluso consideré mudarme a un departamento más grande y…
—Todo fue mentira —le cortó con frialdad, y sus ojos color cielo la atravesaron sin contemplación alguna—.
Por favor, ¿crees que un hombre como yo te desearía?
¡Mírate! —la señaló despectivamente—. Ni siquiera tienes sentido de la moda, trabajo rodeado de mujeres hermosas todos los días, ¿qué diablos tienes tú para sentirte digna de mis atenciones?
Fernanda boqueó, odiando que las palabras murieran en su garganta, puesto que desde un principio se preguntó por qué alguien tan atractivo como él se fijaría en ella.
Sin embargo, debido a su experiencia con los hombres, no le sorprendía que el bondadoso y generoso Nicholas no hubiera sido más que una farsa, pero… ¡eso no era lo importante!
—Si se trata de mi aspecto puedo mejorar —decidió humillarse un poco más—. Por favor, necesito este trabajo y lo sabes.
Tenía dos trabajos, apenas y tenía tiempo para dormir y vivir su vida, e incluso así el dinero no era suficiente. Ella tenía estudios y conocimientos, si debían terminar con su relación no lucharía, ni mucho menos reclamaría, ¡ella sólo quería el empleo!
—Fuiste una buena novia —ironizó—, pero no encajas en la agencia, Fernanda.
—Tú me lo prometiste —la visión se le cristalizó y odió que la voz se le quebrara.
—A veces uno debe recurrir a las mentiras para obtener lo que desea. —Observó su aspecto con desprecio—. Dios, qué patético debí verme siendo tu novio.
—¿De verdad hace falta que seas tan cruel y nefasto? —preguntó con esfuerzo, no derrumbarse ahí mismo estaba resultando todo un reto—. Sabes que soy capaz, que soy lista y puedo ayudarte, no te pido que me mantengas como tu novia, pero no me prives de esta oportunidad, te ayudé y…
—Llevo años persiguiendo este puesto —le cortó con frialdad—. Tú sólo me ayudaste por unos meses, así que no pienses colgarte de mis triunfos.
Cerró las manos en dos puños y parpadeó varias veces para lidiar con sus lágrimas.
—¿Debo suponer que todo este tiempo no hiciste más que utilizarme?
Nicholas se rio por lo bajo.
—Yo no diría que te utilicé.
Ella lo miró con pesar.
—¿Alguna vez me quisiste?
—Pues me temo que no —se sinceró y Fernanda intentó golpearlo, pero él no se lo permitió.
Era mucho más alto y fuerte que ella, por lo que le resultó bastante sencillo reducirla y posicionar sus manos detrás de su espalda—.
Ojo con lo que haces, Fernanda, recuerda que esta es mi empresa y podría acusarte con los de seguridad para que te saquen a patadas.
—¡Me engañaste! Todo este tiempo hiciste que trabajara como tu peón cuando desde un principio sabías que no ibas a cumplir tu palabra —siseó con rabia y empezó a removerse en su lugar—. Sabías que necesitaba el empleo, que quería dejar la cafetería y…
—Tú me entregaste tu inteligencia y yo te di sexo, si lo pensamos detenidamente, ambos sufrimos al mismo nivel.
Dejó de sacudirse con violencia y lo buscó rápidamente con la mirada.
—¿Cómo dices?
Nicholas la liberó de su cautiverio con violencia e hizo que ella tambaleara hacia atrás.
—¿De verdad pensaste que te deseaba? —enarcó una ceja y una sonrisa maliciosa se plasmó en su rostro—. Mírate, eres un desastre total.
—Confié en ti. —Sujetó su suéter de lana a la altura de sus pechos, inquieta.
—Meterte a mi cama fue un sacrificio —confesó—, así que estamos a mano. Tú la pasaste muy bien, acostándote con un hombre que está fuera de tu alcance, y yo conseguí el puesto que quería gracias a tus noches de desvelo. ¿Ahora podrías irte y dejarme tranquilo?
Fernanda ya había sufrido mucho a lo largo de sus veintiséis años como para llorar por un hombre; no obstante, debía admitir que Nicholas acababa de generarle una de las peores heridas y humillaciones que pudo vivir en la vida.
—Algún día el karma te hará pagar todo el daño que causas en los demás para salirte con la tuya, Nicholas —espetó con esfuerzo, rezando en silencio para que sus palabras tuvieran poder.
El rubio lanzó una risotada y le hizo un gesto con la mano para restarle importancia.
—Sí, sí, claro. Cierra cuando te vayas. —Rodeó le escritorio para ocupar su nuevo lugar y Fernanda lo miró con fijeza, prometiéndose a sí misma que algún día lo haría arrepentirse por cada una de sus palabras y acciones.
—Y si no es el karma, seré yo misma quien te ponga en tu lugar.
—¿Tú? —La miró despectivamente—. ¿Una muerta de hambre?
Ahora fue ella quien le sonrió.
—Prefiero ser una muerta de hambre antes que un ser tan miserable y ambicioso como tú.
Fernanda llegó al cuarto que arrendaba con paso apresurado y no pudo entender por qué su cuerpo reaccionó con tanta violencia, pero terminó vomitando lo poco que había ingerido a lo largo del día por largos minutos.
Estaba claro que el encuentro con Nicholas la había dejado en muy mal estado; no obstante, lo que pensó que podrían ser simples cólicos, en dos semanas se convirtió en una pesadilla y ella sólo pudo observar la prueba de embarazo con fijeza.
—¿Por qué ahora? —se frotó la frente con nerviosismo.
Nicholas no la había buscado y por el cómo sus llamadas fueron desviadas dedujo que la había bloqueado de todas partes, cosa que sólo complicaba las cosas porque estaba claro que ese bebé era suyo.
Ella… fue lo suficientemente estúpida como para confiar solo en él.
—¿Debería tenerlo? —se preguntó con nerviosismo una semana más tarde y negó lentamente con la cabeza.
Su loca necesidad de hablar con Nicholas sólo duró dos días. Lo cierto era que no quería volver a reunirse con ese hombre, por lo que tener algo que la uniera a él de por vida podría ser la decisión más estúpida de su vida.
«Siempre serás un fracaso, mientras yo exista, tú nunca serás feliz, Fernanda», recordó las palabras de su agresiva madre y se llevó las manos a su vientre por inercia.
Si Fátima y Leandro Matthew, sus padres, descubrían que estaba embarazada, su vida no haría más que empeorar.
—¡Fernanda! —el grito de su jefe la hizo volver en sí y abandonó las cocinas con rapidez.
—¿Sí, señor?
—¿Te gustaría tomar el turno de la noche? Thiago tuvo una emergencia.
—Sí —ni siquiera dudó. Si pensaba seguir su plan en marcha, necesitaba ahorrar algo de dinero. Unas horas más tarde, cuando la campanilla de la puerta sonó, Fernanda giró sobre su eje para atender al cliente—. Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarlo? —alzó el rostro en su dirección.
—Pues me gustaría ordenarte.
Lo miró con sorpresa, ¿qué tipo de loco acababa de llegar al café?
—Soy Ewan. —Frunció el ceño un tanto divertida, él era extraño—. Nos conocimos en una cena de parejas, ¿no lo recuerdas? Eres la novia de Nicholas, ¿verdad?
Apretó la mandíbula con rencor y se reacomodó los anteojos con disgusto, no le sorprendería saber que sus amigos estuvieron al tanto del engaño del rubio durante todo el proceso que duró su falso noviazgo.
—¿Qué desea pedir?
—Ya lo dije —susurró con suavidad y Fernanda arrugó aún más el entrecejo—. Te quiero a ti.
¿Qué tipo de oferta le estaba haciendo? Era imposible no sentirse consternada por su aparición.
—Te ofrezco un trabajo estable como mi mano derecha con una remuneración bastante decente.
—Sus palabras la tomaron por sorpresa e hizo un gesto con la mano para que continuara.
Sabía que era un hombre decente y con dinero, por lo que no había razón alguna para dudar de él—.
Creo que es hora de que explotes tu potencial.
Nicholas me dijo que eres muy lista. —Se tensó cuando él acarició su mejilla sin previo aviso, pero no se apartó.
Estaba desesperada por un cambio en su vida y tenía la leve sospecha de que ese hombre podría solucionar todos sus problemas.
—Yo…
—Él te utilizó y yo te estoy estirando la mano para que en un futuro puedas cobrar tu venganza. Si vienes conmigo a Grecia, no sólo tendrás un trabajo estable, sino que te haré una mujer a la que ningún hombre podrá decirle que no.
Presionó su libreta en un firme puño y después de varios segundos de silencio, se sacó el mandil de camarera y espetó:
—Está bien.
Se dirigieron al cuarto que ella alquilaba y Ewan se preguntó cómo diablos hacía esa mujer para vivir en un espacio tan reducido.
El baño de su suite era de ese tamaño. La miró de reojo, ella estaba recogiendo sus pocas pertenencias y él se quedó admirando su lindo perfil, unas gafas más delicadas le sentarían mejor, y…
sus ojos viajaron hacia la curvatura de su trasero.
Ella podría ser entretenida.
—¿Qué te sucedió en la cara? —inquirió Fernanda, obligándolo a volver en sí.
—Recibí un puño como despedida.
—¿Despedida? —Arrastró sus palabras—. Las personas se despiden con besos y abrazos, no con puñetazos.
—Lo sé —admitió con una sonrisa poco sincera en el rostro—. Pero a mí me dieron la despedida que merecía.
—¿Por qué yo? —quiso saber y Ewan la miró de reojo mientras subía al auto.
¿Podría ser que su amistad con Nicholas hubiera llegado a su final y la necesitara bajo su cuidado para empezar con su venganza?
—Porque estás tan sola como yo. —Su respuesta la tomó por sorpresa—. Y te seré sincero: necesito tu cerebro para empezar a trabajar tanto como tú necesitas mi buen gusto para vengarte de Nicholas. Creo que juntos haremos un buen equipo.
Dos horas más tarde, mientras esperaban su vuelo, Fernanda supo que no podía montarse a ese avión sin hablarle de su estado.
—Estoy embarazada.
Ewan McKenzie ni siquiera parpadeó, sólo volvió el rostro en su dirección.
—¿Es suyo?
—Sí, pero pienso abortarlo —admitió, cabizbaja—. ¿Podrías ayudarme? No tengo dinero —fue sincera y odió que la voz se le quebrara.
—¿Quieres abortarlo porque no quieres ser madre o por qué no tienes otra opción?
—Me utilizó para ganar un ascenso, me bloqueó de todas sus redes y…
«Mis padres me harían la vida imposible si descubren que decidí tener un hijo».
—Replantearé mi pregunta, ¿quieres o no quieres ser madre?
Ella acunó su plano vientre con timidez y odió que una lágrima se deslizara por su mejilla. Huyó de su casa a los diecinueve años y si bien tenía una amiga y hermana que siempre estaban en contacto con ella, Fernanda no podía negar el hecho de que llevaba mucho tiempo sintiéndose muy sola.
¿Cómo sería tener una familia?
¿Un pequeño ser bajo su cuidado?
—Bien —respondió él sin necesidad de recibir una respuesta—. Como mi mano derecha tendrás un excelente sueldo, así que puedes estar segura de que a tu bebé y a ti no les faltará nada.
—¿Y mi seguridad?
No podía olvidar a sus padres.
—Por favor —bufó con incredulidad—, empezarás a convivir día y noche conmigo. Jamás permitiré que nadie te lastime.
Cerró los ojos con fuerza, ¿estaría haciendo lo correcto al confiar en un hombre que claramente sólo quería utilizarla para vengarse del padre del bebé que pensaba tener?
«Claro que sí, ambos estamos persiguiendo el mismo objetivo».