Capítulo 21
Hospital St. Barts. Londres, Inglaterra.
La luz era deslumbrante, incluso con los párpados cerrados, así que Morgan los mantuvo apretados, resistiéndose al día.
Le dolía la cabeza, la piel le ardía por las quemaduras superficiales y su mano perforada le palpitaba por la herida del cuchillo.
Sentía el pecho oprimido y la cortada en su costado era un dolor profundo y constante.
La neblina somnolienta de los analgésicos atenuaba las sensaciones, pero en su interior todo su cuerpo vibraba de dolor.
Levantó la mano derecha hacia la izquierda y palpó por encima de las vendas. Presionó y movió los dedos, lo que generó una mueca de dolor. Al menos la hoja no había causado un daño importante.
—¿Cómo te sientes?
Morgan entreabrió los ojos. El director de ARCANO, Marietti, estaba de pie junto a la puerta; intentó hablar pero la garganta le quemaba y solo logró un susurro ronco.
Marietti le extendió la mano.
—Tranquila. No intentes hablar todavía, sigues sufriendo los efectos de la inhalación del humo —se sentó al borde de la cama—. Tuviste suerte de no morir quemada; puedes agradecerle eso a Sebastian Northbrook. Está en terapia intensiva, pero es un hombre fuerte, se recuperará.
Morgan apartó el rostro. No sabía cómo había escapado de la muerte entre las llamas en el templo, pero la idea de que el curador del museo la arrastrara a través del humo la llenaba de culpa.
—En serio, Morgan —continuó Marietti—, ¿por qué no me avisaste de la misión?, pude haber evitado lo que pasó. Te rescataron dos jubilados y un geek , en lugar de un equipo especializado de ARCANO que tal vez hubiera capturado a Natasha y asegurado el arca al mismo tiempo.
Las palabras de Marietti resonaron en la mente de Morgan. Ben y Martin también debieron estar ahí, su peculiar equipo de apoyo. Marietti tenía razón. ¿En qué había estado pensando?
Marietti le tomó la mano sana y su voz se suavizó.
—Ahora eres parte de ARCANO, Morgan, no una justiciera que va sola tras los asesinos, tienes un equipo —suspiró—.
Pero asumo parte de la culpa, debí estar más al pendiente, pero la situación política en Medio Oriente requería toda mi atención.
Ahora tengo que lidiar con la ira de la masonería británica, aunque ayuda que no puedan admitir lo que en realidad fue robado sin reconocer que tenían fragmentos del arca.
Los conspiranoicos harían fiesta si esto saliera a la luz.
Morgan deseaba con desesperación poder hablar, contarle a Marietti sobre el sentimiento de asombro abrumador que había sentido ante los objetos sagrados, cómo había querido postrarse y adorar aquello que despertaba emociones tan intensas en su interior.
Había sentido la pasión de David danzando ante el arca…
y ansiaba volver a experimentar esa sensación.
¿Acaso los místicos experimentaban algo así cuando vislumbraban a lo divino?
¿Sería eso lo que sentía su padre cuando las letras sagradas de la Torá danzaban ante él mientras estudiaba la Cábala?
En el templo, ella había percibido una gloria de la que solo había leído hasta entonces, pero no sabía cómo ponerlo en palabras.
Se esforzó por incorporarse.
—Trata de relajarte. Toma, bebe esto —Marietti le acercó un vaso con popote a los labios y Morgan bebió un poco del agua fresca.
—¿El arca? —susurró.
El director frunció el ceño.
—Eso es lo extraño. Esperábamos que Natasha la llevara a Jerusalén y que interrumpiera la Cumbre, como amenazó, pero nunca apareció, ni siquiera aterrizó en Israel. Desapareció junto con los fragmentos del arca y no sabemos por qué ni a dónde los llevó.
Miró a Morgan, con la mandíbula apretada por la tensión.
—Tú sabes mejor que nadie cómo trabaja Natasha.
Tal vez puedas encontrar una pista que los demás no ven.
Tenemos que encontrar el arca, Morgan. La crisis inmediata ya pasó, pero los fragmentos no pueden quedarse sueltos en el mundo por mucho tiempo.
El arca puede no haber provocado una guerra hoy, pero sigue siendo una chispa capaz de encender violencia en cualquier momento y en las manos equivocadas, traerá guerra, además ya corren los rumores sobre su paradero.
Natasha no puede permanecer oculta para siempre.
Morgan asintió y su determinación se avivó. Esta vez no habría margen para errores.
—Los doctores dicen que tuviste suerte de salir solo con heridas menores —continuó Marietti—. Tomará un tiempo para que tu mano sane por completo, pero tendrás de nuevo toda su movilidad. Sé que has recibido bastantes golpizas, pero ¿crees poder aguantar unos días más?
—¿Laptop? —gimió Morgan.
Marietti sonrió ante el consentimiento implícito.
—Por supuesto, haré que te traigan una para que puedas acceder a las bases de datos de ARCANO desde aquí, pero el tiempo apremia.
Suponemos que las fuerzas que contrataron a Natasha ya la están buscando, igual que todos los que saben de la existencia del arca.
Los masones van a movilizar un equipo, y tienen recursos formidables.
Te necesito fuera de aquí en cuarenta y ocho horas, es lo máximo que podemos permitirnos.
Morgan evaluó mentalmente las heridas acumuladas en su cuerpo, el silbido en su pecho y su nivel general de dolor.
—Saldré en cuatro horas si logras que autoricen los analgésicos —susurró, sus ojos cobalto lucían duros como el metal, su franja violeta casi resplandecía—. Y entonces, acabaré con esto.
Marietti asintió y se puso de pie.
—Sé que hay una sed de venganza en tu corazón, y con razón, pero cuando encuentres a Natasha busca en tu consciencia; descubrimos que está embarazada del hijo de Milan Noble, así que hay una vida inocente en juego.
Si la encuentras, deberás decidir su destino.
Toma la decisión correcta, porque la equivocada podría perseguirte durante el resto de tu vida.
En ese momento Morgan vislumbró una corriente subterránea de secretos en Marietti, las sombras que rondaban sus noches y las decisiones incorrectas que debía haber tomado durante su larga carrera en ARCANO. Vio su posible futuro… y era aterrador. Luego parpadeó, y la visión se desvaneció.