Arándanos con mandarina (Un té con amor 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

A gatha llamó a Börg a primera hora de la tarde.

La noche antes había tardado en dormirse, de modo que cuando se despertó al día siguiente era casi mediodía.

Con la cabeza despejada después de darse una ducha, y un ligero picoteo, se decidió a llamar a Börg.

Tenía en la mano la lista de pros y contras de enamorarse de un vampiro, en concreto de un de ojos azules, muy atractivo y algo mayor, que había confeccionado en una hoja de papel:

Pros

Siempre joven (como un tren, todo en su lugar, bien proporcionado, con una tableta de chocolate me hace suspirar)

Inteligente (es la historia hecha carne y colmillos, ni Google, ni Wikipedia, Börg lo sabe todo)

Buen conversador (estaría horas escuchándole, y para que lo voy a negar, no me importa de lo que hable, solo oír su voz es pura magia)

Bueno en la cama (si hago caso de lo que dice la loca de Ana sobre Jaime, porque lo que se dice de primera mano no puedo opinar, el vikingo me ha salido tímido, pero besar, oh, ¡como besa el vampiro!)

Cuenta de ahorros saneada (la herencia de la abu Margarita no va a durar eternamente, al supermercado no vuelvo ni loca y me huelo que tanto Marta como Ana me van a explotar en las tiendas, por lo que mejor tener otra ocupación para que esas dos chifladas no me líen.

Ayudar a Börg con la editorial suena muy bien)

Me tiene loquita.

Me ha cuidado muy bien. Y eso que he tenido días que no me aguantaba ni yo, y él tan mono a mi lado sin protestar. Diciendo que estaba guapa, cuando sabía que tenía la cara de todos los colores del arcoíris.

Era amigo de Margarita. Eso es importante, si para ella era buena persona, es que lo era.

Contras

Él siempre estará que cruje y yo me convertiré en una uva pasa. Dentro de unos años parecerá mi nieto en lugar de mi novio.

No compartimos la misma dieta (me horroriza saber que ha matado para vivir)

Me asustó durante mucho tiempo con sus ojos de hielo (ahora me parecen preciosos y estaría horas mirándolos)

¿Y si se aburre de mí?

No hemos pasado de besos, muy ardientes, eso sí, y parece bien armado. ¿No le gusto lo suficiente? ¿Le da miedo tener un gatillazo?

Soy tonta. ¿Qué hago haciendo listas?

Si su abuela Margarita estuviera allí le diría que rompiera la lista y que escuchara su corazón. Que así dicho sonaba muy poético, pero en la realidad solo oía latidos. Con decisión cogió el móvil, y marcó el teléfono del vikingo. No había vuelta atrás, era ahora o nunca.

—Agatha —respondió Börg al primer tono que dio su teléfono.

—Hola. ¿Has dormido bien? —preguntó Agatha mordiéndose los labios y reprendiéndose a sí misma por ser tan tonta.

—No demasiado, estaba esperando que un hada me llamará.

—¿Podrías pasarte por aquí? Si no tienes nada que hacer claro, que a lo mejor tienes trabajo. Puedo preparar algo ligero para comer o pedir algo…—el timbre de la puerta interrumpió la parrafada que Agatha estaba diciendo casi sin respirar—. Perdona llaman a la puerta, será algún repartidor.

Agatha fue a abrir con fastidio, pensando que sería alguna cosa que Ana había pedido para el jardín o su línea de cosméticos.

Su abu no había necesitado tantas cosas para crear sus cremas naturales, pero Ana decía que era necesario para llegar a un mercado mayor.

Y cualquiera le llevaba la contraria a la ambiciosa empresaria en que se había convertido su amiga, que ya planeaba crear una línea exclusiva para la tienda de ropa de Marta que en semanas abriría sus puertas.

—¡Börg! —el rubio vampiro estaba de pie en el umbral de la puerta con el teléfono en la oreja sonriéndola con timidez. Llevaba la misma ropa que el día anterior, y una ligera sombra de barba asomaba en su rostro—. ¿No te fuiste a casa?

—No —negó con la misma cara que un niño pequeño al ser descubierto tras cometer una travesura—. Estaba esperando que me llamaras.

—Tardé en dormirme.

—Lo sé —aseguró el vampiro entrando en la casa—. Vi como paseabas por el salón y como escribías en tu cuaderno.

“—¡La lista! ¿Dónde la había dejado? Si la viera Börg, se moriría de la vergüenza.”

—¿Quieres que hablemos? —preguntó Börg viendo las dudas en el rostro de la bella mujer que amaba.

—En realidad solo tengo una.

—Adelante, pregunta.

—Tú eres inmortal, yo soy longeva pero no soy eterna. Tardare en envejecer y mientras, tú seguirás siendo joven, dejaras de quererme…

—Agatha —le interrumpió Börg cogiéndola las manos—, cuando tú envejezcas lo hare yo, cuanto salgan tus primeras arrugas las adoraré porque reflejaran lo que hemos vivido juntos, de las primeras canas nos reiremos porque nuestro amor durará eternamente.

Te quiero, no concibo la vida sin ti, he tenido que vivir más de mil años para encontrarte, y no voy a dejar que algo tan simple como la muerte nos separe.

Viviré mientras tú vivas, y moriré cuando tú lo hagas.

Con tu último soplo de vida, mi vida llegará a su fin.

—Eres un vampiro —dijo Agatha llorando emocionada tras escuchar las palabras de Börg, perdida en sus ojos de hielo, sintiendo que no había nada más en el mundo que ese azul infinito, donde quería habitar para siempre.

—Por ti dejare de serlo. Cuando nuestros cuerpos se unan y nuestros corazones latan juntos, tu don de hada entrará en mí y la muerte que habita en mi interior desde que me convertí en vampiro desaparecerá.

—¿Serás humano?

—Sí. Mi vida quedará ligada a la tuya, mientras me ames y sigamos juntos, yo viviré. Cuando abandones está existencia, me iré contigo, justo entones, ni antes ni después.

Agatha tiró el teléfono y saltó a los brazos de Börg, rodeando su cintura con sus piernas.

Su costilla rota protestó, pero le daba igual, ¡como si se le rompía otra!

Solo le importaban los labios del vikingo que devoraban su boca con pasión, y sus cálidas manos buscando como colarse bajo su ropa.

Aprovechando los últimos minutos como vampiro, Börg la llevó en un segundo al dormitorio donde la depositó con suavidad en su cama.

—¿Segura?

—Segura.

La ropa desapareció de sus cuerpos, con ternura y pasión las manos fueron recorriendo los nuevos rincones por descubrir, las bocas cubrieron de besos la piel y cuando sus cuerpos se unieron, sus corazones latieron juntos.

Börg, aún en el interior de Agatha sintió como si miles de agujas pincharan cada una de sus terminaciones nerviosas, una embriagadora calidez invadió su interior y los recuerdos de sus cientos de años sobre la tierra inundaron su cerebro.

—¿Estás bien? —preguntó Agatha asustada, cuando Börg abandono su interior y se tumbó junto a ella en la cama.

—Muy bien amor, nunca he estado mejor —le respondió guiñándole uno de sus ojos azules.

—¿Ya está? ¿Ya no eres vampiro?

—No sé qué decirte, siento unas ganas enormes de morderte —afirmó el vikingo haciéndola reír.

Sin nada ni nadie que les molestase durante dos días y dos noches no salieron de la cama nada más que para buscar algo de comer en la cocina.

Cuando ya no quedo nada en la casa que comer, pidieron una pizza y por primera vez en mucho tiempo, cuando Börg recogió el pedido de manos del repartidor, no sintió ganas de alimentarse de algo más que de la pizza que le entregaban.

***

Tres semanas más tarde Ana y Jaime avisaron que regresaban de Inverness con nuevos proyectos e ideas para una línea de alimentación ecológica asociada a la línea de cosméticos que ya era una realidad inminente con la próxima apertura de un local, situado justo al lado del lugar en el que Marta abriría su tienda de ropa.

Agatha estaba deseando ver la reacción de Ana a su relación con Börg, y la nueva naturaleza humana de este.

La de Marta había sido menos conflictiva de lo que había pensado, aunque todavía podía ver como su tía le echaba miradas suspicaces cada vez que se quedaba a solas con los gemelos.

—Tranquila Marta, ni cuando era vampiro hubiera sido un peligro para los niños. Börg nunca les haría daño.

—Lo sé, pero me da miedo que su instinto asesino siga dentro de él.

—Pero Marta, ¿qué me dices de Maca y Julián?

Sus hijos adoran a Börg, ¿crees que dejarían que se les acercará si fuera peligroso?

Siempre hablan de que sus niñeros son muy exigentes y protectores con los niños.

Son cautelosos en extremo con sus hijos.

Si Börg hubiera sido un peligro para ellos, ten por segura que no hubieran dejado que los niños jugarán con él.

—Ahora que lo dices nunca he visto a los niñeros, mis hijos hablan de ellos. A veces van a jugar a su casa con Lino, y cuando regresan hablan de una tal Atenea y de un tal Hércules. Menudos nombrecitos.

—Será un mote, un apelativo cariñoso o algo de los críos. No puedes creer todo lo que dicen los niños, tienen mucha imaginación.

—Tienes razón —afirmó Marta cambiando de tema—. ¿Así que vas a dar una gran fiesta?

—Sí, he estado esperando a que Ana y Jaime volvieran.

En un par de semanas podemos hacerla y de ese modo aprovechar para presentar vuestras líneas de ropa y de cosmética.

Bueno, y la de alimentación, que la parejita ha venido con muchas ideas para la tienda.

Entre tú yo, no veo que, junto a una estantería de delicadas fragancias, vaya a quedar muy bien un estante de quesos apestosos.

Muy ricos, pero pestilentes. No sé si al final en lugar de una tienda de cosméticos, vamos a tener un herbolario, o un supermercado de comida sana y saludable.

—Algo decían de dividir el local en dos. Dejarían uno para la alimentación y otro para la cosmética. Los tres llevaran el mismo nombre y para todo aquel que entre en alguno de ellos, quedará claro que lo que se vende en ellos forma parte de la misma marca.

—Estoy impaciente. No queda nada.

—Agatha faltan al menos dos meses para que abramos las tiendas. Entre papeleos y obras en los locales, todo va más lento de lo que nos gustaría. Creo que para después de Semana Santa podremos abrir.

—Es bueno crear expectación. Börg tiene muchos contactos gracias a la editorial, os ayudara en todo lo que sea necesario.