Capítulo 6 — Una nueva etapa #2
Santiago había escuchado historias parecidas durante los grupos. Con Héctor era distinto. Hasta ese momento lo había conocido entre bromas, quejas sobre el café y relatos de la Marina. No se lo había imaginado solo en una casa, dejando sonar el teléfono.
—¿Tienes hijos? —estuvo a punto de preguntar.
No lo hizo. Héctor seguía mirando el agua y Santiago prefirió quedarse a su lado sin llevarlo de una pregunta a otra.
Cuando sonó la campana, el Almirante se levantó.
—Vamos, civil.
Regresaron despacio. Esa vez Santiago no intentó hacerlo reír.
En el salón de usos múltiples había un librero con novelas, revistas y materiales que los pacientes podían consultar durante las horas libres. Santiago buscaba algo para leer cuando encontró un ejemplar antiguo de una revista de salud.
Lo abrió y reconoció una fotografía de la Hacienda.
El anuncio ocupaba casi toda la página. La fuente aparecía en primer plano, enmarcada por plantas que ya no estaban en el mismo sitio. Debajo, una línea dorada separaba la imagen del nombre.
HACIENDA REAL DEL MONTE
Una nueva etapa.
Santiago acercó la revista a la ventana. Se acordó de una pantalla, de varias fotografías casi idénticas y de una discusión que había consumido buena parte de una tarde. Alguien quería recortar la fuente para dar más espacio al edificio. Él había insistido en conservarla.
Pasó la página y volvió atrás.
—¿Encontraste algo? —preguntó Mauricio desde la puerta.
Santiago le mostró el anuncio.
—Esto lo hizo mi agencia.
Mauricio se acercó.
—¿Trabajaste para ellos?
—Hace once años. Lucía recordó el nombre por esa campaña; por eso pensó en traerme aquí.
—Te salió duradera.
Santiago sonrió.
—Yo aprobé esta fotografía.
Recordaba también la línea dorada y una discusión sobre el tamaño de las letras. Detalles pequeños que regresaban con una claridad irritante, mientras otras partes del trabajo seguían siendo apenas una impresión.
Adriana sentada junto a él. Una libreta abierta. Una pregunta sobre horarios.
El hombre que estaba cerca de la puerta había bajado la mirada.
Santiago dejó de sonreír.
—¿Qué pasa? —preguntó Mauricio.
—Me acordé de una reunión.
Volvió a mirar el anuncio. El encargo no había empezado con fotografías ni con un nombre nuevo. Había ocurrido una muerte y la clínica necesitaba responder. Él había entrado para ayudar a hacerlo.
Podía recordar el tono de aquella reunión mejor que las palabras. Adriana preguntaba. El director explicaba. Había un dato que no terminaba de encajar y que debían confirmar antes de comunicar nada.
No estaba seguro de qué habían recibido después.
—Voy a pedir que busquen la carpeta —dijo.
Mauricio se encogió de hombros.
—Supongo que la tendrán guardada.
Santiago cerró la revista, pero no la devolvió todavía al estante.
Mariana contestó durante el horario de llamadas.
—¿Cómo estás?
—Mejor. Quería saber cómo van las cosas.
Ella le habló de las entregas reorganizadas y de dos reuniones que habían cambiado de fecha. Santiago empezó a hacer una observación sobre un cliente, se detuvo y dejó que terminara. No todo estaba resuelto, pero tampoco había ocurrido el desastre que llevaba días imaginando.
—¿Necesitas que haga algo? —preguntó.
—Que te ocupes de estar mejor. Lo que no podamos resolver te lo vamos a decir.
Santiago pasó la mano por la mesa.
—Gracias por encargarte.
—Para eso estoy.
Antes de despedirse, le preguntó por el archivo histórico.
—¿Puedes buscar Los Olivos? Es la clínica que después llamamos Hacienda Real del Monte.
—Lucía me contó que habías trabajado para ellos. Yo todavía no estaba en la agencia.
—Lo llevó Adriana conmigo. Vi un anuncio aquí y recordé una reunión. Quiero revisar el material.
Escuchó el teclado al otro lado de la línea.
—Aparece en el registro —dijo Mariana—. Cambio de nombre e identidad institucional. Pero tengo que abrir la carpeta para saber qué se conservó.
—Sobre todo lo que nos entregó el cliente y nuestras notas. No solo los diseños.
Mariana guardó silencio unos segundos.
—¿Hay algo que deba buscar en particular?
Santiago miró la revista, abierta junto al teléfono.
—La reunión inicial. Y los documentos que pedimos después.
—Lo revisaré. No te prometo tenerlo hoy; si hay que recuperar archivos antiguos, puede llevarme hasta el lunes.
—Está bien.
Colgó y permaneció sentado. Había llamado preocupado por la agencia y terminaba pensando en un trabajo de once años atrás.
Volvió a leer el anuncio.
Una nueva etapa.
Recordaba haber defendido aquella frase porque hablaba del futuro sin obligarlos a repetir lo sucedido. En aquel momento le había parecido una buena solución.
Ahora quería saber qué había quedado fuera.
* * *
El viernes, Santiago cumplió una semana en la Hacienda. Lo advirtió al ver la fecha en la hoja de actividades.
No se sentía transformado. Seguía despertándose por la noche, le molestaban algunas preguntas y había momentos en que habría aceptado cualquier excusa para marcharse. Pero aquella mañana pudo ducharse, vestirse y llegar al comedor sin sentir que todo requería un esfuerzo desproporcionado.
Guardó el cuaderno después del desayuno. Entre las páginas estaba la pregunta sobre lo que haría al volver a casa. Todavía no había escrito una respuesta.