Aquí arden las flores 22. Últimas páginas
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Hace pocos días que Narciso nos presentó a Remei. Bueno, me la trajo a mí. Ella estaba muy asustada, muchísimo, y decía que quería advertirme. Yo ya sabía de qué me estaba hablando y quién estaba detrás de su huida. Ella culpa a su novio. Yo culpo al padre del novio.

La joven no venía a pedir ayuda, sino a advertirnos de que su pareja quería hacerse con algún tesoro de la familia.

Debía haber visto algún mapa de dónde iban a atacar.

Pensaba que era un ladrón. No podía parar de llorar.

Tardó un rato largo en contarnos qué pasaba, el maltrato que sufría, el plan para el « robo»…

Enseguida oí el segundo latido en su vientre y supe que debíamos ayudarla.

Narciso está de acuerdo en casarse con ella para proteger su honor porque la gente de este pueblo suele ser muy prejuiciosa.

Mañana Jacinto y yo la acompañaremos al Ayuntamiento, para ver si nos ayudan con el trámite del cambio de nombre.

Lo principal es que su expareja no la pueda encontrar en ningún registro ni padrón. Toda precaución es poca.

Temo que aquel loco haya vuelto a las andadas. Hace casi cuatro años de su último ataque.

No me queda otra que proteger a mi familia, pero en casa solo me queda Gardenia, que no hace magia.

Narciso y Hortensia tampoco. Remei dice que conoce algún que otro conjuro.

No sé qué hacer. Tal vez tenga que volver a convocar una reunión de brujas en el bosque.

Desde la noche de San Juan no nos reunimos para hacer magia.

Solo hacemos cosas cotidianas y yo voy por allí cuando buenamente puedo.

En fin, diario, no sé cómo vamos a traer a más bebés a esta familia, con este horroroso energúmeno por ahí, amenazándonos siempre que puede. Ya lo juró hace treinta años. Me perseguiría de por vida.

Espero poder poner solución a todo.