Aquí arden las flores 15. A mesa puesta
49%

15. A mesa puesta

Querido diario, han pasado cuatro días desde que la pequeña Dalia llegó a este mundo. Mi segunda nieta. Me encantaría disfrutar de ella con la pequeña Azucena, que no para de admirarla, pero me preocupo por mi hija.

El parto de Hortensia ha sido interminable y lleno de complicaciones muy inusuales.

En un principio todo apuntaba a un alumbramiento perfecto, pero estuvieron a punto de perder la vida tanto ella como la criatura.

No pasaba tanto miedo desde que vi fallecer a Jacinto.

Casi sufrimos otra muerte en la familia.

Ella apenas duerme y come desde entonces.

Sostiene a su hija en brazos, pero no tiene el brillo en los ojos de una nueva madre.

Lo peor no es verla así, lo peor es que Aritz no está.

Se marchó hace dos noches, cuando Hortensia amamantaba a Dalia conectada todavía a máquinas del hospital.

Creo que por fin había conectado todos los puntos.

Algo dentro de él le decía que los problemas en el parto eran demasiada coincidencia, que había alguien detrás.

Tenía los ojos llenos de furia, y no paraba de insistir en que iba a vengar a su mujer a cualquier precio.

No hizo falta que dijera más, y desde luego no sería yo quien le revelara que la persona contra la que dirigiría su sed de venganza compartía su misma sangre.

Suponía que estaría de vuelta hoy. Si lo intentara buscar en la cordillera, el bosque lo guiaría hacia el causante de tanta muerte. Ahora temo que no regrese. Temo que el silencio con el que intenté salvaguardar a mi familia la esté poniendo en peligro. Todos estos secretos me pesan.

Con lo que yo lo quiero. Será el mejor padre del mundo. Jacinto estaría muy orgulloso de que Aritz sea el padre de su segunda nieta.

No sé si Aritz sabe quién está detrás de todo esto, pero yo sospecho. Primero Aura, que no es una Nerón, pero casi. Luego Eléboro y, más tarde, Jacinto. Y ahora, por poco, no hemos perdido a Hortensia y Dalia. Ilun sabe que la sangre vuelve a nacer con fuerza en esta familia.

A veces me pregunto si debí haber destruido el espelir. Ilun, con sus hijos, se aseguró de vincularse a esta familia por siempre. Parece que se está vengando de mí, llevándose por delante a quienes más quiero. Tal vez está a la espera de que yo lo use para poder encontrarlo.

Hoy el viento ha cambiado de dirección. Dalia ha dormido sin llorar ni una sola vez. Al despertar se ha quedado mirando un punto fijo en el techo. Como si supiera algo que el resto de las personas de esta casa no reconocemos.