Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 45
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CAPÍTULO 45

NI CON EL SILENCIO, LA DISTANCIA O LAS VUELTAS DE LA VIDA

Kelly

S uspiro de alivio cuando me envuelve el calor de la cafetería. Al verme, Alan me dedica una sonrisa tímida y hace el amago de levantarse para separar mi silla de la mesa, como suele hacer, pero le indico con la mano que no hace falta.

—Hola… —le saludo.

Tiene los ojos brillantes, las ojeras muy marcadas y la barba algo más desarreglada que de costumbre, pero huele bien, como siempre. Huele a Alan.

—Hola, Kelly. ¿Qué quieres tomar?

—Eh… —Miro rápidamente la carta que tengo delante—. Un café bombón —decido, porque necesito azúcar.

Alan sonríe y luego levanta la mano para llamar a un camarero y pedir.

—¿Qué tal estás? —me pregunta al cabo de unos segundos.

—Bien… Ya mucho más tranquila con todo. ¿Y tú? ¿Al final te marchas hoy?

Alan asiente.

—Sí. En una hora debo estar en el aeropuerto —dice, y me doy cuenta de que al lado de su silla tiene su equipaje.

Me alegro de quedarme aquí con Thiago unos días más para decidir qué hacer juntos, pero se me hace un nudo en la garganta de todos modos.

Por Alan, y también por nuestro pasado. Inevitablemente, pienso en nosotros en nuestra casa y en la última vez que salí de ahí para venir aquí sin saber cómo iba a cambiar mi vida en dos semanas…

Imaginármelo volviendo solo a nuestra casa, mientras recuerda que ese hogar también fue el mío durante cinco años…

¿Quién le iba a decir a él cuando salió para venir aquí para casarse, que volvería antes de lo previsto y… sin mí?

Me sigo sintiendo mal por él.

Mal, porque sé que me quiere muchísimo.

Mal, porque no se merece esto…

Alargo mi mano para agarrar la suya encima de la mesa.

—Lo siento muchísimo, Alan…

Él aprieta mi mano.

—No, Kelly. No te vuelvas a disculpar otra vez. Estoy bien, porque sé que tú vas a estar bien.

—Me puedes tener rencor si quieres. Me lo merezco, Alan, yo te he sido infi…

Él me interrumpe.

—No. Para. Créeme que entiendo todo. Independientemente de lo que sintieras e hicieras estando comprometida conmigo, sé que nunca lo habrías hecho si esa persona que apareció en tu vida no hubiera sido Thiago. No sé qué podrá pensar el resto de la gente, Kelly, pero yo veo humano lo que hiciste.

Yo niego con la cabeza, alucinada.

—¿Cómo puedes verlo así?

—Porque sé que estás enamorada de él. Porque, aunque estuvieras conmigo, sé que seguías amándolo. Porque lo que te obligan a dejar de querer es imposible de olvidar…

Tenemos que separar nuestras manos cuando el camarero aparece con mi café y lo deja en la mesa.

Cuando se marcha, vuelvo a hablar.

—Eres la persona con el corazón más abierto y grande que conozco, Alan. De verdad que agradezco que todo lo que ha ocurrido haya sido a tu lado. No todo el mundo se habría tomado la situación como tú. Eres una muy buena persona…

Él me sonríe con melancolía.

—Kelly, de verdad que estoy feliz por ti. No te voy a mentir y decir que esto es fácil para mí, porque no lo es… Tú para mí sí que eres la mujer de mi vida, pero…

Deja la frase en el aire y pierde la mirada en algún punto de la mesa.

Aparto la taza de café para poder agarrarle la mano de nuevo. Él me mira cuando lo hago.

—Vas a poder encontrar a alguien que te dé todo lo que yo no te he podido dar, Alan. Encontrarás a tu persona, estoy segura.

—Quizás…

—Lo vas a hacer. Lo vas a hacer porque eres un buen hombre.

Porque tienes mucho que ofrecer. Porque mereces que te amen como tú amas.

Porque tienes un buen corazón. Que me dejes marchar con el amor de vida cuando he estado a punto de casarme contigo lo demuestra.

Demuestra que sabes sacrificarte por lo que quieres.

Demuestra que entiendes que el destino es caprichoso.

—Lo es… —Sonríe ahora de medio lado—. La verdad es que lo vuestro me ha hecho pensar mucho en que es imposible que las casualidades existan.

Todo ha estado tan milimétricamente escrito, que es imposible que os encontrarais en vano, Kelly.

Que eso sea así me deja tranquilo, porque sé que no te estoy perdiendo, sino que te estoy dejando marchar para que puedas escribir tu verdadera historia.

Está claro que yo no formo parte de ella.

Si venir a Finlandia es la consecuencia de que puedas escribir el final que siempre has querido y que te mereces, me marcho tranquilo.

Se me humedecen los ojos, porque siento que no me lo merezco. Ni sus palabras, ni su empatía, ni tampoco a él.

Se merece a alguien que sí pueda y sepa amarlo como se merece. De la misma manera en la que él demuestra que me quiere al dejarme marchar con Thiago sin reprocharme nada.

—No quiero que esto sea un adiós para siempre, Alan. Podemos seguir en contacto. Cada uno hará su vida, pero no me importa para nada tenerte como amigo. Sé que quizás para ti eso es más complicado y lo entiendo perfectamente, pero tanto yo como mi teléfono van a estar para ti si tú quieres.

Él asiente y luego se lleva mi mano a los labios para dejarme un beso dulce y reconfortante en el dorso.

—Muchas gracias, Kelly. Tan solo… necesito un poco de tiempo.

—Independientemente de todo el que necesites, voy a estar, Alan.

Sus ojos se tiñen de rojo y su barbilla tiembla un poco.

—Gracias por estos cinco años. Para mí, han sido los mejores —me confiesa.

Ahora soy yo quien agarra sus manos con fuerza.

—Te he querido y te quiero, Alan. No pienses que he estado fingiendo. Quererte ha sido fácil. Has sido lo mejor de estos últimos años, te lo juro…

Él asiente con la cabeza, porque sabe que es verdad.

Le he querido.

Quizás Alan ha sido lo único a lo que he sabido querer durante estos años.

—Espero de corazón que seas muy feliz, Kelly. Te mereces serlo al fin.

—Y yo también espero de corazón que encuentres a esa chica que sea capaz de ofrecerte lo mismo que tú das.

Y es, tras esas palabras, que nos fundimos en un verdadero abrazo de despedida.

Él también se merece ser feliz. Se merece que le digan que lo aman. Se merece que le correspondan a todo lo que él ofrece.

Nos tomamos nuestro último café juntos mientras hablamos de la suspensión de la boda. Siento un poco de vergüenza al saber que ha sido él el que ha tenido que calmar las aguas porque yo no podía acercarme al hotel, a las miradas de la gente y, sobre todo, a mi madre.

La mayoría de los invitados se han enfadado por todo el dinero perdido, pero me da igual.

No cambiaría por nada ni nadie el motivo por el que esa boda no se ha celebrado.

Y aunque sus padres también se hayan quedado algo resentidos con lo que ha sucedido, ellos sí que le han terminado apoyando después de contarles todo…

Cuando nos terminamos el café, lo acompaño afuera hasta que el taxi que ha contratado viene para llevarlo al aeropuerto.

Se marcha, pero por primera vez siento que no estoy diciendo un adiós, sino un hasta luego . No sé cuándo, pero sé que volveremos a encontrarnos, y entonces ambos tendremos nuestras vidas agarradas con ambas dos manos, y podremos confesar que fuimos un paréntesis el uno para el otro. Uno especial.

Porque a veces tiene que haberlos. Porque los puntos y aparte existen.

Porque ni con el silencio, ni con la distancia, ni con las vueltas de la vida, las almas que están destinadas a estar juntas son capaces de soltarse…