Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

AQUÍ, AHORA Y CONTIGO

Kelly

-¡¿ Dónde está Thiago?! —chillo, cuando al cruzar la puerta del hotel veo que sus amigos siguen en la recepción. Todos se quedan callados, mirándome atónitos—. ¡Por favor, chicos, contestad!

Elsa es la primera en salir del shock .

—Eh…, eh… esto… Se ha marchado.

—¡¿A dónde?!

—No lo sabemos, solo que ha cogido el coche de Oliver. ¿Quieres que le llame?

Al recordar que yo no tengo su número de teléfono, me parece una buenísima idea.

—¡Sí!

Elsa coge su móvil y poco después se lo lleva a la oreja. Sin embargo, no tarda en cortar la llamada y negar con la cabeza.

—Dice que está apagado o fuera de cobertura.

Estoy a punto de maldecir en veinte idiomas, cuando Oliver dice:

—Tengo su ubicación. Sigue en carretera.

Mira, no puedo esperar a que vuelva de donde sea. Necesito ir detrás de él ahora mismo.

—¿Alguien me prestaría su coche? —me muerdo el labio inferior, ansiosa.

Elsa comparte una mirada con su hermano, pero termina entregándome unas llaves.

—Te paso la ubicación de su móvil —me dice Oliver y, tras eso, salgo corriendo hacia el parquin del hotel, pulsando el mando de la llave hasta que doy con el coche que enciende sus luces y salgo disparada hacia la carretera.

Tras veinte minutos reconozco el Suzuki azul en el que va Thiago, y me pongo en el carril de al lado, rezando para que no venga ningún coche de frente mientras presiono el claxon para llamar su atención.

Y debo de conseguirlo, porque Thiago saca el coche de la carretera y lo detiene en la cuneta, al borde de un bosque de pinos altísimos. Lo sigo.

Nos apeamos a la vez y echo a correr hacia él, que está congelado, tratando de entender qué narices hago ahí vestida de novia en lugar de estar… en fin, casándome.

—¿Kelly? ¿Qué cojones? ¿Qué cojones está pa…?

No le doy tiempo a decir nada más, porque salto a sus brazos. Lo pillo tan desprevenido que ambos caemos sobre la nieve.

—No… No estoy entendiendo nada, Kell. ¿Ha pasado al…?

—Cállate… —digo, y luego lo beso como llevo queriendo hacerlo todo este tiempo. Sin miedo, sin angustia, con pasión, con amor, como antes lo hacía.

Él me lo devuelve sin pensárselo dos veces, porque a pesar de no estar comprendiendo nada de lo que está pasando, nunca dejaría escapar la oportunidad de besarme.

Thiago lleva sus manos a mis mejillas y me trata de acercar más a él para profundizar el beso. Nos fundimos en uno lleno de sentimientos y emociones mezcladas: nostalgia, pasión, miedo, alivio, amor, añoranza, ilusión…

Cuando nos separamos por falta de aire, le agarro la cara para que solo me mire a mí. Y antes de que pueda decirme nada de nuevo, le digo con el corazón completamente alocado lo que debería haberle dicho desde el principio.

—Lo quiero todo contigo, Thiago. Aquí, ahora y contigo. Absolutamente todo.

Él me mira atónito. Yo vuelvo a sonreír al ver su cara. Sabe de sobra lo que le estoy diciendo, pero debe sonarle demasiado bonito para ser verdad y seguramente teme estar soñando.

—¿Qué?

—Hace unos días, en el cumpleaños de Taylor, me dijiste que desearías que te dijera eso. Y te lo estoy diciendo ahora. Lo quiero todo contigo, Thiago. Ya. Aquí. Ahora. Contigo… Todo.

—Pero… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué…?

—Alan me ha dicho que no . En el altar. Ha dicho que no quiere casarse conmigo.

A Thiago aquello le asombra tanto que se incorpora de un tirón en la nieve, y al hacerlo también me levanta a mí. Me quedo sentada encima de sus piernas.

—¿Cómo? ¿Alan te ha dejado?

Niego con la cabeza.

—Tan solo ha sabido decir lo que yo no me he atrevido a decir… Él…

—¿Él…?

—Me ha dejado marchar para que sea feliz con quien yo quiera. Ha aceptado y entendido que aún te siga queriendo…

—¿Lo haces de verdad?

Le miro con los ojos completamente abiertos, y luego vuelvo a tomar su cara.

—Eres mi mundo, Thiago. Es imposible que no te ame con todo mi corazón.

Sus ojos brillan como nunca cuando escucha mis palabras, pero, sobre todo, cuando se da cuenta de que he utilizado el término «amar» y no «querer».

Alan me ama a mí porque ha sabido dejarme ir a pesar del dolor que eso le pueda causar. Porque sabe que, por mucho que le quiera, nunca podré sentir lo que él siente por mí. Porque nunca podré amarle como amo a Thiago.

Ahora es Thiago quien me tumba a mí en el suelo cuando me besa con fuerza.

La nieve me empapa el vestido, pero me da igual. En ese momento no existe el frío; no existe nada que no sea Thiago.

Rompe el beso sin que yo me sienta aún satisfecha, pero su sonrisa al mirarme me lo compensa.

—¿Qué? —le pregunto cuando no me deja de mirar. Si no va a decir nada, quiero que siga besándome.

—Que eres el amor de mi vida. Y que no sabes lo feliz que me hace saber que finalmente yo soy el de la tuya.

Llevo mis manos a su nuca y entierro mis dedos en su pelo.

Suelto un suspiro lleno de sentimientos nostálgicos, porque él siempre ha demostrado que lo soy todo para él y que haría cualquier cosa por tenerme a su lado, mientras que yo, aunque también lo haya pensado, no he sido capaz de demostrárselo.

—Siento no haberte podido decir todo esto antes. Siento no haber podido ser yo la que haya dicho no en el altar. Siento no haber tenido la valentía suficiente para elegirte desde el principio. Mereces que me haya arriesgado, Thiago, y yo he sido una cobarde que no…

Sus labios se juntan con los míos en un beso que no me espero, y no me deja decir nada más.

—No importa, Kell. No quiero disculpas. Me da igual lo que haya pasado o dejado de pasar. Estás aquí, ahora y conmigo, y eso es lo único que importa…