CAPÍTULO 41
EL RESTO DE MI VIDA
Kelly
-¿A lan? —lo llamo cuando nos quedemos a solas en la sacristía tras salir casi corriendo del altar. Dios mío. ¿Me acaba de decir que no? —. ¿Qué ha pasado?
Él deja de andar de un lado para al otro y se da la vuelta para mirarme. Por un momento pienso que me va a decir: ¿Qué esperabas? ¿Que me fuera a casar con una infiel como tú?, pero me sorprendo al ver que sus ojos están rojos y que se está aguantando las ganas de llorar.
—Lo siento, pero no puedo hacerte esto. No puedo casarme contigo, Kelly.
Lo miro atónita.
—¿Por qué no? ¿Es por el beso que…?
—Es porque te han obligado a quererme. —Se lleva las manos a la frente y se frota la cara—. ¿Qué clase de persona se casaría con otra después de esa información? Joder, no sé en qué estaba pensando. Tendría que haberlo impedido antes…
Doy unos cuantos pasos hacia él. Le agarro del brazo cuando lo tengo delante.
—Alan, yo te quiero. Y…
Niega con la cabeza.
—No, cielo —me interrumpe—. Sé que me quieres, pero también sé que en cierta parte hoy me has dicho que sí para complacer y obedecer a tu madre una vez más. No puedo condenarte a vivir una vida conmigo cuando volverlo a ver a él te ha despertado de nuevo las ganas de estar a su lado para siempre.
—Alan…
—Me lo puedes admitir, de verdad. No pasa nada. Te prometo que lo entiendo.
—Tú me quieres…
Ahora es él quien se acerca a mí. Me agarra la cara con sus manos y me la acuna con delicadeza.
—Sí, claro que te quiero. —Me acaricia los pómulos con sus pulgares—. Y por eso mismo sería hipócrita no dejarte decidir con quién quieres pasar el resto de tu vida.
—¿Y si me equivoco? ¿Y si mi madre…?
—Olvídate de tu madre, Kelly. Se acabó. Ella…
Niego con la cabeza.
—Ha provocado el accidente de Thiago, Alan. Me lo ha confesado antes de venir a la boda. Me ha dicho que, como no hiciera lo que ella quería, se encargaría de sacarlo de mi vida para siempre… Puede destruir todo lo que quiera. A él, a mí, a ti…
Alan me agarra la cara con las manos.
—Yo me ocupo de tu madre. No va a volver a jugar contigo. Me encargaré personalmente de ello. Tenemos motivos para mantenerla alejada de ti. Podrías denunciarla por malos tratos, Kelly…
¿Sería capaz de denunciar a mi propia madre?
Sí.
Joder, sí.
Me quito las manos de Alan de la cara y paso a abrazarlo con fuerza.
—Lo siento muchísimo… —Los ojos se me inundan de lágrimas. Me da una pena tremenda. Es tan buena persona…—. Y gracias por decir lo que yo no he tenido el valor de decir en ningún momento…
—Tranquila, Kelly. —Frota sus manos en mi espalda—. No te preocupes más por nada. Y vete antes de que…
Su frase se queda a medias cuando la puerta de la sacristía se abre de golpe.
Entran mi madre y sus padres. Por detrás veo que también se acercan Molly y Sienna.
Supongo que en este tiempo todos han estado tratando de mantener la calma de los invitados y probablemente diciendo que los nervios nos han jugado una mala pasada, que necesitamos un tiempo a solas, y que en nada regresaríamos, pero, dado que estábamos tardando demasiado, han tenido que sospechar que algo de verdad se ha torcido.
Mi madre más que nadie lo sabe.
—¡¿Me puedes explicar qué cojones es lo que acabas de decir?! —le pregunta ella, muy enfadada—. ¡¿Le has dicho que no a mi hija?! ¿¡Pero tú eres consciente de lo que acabas de hacer!?
Alan la enfrenta.
—Sí. Dejar a tu hija libre para que pueda decidir lo que hacer con su propia vida.
Los ojos de mi madre pasan de Alan a mí.
Ver en sus ojos el pánico me hace sentir con fuerzas. Sabe que ha perdido. Sabe que ya no puede hacer nada para obligarme a seguir con los planes de la boda. Ya no he sido solo yo la que se ha opuesto a sus planes. Ahora somos los dos. Y contra Alan no puede hacer nada.
Me separo de él y paso por el lado de mi madre chocándole el hombro, pero ella me retiene antes de que pueda marcharme.
Me agarra del codo.
—¿Adónde te crees que vas? Esta boda se va a celebrar. —Trata de seguir con el cuento.
—No, no se va a celebrar —zanjo, firme.
—Como cruces esa puerta, Kelly…
—¿Qué, mamá? —pregunto a la defensiva, aunque estoy tan agotada mentalmente que no le doy tiempo a contestar nada, porque quiero hablar yo.
Quiero dejarle las cosas claras antes de que ella pueda abrir la boca y alargar una conversación que no va a conseguir ganar—.
Olvídate de mí. Ya no soy esa niña que has manipulado y chantajeado durante todo este tiempo.
¿Sabes? Por un momento me hiciste olvidar que soy una mujer…
Me hiciste olvidar que durante todo este tiempo podría no haberte tenido.
Me metiste en la cabeza que te necesitaba y que no podía alejarme de ti, pero es que sí que puedo.
Puedo, porque tengo valor, decisión y coraje.
Puedo, porque durante todo este tiempo de ti no he recibido nada que no sean chantajes emocionales y dolor.
¿Y sabes qué? Que eso no es lo que necesito para nada…
Puedes irte a la mierda con tus maltratos.
Ahora me voy a hacer algo que tendría que haber hecho desde hace mucho tiempo.
Me voy a decirle a Thiago que quiero vivir el resto de mi vida con él.