Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

EN OTROS LUGARES

Thiago

S oy la persona más gafe de todo el puto mundo.

Como dije ayer, no quería pisar el hotel hoy, porque las posibilidades de cruzarme con algo relacionado con la boda de Kell eran muy elevadas.

Y, bueno, he confirmado mis sospechas.

He visto de todo en diez minutos.

Los adornos, a los invitados, los preparativos… absolutamente todo…

He tenido que venir porque mi puta tarjeta de acreditación de monitor está a punto de caducar, y tengo que firmar los papeles de renovación para poder seguir trabajando el mes que viene porque…

, bueno, no voy a estar aquí los próximas días para poder hacerlo.

Necesito largarme lejos de este lugar por un tiempo.

He decidido gastar todas mis vacaciones de golpe.

Ahora mismo estoy esperando a que Lisa aparezca con la copia de los papeles y con mi nueva tarjeta, pero la tía debe estar tomándose un café con la puta impresora, porque está tardando ocho años en volver con ambas cosas.

—Eh, Thiago —me saludan de pronto. Miro hacia la derecha y me encuentro con mis amigos—. ¿Qué haces aquí? ¿No te habías pillado unos días libres? —me pregunta Elsa.

Asiento.

—Tenía que hacer unas cosas de papeleo antes de irme. Pero en nada me voy. —O eso es al menos lo que espero.

—¿Qué tal estás, tío? ¿Te duele algo? —me pregunta ahora Oliver, mientras me pone una mano en el hombro y me mira de arriba abajo.

—Sorprendentemente, estoy perfecto…

Tay abre la boca, quizás para hacerme alguna pregunta más al respecto, cuando de pronto uno de los ascensores se abre, y todos los huéspedes que hay en la recepción se quedan en silencio.

Sentir que todo el mundo contiene la respiración de pronto nos llama la atención a cada uno de nosotros.

Nos giramos para ver qué narices ha pasado, pero, en cuanto reconozco lo que es, tengo que apartar la mirada e incluso darme la vuelta.

«No, no, no, no, no».

«No, joder».

Cierro los ojos con fuerza para intentar reprimir las ganas de ser un puto masoquista, pero…

A la mierda.

Me doy la vuelta justo para ver a Kell saliendo del ascensor vestida de novia.

Parece cohibida; todo el mundo la está mirando… En una de esas en las que hace un repaso por toda la recepción, sus ojos chocan con los míos.

Sin darme cuenta, me llevo una mano al pecho.

Dios Santo.

Está preciosa…

Y yo estoy muy jodido.

Ella comienza a caminar cuando su madre tira de su brazo, pero no separa sus ojos de los míos en ningún momento.

Las veces que soñé con verla así mientras yo la esperaba al otro lado del altar…

Las veces que soñé con poder prometerle todo con un «sí, quiero»…

Ella se muerde el labio inferior y sé que se está esforzando mucho para que sus ojos no se pongan rojos… Por esto, cuando ve peligrar el maquillaje, sus sentimientos o lo que sea, interrumpe el contacto visual y baja la mirada al suelo.

—Dios mío… ¡Qué vestidazo! —comenta Elsa, cuando ve que tres mujeres tienen que ir detrás de Kell para asegurarse de que no arrastra la cola.

Entonces, justo antes de salir del hotel, Kell me dedica la última mirada que compartiremos jamás.

No hay marcha atrás. No se puede recuperar el tiempo y tampoco las posibilidades que dejamos morir en su momento.

Todo ha acabado.

Nuestra historia ha acabado de verdad.

La mano de alguien intenta agarrar la mía para mostrar apoyo, pero la rechazo, porque no voy a demostrar que estoy tan mal.

Solo tengo que irme de aquí.

Me doy la vuelta en el mostrador y, para mi sorpresa, Lisa ya está de nuevo tras él con mis papeles listos.

No la miro ni un solo segundo a pesar de que ella tiene sus ojos clavados en mí. Es más, hasta intenta tocarme la mano, pero la aparto antes de que lo pueda hacer.

—Thiago… —me llama Elsa, pero yo niego con la cabeza.

—Estoy perfectamente —miento, claramente—. Oliver, cojo tu coche, ¿vale? Que he venido andando.

Mi amigo asiente y me lanza las llaves de su coche. Yo las atrapo en el aire y salgo del hotel con el sentimiento de querer huir muy lejos cuanto antes.

Otra vez Kell ha hecho suyo todo.

Otra vez tengo que olvidarla en otros lugares…