Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 38
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CAPÍTULO 38

MOVER FICHA

Kelly

T engo los ojos hinchados y rojos.

Por un momento siento que he retrocedido cinco años y que estoy a punto de tener mi primera cita con Alan.

Verme vestida de blanco me recuerda que esa primera cita desencadenó la serie de hechos que me traen hasta el día de hoy. Que hoy no solo tengo que conocerlo, que hoy le tengo que decir un «sí, quiero» y prometerle amor eterno.

Estoy… realmente melancólica.

Ha pasado tanto…, pero a la vez no ha cambiado nada…

No pienso volver a cuestionar nada de lo que ha pasado o dejado de pasar en estas dos últimas semanas, y mucho menos lo que he estado sintiendo.

No me puedo permitir, a veinte minutos de la boda, volver a empezar.

He decidido casarme con Alan, y eso es lo único que importa.

Eso es lo único que importa…

Me miro en el espejo del tocador una vez las peluqueras y maquilladoras han terminado de prepararme.

Ahora mismo me encuentro sola en la habitación.

Sienna y Molly ya han salido camino a la iglesia para asegurarse de que está todo preparado, y mi suegra y mi madre han ido a hablar con la wedding planner .

Todo está listo…

En menos de diez minutos tengo que salir del hotel y subir a una preciosa iglesia que está en lo alto de la montaña. Esta noche ha nevado bastante, y todos los pinos están cubiertos de blanco.

Todo está precioso y es como lo he imaginado, pero…

«No, Kelly».

Trago de centrarme en mi imagen en el espejo. Comienzo a ensayar una sonrisa lo suficientemente bonita y sincera para que nadie perciba la tristeza de mis ojos.

Lo que ocurrió anoche fue muy duro, pero, a la vez… bonito. Tengo el corazón en calma porque por fin hemos podido decirnos adiós de la forma en la que nos merecemos: siendo sinceros con lo que sentimos respecto al otro.

Que Thiago me estrechara la mano que le negó a la Kelly de hace seis años me quitó mil kilos de encima. A lo mejor nuestro destino no era acabar juntos, sino tan solo terminar… bien.

Y aunque quizás suene conformista, para mí ha sido más que suficiente.

Necesitaba terminar bien con él…

Necesitaba decirle adiós a Thiago de verdad.

La puerta de mi habitación se abre, y la mayor bruja que he conocido en este mundo cruza el umbral y se adentra en la suite .

Mi madre camina en dirección a mí sin quitarme los ojos de encima mientras me mira a través del espejo.

Lleva un vestido azul eléctrico que le llega hasta la mitad de las pantorrillas, y unos tacones plateados demasiado llamativos para su… edad.

Cuando está detrás de mí, me pone las manos en los hombros y me los aprieta con algo de fuerza.

—Espero que tengas la cabeza donde tienes que tenerla, y que actúes como se debe —me advierte.

Aprieto los dientes con fuerza.

—A partir de hoy vas a dejar de ser alguien para mí y no voy a volver a caer en tus juegos psicológicos de mierda. No vas a manipularme más.

Ella se ríe con amargura y luego murmura un:

—Si tú lo dices…

Que no me tome en serio me pone negra. Ella tiene muchos planes para mí, y estoy segura de que va a hacer lo imposible para que termine haciendo todo lo que quiere; como siempre ha hecho. Por eso le planto cara y le confieso aquello que sé que la pondrá en alerta.

Porque ya estoy harta de ser su puta muñeca.

—Le he contado todo a Alan, ¿sabes? Tu querido yerno ya no te ve con esos ojos que te has esforzado tanto en encandilar.

Ella me suelta los hombros, pero pasa a agarrarme la cara con fuerza.

—¿Que tú has hecho qué?

Forcejeo para que me suelte, porque me está apretando tan fuerte que no soy capaz ni de hablar.

Cuando lo consigo, ella aleja su mano de mí y me mira con desprecio.

—He hecho lo que tendría que haber hecho desde el primer día: contarle lo mala madre y persona que eres.

Me mira incrédula.

—Eres consciente de que te podrías haber cargado todo lo que hemos conseguido si te llega a decir que no a la boda después de que se lo contaras, ¿verdad?

Yo me río irónicamente.

—¿Y crees que eso para mí era un problema? Te dije que si quería iba a destrozar tu maldito cuento de hadas.

Ella hace lo de siempre: pegarme. Le da igual que tenga una boda por delante y que su mano deje una marca en mi piel.

Tras el golpe, me vuelve a agarrar la cara y aproxima la suya a la mía. Sus ojos están llenos de veneno e ira.

—¿Y te acuerdas de lo que yo te dije, Kelly? Que le dijeras a Thiago que tuviera cuidado. Está claro que las dos hemos movido ficha sin esperar que la otra lo haga primero. ¿Qué tal está, por cierto? He escuchado que casi se queda en una silla de ruedas para toda la vida.

Me quedo blanca tras escuchar esas palabras.

Mi madre ha…

¿Ella fue la que hizo que Thiago tuviera el accidente?

¿Cómo narices…?

Esto sí que es pasarse de la raya.

Me vuelvo a soltar de su agarre y esta vez me levanto de la silla del tocador para enfrentarla.

¿Qué clase de persona pone en peligro la vida de otra solo por chantaje?

Creo que solo la lunática de mi madre…

—Eres una auténtica desquiciada…

Ella se encoge de hombros y sonríe con suficiencia.

—Me da igual lo que pienses de mí. —Da un paso hacia delante para hablarme de cerca—. Pero no vuelvas a tentar a la suerte o hacer ninguna tontería como la que has hecho, porque esta vez sí que te juro que me aseguraré de joderle la vida para siempre.

Yo también doy un paso hacia delante.

—Atrévete a ponerle de nuevo un dedo encima, y te juro que… —Dejo la frase a medias cuando la puerta de la habitación se abre de pronto.

—Perdón por interrumpir —dice una de las chicas de la coordinación de la boda—. Pero tiene que salir ya, señorita Williams. El coche está listo y la están esperando.

Mi madre me dedica una última mirada llena de veneno, para luego cogerme del brazo y obligarme a caminar hacia la puerta para que no me dé tiempo ni a reaccionar ni a pensar…

Y es que, cuando me quiero dar cuenta, estoy bajando por el ascensor para ir a mi boda…

¿Es normal que solo pueda pensar en que quiero salir corriendo?