Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 36
77%

CAPÍTULO 36

TE LO PROMETO

Thiago

E stoy destrozado.

Y no por el accidente que, bueno, en cierta parte, también tiene mucho que ver, sino por el hecho de que mañana es mi último día con Kell.

O quizás ese día ya ha pasado. Mañana se casa y no creo que la vea ni un solo segundo.

Y, siendo sincero, mucho mejor.

Creo que sería incapaz de verla celebrar una boda que no sea la de los dos.

Si alguien tuviera que utilizar algo para torturarme hasta que el corazón me explotara de tristeza, estoy seguro de que me ataría a una silla y me obligaría a verla casarse con otro que no soy yo.

Mi tiempo con ella se ha acabado oficialmente.

¿Estará nerviosa? ¿Qué estará haciendo ahora mismo?

Muy probablemente dormir: son casi las dos de la mañana.

Me he tenido que tirar toda la noche en el hospital.

Los médicos no se creían que no tuviera ningún hueso roto, ningún traumatismo en la cabeza y que me pudiera ir por mi propio pie después del accidente.

Se han empeñado en hacerme todas y cada una de las pruebas posibles y al final han terminado catalogando mi caso como un milagro.

Estaba claro que hoy no era mi día de morir…

Aunque no hubiera estado mal que lo hubiera sido… Al menos muerto no me dolería no estar con Kell.

Entro a mi habitación soltando un largo suspiro de agotamiento, que se ve interrumpido cuando veo lo que me espera en su interior: Kell está completamente dormida en mi cama, abrazando su sudadera rosa.

Mierda.

¿Qué hace aquí?

Tras mirarla unos segundos, me siento al borde de la cama. Lo hago con cuidado, pero, aún así, ella debe de notarlo, porque abre los ojos con lentitud. Mira alrededor aún adormilada, tratando de ubicarse. Al verme se incorpora de un golpe y se me tira encima.

—Estás bien… —murmura mientras me abraza con mucha fuerza.

—Estoy bien, Kell. ¿Qué haces aquí?

—Te esperaba, pero, como tardabas, me habré quedado dormida. ¿Qué te han dicho en el hospital? —Tras esa última pregunta, me suelta y se sienta sobre el colchón.

—Que tengo una flor en el culo —contesto—. No tengo nada roto ni fracturado. Solo un par de contusiones.

Ella asiente, aliviada.

—Me alegro… —Se pone un mechón de pelo detrás de la oreja y comienza a jugar nerviosamente con sus manos.

Tiene la marca de la almohada en su mejilla derecha, los labios algo hinchados y la punta de la nariz roja.

Siempre que en el pasado se despertaba a mi lado, lo hacía justo así… , y me encantaba besarla después.

Y aunque me muero por hacerlo ahora mismo, algo me retiene…

—Kell…

—Quizás no es el momento más adecuado para decirte esto —me interrumpe—. Pero… bueno, creo que me quedaré más tranquila si te lo digo. Le he contado todo a Alan. También que nos hemos besado…

Joder. Lo ha hecho…

—¿Y qué te ha dicho? ¿Se lo ha tomado mal? ¿Estás aquí también por eso?

Ella niega con la cabeza.

—Se lo ha tomado todo demasiado bien. Quizás mejor de lo que me merezco… Es buena persona, Thiago.

Le tomo la mano con delicadeza.

—Lo sé, Kell.

—Y por esa misma razón siento que no puedo dejarle así ni mandar a la mierda todo horas antes de la boda…

Él no ha dicho nada de que quiera cancelarla…

Él me quiere y yo… también… Y siento mucho haberte dicho que iba a ser valiente para después no hacer nada incluso cuando parece que las cosas son más sencillas, pero…

Sus ojos se humedecen. La detengo antes de que vuelva a intentar justificar sus pensamientos, acciones o sentimientos. Es libre de hacer lo que quiera y, sobre todo, de seguir con los planes que lleva tiempo teniendo por delante. De elegirlo a él…

—Eh, tranquila, ¿vale? Lo entiendo, Kell. No te juzgo ni te culpo. Lo quieres y lo comprendo. No tienes que darme ninguna explicación, de verdad.

Una lágrima rueda por su mejilla, pero se la limpio antes de que caiga.

—¿Vas a poder perdonarme?

—No tengo nada que perdonarte.

—Llevo dos semanas mareándote, Thiago.

Me encojo de hombros, restándole importancia. A pesar de todo, quiero que se vaya de aquí segura de que ha elegido lo correcto. Quiero que se marche tranquila con sus decisiones.

—Estoy y estaré bien, de verdad —miento.

—¿Me lo prometes? —pregunta. Su barbilla tiembla.

Sonrío con cierta tristeza. Estamos a punto de despedirnos…

—Te lo prometo, Kell.

Se aclara la garganta antes de hacer la siguiente pregunta. Sin embargo, su voz sale rota cuando habla.

—¿Y también que me olvidarás?

—Eso no puedo prometértelo, porque no pienso hacerlo.

—Thiago…

Niego con la cabeza con rotundez.

—No.

—Tienes que pasar página, por favor.

—Pasar página no implica olvidarte, Kell.

Ella me mira con sus enormes ojos azules llenos de lágrimas. Sigue teniendo la punta de la nariz roja y los labios hinchados, solo que ahora es por llorar.

—Sabes que te quiero, ¿no? Y que te voy a echar de menos.

Miro hacia otro lado cuando los ojos se me llenan de lágrimas ahora a mí.

No puedo.

El puto momento ha llegado y es real.

Voy a perderla.

Otra vez…

Ella me agarra la cabeza con sus manos y me obliga a mirarla para luego juntar nuestras frentes.

—Thiago, la vida nos ha dado la oportunidad de darle un nuevo final a nuestra historia. Vamos a decirnos todo lo que no nos dijimos en su momento, ¿vale?

—¿Qué puedo decirte, Kell? ¿Qué, aparte de todo lo que pienso que ya sabes? Creo que en estas dos semanas te he demostrado todo lo que siento por ti. No quiero sentir que nos despedimos. Otra vez no, por favor…

—¿Y qué quieres que hagamos?

—Ser tú y yo por última vez, pero como si no supiéramos que es la última.

Ella asiente con la cabeza mientras me suelta la cara.

—Está bien. ¿Quieres hacer algo en concreto?

—¿Qué tal si salimos a dar un paseo?

—¿Seguro que te sientes con fuerzas?

—Sí. Necesito tomar el aire…