Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 35
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CAPÍTULO 35

COMO SIEMPRE

Kelly

Londres, cinco años antes…

A lan aparcó el coche delante de mi casa. Apreté los dientes y jugué nerviosa con las manos sobre mi regazo. Acabábamos de tener nuestra sexta cita. Y no había sido una cita cualquiera. En esta, me había propuesto algo. Algo importante.

—Kelly… —me llamó, porque habíamos llegado, y yo me había quedado estática en el asiento.

Lo miré. Él me sonrió.

—Gracias por traerme —dije mientras me desabrochaba el cinturón del coche.

—¿Te lo has pasado bien?

Asentí, aunque no fuera del todo real. Me lo había pasado bien porque él era agradable, pero…

—Sí, como siempre…

Él se inclinó hacia delante para acercarse a mí. Por un momento se me aceleró el corazón al pensar que iba a besarme. Esto no había pasado aún. Sí, llevábamos seis citas, pero yo aún no me sentía preparada. No podía…

Sus labios se fueron a mi mejilla. Me dejó un beso suave y tierno. Sentí mi respiración entrecortada al notar su boca y su barba. Era raro. Su tacto. Era muy diferente al que estaba acostumbrada…

Cuando se alejó, me miró a los ojos con una sonrisa.

—Ya me dirás, ¿vale? No tengo prisa. Ahora sube a casa, es muy tarde.

Me llevó un par de segundos reaccionar, pero al final asentí.

Lejos de lo que cualquier persona podría pensar, no me apetecía marcharme.

Me gustaba estar sola en mi habitación, pero, por lo que tenía que pasar antes, me revolvía el estómago.

Sentí un pinchazo en el pecho por la ansiedad de verla de nuevo.

Cogí mi bolso de encima de mi regazo y abrí la puerta del coche.

Antes de bajarme, le dediqué una última mirada y una leve sonrisa.

—Gracias otra vez… —dije bajito. El nudo que tenía en la garganta no me permitía hablar más alto. Todo seguía siendo muy raro.

Alan también sonrió. Luego, cerré la puerta y caminé hacia el portal. Su coche no se marchó hasta que no estuve dentro.

Tragué con fuerza cuando me quedé sola. Me daba pánico subir a casa. No quería que nadie me preguntara. No quería tener que fingir ni contar nada. No me hacía ilusión.

Me miré en el espejo del recibidor del edificio.

Me sentía rara conmigo misma al verme.

¿Qué estaba haciendo? ¿Desde cuándo yo utilizaba vestidos de marca y maquillaje caro para tener una cita? ¿En qué momento tenía que preocuparme por mi imagen para gustarle a un chico?

No me reconocía. ¿En quién me estaba convirtiendo?

Cuando las lágrimas amenazaron con anegar mis ojos, dejé de mirarme y me subí en el ascensor con la mirada clavada en el suelo.

Al bajar, saqué las llaves del bolso y abrí la puerta de casa.

Ahí ya estaba ella.

Mi madre.

No tardó ni dos segundos en acercarse.

—¿Qué tal ha ido? ¿Te lo ha pedido? —preguntó muy ilusionada. Una ilusión envenenada. No le hacía ilusión lo que la pedida de Alan significaba para su hija, sino lo que eso la iba a beneficiar a ella…

Sus preguntas me pillaron por sorpresa. No entendía cómo ella podía haberse enterado. Fruncí el ceño y la miré confusa.

—¿Cómo…?

—Me lo ha dicho su madre. Alan le dijo que te lo iba a pedir hoy.

Me ha llamado para contármelo —Después de decir eso, me miró el cuello.

Sus ojos brillaron como estrellas cuando vio el collar que llevaba.

Me lo había regalado Alan en la cita. Ella lo cogió para verlo de cerca.

—. Vaya, después de este regalo, hasta yo le habría dicho que sí…

—Yo no lo he hecho… —murmuré. Tenía que decírselo. Iba a enterarse de todas formas. Mentirla ahora iba a ser peor.

Mi madre soltó el collar y me miró con sus fríos ojos azules. Me atravesó con ellos. Me mató.

—¿Qué? ¡¿Cómo que no, Kelly?! ¿¡En qué narices estabas pensando!?

—No estoy preparada, mamá.

Arrugó su cara con desconcierto.

—¿No estás preparada para qué? ¿Para tener una vida de lujos?

—Para salir con otro hombre.

—¿Otro hombre? —Se rio con ironía—. ¿Es que acaso ha habido uno antes?

—Fruncí el ceño y abrí la boca para replicar, pero ella se me adelantó—.

Thiago no era un hombre, era un crío. Ni en mil vidas te podría haber dado la vida que ahora, por idiota, podrías echar a perder.

¡Olvídate ya de él, Kelly! ¡Olvídate antes de que Alan se busque a otra!

Ahí fuera hay chicas mil veces mejores que tú.

Que alguien como él se fijara en ti ha sido un auténtico milagro, así que deja de hacer el tonto y no dejes escapar la oportunidad de que te solucione la vida.

Apreté los dientes con fuerza cuando me picaron los ojos.

No sabía cómo explicarle que me daba igual tener la vida solucionada. Que a mí, a diferencia de a ella, no me gustaban los hombres por el dinero que tuvieran. Que a mí me daba igual la vida llena de privilegios que Alan podía darme.

Que yo solo quería volver a casa y recuperar mi vida… A él…

Mi barbilla tembló, porque era imposible.

Ya era imposible… Con ella era imposible…

—Llámale ahora mismo y dile que sí, que eres tonta y que la sorpresa de la noticia te ha jugado una mala pasada.

Negué. No podía. Primero tenía que pensar mucho. Debía olvidar primero.

—Mamá, no pue…

Me golpeó la mejilla y eso fue la gota que colmó el vaso.

Rompí a llorar mientras me agarraba la cara. Me palpitaba y ardía.

—No puedo, no puedo… —me imitó—. ¡Cállate de una puta vez y haz lo que te he dicho! ¡Como dejes escapar a ese chico, te saco de casa y te buscas la vida sola desde cero! ¡¿Me has entendido?! —Me clavó los dedos en el brazo.

Con tal de que dejara de gritarme y de hacerme daño, le dije que sí con la cabeza.

Como siempre.