Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

MENTIRAS QUE SALEN A LA LUZ

Kelly

-A lan, te mentí —reconozco en un suspiro—. Te he mentido mucho durante estos últimos años, pero sobre todo en estas dos últimas semanas.

Él no dice nada. Tan solo se queda observándome desde la distancia que nos separa, que me parece ahora mismo prudente, pero también ridícula. Por eso, me acerco un poco a él.

—¿En qué me has mentido, Kelly? —pregunta con una calma… que no todo el mundo puede jactarse de poseer cuando su prometida le acaba de confesar que lleva toda su vida mintiéndole.

—En que sí que había algo que debía contarte. Y que esa razón es la que me ha hecho estar tan rara todos estos días.

—¿Y cuál es esa razón?

—Que…, que he vuelto a ver a mi… Que aquí… —Me tiembla la voz y la boca se me seca.

Es Alan quien ahora reduce distancias. Me agarra la mano y me la aprieta con fuerza antes de tirar de mí para guiarnos a la cama. Nos sentamos en el borde, uno enfrente del otro, y luego me trata de sacar el abrigo porque debo tener la cara roja del sofoco.

Me lo quito yo misma y luego él vuelve a agarrar mi mano para captar la atención de mis ojos.

—Kelly, puedes ser sincera. Es más, quiero que lo seas. No voy a enfadarme.

—Pues yo creo que sí. Y tendrías todo el derecho, Alan.

—No le dejo responder. No puedo parar ahora o perderé el valor que tanto me ha costado reunir—.

¿Te acuerdas de que ayer te conté que en Ribadeo dejé a mi novio?

Pues… llámalo destino, casualidad o… yo qué sé, pero tras seis años lo he vuelto a ver. Aquí, Alan.

Él suelta aire por la nariz como si estuviera algo aliviado. Como si sus sospechas se acabaran de confirmar.

—Thiago, ¿no?

—Sí…, Thiago —afirmo—. Alan, no voy a mentirte más. Volver a cruzarme en su camino ha sido complicado, pero también muy…

—¿Le sigues queriendo? —pregunta directo.

No dudo lo que contestar.

—Creo que nunca dejé de hacerlo…

Sé que mi respuesta le duele, pero no lo exterioriza.

—Entonces, ¿por qué quisiste conocerme a mí, Kelly? ¿Seguías enamorada de él entonces? ¿Todo este tiempo has seguido enamorada de él?

¿Qué hago ahora? ¿Le rompo el corazón? ¿O me lo rompo a mí…?

Asiento.

—Creo que sí, Alan. Y, realmente, yo… No estaba en mis planes conocer a nadie en Londres. Yo solo quería volver con Thiago, pero mi madre… Mi madre no me permitió dejarte escapar.

Sus ojos se abren por el desconcierto.

—¿Y qué hizo? ¿Te obligó a tener citas conmigo? ¿A fingir que te interesaba? Tú me demostraste interés también… ¿Fue todo mentira?

Le agarro la cara para que me mire.

—Alan, te juro que ahora te quiero. Fuiste y eres lo mejor que me ha pasado desde que me obligaron a irme a Londres con las manos vacías.

—¿Cómo pudiste fingirlo? ¿Cómo fuiste capaz de demostrarme un amor que no sentías en absoluto?

Las lágrimas me corren por la cara, y la culpa por las venas.

—Lo siento… Lo siento mucho… —Le acaricio la cara. Está roto. Sabía que le iba a destrozar—. Pero ahora te quiero. Y te quiero de verdad…, ¿vale?

Él se quita mis manos de la cara y se levanta de la cama. Se va a un extremo de la habitación y se toca la frente.

—¿Y Thiago, Kelly? También lo quieres a él…

Que nombre a Thiago de nuevo me recuerda la otra parte que debería confesarle. Pero no sé qué narices hacer. Creo que voy a romperle por completo si le digo lo que hice… Pero no puedo callarme ahora eso.

—Sí, tienes razón… Y tengo que contártelo, Alan, aunque nos vaya a destrozar un poco más; especialmente a ti, pero… me besé con él el otro día…

Él se da la vuelta.

Me mira desde la distancia. Tiene los ojos rojos.

—Lo sé, Kelly —murmura con la voz rota—. Alguien anoche me mandó el vídeo. Aunque te agradezco que me lo hayas confesado tú misma.

Pestañeo confundida.

—¿Cómo? ¿Quién te lo ha pasado?

—Un número desconocido.

¿El mismo que le dijo a Thiago que fuera al salón de ceremonias?

—Perdón, Alan… ¿Me dejarías verlo?

A pesar de todo, él me lo enseña. En el chat no solo aparecemos Thiago y yo besándonos en medio del pasillo; el número desconocido también le han mandado un montón de fotos y vídeos más. De cuando coincidimos en el jacuzzi, esquiado juntos, cuando discutimos en el cumpleaños de Taylor…

Joder. Nos ha estado espiando. Y algo me dice que ha sido una persona que empieza por L y termina por isa : el vídeo del beso está grabado desde la pantalla de seguridad que tiene en el mostrador.

—¿A dónde vas? —me pregunta Alan cuando ve que salgo disparada hacia la puerta.

—A decirle a una zorra que es una zorra.

Salgo de la habitación y bajo hasta la planta cero por las escaleras. Alan me sigue por detrás. Cruzo la recepción dando grandes zancadas, y me cuelo descaradamente en la fila que da al mostrador. El huésped que está hablando con Lisa se aparta cuando me pongo a su lado.

—¡Eres una zorra!

Ella me fulmina con su mirada gélida, mi agitación parece divertirle.

—¿Podrías ponerte a la cola? No, mejor dicho, ¿podrías tirar lo que sea que quieras decirme a la papelera de cosas que no me importan? —Entonces se fija en Alan, que viene detrás de mí—. Vaya, algo me dice que a horas de la boda alguien se ha enterado de algo que no debía.

—Sí, así es, pero, para tu desgracia, no se lo ha tomado como tú esperabas. Siento decirte que a Thiago no le va a hacer mucha gracia enterarse de que has intentado joderme.

—Pues al igual que saber que le has estado mareando dos semanas para terminar como has empezado; con la idea de casarte con él. —Señala a Alan con la mano.

—Querer a dos personas no es un delito.

—No ser sincera con ninguno puede que sí.

Para mi suerte, ya puedo decir que un poco más sincera sí que he sido.

Le dedico una última mirada antes de separarme del mostrador, porque seguir hablando con ella es perder el tiempo.

Me acerco a Alan, pero, cuando le pregunto si volvemos a subir a la habitación para hablar juntos, él niega con la cabeza.

—Voy a estar un rato a solas, ¿vale?

—Pero…

—Tan solo necesito pensar.

—Nos vemos esta noche… —concluyo, afligida.

Alan asiente y luego se va.

Yo subo a nuestra habitación, solo para coger algo de mi mesilla de noche, y me dirijo a otro lugar…