CAPÍTULO 33
QUERER Y/O AMAR
Kelly
H oy he vuelto a esquiar. Pero no ha sido tan emocionante como lo recordaba. Supongo que no hace falta explicar por qué…
Solo ha sido un rato, porque, aunque tenga la pierna mejor, no me he atrevido a forzarla demasiado. Alan, por otro lado, se ha tirado toda la mañana en las pistas. Está de los nervios. Necesitaba soltar tensiones por lo que tenemos por delante en menos de veinticuatro horas.
Menos de veinticuatro horas…
¿En qué momento ha llegado el día previo a la boda?
¿En qué momento los días se han pasado tan rápido?
¿En qué momento mi tiempo con Thiago ha vuelto a prácticamente acabarse?
No pienso hablar de mis sentimientos. No, porque son desesperantes y confusos. No, porque voy a volverme loca de verdad.
Literalmente llevo toda la semana pensando negro y diciendo blanco, y ya no puedo más con tanto ajetreo en mi cabeza.
He decidido no pensar, solo actuar.
Ahora mismo me encuentro con Alan merendando en una de las cafeterías que está a pie de pista en la estación.
Aunque trate de disimularlo, lo noto algo raro.
Lleva así desde aquel mensaje que supuestamente no era nada.
De hecho, después de mi última respuesta anoche, casi no volvimos a hablar de nuevo.
Me quedé con mucho que contarle, por supuesto, pero lo notaba tan desconcertado que no sentí que fuera el momento ideal…
Aunque, si tengo que ser sincera, por alguna razón no me he atrevido a preguntarle al respecto de nuevo.
Ahora mismo está mirando la montaña completamente pensativo y con sus gafas de sol Ray-Ban puestas, y yo lo estoy mirando a él tratando de descubrir de quién o qué era ese mensaje.
Lleva todo el día con el móvil guardado en el bolsillo o fuera de mi alcance. Cada vez que le llega un mensaje lo justifica con que son «cosas del trabajo», y sigue con su vida.
¿Y si ha llegado a sus oídos que…, joder, me he besado con Thiago?
Me he besado con Thiago…
Le he sido infiel a Alan…
Mierda.
¿Qué cojones he hecho? ¿Y por qué de lo que me arrepiento no es de que ocurriera, sino de no haberlo hecho mucho antes…?
No pienso justificarme de ninguna forma.
Lo que he hecho no me exculpa de mis sentimientos. No quiero que se me excuse, porque lo que he hecho solo tiene un nombre y es «maldad».
Si tuviera que ser sincera, mi infidelidad hacia Alan no ocurrió cuando me besé con Thiago.
Mi infidelidad hacia él comenzó… cuando volví a ver a la persona que por un tiempo llegué a pensar que estaba empezando a superar, pero que solo necesitó un par de segundos a mi lado para recordarme lo mucho que lo había echado de menos, lo mucho que lo quiero y lo poco superado que lo tengo.
A veces se es mucho más infiel de pensamientos que de acciones…
, y como esos no se pueden demostrar…, ¿de qué me tengo que culpar realmente?
¿Solo del beso? ¿O también de todas las veces que en esta semana he tenido ganas de mandar a la mierda todo lo que tengo previsto, para irme a ser feliz con el chico que nunca podré encontrar en otros lugares o personas?
Lo que sentí cuando nos besamos…
Llevaba años sin sentir tanto. Sin que me temblaran las piernas de esa forma. Sin que sintiera que el corazón me iba a atravesar el pecho por la adrenalina, pero también por la cantidad de sentimientos guardados y revividos…
De verdad que no miento cuando digo que quiero a Alan con todo mi corazón y que ha sido la persona más… humana, tierna y comprensiva que he conocido en estos últimos años, pero…, quizás, estas dos semanas me han servido para aprender a darme cuenta de tres cosas…
Que querer no es lo mismo que amar.
Que yo no amo a Alan, que yo lo… quiero.
Y, quizás, por esa misma razón, debería serle sincera de una vez.
Porque no sé qué es lo que le habrá llegado al móvil para de pronto comportarse así conmigo, pero si hay alguien que debe contarle la verdad sobre lo que ha pasado estas dos semanas y sobre lo que de verdad siento, esa soy yo.
Cojo aire y pongo mi mano vestida con un guante rosa encima de la suya sobre la mesa de madera en la que nos encontramos.
Aquello llama su atención y deja de mirar la montaña para mirarme a mí. Se levanta las gafas y se las deja sobre el pelo para observarme con atención, porque ha debido sentir que mi forma de agarrarlo de la mano no era un simple gesto apreciativo, sino que tengo algo que decirle.
—Alan…
Veo en su cara una mueca que me indica que desea que le sea sincera, pero también que por favor no lo sea.
—Yo… —empiezo diciendo con un nudo en la garganta…, cuando algo a mi izquierda me llama la atención.
Frunzo el ceño al ver a Elsa y a Oliver correr a toda velocidad hacia algún lugar de la estación. Parecen muy preocupados.
No sabría explicar realmente por qué, pero el corazón se me acelera de repente.
Y puede que sea solo puro instinto, pero algo me hace levantarme de mi asiento y salir corriendo detrás de ellos… sin tener ninguna razón.
Me quedo helada cuando, a lo lejos, cerca de la entrada del hotel, veo una ambulancia aparcada y a un montón de gente a su alrededor.
A pesar del dolor en mi pierna, corro aún más rápido y me adentro entre la multitud.
Mis ojos se abren como platos cuando veo a Thiago en una silla de ruedas con la cara medio ensangrentada mientras un médico lo atiende.
—¡Thiago! —chillo alarmada, y trato de acercarme a él, pero uno de los de la ambulancia me lo impide.
Me dice a mí y al resto de gente que dejen espacio y que se marchen.
Yo no lo hago, sino que insisto para que me dejen acercarme a él. Solo me dan paso cuando terminan de atenderlo. Bueno, a mí, y a Elsa, Oliver y Taylor, que ha llegado más tarde.
—¿Qué ha pasado? —le pregunto nada más acercarme.
Él frunce el ceño, parece bastante confuso. A pesar de ello, puedo notar que una parte de él se alegra de que esté aquí…
—No me acuerdo mucho… Tan solo que estaba bajando la pista, que un kamikaze se me cruzó, y de pronto luego aparecí tirado en el suelo. Pero estoy bien, tranquila.
Estoy a punto de preguntarle si ha estado inconsciente, cuando un médico interrumpe.
—Vamos a llevarte al hospital a hacerte unas pruebas.
Thiago niega con la cabeza.
—No hace falta, estoy perfectamente.
Se levanta de la silla como si nada, pero cuando está completamente de pie debe marearse, porque se choca conmigo. Me veo en la obligación de sacar toda mi fuerza para que no se caiga.
—Yo creo que sí que hace falta —le digo mientras paso su brazo por mis hombros para soportar mejor su peso.
—Qué va. Lo de tambalearme hacia un lado lo he hecho a propósito. ¿No ves dónde he terminado? —Me señala con los ojos.
Niego con la cabeza sin poderme creer que tenga ganas de bromear después del accidente que ha sufrido.
—Muy sutil —ironizo.
—Muy mío.
—¿El qué?
—Querer estar a tu lado todo el rato —me dice al oído.
No me da tiempo a asimilar su respuesta y mucho menos a contestarle, porque de pronto Oliver lo separa de mí y hace que se siente de nuevo en la silla de ruedas.
—Otro día te haces el tío duro, ¿vale? Hoy ya nos has acojonado lo suficiente —le dice Elsa, y acto seguido suben su silla a la ambulancia sin que le dé tiempo a volver a negarse.
Yo voy a ir detrás de ellos, cuando un golpe de realidad me da en la cara.
Alguien me agarra del brazo y me detiene en seco.
—¿Kelly? —me llama Alan con la cejas elevadas. Con esa mirada sí que me está exigiendo explicaciones.
Yo trago saliva y miro sobre mi hombro.
Thiago está mirándome para saber si voy con él.
¿Qué se supone que debo hacer?
Quiero ir con él y asegurarme de que todo está bien, pero…, joder, no puedo. Le debo a Alan mucho. Mucho más de lo que le voy a ser capaz de entregar con unas simples explicaciones. Sin embargo, tengo que hacerlo.
Exhalo el aire lentamente y lo vuelvo a mirar.
Ya está.
No puedo rizar más el rizo.
No puedo alargar más el momento.
Ya tiene todo lo necesario para no solo querer saber lo que pasa, sino para exigirme que se lo cuente hasta el último detalle.
Y lo voy a hacer.
—Vámonos a la habitación. Ahí te lo explico todo.