CAPÍTULO 31
NI CONTIGO NI SIN TI
Thiago
«N o podemos aplazar la boda. No podemos y no quiero. Quiero casarme contigo aquí, Alan.»
Escuchar eso de la boca de Kelly me ha matado.
Ver cómo lo besa y cómo prepara con él el baile de bodas me ha enterrado.
La he perdido completamente. Aunque, bueno, nunca ha vuelto a ser mía … No sé hasta qué punto la palabra «perder» define lo que siento ahora mismo dentro.
Todo está en la mierda.
Absolutamente todo.
Probablemente Taylor deje el equipo, y Elsa y Oliver van a su rollo.
Lisa me odia por un día besarla y al otro ni mirarla.
Y Kelly…
Pues bueno, está a punto de hacer con otro hombre lo que siempre prometió hacer conmigo.
Mis ganas de pirarme muy muy lejos de este lugar me invaden a cada segundo que pasa.
De nuevo nada vuelve a tener sentido.
De nuevo, un lugar vuelve a pertenecerle, cada rincón me recuerda a ella. Ha vuelto a arrasar con todo. Con mi corazón, con mi hogar, con mis esperanzas…
Joder, la odio.
La odio porque se adueña de todo en un segundo.
La odio porque es imposible desear tenerla lejos.
Voy de camino a los ascensores para bajar a pillarme algo de cena y comérmelo en la habitación para no tener que interactuar con nadie y para que nadie me vea hecho una auténtica mierda, pero al final del pasillo aparece alguien que se acaba de bajar de uno de ellos.
Para una puta vez que no quiero coincidir…
Ambos nos miramos desde la distancia y luego desviamos la mirada a otro punto del pasillo.
Ninguno de los dos tiene pensado cambiar el rumbo a su destino.
A mí he de reconocer que las ganas me invaden. No puedo verla porque, hacerlo, es recordarla besándolo a él.
Kelly levanta el mentón y apresura el paso.
Yo hago lo mismo.
Pasamos una al lado del otro sin mirarnos a la cara, y a mí eso me pone de mala leche.
¿Qué cojones le he hecho yo a ella?
Paro en seco y me doy la vuelta. Cuando me la encuentro de cara, entiendo que nos hemos girado al mismo tiempo.
—¿Y a ti qué narices te pasa? —nos preguntamos a la vez.
Los dos nos señalamos con el dedo índice.
—¿A mí? ¿Qué te pasa a ti? —volvemos a decir a la vez.
—A mí nada —se apresura a contestar ella.
—A mí tampoco —contesto yo.
Ambos nos miramos de arriba abajo y luego chistamos con ironía. Nos volvemos a dar la vuelta dispuestos a continuar con nues- tro camino, pero volvemos a detenernos cuando tan solo damos dos pasos.
Nos giramos a la vez para mirarnos de nuevo.
Kelly se cruza de brazos y es la primera en hablar.
—¿Se puede saber qué narices te he hecho para que de pronto no quieras ni mirarme a la cara? —me pregunta.
—Tan solo estoy intentando no interferir en tus planes, ya que veo que los tienes muy claros.
—Thiago, yo nunca he dicho que no fuera a…
—¿Entonces por qué me has mandado un puto mensaje diciéndome que vaya al salón de ceremonias porque querías hablar conmigo, cuando en realidad estabas ahí con él? Es muy mezquino jugar así con mis senti…
—¿Qué? —me interrumpe ella—. Yo… Yo no te he enviado nada, Thiago.
—¿Cómo que no?
Saco mi móvil del bolsillo del pantalón y le enseño el mensaje, que ella lee con el ceño fruncido. Luego niega con la cabeza.
—Aunque vaya firmado con mi nombre, yo no he enviado eso. Ese no es mi número de teléfono.
—¿Y quién narices me ha enviado este mensaje? ¿Y por qué se hace pasar por ti?
Kell se encoge de hombros.
—Pues no lo sé, pero yo no he sido, te lo juro.
Me guardo de nuevo el móvil mientras pienso en quién narices ha podido ser, y solo salgo de mis pensamientos cuando Kelly pasa por mi lado para marcharse. Agarro su muñeca y la freno.
Juro que esta es la última vez que lo intento.
Si quiere que me marche, lo haré.
Si quiere que me quede…, lo haré toda mi vida.
Le aparto el pelo de la cara y luego se la acuno entre mis manos. Le paso los pulgares por los pómulos y hago que clave su mirada azul en la mía.
—Dímelo, Kell.
—¿Qué…?
—Que me tengo que olvidar de ti para siempre. Que se acabó. Que no debo seguir ilusionándome.
—Yo no soy nadie para manejar tus sentimientos hacia mí, Thiago. Haz lo que consideres, pero no me pidas…
—Es que no lo entiendo… —contesto, agotado—.
¿Por qué? ¿Por qué me toca a mí ser tu «ni contigo ni sin ti»?
Joder, Kell, es que no me vale que me digas que me quieres cuando luego no haces nada para demostrarlo.
Una vez me prometí que si te volvía a ver no te dejaría marchar de nuevo, pero ya te dije adiós una vez…
, puedo hacerlo dos si tú me lo pides. Pero tienes que pedírmelo, tienes que ser justa conmigo.
»Convénceme de que no tengo que desvivirme hasta el último segundo por volver a tenerte a mi lado. Porque lo haría. Aunque solo existiera una mínima posibilidad, me desviviría por ti, Kell. Lo haría sin pensármelo. Porque te quiero. Porque no puedo…
—Joder, cállate ya —dice para interrumpirme, y luego me agarra de la camiseta y tira de mí.
Cuando me quiero dar cuenta…, Kelly me está besando.
Me pilla tan desprevenido que me quedo estático como un idiota. Se separa de mí en cuanto se da cuenta de que no le estoy devolviendo el beso. Me mira unos segundos, pero, como no reacciono, me da un golpe en el pecho.
—Que te jodan, Thiago —dice, y se separa de mí.
Y entonces salgo de mi estupor, la agarro de la cintura y la vuelvo a colocar contra la pared.
—Mírame.
—Puede vernos alguien —dice mientras trata de mirar a ambos lados, pero le sujeto la cara para que solo me vea a mí.
—No sabes cuánto me la suda —contesto en español, y los ojos de Kelly se abren ligeramente por la sorpresa.
—Ya…, vale… Me empiezo a cansar, Thiago… —dice también en español, siguiéndome el juego, cuando me quedo mirándola sin hacer nada.
—¿De qué?
—De esperar.
—¿El qué?
—El beso que tus ojos gritan que me quieres devolver.
Sonrío con ironía. Creo que mis ojos dicen algo mucho menos inocente.
—Más bien es el beso que llevo años esperando poderte dar.
A Kelly se le acelera el pulso y entreabre los labios para regular la respiración agitada.
Entonces, cuando me mira con esos ojos azules brillantes y enormes con los que llevo seis años soñando, cumplo el deseo más agridulce de mi vida.
Porque no sé qué me depara besar a Kelly en este instante, pero me da igual, y no pienso parar.
Llevo ambas manos a su cara para profundizar el beso. Kelly las lleva a mi nuca y tira de mi cuello para que me pegue más a ella.
Dios mío, cómo la he echado de menos…
Sus labios siguen igual de dulces, suaves y adictivos. Saben a Kell. Saben a paz. Saben a todo lo bonito que tiene este puto mundo.
Su lengua se enreda con la mía y sus manos tiran de mi pelo.
Le rodeo la cintura y, cuando tenemos que separarnos para respirar, la levanto del suelo y empujo la puerta de emergencia que tenemos al lado para seguir con esto en un lugar más privado.
Creo que he oído a un par de huéspedes silbar al pasar por nuestro lado.
—Besas diferente —me dice tras otro beso intenso y largo. La tengo en brazos, contra la pared. Sus piernas están alrededor de mis caderas y los dedos de su mano están jugando con mi pelo.
Este debe ser un puto sueño.
—¿Mejor? —pregunto mientras rozo nuestros labios. Tengo la respiración agitada. Quiero seguir besándola.
Kell está dispuesta a darme una repuesta, cuando el timbre de su móvil rompe nuestra burbuja. Por mucho que trate de ocultar el nombre que aparece en la pantalla, lo veo a la perfección: Alan.
Su prometido.
Mierda…
Ahora no, joder…
Tras dejarla en el suelo, se queda mirando la pantalla durante unos segundos, hasta que la llamada se corta. Luego levanta la mirada hacia mí y comienza a balbucear en busca de alguna palabra. Adivino qué va a decir antes de que lo haga…
Aunque nos hayamos besado, nada ha cambiado todavía…
—Lo siento, Thiago, tengo que irme… Tengo que cenar con mi… familia.
Yo doy un paso atrás y le dejo espacio para que se marche, pero la retengo un instante por el brazo.
—Ven a mi habitación después —le pido, y saco de mi bolsillo una de mis llaves de la octava planta.
Niega con la cabeza con la mirada clavada en la tarjeta.
—Thiago…
—Tú cógela. Por si acaso.
Lo hace.
—No voy a poder ir.
—Hoy quizás no, pero a lo mejor otro día…
Kelly resopla mientras se guarda la tarjeta.
—Siento que esto tenga que ser tan difícil —murmura con la voz quebrada y los ojos brillantes.
—¿Te arrepientes? —me atrevo a preguntar.
Me mira durante un par de segundos y luego niega con la cabeza.
—De lo único de lo que me arrepiento es de no haber sido valiente hace unos años…
—¿Se lo vas a contar?
—… y de tampoco serlo ahora —esa respuesta lo dice todo.
—Kell…
—No sé qué va a pasar de aquí a tres días, Thiago, pero espero que para entonces no te haya roto el corazón más de lo que creo que ya lo he hecho.
—¿Me estás diciendo que sigue existiendo la oportunidad de que tú y yo…?
—Por mucho que quisiera, esa posibilidad nunca desaparecerá. No contigo aquí… —Se frota la cara, cansada—. Se me agota el tiempo para aprender a ser valiente, pero te prometo que lo voy a intentar.
Asiento y le suelto el brazo para que se marche. Ella abre la puerta de emergencias y antes de salir, se gira para decirme:
—Por un momento, sentía que el tiempo se había parado.
Y se marcha.