Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

ESOS LABIOS SON MÍOS

Kelly

Y o estaba equivocada. Sí había algo más fuerte que sentir a Thiago borde conmigo para hacer que mi vaso rebosara hoy, es verlo besarse con Lisa.

Cuando Alan y yo hemos vuelto de cenar, cerca de la parte trasera del hotel, nos los hemos encontrado y les hemos pillado de lleno en mitad del beso.

Thiago se asombró al verme cuando se separaron, pero esta vez apartó rápido la mirada de mí. Yo, sin embargo, no puede hacer lo mismo.

Y me arrepiento.

Me arrepiento de no haber apartado la mirada cuando he reconocido su pelo rubio mientras besaba a Lisa, y de no haberlo hecho después de que nuestros ojos conectaran, porque recordar la forma en la que él ha mirado hacia otro lado como si nada me ha dolido más de lo que me gustaría admitir.

Está claro que con Alan aquí ya no le importo, que se acabó de verdad para los dos…

Pero, a pesar de ello, soy incapaz de olvidarlo.

Trato de borrar de mi mente el maldito beso y su mirada, pero no funciona. Se repite en bucle, de forma lenta, detallada, mortificante.

Para.

Para.

Para.

Cuanto más fuerte cierro los ojos, más nítida es la grabación mental que se repite en mi mente.

Los veo juntos, veo su forma de besarla, igual a la forma en que me besó a mí en el pasado miles de veces.

Esos labios son míos.

Ese beso era mío.

«No puedes, Kelly. No puede afectarte ver cómo se besa con otra chica. No puedes pensar en eso. Joder, ¡no puedes! Para de una vez».

Unas manos enormes me rodean la cintura de pronto y me sobresaltan.

—Dios mío, Kelly, vas a pillar una pulmonía, mi amor —Alan gira los mandos de la ducha para que el agua deje de salir congelada y empiece a salir más templada.

Suspiro de alivio cuando noto el agua caliente, porque, joder, me estaba quedando helada.

Alan me besa en el hombro y me da la vuelta para que quede frente a él. Me aparta el pelo de la cara y me mira fijamente.

—¿Estás bien, cielo?

Yo asiento y lo atraigo hacia mí; la ducha efecto lluvia le empapa la cabeza.

—Solo cansada —contesto—. Ha sido un día muy largo.

«Y este será de los más sencillos…».

Alan me da un beso en la frente.

—¿Quieres que te dé un masaje? —pregunta, pero, antes de que pueda responderle, él ha bajado sus manos a mis hombros.

Cierro los ojos y echo la cabeza para atrás mientras me muerdo el labio inferior y suspiro de alivio.

Alan me hace girar de nuevo para que le dé la espalda y poder hacerlo mejor. Me masajea los hombros, baja por la columna, me destensa la nuca. Sus manos son mágicas, lo juro.

—Empiezo a sospechar que te quieres casar con mis manos en vez de conmigo —bromea cuando se las beso en forma de agradecimiento tras unos cortos pero intensos minutos de masaje.

Me doy la vuelta y le abrazo la cintura antes de ponerme de puntillas para darle un beso ahora en los labios.

—Puede ser…, pero siempre y cuando tus manos vayan contigo, no tienes de qué preocuparte, ¿no crees?

Alan sonríe ligeramente mientras me observa. Si hay algo que siempre me ha gustado de él, es que me mira mucho. Que le gusta hacerlo.

—Te he echado de menos —me dice.

Yo trago saliva.

—Yo también…

« Mentirosa ».

Alan me coge en brazos de pronto, haciendo que le rodee las caderas con las piernas, y pega mi espalda contra la piedra de la pared de la ducha.

Tras unos besos y algunas caricias bajo el agua, Alan se adentra en mí. Lleva a flor de piel lo mucho que me ha echado de menos, y yo lo recibo con la misma ansia, porque, joder, yo también necesitaba follar.

Le clavo las uñas en la nuca cuando él empieza a acariciarme el clítoris a la vez que me penetra. Nuestros jadeos se acompasan.

—No se te ha olvidado tomarte las pastillas, ¿verdad? —pregunta cerca de mis labios, para luego morderme ligeramente el inferior.

Yo niego.

—Puedes correrte dentro —le digo, y él no tarda en hacerlo.

Pero ninguno de los dos tiene pensado conformarse con este polvo rápido. Ahora que ambos nos hemos quitado el ansia, toca la sesión lenta, delicada y más larga.

Alan me deja en la cama y se pone encima de mí. Mete su cabeza en el hueco de mi cuello y hombro y comienza a besarme. Yo cierro los ojos y me centro en el roce de sus labios. En lo que mi cuerpo siente, y no en lo que mi mente dice.

Me muerdo el labio inferior cuando me abre las piernas una vez ha bajado sus besos a mis caderas, y hago un sonoro gemido cuando comienza a besarme y chuparme el coño. Le agarro del pelo cuando la espalda se me arquea y los dedos de los pies se me encogen.

Joder.

Joder.

Joderrrr.

Necesitaba muchísimo esto.

Suelto su pelo y estrujo las sábanas con todas mis fuerzas.

—Dios, Thi…

Abro los ojos de golpe y me llevo una mano a la boca.

Miro a Alan, pero él no parece haberse dado cuenta de que casi gimo el nombre de mi exnovio, porque sigue muy concentrado en lo suyo.

Lo alejo de mí. Él me mira confundido, porque todavía no me he corrido. Me incorporo en la cama, me bajo y me arrodillo delante de él.

—Me toca…

Mientras se la chupo al menos podré mirarlo a los ojos, ser consciente de con quién estoy, y tendré la boca ocupada…

«Joder, Kelly, ibas a gemir su nombre mientras es otro hombre el que te está haciendo gemir. Esto ya es demasiado…».

Mierda, mierda, mierda.

No. No me pueden venir recuerdos de él haciéndomelo. No cuando tengo en la boca la polla de mi prometido.

Estoy a punto de pasar de tenerlos a los dos, a no tener a ninguno por no ser sincera con ellos. Estoy a punto de joderlo todo…

Aunque, en realidad, creo que ya lo he jodido.