Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 26
62%

CAPÍTULO 26

ESA ES MI KELL

Thiago

N ormalmente no suelo utilizar las instalaciones del hotel. Hace mucho que sentí que les saqué la rentabilidad suficiente. Sin embargo, hoy, después de mucho tiempo, he vuelto a salir solo al jacuzzi exterior al que muchas veces he salido con Lisa…

Sentía que necesitaba enfriar la mente, y la ducha helada que me he dado en mi habitación no ha servido de nada.

Aunque sea uno de los lugares que más les llama la atención a los huéspedes al llegar, casi siempre está vacío: con una vez exponiéndose al contraste de temperaturas de cuerpo hirviendo y cabeza helada les basta.

No me quiero imaginar lo que Kell debió sentir cuando nos vio a Lisa y a mí intentar entrar medio desnudos.

Joder.

Posiblemente algo parecido a lo que yo estoy sintiendo al verla a ella aproximarse con un bañador negro.

Kell se queda petrificada cuando me ve, justo después de dejar sus zapatillas y su albornoz en los bancos de madera rodeados de calefactores.

—Ostras… —murmura—. Perdón, pensaba que estaba… vacío.

Yo me recoloco en el jacuzzi. Saco los brazos y los apoyo en los bordes, mientras la miro con atención.

—Está casi vacío.

—Ya…

Se cruza de brazos, como tratando de taparse un poco.

«Venga, Kell, como si no te conociera hasta el alma».

—Hay sitio suficiente para los dos —indico.

Ella me mira a mí y luego al jacuzzi, y, tras unos segundos en los que parece tener una lucha interna, comienza a andar al interior mientras murmura cosas, que deben de ser insultos, por el frío que hace fuera.

Yo sonrío disimuladamente cuando suelta un jadeo de placer al notar el agua caliente, y no le quito los ojos de encima mientras se coloca en el extremo contrario del jacuzzi.

Tiene su pelo negro recogido en un moño algo desordenado, y las mejillas sonrosadas por el frío.

De sus labios sale vaho cada vez que jadea de alivio por el calor del agua.

—¿Qué tal la visita al restaurante? —pregunto de pronto, pillándola por sorpresa.

Kelly traga saliva y asiente con la cabeza.

—Bien. Ya está todo listo.

Aprieto la mandíbula con fuerza por unos segundos.

—Me alegro.

Kell bufa.

—No hace falta que finjas que te entusiasma saber que los preparativos de mi boda van bien.

Frunzo el ceño.

—Pues claro que no me entusiasma, Kell, pero eso tampoco quiere decir que no quiera que uno de los días más especiales de tu vida salga mal.

Ella inspira hondo, echa la cabeza para atrás y cierra los ojos.

—He salido aquí para intentar olvidarme diez minutos de que me caso en cinco días. Por favor, no hablemos de eso.

—¿Y de qué quieres hablar?

—También existe la opción de no hablar de nada.

Me encojo de hombros y aparto la mirada, pero no soy capaz de aguantar más de cinco segundos seguidos.

Cuando vuelvo a tener los ojos clavados en Kell, ella está mirando hacia su derecha, pero al cielo. Está observando las estrellas mientras suspira.

¿Por qué una parte de mí ahora mismo quiere salir corriendo del jacuzzi?

Joder, es que escuchar que tiene todo lo de la boda zanjado le ha dado mucho sentido a la realidad que tengo por delante…

No tiene pensado detener los preparativos…

Por mucho que anoche me dijera que me quiere, no va a cancelar su boda.

«Joder, pues claro que no, Thiago. ¿Qué cojones te piensas? Lleva varios años con ese tío… ¿En una semana y media va a echarlo a perder todo? ¿Por ti?».

Un chorro de agua en mi cara me saca de golpe de los pensamientos.

Miro a Kelly sin entender nada mientras me echo el pelo, ahora mojado, para atrás.

—¿Qué haces?

—Te habías quedado embobado mirándome fijamente. Me empezabas a dar miedo.

Le salpico mucho más fuerte de lo que ha hecho ella, y consigo empaparla completamente.

—¡Thiago! —chilla mientras se pasa las manos por la cara.

Yo suelto una carcajada al ver su expresión de asombro, pero también de enfado.

Y, como intuía que iba a ocurrir, me lo devuelve de nuevo, pero esta vez con mucha más fuerza y algo picada, porque es verdad que me he pasado un poco.

—Atrévete a hacerlo otro vez —me amenaza muy seria.

Yo me cruzo de brazos y la miro con el entrecejo fruncido mientras trato de ocultar una sonrisa.

—¿Y qué si lo hago?

—Pues que a lo mejor te ahogo aquí mismo.

Sonrío, porque me muero por ver cómo intenta ahogarme en un jacuzzi cuya altura no me llega ni al ombligo.

Hago el amago de lanzarle agua y ella se lleva los brazos a la cara para taparse con ellos.

Yo me rio cuando, tras dos amagos más, vuelve a hacer lo mismo.

—¿Te da miedo el agua o qué? —pregunto, divertido.

Me lanza una mirada matadora, y luego empuja agua contra mí.

—¿Y a ti? —me devuelve la pregunta, con el mismo deje de diversión que yo.

Me paso una mano por la cara para quitarme el agua y me echo el pelo para atrás de nuevo, mientras que con la otra mano busco su pie bajo el agua.

Cuando se lo encuentro, le agarro del tobillo y tiro de ella con todas mis fuerzas, hundiéndola en el jacuzzi.

Sale a los dos segundos parpadeando varias veces para aclarar su vista mientras escupe agua, porque ha debido de tragar un poco.

—¡Thiago, joder! ¿¡Tú eres idiota o qué!? —chilla. Luego se endereza en el agua de nuevo.

—Has empezado tú.

Se le abre la boca muchísimo.

—Te voy a ahogar.

Me encojo de hombros.

—Inténtalo.

—¿Crees que no puedo? —Se le entrecierran los ojos, porque me mira desafiante.

«Esa es mi Kell».

—Lo que creo es…

No me da tiempo a decir nada más, porque se me tira encima.

Joder. Se me había olvidado la fuerza que puede llegar a tener estando enfadada.

Me hunde en el agua y me aprisiona la cabeza contra el fondo del jacuzzi con su pie derecho durante mucho tiempo y con mucha fuerza.

Si respirar no fuera algo de vital necesidad, la habría dejado hundirme el tiempo suficiente para que creyera que me había ganado la pelea. Sin embargo, en cuanto mis pulmones exigen aire, la pellizco en un costado y comienzo a hacerle cosquillas, de modo que consigo salir a la superficie.

Me mete una patada para que no me acerque a ella, pero comete un gran error, porque le agarro del tobillo y la atraigo contra mí. Le rodeo la cintura con mi brazo, le doy la vuelta hasta que su espalda choca con mi pecho y la pego al bordillo del jacuzzi.

—Bastante mal, Kell —opino, con la respiración algo agitada.

—Has hecho trampas —dice, exasperada.

—Ah, ¿que había reglas?

—¿Tanto deporte y no sabes aún lo que es jugar limpio?

—¿Me lo dices tú, que me has pegado una patada en el estómago y casi me haces echar un intestino por la boca?

Ella se ríe muy bajito.

—Ha sido en defensa propia.

—Pues lo siento, pero no te ha servido de mucho.

—Thiago… —advierte.

—¿Qué? —pregunto cerca de su oído y, como tiene los brazos fuera del agua, puedo ver que se le ha erizado la piel.

Joder, Kell…

«Tú sabes lo que quieres… Sabes que me prefieres a mí. Sabes que yo puedo ser mejor que él».

—¿Qué, Kell? —insisto.

Apoya su cabeza en mi pecho y suspira.

—Que te estás viniendo arriba.

¿Lo estoy haciendo en realidad?

—Tan solo me estoy defendiendo de la loca que hace unos segundos quería matarme.

Ella traga saliva.

—Ya, bueno, pero desde fuera esto se podría estar malinterpretando.

—No hay nadie.

—Eso mismo creías hace una semana y poco, ¿no? —pregunta con cierto tono irónico, y eso me lo tomo como una última señal de que pare de una vez.

La suelto y Kelly se da la vuelta para mirarme a los ojos en completo silencio.

—¿Vas a irte?

—Sí. Mañana tengo que madrugar.

—¿Y eso?

—Alan llega temprano.

Asiento mientras noto un centenar de cuchillos atravesándome el corazón. Mi peor pesadilla se va a hacer realidad.

Voy a verla con otro de verdad.