Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 25 #2
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CAPÍTULO 25 #2

—Joder —murmura, mirando detrás de mí.

Le toco el brazo derecho para captar su atención de nuevo.

—No vuelvas a hacer algo así. Ya no necesito que me vayas protegiendo por ahí, Thiago. Soy adulta, y tú y yo…

—Me sale solo.

Retiro mi mano de su brazo.

—Ya… Pues más te vale controlarte. No está muy bien de la cabeza. Me ha dicho que te prepares. Va a ir a por ti.

Se ríe y se levanta de la cama. Se dirige al armario.

—Le espero con ganas.

Pongo los ojos en blanco.

Estoy a punto de decirle que deje de comportarse como un adolescente, pero ver algo caerse del interior de su armario cuando lo abre capta toda mi atención.

A pesar de que trata de recogerla rápido del suelo para guardarla de nuevo, soy más rápida que él y se la quito de las manos.

—Kell… —dice, mientras la desdoblo para verla bien.

Joder.

Esta sudadera era mía… Era mi favorita hace seis años. Creía que la había perdido en la mudanza…

—¿Por qué tienes esto?

—Porque es tuya.

—¿Me la quitaste?

Niega con la cabeza.

—No te la di cuando saqué tus cosas del maletero el día que… No la vi.

Vuelvo a mirar la sudadera. Está mucho más desgastada de lo que la recuerdo…

Esta sudadera me la regaló él. La compró en A Coruña, en una de las competiciones a las que fue con su escuela de surf.

Era la competición más importante en la que iba a participar y la primera en la que salía de su provincia.

Fue como representante de Lugo. Yo no pude ir porque la noche anterior ingresaron a mi padrastro en el hospital.

Cuando volvió, me dijo que lo único que había sacado de la competición era una sudadera hortera de color rosa para mí. Sin embargo, cuando la saqué de su maleta, vi que debajo escondía un trofeo. Thiago había ganado, y yo no pude estar para verlo.

Esa sudadera se convirtió en mi favorita porque…, no sé, aunque todavía no éramos novios, pensar en que se detuvo a comprar algo para mí con su dinero y saber que pensó en mí en otro lugar estando lejos de él me hizo sentir especial.

—¿Te la has puesto? —pregunto.

—No, claro que no.

La huelo. Huele muchísimo a él, pero también a mí. O, por lo menos, a como yo olía hace seis años.

—Kelly… —me llama cuando me levanto de la cama para dirigirme al baño—. Eh, espera.

Trata de sujetarme del brazo, pero no lo consigue. Me meto en el baño y, como si fuera mío, comienzo a mirar en sus cajones. Me quedo helada cuando encuentro lo que quiero.

Me siento en el suelo con el frasco de colonia entre mis manos. Lo destapo y lo huelo. ¿Cómo un simple olor puede hacerte evocar tantos recuerdos?

Con trece años vi a la protagonista de mi peli favorita anunciarla en la tele, y ¡dios mío!, ¡qué perra di hasta que conseguí que mi madre me la comprase! Fui tan pesada, que para que me callara me compró ocho frascos y me dijo que como dejara alguno sin terminar me lo haría beber.

—Ahora mismo pensarás que soy un loco o un perturbado por tener tu perfume y tu sudadera, y lo entiendo, pero…

A la mierda.

Deja de hablar, sobresaltado por el varazo que le doy.

Cierro los ojos y trato de ser sincera conmigo misma mientras lo siento contra mí.

Lo quiero.

Lo quiero como nunca podré querer a nadie más.

Y eso no es justo para la otra persona a la que supuestamente debería amar con todas mis fuerzas.

¿Qué hago? Joder, ¿qué narices puedo hacer?

Mientras yo pensaba que Thiago me odiaba con todo su ser…, él estaba conservando la sudadera que me olvidé en su casa y mi perfume…

—¿Tienes algo más, Thiago? Algo mío…

Lo miro a los ojos cuando alejo mi cabeza de su pecho, y veo que se está mordiendo el labio inferior.

—Lo suficiente como para recordarte hace seis años —contesta—. Lo suficiente como para destrozarme el corazón al saber que lo que tengo ya no te representa.

Y, joder, tiene razón.

He cambiado de perfume.

Ya no uso sudaderas.

Ya no soy la misma…

—Enséñamelo.

Tras esas palabras, me separo de él y comienzo a mirar la habitación.

Sobre el pequeño escritorio o mesa auxiliar, tiene pegado a la pared un corcho con entradas y cosas así, y fotos, muchísimas fotos.

De sus amigos de aquí, pero también de hace muchos años.

Fotos con sus amigos del instituto, fotos con su familia en Ribadeo, fotos de él surfeando, fotos con su perro Rocco y, entre todas ellas, una foto de nosotros dos y otra mía.

Mi mirada cae sobre el escritorio; en una esquina hay una caja de madera que reconozco al instante. Estaba en su habitación de Ribadeo, y contiene toda nuestra historia.

La abro con manos temblorosas. El corazón se me oprime cuando veo todo lo que hay en su interior.

Fotos de nosotros, pulseras hechas a mano que hice para él, regalos, canicas, collares, piedras pintadas, entradas de cine, de festivales, de torneos, notas que nos pasábamos en clase, letras de canciones que nos representaban, CD con grabaciones de nosotros o de películas, diseños de tatuajes, cartas, promesas, planes de futuro…

Todo lo que éramos y lo que planeábamos ser juntos hace seis años.

Miro todo despacio mientras siento cómo el corazón se me rompe un poco más al ser consciente de que esta caja no se ha llenado de más cosas porque yo no lo permití… Al ser consciente de que yo la cerré…

No la tiró. Se la ha traído a Finlandia. Aunque sintió que lo traicioné, conservó todo lo que le quedaba de mí y se lo llevó consigo a su nuevo hogar.

Con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas, levanto de nuevo la mirada hacia el corcho con fotos.

Le quito la chincheta a la que salimos los dos y la cojo.

Nos la hicimos un par de semanas antes de que todo se fuera a la mierda.

No tiene nada destacable, la verdad, es una más de las miles que nos hicimos, pero, por alguna razón, a los dos siempre nos ha parecido especial…

Quizás porque es una que demuestra que Thiago y Kelly estaban creciendo juntos de verdad, y que poco a poco estábamos aprendiendo a querernos más como… adultos que como niños, y que de verdad estábamos enamorados profundamente del otro…

Me muerdo el labio para no echarme a llorar al vernos en esa foto tan inocentes, tan felices e inconscientes de lo que se nos venía encima. Estudio a la Kelly de entonces, intentando encontrar en ella algo que ahora pueda encontrar en mí, pero…, pero joder, no hay absolutamente nada.

Envidio el brillo que tenía en los ojos, aquel que mi madre me robó meses después, y que no he vuelto a recuperar.

Me arrepiento de haberme dejado manipular de esa forma, de haberle creído cuando me dijo que Thiago y yo no teníamos futuro. ¿Cómo pude ser tan tonta? ¿Tan cobarde?

Thiago me quita la foto de las manos cuando ve las lágrimas recorrer mi cara.

—No te martirices más, Kell. No te culpo de nada, ya lo sabes.

Y aunque posiblemente hubiera mil alternativas a nuestro presente, es el que es porque…

tuvo que ser así por alguna razón. No te culpes por lo que podría haber pasado si no te hubieras ido.

Más aún si haciéndolo has podido aprender a querer a otra persona.

Todo es tan complicado…

Sorbo por la nariz mientras lo miro.

—Quiero a Alan, Thiago… —Trago saliva antes de seguir hablando—. Pero, aunque le quiera, también te quiero a ti. Nunca he dejado de hacerlo… ¿Soy una loca por querer a dos personas a la vez?

Thiago me limpia las lágrimas con el dedo pulgar mientras niega con la cabeza.

—No, Kell, por supuesto que no.

Le cojo la mano con la que me retira las lágrimas y se la aprieto con fuerza.

—¿Y qué hago, Thiago? ¿Cómo hago para saber qué hacer?

Siento constantemente que mi vida ahora está supeditada a un reloj de arena que no sé cómo narices frenarlo.

Siento que se me acaba el tiempo, pero no sé para qué, en realidad.

—Apoyo mi frente sobre su pecho, completamente agotada—.

Llevo mucho tiempo queriendo sentir que puedo detener el tiempo, como me pasaba siempre contigo…

Aunque nunca te lo haya dicho, esa fue mi forma de descubrir que estaba enamorada de ti.

Thiago me rodea con sus brazos y me estrecha contra su pecho. Yo cierro los ojos con fuerza y respiro su perfume.

—¿Y ahora, Kelly? ¿Ahora sientes que quieres detenerlo?

Me da miedo contestar la verdad, pero necesito empezar a ser sincera conmigo misma.

—Sí… Me moriría por hacerlo.

Oigo cómo se le acelera el corazón. Y, entonces, dice lo que yo no tengo el valor a expresar:

—Pues creo que ahí tienes tu respuesta sobre lo que sientes… Pero tienes todo el derecho del mundo a decir que me equivoco.

¿Se equivoca?

No.

Joder, no.

No, porque este abrazo me hace sentir lo mismo que los que me daba hace seis años.

Sentía que estaba en paz. Sentía que era una persona completa y capaz de todo.

Sentía que en mi vida no podía haber ningún otro chico, solo él.

Tengo que intentarlo. Por él. Por mí. Pero, sobre todo, por el Thiago y la Kelly de hace seis años, esos que no imaginaban que lo suyo pudiera sobrevivir a la distancia.

Esos que ahora mismo dentro de nosotros nos piden a gritos que nuestra historia no sea justa en otra vida, que lo sea en esta, por favor.

Solo en esta…