CAPÍTULO 25
LO QUE CONSERVA DE MÍ
Kelly
-N o supe elegirle… —les digo a Sienna y a Molly, tras contarles absolutamente todo con los ojos llenos de lágrimas.
—Tenías dieciocho años, Kelly. Era lógico que te diera miedo dejar sola a tu madre, a pesar de todo… —contesta Sienna.
Asiento con la mirada perdida.
Ni Thiago ni yo llevamos la situación de la mejor forma, pero ahora, más que nunca, me arrepiento de no haber sido valiente, de no haberle demostrado que él era mejor que cualquier sentimiento de necesidad hacia mi madre… Que tendría que haberlo arriesgado todo por él, como le había prometido…
—Pero nunca es tarde, Kelly. Aún puedes elegirle si tú quieres… —dice Molly.
¿Quiero? ¿Puedo? ¿Debo?
Estoy cansada de pensar tanto…
A pesar de que insisten en que me quede con ellas esta noche, les digo que prefiero estar sola. Que necesito estar sola para pensar. Por eso me marcho.
Cuando solo he caminado unos pocos pasos lejos de su habitación, comienzo a divisar a una persona que se acerca a gran velocidad. No me lleva mucho tiempo reconocerlo.
Mierda.
Es Mikael.
Joder, tengo tantas cosas en la cabeza, que hasta por un momento se me había olvidado que el muy capullo casi me deja morir en medio de una ventisca. Es, por esa misma razón, por la que paso de sentirme insegura por su presencia, a querer estrangularlo con mis propias manos.
Cuando Mikael se da cuenta de que estoy cerca, me muestra que quiere hablar conmigo. Posiblemente iba camino a mi antigua habitación…
La verdad es que no tiene cara de muchos amigos.
—Hombre, Kelly, menos mal… Ya iba siendo hora de que aparecieras…
—Menos mal, sí —le digo con ironía—, porque, si llega a ser por ti, no aparezco nunca.
Mikael arquea una ceja.
—¿Por mí? ¿De qué estás hablando? ¿De la mentira que les has contado a todos de que yo te dejé sola y lesionada en mitad de una pista durante una ventisca?
Lo miro atónita.
¿Acaba de decir lo que creo que acaba de decir? ¿Acaba de decir que es mentira?
—¿Perdona? ¿Pero cómo tienes las santas narices de decir que es mentira, Mikael?
Él da un paso hacia delante y yo retrocedo otro.
—¡Porque lo es! —grita—. No fuiste la única que tuvo problemas en la montaña, ¿sabes? ¡Yo también quedé atrapado!
Lo miro en silencio durante unos largos segundos. ¿Él también se quedó atrapado? ¿Será verdad? ¿En realidad es una persona tan horrible como para haberme dejado sola? ¿Lo será además para ahora mentirme en la cara?
La verdad es que me cuesta mucho descifrar cuándo Mikael miente o dice la verdad.
Doy un paso hacia atrás, porque su mirada me intimida.
—Pues lo siento mucho, ¿vale? Pero yo pensaba que…
—¿Que soy tan sumamente malo como para dejarte morir? ¿Qué narices he hecho para que puedas pensar algo así de mí? —Da un paso hacia delante y yo retrocedo otro—. ¿Qué te ha contado de mí el gilipollas de Thiago?
Le pongo una mano en el pecho para alejarlo de mí cuando se vuelve a aproximar demasiado.
—Nada, Mikael, y no quiero seguir hablando contigo. Lo siento muchísimo, pero al no venir pensé que…
Aprieta la mandíbula y me agarra del brazo con el que le estoy separando.
—Tu exnovio me pegó por tu culpa, ¿sabes?
Mientras trato de liberar mi brazo, lo examino con la mirada, porque no sé si eso será otra de sus posibles mentiras.
Mis ojos se quedan fijos en su pómulo izquierdo. Sí, es verdad que lo tiene algo colorado…
¿En serio Thiago le ha pegado? ¿Por… mí? ¿Cuándo?
—Lo siento…
—¡Lo siento una mierda!, dile que se prepare.
Eso me hace cambiar por completo mi actitud. Aprieto los dientes y digo:
—Como le pongas un dedo encima, te juro por mi vida que….
Mikael sonríe con suficiencia, no parece tomarme en serio.
—¿Qué? ¿Qué vas a hacer, Kelly?
—No quieres saberlo…
Vuelve a reírse y a mí me pone de muy mala leche. Este tío tiene el ego por las nubes, es insoportable.
—Uy, qué miedo…
—Suéltame. —Muevo el brazo, pero aumenta la fuerza—. ¡Que me sueltes, Mikael! ¡Me haces daño, joder! —chillo.
Como no me suelta, trato de golpearlo con la otra mano. Sin embargo, descubre mis intenciones y consigue evitarlo. Me agarra también de ese brazo, y luego me empuja con fuerza, haciéndome chocar contra la pared.
No sé qué tenía pensado hacer después, si largarse o seguir peleando conmigo, pero el grito de una persona al final del pasillo capta toda su atención.
—¡Eh!
Sé de quién se trata sin la necesidad de mirar. Mis amigas no tardan en aparecer a mi lado. Han debido escuchar mis gritos y han salido pitando.
—¡Déjala, gilipollas! —Molly lo empuja con todas sus fuerzas. Luego se une Sienna, que amenaza con pegarle.
Finalmente, Mikael se larga. Pero no sin antes fulminarnos a las tres con la mirada.
—¡¿Qué ha pasado?! —me pregunta Molly.
Yo niego con la cabeza.
—Nada, solo es imbécil.
—¿Qué te ha dicho? —quiere saber Sienna.
Aprieto los labios y me pienso por un momento si contarles todo.
—Me lo he encontrado y me ha dicho que al parecer él también tuvo problemas para salir de la montaña el día de la ventisca, y que por eso no vino con la ayuda que me prometió. Y…, bueno, como nadie sabía eso, Thiago le… pegó pensando que lo hizo a propósito.
Molly y Sienna comparten una mirada. Luego es la primera la que dice:
—Pues muy bien hecho. Aunque no se lo mereciera por lo que pasó, sí se lo merece por ser un imbécil.
—Vamos a recepción —dice Sienna.
—¿A qué?
—A hablar con seguridad. Tenemos que contarles lo que ha pasado.
Suelto un suspiro. Estoy cansada de líos.
—No hace falta, chicas.
—Te ha agredido, Kelly. —Molly me agarra de la mano. No tengo alternativa—. Vamos.
Tira de mí y me obliga a caminar junto a ella hasta recepción.
Cuando veo quién se encuentra ahí hablando con Lisa, trato de detenerla, pero Molly me empuja con más fuerza. Creo que no se ha dado cuenta de la presencia de Thiago.
—Queremos hablar con el jefe de seguridad —dice ella, con firmeza. Lisa se queda callada de golpe y nos mira a las tres.
—¿Seguridad? —pregunta Thiago—. ¿Qué ha pasado? —Se separa del mostrador y se acerca a mí. Me mira de arriba abajo con preocupación.
No digo nada.
La verdad es que no sé qué hacer. No quiero que se entere. No quiero que se vuelva a preocupar por mí. No quiero que vuelva a pegar a nadie.
—¿Kell?
—Que…
—Nada —interrumpo a Sienna—. No ha pasado nada.
Como no tiene ningún tipo de sentido que diga eso tras las palabras de Molly, Thiago pasa a mirarla a ella en busca de respuestas.
—Tu amigo Mikael. Le hemos pillado empujándola después de escucharla gritar en el pasillo.
Tengo el reflejo de agarrar el brazo de Thiago. Lo miro a los ojos muy seria.
—Estoy perfectamente, ¿vale? Tranquilo.
Consigo que todos rebajen un poco la tensión. Sin embargo, Molly insiste en hablar con seguridad, aunque ahora de forma más calmada.
Les cuento de forma breve lo que ha pasado y trato de no darle demasiada importancia. De verdad que no quiero que nadie se meta en líos. No quiero calentar a Mikael ni tampoco a Thiago.
Mikael es imbécil y eso es algo que nadie va a poder cambiar. Y mucho menos con peleas.
Tras terminar de hablar con seguridad y tras prometernos que irían a hablar con Mikael sobre lo ocurrido para darle un buen toque de atención, Thiago insiste en acompañarnos a nuestras habitaciones.
Primero dejamos a Sienna y a Molly, a quienes les doy las gracias por defenderme, y luego nos dirigimos a la mía sumidos en un silencio sepulcral.
Cuando abro la puerta con la tarjeta, me giro para mirarlo.
—Gracias por acompañarme…
Antes de cruzar el umbral, Thiago me toma el brazo impidiéndome entrar.
Me pongo tensa.
Me lleva un par de segundos poder mirarlo a la cara. Él tarda en hablar. Es como si estuviera teniendo una batalla consigo mismo en la mente sobre lo que quiere decirme. Lo noto por la forma en la que aprieta los dientes y tensa los labios.
Estoy a punto de preguntarle al respecto, cuando por fin se decide a hablar.
—Vente a mi habitación.
Se me congela la sangre. Lo miro atónita. Me esperaba cualquier cosa menos eso.
—Thiago, ¿qué?
—Solo para hablar —se justifica. Y me suelta el brazo para levantar las manos, mostrando inocencia.
—¿De qué? ¿De Mikael? Ya lo has escuchado.
—Quiero que me lo cuentes bien. A mí.
—Podemos hacerlo aquí.
—Me hace ilusión que vengas.
Me quedo callada, pensando.
No es buena idea.
O sí.
No lo sé.
Llegados a este punto, no tengo claro nada. Sobre todo, después de lo que ha pasado hace un rato en ese club…
Supongo que ir a hablar a su habitación es lo de menos después de todo…
Le hace… ilusión…
Me muerdo el labio tratando de pensar con claridad, pero termino por dejarme llevar por algo más grande que la razón. No sé qué parte de mí le dice que sí, pero lo hago.
—Está bien…
Thiago también asiente, y noto que trata de ocultar una sonrisa. No quiere demostrar demasiada ilusión.
Comenzamos a caminar juntos hacia los ascensores.
Una vez dentro, saca una tarjeta de su bolsillo y la pasa por el lector del ascensor para poder acceder a la última planta, que supongo será la privada para el personal.
Caminamos en silencio por el pasillo lleno de habitaciones hasta que llegamos a la 812.
Entro lentamente. A pesar de que su habitación comparte la estética del resto del hotel, se nota de lejos que en esta vive alguien. Hay cosas suyas por todas partes.
—Perdón por el desorden… —se disculpa, mientras pasa por mi lado para acercarse a la parte central de la habitación a quitar de en medio sus botas para la nieve y un par de calcetines tirados en el suelo.
—No te preocupes —le resto importancia. No es la primera vez que entro a una habitación suya y que está patas arriba.
Thiago ordena rápidamente un par de cosas más, y se gira para mirarme. Me señala con la mano la cama, dándome a entender que me puedo sentar.
Lo hago, y luego él se sienta a mi lado.
Me mira a la espera de que comience a hablar.
—Le pegaste —digo.
Thiago frunce el ceño.
—¿Qué?
—A Mikael. Le pegaste.
Aprieta los dientes y asiente con la cabeza.
—Sí. Por dejarte sola.
—No lo hizo. Él también quedó atrapado en la montaña, por eso no vino con la ayuda.