Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

INJUSTO

Kelly

R ecuerdo a la perfección la primera cita con Alan, pero en especial me acuerdo de los momentos previos a hacerlo. No me caben en las manos las veces que mi madre me gritó aquel día.

En la vida me había tenido que arreglar delante de un espejo mientras lloraba a mares…

Aún recuerdo el dolor en el pecho al coger aire, el remordimiento de no haberme quedado y la sensación de que ya nada podía solucionarse.

—Me encanta el brillo que tienes en los ojos —me dijo Alan en la cena.

Lo que él no sabía era que el brillo que tenía en los ojos era de haberme pasado todo el día llorando y de estar aguantándome las ganas de seguir haciéndolo durante toda la cena.

Me acuerdo de que no paraba de hacerme preguntas en la cabeza. Me preguntaba una y otra vez: ¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué ha pasado con mi vida en Galicia? ¿Qué ha pasado con la Kelly que he cultivado en mi interior durante dieciocho años?

Cuando llegamos a Londres, Nelson me ofreció un trabajo en un buen restaurante del centro. Era amigo de los dueños y muchas veces se reunía ahí con los padres de Alan. A mi madre le pareció una grandiosa idea para que comenzara a ganar mi propio dinero y además para que mantuviera la mente ocupada.

Una de las noches en las que me tocó trabajar, acudieron al restaurante tanto Nelson con mi madre, como los padres de Alan con él.

Yo no me di cuenta, pero mi madre me dijo que Alan no paró de mirarme durante toda la cena, que cada vez que me acercaba a la mesa para servirles, sus ojos se clavaban en mí y que me seguía con la mirada a todas partes.

Quiso que tuviéramos una cita porque estaba que trinaba con el hecho de que un chico tan guapo, inteligente y estable económicamente se hubiera fijado en mí.

A pesar de todo, la cita no fue horrible… Alan fue educado, majo y caballeroso desde el primer momento. Mi madre no paró de decirme que era tonta si lo dejaba escapar; que era el hombre perfecto. Que si llegaba a enamorarme de él, mi vida sería mucho más sencilla.

No sé realmente si me enamoré de Alan por mi madre o por mí misma. Lo que sí sé es que él es el único de mi nuevo presente que me trata bien y que me valora.

Claro que quiero a Alan.

Pero ser consciente de que quizás nunca lo hubiera querido como lo quiero si mi madre no hubiera insistido tanto, me hace sentir una enorme impotencia.

Porque… ¿qué es lo que debo hacer ahora? ¿Confesarle que me obligaron a tener una cita con él y que en nuestras citas lo único que podía pensar era en que él no era Thiago? ¿Cómo voy a ser así de mala? ¿Y a pocos días de nuestra boda?

Joder, no puedo.

Claro que no puedo.

Pero no pudiendo me estoy haciendo mucho daño a mí misma también.

¿Qué pasa con Thiago? ¿Cómo le digo a mi corazón que no vamos a volver a verlo… otra vez? ¿Cómo le explico que el amor de nuestra vida se nos va a escapar de las manos de nuevo?

Joder, todo es tan injusto…