Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

«Que mi madre sería capaz de pegarme una paliza. Que casi me la pega… Que por más que quiera luchar por nosotros, ella nunca me lo permitiría… Y porque yo no tengo aún el valor para ponerme por completo en su contra. Aún no…».

No me atrevo a decirle esas palabras, tan solo digo:

—Que no puedo dejar sola a mi madre… —Él se limitó a mirarme impactado—. Thiago, sé que no me entiendes, pero…

—No, por supuesto que no te entiendo, porque mi Kell, la que creía que conocía hace diez minutos, nunca habría permitido que la sacaran de su hogar. —Me apunta con el dedo índice.

—¡Para mí no es fácil esto, ¿vale, Thiago?

! No me trates como si esto me diera igual, porque no es así.

Claro que no quiero dejarte ni quiero irme de Ribadeo, pero es que aquí ya no tenemos nada.

Hemos tenido que vender todo, porque no tenemos ni tendremos en la vida el dinero suficiente para pagar las deudas de mi madre.

—¿Y qué culpa tienes tú de eso, Kelly? ¿Por qué tienes que joder toda tu vida por su culpa? Las deudas son de ella, ¡no tuyas!

—No me pidas una respuesta que ni yo misma sé, por favor. A veces simplemente hay que hacer las cosas y ya está…

Se me hizo un nudo en la garganta, porque de pronto sentí que estaba siendo una persona horrible que se dejaba manipular y arrebatar todo lo que quería sin que le doliera ni un poquito, pero no era así.

Claro que me dolía, pero, a pesar de que todo me parecía injusto, para mi desgracia mi madre y yo no lo teníamos para nada fácil.

Por egoísta que fuera por su parte, sé que lo que me pedía que hiciera no era un simple capricho.

Ella sabía que Thiago era lo más importante de mi vida y nunca me hubiera pedido que lo dejara si de verdad no fuera necesario…

Parece fácil la opción de huir así sin más con él, pero ¿qué pasaría con ella?

Joder, al fin y al cabo, era mi madre… No sé si sería capaz de enterarme de que las cosas le están saliendo mal y encima estando… sola.

Además… ¿y si era verdad que nada iba a ser tan sencillo como nos pensábamos al marcharnos, o realmente no teníamos un futuro? ¿Y si mi madre tenía razón?

Tragué saliva e intenté sacarme esos pensamientos de la cabeza, porque era imposible que yo dudara sobre nosotros y nuestro futuro…

—¿Y ya está, Kelly? ¿Eso es todo? ¿Así de fácil es para ti renunciar a todo lo que has conocido aquí? ¿Así de fácil es para ti renunciar a mí después de prometerme que te largarías conmigo? —Se le quebró la voz al hacer esa última pregunta.

Yo me trago el dolor como puedo.

—Thiago, no renuncio a ti. No pienso olvidarme de ti. Podremos seguir viéndonos de alguna forma, hablando…

—No es suficiente. —Thiago, por primera vez, caminó hacia mí para agarrarme la cara entre sus manos.

A mí se me erizó la piel cuando sentí su tacto y vi sus ojos verdes inundados de lágrimas y tristeza…

—. Kell, eres mi amiga, pero también eres mi novia.

No me sirve tenerte lejos y hablar contigo de vez en cuando…

No te vayas a ningún lado sin mí, por favor.

Me tembló la barbilla y se me escaparon varias lágrimas que se camuflaron entre el chispeo de la lluvia que comenzaba a mojar nuestros cuerpos.

Claro que no me iría a ningún lugar si no era con él.

Joder, no sería capaz de ir ni a la vuelta de la equina si no es con él…

No sabía ir a ningún lado sin Thiago y, sin embargo, no se lo demostré ni se lo dije, al contrario le susurré:

—No me voy por capricho…

Se le cayeron los hombros por la desilusión de darse cuenta de que dijera lo que él dijera, no estaba por la labor de cambiar de opinión. Me quitó sus manos de la cara y se las pasó por la suya para limpiarse las gotas de lluvia, pero también las lágrimas.

—No me puedes hacer esto.

—Lo siento, Thiago…

Como si eso fuera a hacerle sentir algo mejor…

Me miró de arriba abajo y negó con la cabeza con desilusión, pero también con desaprobación. Sabía a la perfección que me estaba mirando con ojos diferentes. Para él ahora mismo debía de ser una desconocida.

Por primera vez, Thiago me dio la espalda. Como si me lo mereciera, lo agarré del hombro para que me volviera a mirar, porque lo necesitaba, pero él se sacudió mi mano de encima.

—Si no me vas a decir que has cambiado de opinión, te pido por favor que te largues por donde has venido ahora mismo —dijo de la forma más borde que pudo.

Él y yo habíamos discutido muchas veces, como es normal en unos adolescentes que se piensan que tienen la verdad absoluta de la vida, pero en todo este tiempo, a pesar del cabreo, nunca me había hablado de una forma tan dura.

No me atreví a responderle, porque era consciente de que me merecía su frialdad, pero no por eso me separé de él.

Me quedé detrás, a muy pocos centímetros de distancia.

Para poder percibir su olor y su calor, porque estaba segura de que si me iba de verdad, él no iba a querer saber nada de mí nunca más…

Y la verdad es que estaba en todo su derecho…

Dios mío.

¿Qué hacía? ¿Qué estaba haciendo?

Iba a despedirme de Thiago para toda la vida…

De un momento a otro, mi vida iba a cambiar por completo. Ayer éramos la pareja inseparable que siempre habíamos sido, y mañana seríamos dos auténticos extraños…

Me tuve que llevar una mano al pecho cuando sentí un pinchazo que me indicó que, ante aquel pensamiento, se me rompía el corazón.

—No te despidas de mí así, por favor… —le dije con la voz rota.

Thiago bufó y se dio la vuelta para encararme. Su expresión seguía trasmitiendo tristeza, pero ahora había algo más: enfado.

—¿Y qué quieres que haga, Kelly? ¿Que te dé un beso y un abrazo? No te importo nada…

—Me importas más que nadie…