Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

VOLVER A EMPEZAR

Kelly

U n baño. Necesito un baño. Veo uno al final del pasillo, pero antes de cruzar el umbral, una voz me detiene:

—¡Kell!

Empujo la puerta de los servicios de mujer, pero, antes de que pueda cerrarle la puerta en la cara, Thiago me pilla la muñeca y me hace parar en seco.

—Suéltame, por favor…

—¿Qué pasa? ¿Te has arrepentido?

Trago saliva.

Sí.

No.

Sí.

No.

Sí.

Me he arrepentido…, pero cuando algo me ha hecho sentir que me estaba equivocando.

Cuando he empezado a sentir cosas al tenerlo encima.

Solo cuando lo he tenido follándome con ropa delante de toda esa gente, es cuando me he dado cuenta de que estoy pirada de la cabeza…

Tendría que haberme dado cuenta de dónde me estaba metiendo desde el principio, no cuando ya no tiene solución…

¿Qué cojones debo sentir ahora? ¿Esto cómo se puede catalogar?

¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo me debo sentir en realidad?

¿Por qué me arde todo por dentro? ¿Por qué tengo tantas ganas de agarrarle de los hombros y… y…?

—Kell…

—Cállate…

Me suelto y hago lo que la mente y el corazón me pide, porque, joder, tengo derecho a quererlo. Porque no soy capaz de reprimir lo que siento dentro y punto. Porque le necesito.

Agarro a Thiago de los hombros y lo empujo en dirección a los baños.

Él se deja guiar por mí, pero no se atreve a tocarme. Sabe que estamos jugando con fuego, y que el derecho a tocarme se ha esfumado cuando me he bajado del escenario. Porque, por mucho que se muera por hacerlo, no quiere meterme en líos ni quiere provocar nada…

—Kell… —dice a escasos centímetros de mis labios.

Deslizo mis manos por sus hombros y brazos…, y me muerdo el labio inferior para no tirarme a su boca, porque me está mirando con los ojos vibrantes, los labios entreabiertos y húmedos, y la respiración agitada.

Siento mi cuerpo entero arder, pero sobre todo mi cara.

Me muero por tocarlo de verdad. Por hacer todo lo que sea con él.

Me muero por que todo sea más fácil, por que todo vuelva a empezar y poder evitar que me separen de él…

Porque sentir que no puedo tocar al amor de mi vida me está matando dolorosamente.

A pesar de que estoy raramente excitada, porque, joder, lo estoy y ni siquiera me ha puesto una mano encima, de pronto, ante aquel último pensamiento, la respiración se me empieza a agitar y entrecortar, pero por algo diferente: porque siento una ganas estúpidas de llorar.

Thiago no tarda en darse cuenta y trata de buscar mi mirada, pero la he perdido en algún punto de su cuerpo mientras lucho por no empezar a llorar como una descosida.

Pero es que no puedo más…

De verdad que no puedo más…

—Kelly…

Lo interrumpo.

—No puedo más… —verbalizo por primera vez en voz alta—. No puedo más, Thiago… Necesito… Necesito…

Thiago me agarra el mentón para que lo mire de una vez.

—¿Qué necesitas?

—Volver a empezar… Dios mío, necesito… volver a empezar e impedir que me hagan tanto daño.

Necesito entenderme, necesito parar de pensar, necesito parar de sentirme culpable…

Necesito simplemente… parar… Estoy muy cansada.

Agotada… Muy harta de no poder ser valiente y admitir lo que siento…

Muy cansada de no poder evitar que deje de dolerme…

—¿Qué te duele, Kelly?

—No poder recuperarte…

Thiago suelta un suspiro muy largo y luego me aparta el pelo de la cara. Coloca sus manos en mi nuca y me levanta la cabeza para que lo mire a los ojos.

—Para recuperarme tendrías que haberme perdido, Kelly, y aunque hayamos estado lejos todo este tiempo, tú no has dejado de existir ni un solo segundo para mí, al igual que yo sé que tampoco he dejado de hacerlo para ti.

Niego con la cabeza. Por mucho que tenga razón y no me haya olvidado de Thiago ni un solo día de mi vida durante estos últimos seis años, en ese mismo tiempo también he empezado a sentir por otra persona…

Quiero a Alan, joder.

Quiero a Alan, pero también quiero a Thiago.

Quiero a Alan, pero lo que acabo de permitir demuestra que lo que siento por él es… quebradizo.

¿Qué se supone que tengo que decirle cuando lo vea? ¿Que a dos semanas de nuestra boda me he vuelto a enamorar de mi exnovio? ¿Que en realidad nunca he dejado de estar enamorada de él? ¿Que aunque lo quiero muchísimo…, porque lo quiero de verdad, mi amor por él es diferente?

No es justo para él.

No es justo para él…

Llevo todo este tiempo haciéndole creer que me enamoré de él desde el primer momento en que le vi, y ahora no puedo decirle que eso no es verdad. No puedo confesarle que prácticamente mi madre me obligó a enamorarme de él.

No puedo hacerle tanto daño.

Alan está enamorado de mí… y yo… y yo no puedo decirle que no lo estoy de él.

Debo seguir con nuestros planes. Debo parar de pensar en nada que no sea nuestra boda. Debo alejarme de Thiago.

Solo son seis días más… Seis días y me marcharé de nuevo de su vida.

Solo de pensarlo se me revuelve el estómago. O quizás…

Quizás no sea solo por eso.

—Kell, dime algo…

—Creo que voy a vomitar.

Trato de separarlo de mí para salir corriendo al servicio, pero, joder, no llego a tiempo y… y le vomito encima.

Al menos es poco lo que sale de mi cuerpo, porque llevo desde anoche sin comer apenas nada.

Le vuelvo a empujar, porque tengo más ganas de vomitar y no quiero volver a hacerlo encima de él, y a pesar de lo vergonzoso que ha sido hacerlo, él ni se enfada, ni se va. Viene conmigo hasta el váter y me sujeta el pelo.

Cuando termino, me cuesta mirarlo a la cara, pero me trago la vergüenza y me pongo de pie para ayudarle a limpiarse mi vómito.

—Joder, Thiago… Lo siento mucho…

Él niega con la cabeza, restándole importancia, mientras toma papel higiénico.

—Ni que fuera la primera vez —dice con una sonrisa que lucha mucho por ocultar.

Yo me muerdo el labio inferior con fuerza cuando caigo en la cuenta de a qué se refiere.

No, no es la primera vez que le vomito encima. Lo hice cuando me emborraché por primera vez con dieciséis años. Volvíamos de una hoguera que hicimos la primera noche de vacaciones de verano con la gente de nuestro instituto.

Thiago tampoco había bebido nunca, pero no le sentó tan mal como a mí. Me cuidó hasta que me encontré mejor y se ocupó, responsable, de que llegara sana y salva a casa para que mi madre no se enterara de lo que había hecho.

—Ni me lo recuerdes —le digo mientras le quito el papel higiénico de las manos para limpiarle yo. Creo que es lo justo.

—¿Por qué has bebido tanto, Kelly?

Me encojo de hombros.

—He tenido un día de mierda. Han retrasado los vuelos por la ventisca, y mi madre lleva todo el día bombardeándome con llamadas.

Y, por si fuera poco, no sé si mi vestido de novia va a llegar para mi prueba de vestuario.

—Le cuento, mientras le limpio el abdomen—.

A veces pienso que este viaje está maldito… —digo con la boca pequeña.

—¿Maldito?

Asiento.

—Todo está yendo mal.

Me agarra la muñeca de la mano con la que le estoy limpiando y eso capta mi atención. Lo miro a los ojos.

—¿Y no crees que la vida te está mandando una señal, Kelly?

Me quedo helada tras esa pregunta.

¿Que la vida me está mandando alguna señal?

Trago saliva cuando me llega a la mente uno de mis últimos pensamientos de ayer.

«Necesito que me dé una señal sobre lo que debo o tengo que hacer».

Dios mío.

¿Esto de verdad es una señal?

Estoy a punto de abrir la boca, cuando de pronto la puerta de los servicios se abre. Sienna y Molly nos miran desde el umbral durante unos segundos, tratando de descubrir qué ha pasado aquí. Yo miro a Thiago y a su mano rodeando mi muñeca.

—Kelly… —empieza Molly—. Perdón, esto… Os dejamos si…

—No. No os vayáis —la interrumpo mientras me suelto de Thiago.

No me quiero quedar aquí, porque si me quedo voy a tener que sacar de nuevo el tema de «las señales» que la vida me está dando, y no me siento preparada para negar o afirmar que puede que la vida sí que me esté dando algún tipo de indicación de lo que debo o no debo hacer en Finlandia.

Le dedico una última mirada a Thiago, y me alejo de él para acercarme a mis amigas.

Siento algo helado recorrerme de pies a cabeza cuando salgo del baño. Siento frío. Mucho frío. Siento que vuelvo a mi gélida realidad cuando me alejo de él.

—Kelly, ¿quieres que hablemos en la habitación? —me pregunta Sienna, que deja que me apoye en ella de camino a la salida del bar.

—Puedes desahogarte. No te vamos a juzgar —me dice Molly, sosteniéndome también.

Hasta ahora nunca me he atrevido a mencionarles nada de mi vida de antes de que me conocieran. Pero ahora, por primera vez, siento que tengo que contarles lo que me llevó a Londres.