CAPÍTULO 20 #2
Sé que a él le sigue jodiendo y doliendo no poder evitar lo que va a ocurrir a partir de mañana, pero este momento conmigo no sería capaz de desperdiciarlo por nada del mundo.
Estoy segura de que Thiago sería capaz de aprovechar hasta la mínima oportunidad de estar cerca de mí, a pesar de que por dentro se muera de pena por no poder recuperar lo que siempre ha tenido y que ahora anhela con todo su ser…
Que me haya traído hasta aquí después de nuestra conversación en la que básicamente yo le dije que cambiar mis planes ahora es imposible y en la que él me dijo no podía seguir aparentando que quizás podía recuperarme, demuestra que estoy en lo correcto, y que le da igual lo que sea que sienta dentro cada vez que me tiene cerca, porque prioriza poder tenerme a su lado antes que evitar lo que eso pueda provocarle dentro…
Y no solo él.
También a mí.
Que yo tenga a otra persona en mi vida no quiere decir que esto para mí sea más fácil…
Tenerlo cerca, pero en realidad no tenerlo, es de las peores sensaciones…
Quizás a esto era a lo que se refería cuando me dijo que no podía tenerme a medias, y que era mucho más doloroso que no tenerme directamente…
Si yo estuviese en su lugar, no sé si sería capaz de verlo siendo y viviendo con otra persona, cuando todo eso que ahora hace con ella lo hizo antes conmigo…
A pesar de lo que le dije, creo que yo tampoco soy capaz de tenerlo a medias.
Thiago y yo no estamos hechos para tenernos si no es al completo…, y eso no quiere decir que seamos unos idiotas por desaprovechar la oportunidad de seguir teniéndonos en nuestras vidas, aunque no sea como antes.
Aunque eso no quiere decir que no vaya a aprovechar esta noche.
Creo que los dos estamos dispuestos a regalarnos un último momento juntos, disfrutando de volver a tenernos cerca, sin pensar en lo que va a cambiar todo de aquí a una semana.
Pero ahora mismo solo estamos él y yo, en mitad de la nada, esperado una aurora.
Sin pasado. Sin futuro. Solo somos Thiago y Kelly.
Mañana, nuestras historias seguirán escribiéndose, pero siento que ahora mismo estamos en un paréntesis y que puedo disfrutar de este momento sin preocupaciones, sin remordimientos y, sobre todo, sin pena.
—Antes has hablado en español.
—¿Sí? No me he dado cuenta.
—¿Por qué ya no hablas en castellano?
—Sí que lo hago. En mi cabeza hablo en español todo el rato.
—Háblame en español —le pido. Echo de menos su acento gallego.
—¿Que te hable en español? —pregunta, en castellano, acelerándome el corazón. Levanto la cabeza de su pecho con una sonrisa que le contagio cuando nos miramos a la cara—. ¿Qué te hace gracia?
—Nada —contesto en el mismo idioma—. Que te cambia la voz cuando hablas en español.
—A ti también. Pero has perdido un poco el acento.
—¿En serio? —pregunto extrañada, porque en mi día a día utilizo el castellano a todas horas. Soy profesora de idiomas… Enseño español.
Thiago niega con la cabeza con una pequeña sonrisa.
—No. Era una broma —dice—. Estoy seguro de que en estos años tú has hablado más español que yo —reconoce.
Me encojo de hombros, dubitativa.
—Es muy probable. En el trabajo soy española constantemente.
—¿Y cuando sales? ¿Vuelves a ser inglesa?
Niego con la cabeza.
—En todo caso sería americana, en fin, nací ahí… Y entre tú y yo: los ingleses me caen fatal. Nunca me consideraría una de ellos.
Thiago se ríe.
—¿Y qué pasa con tus amigas, Kell?
—Bueno, ellas son la excepción.
Thiago abre la boca para decir algo más, pero vuelve a cerrarla al instante, pero intuyo por quién quería preguntarme a continuación. Me alegro de que no lo haga.
No quiero que se mencione a Alan ahora mismo.
—¿Solo das clases de español? —pregunta, interesado.
Yo niego.
—En este tiempo también he aprendido francés.
Thiago eleva las cejas, sorprendido.
—Vraiment?
—Oh, tu parles français aussi?
Thiago entrecierra los ojos y aprieta los dientes con una expresión de sufrimiento total.
— Oui?
Yo sonrío, divertida.
—Parlez-vous vraiment français ou avez-vous répondu sans en avoir la moindre idée?
Thiago me mira impactado y con una cara de no haberse enterado ni de la primera palabra, que a mí consigue hacerme reír. A pesar de ello, él no se rinde y vuelve a contestar.
—Oui?
—No te has enterado de nada, ¿verdad?
—No, la verdad es que no —confiesa—. Pero no pares de hablarme en francés.
—Pourquoi?
—Porque estás muy guapa cuando lo haces.
Yo trago saliva y trato de calmar mi corazón.
Mierda, me quema tanto el querer tocarlo que, para cuando quiero darme cuenta, ya me he sacado el guante de mi mano derecha y toco su cara.
Sé que no debería estar haciendo esto, pero no puedo parar.
Su piel sigue igual de suave y su pelo igual de sedoso que la última vez.
Sus facciones se han endurecido porque ha crecido, pero sigue teniendo la misma cara de niño dulce, pero travieso que, estoy segura, ha enamorado a todas las chicas con las que se ha cruzado.
Porque no sé realmente qué es lo que tiene, pero algo tiene…
—Te vas a congelar la mano, Kell —dice, cuando ya llevo un buen rato acariciándolo.
Me encojo de hombros. Sin embargo, a Thiago no parece darle igual, porque toma mi mano entre las suyas, se la lleva a los labios y trata de calentarla con su aliento.
Tras un par de minutos haciendo lo mismo, consigue que vuelva a notar mis dedos. Luego me obliga a ponerme el guante de nuevo, porque, joder, sí que hace un frío espantoso. Estoy segura de que tengo las mejillas tan sonrojadas como las suyas. Y también de que en mi pelo hay trocitos de hielo.
Una tercera chaqueta no me habría venido nada mal…
Thiago desvía de pronto su mirada de mi cara al cielo y se le iluminan los ojos. Se incorpora del suelo, levantándome a mí con él.
—Kelly, mira ahí arriba —dice, mientras mira y apunta hacia el cielo—. ¿Ves esa pequeña mancha entre verde y azulada?
Yo busco en el cielo esos colores, pero no veo nada.
—¿Dónde?