CAPÍTULO 18
UNA LECCIÓN DE VIDA
Thiago
S obre las siete de la tarde llamo con los nudillos a la puerta de la habitación de Kell.
La puerta de la habitación se abre y me recibe tras el umbral una Kelly en albornoz y con el pelo mojado.
Se asombra bastante cuando me ve, pero no dice nada al respecto, porque creo que intuye por qué estoy aquí. Quiero saber cómo sigue.
—Hola… —me saluda con la boca pequeña y, por alguna razón, se le encienden las mejillas. Creo que se acaba de dar cuenta de las pintas con las que me ha abierto la puerta de su habitación. Si supiera que me parece que está preciosa…
—¿Cómo estás, Kell? —pregunto mientras la miro de arriba abajo—. ¿Qué tal la rodilla?
Ella, antes de contestarme, mira sobre su hombro. Yo también miro al interior de la habitación para saber qué busca ella, y mi mirada se encuentra con la de una Sienna cotilla asomada por el umbral de una de las puertas, pero, cuando ve que la hemos pillado espiándonos, se enconde enseguida.
A mí consigue sacarme una sonrisa que a Kell no, que se sale un poco de la habitación para entornar la puerta y poder hablar con algo más de privacidad conmigo.
Como yo no me muevo de mi sitio, Kelly se queda a escasos centímetros de mi cuerpo, y, como eso la pilla un poco por sorpresa, se le escapa el pomo de la puerta y se cierra, dejándola fuera y a solas conmigo en mitad del pasillo.
Pega su espalda a la puerta todo lo que puede, y me mira con esos ojazos azules con algo de… timidez o vergüenza, por haberse sorprendido de esa cercanía entre nosotros.
Nos miramos en silencio durante unos segundos, hasta que la atención de mis ojos se desvía a sus labios cuando ella se los humedece, nerviosa.
—Bien, la verdad. Apenas me duele por los analgésicos… Ahora estoy un poco preocupada por… —Se señala la cara, que tiene algo irritada por el frío—. Espero que se me pueda disimular con maquillaje, porque estoy espantosa.
¿Espantosa?
—Déjate de tonterías, estás preciosa, Kelly.
Ella me mira asombrada, pero también nerviosa. Sus mejillas, que en este tiempo habían vuelto a su color natural, vuelven a teñirse de un rojo intenso.
—Creo que tú eres la única persona que ahora mismo podría opinar eso.
Me trago las ganas de decirle: ¿Tu prometido no lo pensaría? En cambio le respondo:
—Cualquier persona con dos ojos opinaría igual que yo. Tú eres guapa hasta sin intentarlo, Kell.
A pesar de que sé que mi comentario le ha provocado un escalofrío que le ha recorrido de pies a cabeza, Kelly trata de disimularlo de un forma que no me esperaba: utilizando la ironía.
—Deja de tirarme fichas —bromea.
—¿Por qué debería? Ya te conquisté una vez así…
—Sé que lo mío ha sido más una pullita que una broma, y que me la he jugado bastante diciendo eso, porque la Kelly de hace cuatro días, ante ese comentario, me habría empujado, o insultado, y me habría cerrado la puerta en la cara, y a mí no me habría quedado otra que culparme por haber perdido otra oportunidad de hablar con ella…
, pero, para mi bendita suerte, la Kelly de hoy hace algo bastante diferente. La Kelly de hoy…, me sigue el rollo.
—Hace unos años eras más ingenioso. Creo que has perdido facultades. —Recarga todo su peso en la pierna buena y se cruza de brazos mientras me mira… divertida.
Me comienza a correr por las venas una adrenalina que me llena de vida, pero que me recuerda que, aunque pueda aprovechar este momento al máximo, debo tener cuidado con lo que digo si no quiero cagarla.
—¿Tú crees? —Ella asiente con la cabeza sin dejar de sonreír—. ¿Y cómo puedes estar tan segura si no me has dado la oportunidad de mostrarte de nuevo todo lo que tengo para ofrecerte?
A Kelly, por unos instantes, le tintinea un brillo extraño en los ojos que desaparece cuando pestañea.
De hecho, por un momento, pienso que ese cambio en su mirada significa que hasta aquí ha llegado la conversación…
Pero su respuesta me rompe todos los esquemas.
—¿Y qué tienes para ofrecerme, Thiago?
Apoyo una de mis manos a la altura de su cabeza, acercándome un poco más.
Si solo estuviera aquí, sin una ceremonia que celebrar en una semana y sin nadie con quien llevarla a cabo, en este instante habría agarrado esta oportunidad con todas mis fuerzas, y sin pensármelo ni un segundo la habría besado contra la maldita puerta porque estoy seguro de que tan solo necesita sentirme para confirmar que todo eso que tengo que ofrecerle es más que suficiente para hacerla feliz el resto de su vida.
Sin embargo, no puedo hacer eso. Por eso, me resisto a besarla hasta que el dolor de aguantarme las ganas desaparezca, y tan solo me queda… hablar.
—No juegues conmigo, Kell.
Ella frunce el ceño, confusa.
—¿Jugar contigo?
—No me des unas esperanzas que tienen fecha de caducidad mañana —le pido—. Me desviviría por conquistarte de nuevo, Kelly, pero no soportaría saber que todo está siendo en vano porque el final va a seguir siendo el mismo.
—¿Qué final?
—Un final del que yo no formo parte.
Ella me mira atentamente mientras trata de buscar una respuesta que darme.
Y parece que durante ese tiempo se da cuenta de que lo que ha hecho no tiene ningún sentido, porque, como he dicho, su final no puede cambiar, y nuestra historia es impo- sible que dé un giro de ciento ochenta grados en cuanto él venga…
Joder, sin darme cuenta he agotado todo mi tiempo con ella, y lo peor de todo es que siento que lo he malgastado, que no he dado todo lo que podía dar, y que a partir de mañana todo va a ser mucho más complicado.
Porque hasta ahora había dejado de lado la idea de que voy a tener que verla junto a otro hombre y esta vez no en una fotografía en internet.
Me separo de Kelly mientras siento un nudo que me cierra el estómago, me ahoga la garganta y me asfixia el corazón, porque ya no se puede hacer nada.
La he vuelto a perder.
Y ni siquiera he sido consciente de que lo he hecho hasta ahora.
Aunque… ¿en algún momento he tenido la oportunidad de recuperarla de verdad, o esa sensación de que podía hacerlo eran mis propias esperanzas disfrazadas de mil oportunidades por luchar por lo que siento que no supe luchar hace unos años?
—¿Thiago? —me llama Kelly cuando, ante todo pronóstico, soy yo quien se aleja de ella.
—Lo siento, Kell, pero… no puedo jugar a aparentar que puedo volver a tenerte a mi lado… —le confieso, pero ella sigue con una expresión confusa.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que me voy a alejar de ti… —Se me hace un nudo en la garganta cuando digo esas palabras—.
Que no voy a interferir en nada y voy a dejarte vivir tu vida sin tratar de forzar nada.
Que quizás me equivoqué cuando hace unos días te dije que la vida nos había vuelto a juntar porque aún nos faltaba algo por descubrir, Kell.
Quizás eso que debíamos descubrir era que tú y yo no vamos a poder ser nunca más…
A lo mejor encontrarnos tan solo fue una señal para mí, no para los dos. A lo mejor es para que me dé cuenta de que no puedo perder mi vida intentando pasar una página que ella posiblemente arrancó hace mucho.
Quizás no nos queda nada que escribir en nuestra historia, y para que se pueda cerrar nuestro libro por fin tenía que darme cuenta de que la vida para ella ha continuado…, y volver a tenerla cerca no implica poder recuperarla.
Quizás esto tan solo es una lección de vida.
Algo que me tenía que enseñar que hay que proteger aquello que se quiere, luchar por lo que no quieres perder, y dejar ir aquello que ya no te corresponde… por más que sientas que es esencial para ti.
—Thiago…, no volvamos a cometer el mismo error, por favor —pide, y se acerca a mí.
Me agarra de la mano y me obliga a mirarla a los ojos—.
Que me vaya a casar con Alan no implica que tú y yo debamos olvidarnos para siempre.
Sé que es muy egoísta por mi parte pedirte esto de nuevo, pero podemos seguir en contacto, viéndonos, hablando…
Siendo solo una parte de lo que fuimos, Thiago.
Siendo amigos… Ahora somos más mayores… Quizás esta vez sí que podemos conformarnos con solo tenernos al lado.
Niego con la cabeza.
—No puedo tenerte a medias, Kelly. Para mí eso es mucho más doloroso que no tenerte directamente.
—Fuimos amigos durante muchos años. Si pudimos serlo en el pasado, podemos serlo en el futuro…
—No puedo, Kell… —digo casi en un suspiro.
—¿Por qué no?
—Porque por egoísta y egocéntrico que suene, no puedo con la idea de saber que no le pertenezco por completo a tu corazón. —Los ojos me escuecen y la mirada se me humedece.
Ella me mira también con lágrimas en los ojos, y sé que las suyas guardan las mismas emociones: tristeza, nostalgia, miedo e incluso ansiedad por ser conscientes de que no vamos a poder llegar a un acuerdo, y que estamos a punto de volver a recrear la escena que nos destrozó el corazón a los dos hace seis años.
—Yo no quiero volver a perderte, Thiago —dice a la vez que se le escapan varias lágrimas de los ojos.
—Y yo no quiero volver a dejarte marchar, Kelly, pero… yo no sé amarte de una forma que no sea completamente.
—Pues aprenderemos a querernos de la forma que sea, Thiago, pero no volvamos a olvidarnos de que existimos, por favor…
—Kell, llevo seis años intentando encontrar la manera de quererte de una forma diferente a la que he estado acostumbrado a hacer toda mi vida, pero contigo no puedo…
No sé cómo querer a mi todo si no es de todas las maneras posibles en las que se puede querer a alguien.
A ti no sería capaz de entregarte la mitad de lo que siento.
No cuando todo lo que tengo dentro lleva tu nombre.
Ella rompe a llorar de verdad, y a pesar de que por mis mejillas también han empezado a rodar alguna que otra lágrima, me siento fatal por verla de nuevo así: rota. Rota por la misma situación sin alternativas de hace seis años…
—Lo siento… —dice de pronto, confundiéndome.
—¿Qué sientes, Kell?
—No poder decirte lo mismo…
Doy el paso que nos separa, y antes de que ella pueda echarse para atrás, tomo su cara con mis manos y le levanto la cabeza para que me mire.
—Ni te juzgo ni te culpo por sentir algo por alguien más.
—El problema es que no sé qué siento… —me confiesa, en un susurro casi inaudible—. Desde hace mucho no me entiendo ni a mí misma. Me siento perdida, Thiago… Muy perdida…
Lo primero que me llega a la mente es Taylor.
Ella dijo que veía en Kelly arrepentimiento, tristeza y que estaba perdida…
Que Kelly esté arrepentida no es ninguna sorpresa para nadie, ni siquiera para ella misma… Pero ¿ese arrepentimiento es lo que la hace no saber lo que siente y, por lo tanto, estar perdida?
¿De qué se arrepiente realmente?
—Kell, tienes toda la vida para decidir lo que quieres o no quieres en tu vida.
Ella niega con la cabeza.
—No. Tan solo tengo una semana.
—¿Y qué es lo que te asusta de eso?
—No ser capaz de tomar la decisión correcta por miedo a las consecuencias, y perder por segunda vez una parte de mí…
—¿Qué parte?
—La que siempre te ha pertenecido.