Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

SE ME VA LA PUTA VIDA

Thiago

M ira que he visto ventiscas y tormentas de nieve brutales desde que vivo y trabajo aquí, pero creo que ninguna se asemeja a la de hoy. No solo por la potencia del viento, sino también por la rapidez con la que se ha formado y ha arrasado con todo.

Por suerte para todos, no nos ha tocado cuando estábamos en clase con los niños, porque eso sí que podría haber sido un completo desastre. Una ventisca como esta asusta a cualquiera, y a los pobres los habría aterrorizado.

Nosotros nos hemos marchado un rato antes de que la tormenta comenzara.

Cuando hemos llegado, nos fuimos directamente a nuestra sala privada.

Hemos estado ahí tomando algo mientras hablábamos y hacíamos tiempo hasta la hora de la cena, ya que la excursión que teníamos hoy a la pista de hielo claramente se ha suspendido.

Tay y yo hemos subido a su habitación a por una baraja de cartas, porque comenzábamos a aburrirnos.

En el camino de nuevo hacia la sala, un par de chicas de golpe se nos plantan delante y nos interrumpen el paso.

No tardo mucho en reconocerlas. Son las amigas de Kelly.

—¿Has visto a Kelly por algún lado? —me pregunta la chica rubia (creo recordar que se llama Molly) cuando se detiene frente a mí.

Niego con la cabeza, extrañado.

—Eh… no. La última vez que la vi fue a la hora de la comida.

—Ya, igual que nosotras. La dejamos tomándose un café en la cabaña cuando subimos a las pistas.

¿Kelly no aparece?

—¿La habéis llamado?

—No da señal —contesta ahora la otra chica, Sienna.

Miro a Taylor como acto reflejo.

—Tiene que estar en el hotel —afirmo.

—La hemos buscado por todos lados…

—No ha podido irse a ningún lado con esta ventisca, tranquilas —digo, aunque la verdad es que me estoy intentando tran- quilizar a mí mismo.

—¿Habéis mirado en la piscina? —pregunta Taylor, y ambas asienten con la cabeza—. ¿En la sauna? —Vuelven a asentir—. ¿En el jacuzzi ? ¿En…?

—Hemos buscado por todos lados. Pensábamos que… quizás podía estar… contigo —me dice Molly.

Joder, ojalá.

—Vale, vamos a dividirnos —propongo—. Tay, tú quédate aquí y estate atenta por si aparece. Sienna, tú ve a las últimas tres plantas. Y tú, Molly, ve a las siguientes tres. Yo me ocupo de las últimas. Si alguna de las dos la encuentra, venid a recepción y que Taylor me avise.

Las tres asienten con la cabeza, pero ninguna se mueve de su sitio.

—Pero… ¿y si no está en el hotel? —me pregunta Molly.

—¿Y dónde iba a estar si no? —Tiene que estar aquí, ni de broma sigue fuera.

Kelly odia el frío. A la mínima señal de tormenta se habría resguardado—.

Está en el hotel, estoy seguro —afirmo, pero al decir esas palabras en voz alta, algo no me permite sentirlas…

reales—. Venga, vamos a buscarla —digo y, entonces, Molly y Sienna por fin actúan y cada una se va a donde le toca.

Cuando yo también voy a desaparecer en su busca, Taylor me agarra de la mano y me frena.

—Thiago, estará en cualquier lugar y perfectamente, tranquilo, ¿vale?

Yo asiento y me dirijo al mostrador de la recepción. Le hablo a Lisa.

—¿Has visto a Kelly por algún lado? —Me da igual en este momento que no le haga gracia escuchar su nombre. Necesito saber dónde narices está—. ¿Ha entrado en el hotel en algún momento de la tarde?

Ella niega con la cabeza.

—No me suena haberla visto.

—Lisa, no me vale esa respuesta. Sé que te habrías fijado si la ves entrar. ¿Ha venido o no? —pregunto, tajante.

Ella niega con la cabeza de nuevo.

—No sé si ha venido, pero yo por lo menos no la he visto.

Joder.

No está en el hotel. Lisa se habría dado cuenta.

Apoyo los codos en el mostrador y me agarro la cabeza con desesperación.

—¿Qué pasa?

—Que no aparece.

—No puede estar en ningún lado con la que hay fuera, Thiago.

Estoy a punto de contestarle, cuando alguien grita mi nombre.

—¡Thiago!

Giro la cabeza y me encuentro con Molly corriendo hacia mí.

Por un momento pienso que es para decirme que ha encontrado a Kelly, pero, cuando veo su cara de pánico, esa idea se desvanece y mi sangre se congela.

—¿Qué ocurre?

—Está en peligro. Está atrapada en las pistas.

—¿Cómo lo sabes? —pregunto desconcertado, porque es puto imposible. Tiene que ser otra cosa…

Me enseña su móvil. En él hay un mensaje de Kelly pidiendo ayuda y diciendo dónde se encuentra.

Tiene razón. Está atrapada en las pistas. En la puta ventisca. Desde vete tú a saber cuándo. El mensaje ha debido saltarle ahora, pero quizás ella lo envió hace tiempo. No tenía cobertura.

Joder. ¿Qué cojones hace ahí?

Esto no puede ser real.

«Reacciona de una puta vez, Thiago. Kelly está en pe­ligro».

Me cuelo detrás del mostrador de la recepción y robo las llaves de una de las motos de nieve.

Cuando Lisa entiende lo que voy a hacer, me agarra del brazo con fuerza y trata de frenarme cuando salgo de la recepción y me dirijo a una de las puertas para sacar el equipo necesario para poder subir la montaña con las condiciones que hay.

—¿Qué pretendes hacer? ¿Ir hasta ahí? ¿Pero tú eres consciente de la que hay liada fuera, Thiago? ¡Es muy peligroso!

A pesar de que consigo soltarme de su agarre, me persigue hasta que me meto en el almacén repleto de cascos, gafas, esquís, botas y abrigos de sobra para el personal del hotel.

Me visto lo más rápido que puedo, protegiéndome manos, cara y ojos, y guardándome un equipo de repuesto porque no sé en qué estado se encuentra Kelly…

Joder.

¿Cuánto tiempo llevará perdida? ¿Y cómo narices ha terminado ahí?

—Por favor, Thiago… —me pide Lisa, poniendo sus manos en mi pecho para frenarme cuando ve que me dirijo a la puerta principal del hotel—. Deja que los servicios de emergencia vayan a por ella. ¡Puede pasarte algo y no es tu responsabilidad ir a salvarla!

Me quito sus manos de encima, pero no me deja el camino libre.

—Me da igual que no sea mi responsabilidad, porque por ella me patería la puta montaña a pie ya sea con una tormenta de nieve o en medio del jodido apocalipsis. Así que, por favor, Lisa, apártate de una vez de la maldita puerta, porque como le pase algo a mí se me va la puta vida.

Tras esas palabras, a Lisa no le queda otra que hacerse a un lado y dejarme marchar.

Salgo del hotel y el aire y el frío me dan de lleno como nunca, pero no pierdo el tiempo en quejarme, porque voy corriendo hacia las motos de nieve. Me subo en la correcta a la primera, porque cuando introduzco la llave el motor se enciende.

La luz de la estación se ha ido y, por la ventisca, apenas hay iluminación en la montaña. Y si encima le añadimos que la visibilidad es completamente nula y que las luces de la moto no se proyectan a suficiente distancia, empiezo a desesperarme.

Joder, joder, joder.

¿Dónde estás, Kelly?

—¡Kelly! —grito, en vano. Con el ruido del viento y del motor es imposible que me escuche.

Sigo subiendo la pista, intentando buscar a ambos lados, mientras trato de calmar mi mente y mis pensamientos.

Está bien. Estoy seguro de que está bien…

Pocos metros después, a lo lejos, dejo de ver solo blanco en el camino y una mancha rosa aparece. El corazón me bombea con fuerza cuando me doy cuenta de que, en efecto, es ella.

La tengo, joder.

Incremento la velocidad de la moto para llegar más rápido, y, cuando la detengo a su lado, me bajo de un salto y me acerco a ella.

—¡Kell! —Me tiro de rodillas a su lado y la agarro de la chaqueta para levantarla. Me asusto bastante cuando veo que tiene los ojos cerrados y las mejillas heladas y repletas de arañazos—. ¡Eh, abre los ojos, Kelly!

Cuando veo que no lo hace, el corazón se me desboca.

Joder, está viva porque está respirando, pero no entiendo por qué está inconsciente.

Me quito los guantes y, como aún tengo las manos calientes, las acerco a su cara, agarrándole las mejillas, para intentar calentarla. Le acaricio los pómulos con mis pulgares con cuidado, y, tras unos segundos en los que trato de protegerla todo lo posible del frío, Kelly por fin abre los ojos.

Yo sonrío, aliviado, mientras ella trata de ubicarse.

—¿Qué…? ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? —balbucea completamente aturdida.

—Que casi me matas del puto susto.

Kelly me mira sin entender nada.

—¿Thiago? —pregunta, mientras que lleva sus manos a las mías, que aún siguen en su cara.

Yo asiento, y me bajo la braga de cuello que tengo subida hasta la nariz para que pueda verme la cara.

—¿Estás bien, Kell? ¿Te acuerdas de lo que ha pasado? ¿Te duele algo?

—No…, no sé. Estoy un poco confundida… y también bastante congelada.

—Vale, no te preocupes. Voy a sacarte de aquí.

Después de que los equipos de emergencia la trasladaran al hospital, examinaron a Kelly y nos dijeron que no tenía nada grave, solo un esguince leve de rodilla. La doctora le ha dicho que con reposo y hielo es suficiente y que no tendría por qué darle ningún problema.

Sienna y Molly llevan un rato dentro de la sala de observación en la que se encuentra Kelly. Yo estoy esperando a que se vayan para pasar a verla. Quiero estar a solas con ella.

La verdad es que se me hace eterna la espera hasta que salen. Cuando entro, Kelly está mirando algo en el móvil. Cuando nota mi presencia, aparta la mirada enseguida.

No se sorprende al verme porque sabía que estaba aquí, pero sí noto algo de nerviosismo e incomodidad.

—Eh, ¿qué tal estás? —le pregunto, y, por alguna razón, yo también me pongo algo nervioso.

Ella apaga el móvil y se recoloca en la cama.

—Mucho mejor. Gracias…

Señalo un taburete a mi lado.

—¿Puedo sentarme un momento?

—Sí, claro…

Compartimos una mirada tensa mientras me siento. Luego, nos quedamos en un silencio sepulcral durante un largo rato. Aunque tenga mil preguntas que hacerle, no sé si es el mejor momento.

Ella me mira fijamente y con los dientes apretados. Parece como si se estuviera aguantando las ganas de hacer o decir algo. Y, sinceramente, pensaba que no nos íbamos a dirigir la palabra, por eso me sorprendo cuando me llama.

—Thiago…

—Dime…

Espero impaciente sus palabras, pero de su boca no sale nada. En su lugar, hace algo que no me hubiera esperado para nada ni en mil años.

Kell me abraza con mucha fuerza.

—Gracias por venir a por mí…

A pesar de que he intentado resistirme mucho a tocarla…, llega un punto en el que no puedo evitarlo más. Mis brazos rodean su cintura para devolverle el abrazo con la misma fuerza, y para poder estrecharla de una puta vez contra mi cuerpo como llevo todo este tiempo deseando hacer.

Entierro mi cara en su cuello y respiro profundamente.

Dios mío.

El corazón del Thiago de hace seis años se acaba de recomponer un poco al sentirla entre sus brazos y al percibir su olor. Porque Kelly siempre ha tenido un olor dulce muy característico sin necesidad de echarse nada en la piel.

Por un momento vuelvo a tener diecisiete años, vivo en Galicia y acabo de despertarme por la mañana con la chica de mi vida entre mis brazos.

—¿Qué hacías ahí arriba, Kell? —pregunto sin sacar mi cabeza de su cuello. Porque no puedo soportar más las ganas de saber qué ha ocurrido.

—Subía a buscarte.

—¿A buscarme?

—Me arrepentía de no haber aprovechado mi última clase de esquí contigo…

—confiesa, y a mí se me acelera el corazón—.

Y como sabía que estabas ahí con Taylor…

, pues, no sé, suponía que… —Se le ahogan las palabras en la garganta—.

No tenía ni idea de la ventisca. Cuando hemos llegado arriba ya era tarde, tú ya no estabas y…

—¿Y cómo llegaste ahí, Kelly?

Siento cómo traga saliva con fuerza, y luego suelta un pequeño sollozo contra mi hombro.

—Iba con Mikael… —A mí se me cortocircuita el cerebro con esa contestación—. Lo siento, he sido una idiota. Él me había dicho que podía llevarme a donde estabas, pero el telesilla se paró y cuando nos quisimos dar cuenta, teníamos que bajar la pista roja porque la ventisca estaba llegando…

Yo trato de pensar con claridad mientras que ella me cuenta lo que pasó.

—Me obligó a bajar la pista sin frenar para resguardar- nos cuanto antes, pero en un momento determinado perdí el control de mis esquís y me caí.

Él me dijo que iba a ir a por ayuda, pero nadie aparecía…

—Kelly me abraza con más fuerza cuando rompe a llorar—.

El viento y el frío comenzaron a aturdirme…

, y lo siguiente que recuerdo es que apareciste tú… Pasé mucho miedo.

¿Mikael le dijo que iba a ir a por ayuda y nunca apareció? ¿Por qué?

A ver, joder, es un desgraciado… ¿Pero por qué iba a mentirle a ella de esa forma? ¿Qué pretendía? ¿Dejar que se muriera de frío ahí fuera? ¿Que la nieve se la tragase? ¿Que una avalancha la aplastara?

—Tranquila, Kell —digo contra su cuello y acariciando su espalda—. Ya estás a salvo.