CAPÍTULO 15
ALERTA AMARILLA
Kelly
L ejos de todo lo que en este tiempo he estado pensando, no está siendo tan divertido ver la montaña desde la distancia con un café calentito entre las manos.
Me escuece un poco decirlo, pero esquiar está…
bien. Bueno, está bien si estoy bajo la responsabilidad de una persona que no quiere que trague nieve o que me rompa la columna…
Esquiar con Sienna y Molly no ha sido lo más emocionante del viaje porque casi acabo en el hospital, pero esquiar con Thiago ha sido…
diferente, y ahora más que nunca me arrepiento de no haber aprovechado la última clase de hoy con él.
¿Quizás estoy a tiempo de hacer una última bajada juntos?
Sé que está por las pistas con Taylor y sus amigos porque Sienna y Molly han subido a ver cómo Taylor prueba su silla de esquiar adaptada… A lo mejor, si me ve arriba, quiere esquiar conmigo por última vez.
¿Estoy loca? Debería quedarme haciendo reposo…
En realidad, no me duele tanto la rodilla… Y me da envidia que todos estén arriba y yo no.
Tamborileo con los dedos sobre la mesa de madera de la cafetería en donde estoy mientras pienso en qué hacer, pero, lejos de tomar una decisión de forma meditada, la tomo rápido y sin pensar cuando veo a alguien que quizás puede llevarme con Thiago.
Mierda, me voy a agarrar a un clavo ardiendo, pero…
—¡Mikael!
Él se detiene cuando escucha mi grito y me busca con la mirada. Se le iluminan los ojos cuando me encuentra.
Yo me levanto de mi mesa y me acerco a la barandilla que separa la cafetería de la estación. Él en ese tiempo hace lo mismo, pero desde el otro lado. Cuando llega, apoya sus brazos en la madera y me mira con atención y curiosidad.
—Hola, preciosa, qué sorpresa que me llames. ¿Has pensado mejor la propuesta de ayer y…?
«Mira, tío, corta el rollo».
—¿Sabes dónde está Thiago? —pregunto, callándole de sopetón y haciendo que la expresión de su cara cambie completamente. Mikael se pasa la lengua por las muelas y mira hacia la derecha mientras sonríe amargamente.
—¿Thiago? —repite, ahora mirándome con… ¿rabia?—. ¿Para qué buscas a Thiago?
—No busco a Thiago concretamente —miento—. Busco a todos.
Algo dentro de él no se cree mi rectificación, pero aun así me contesta.
—Están por las pistas rojas, con Taylor.
Vale, esa es una información que yo ya sabía, pero me gustaría saber dónde concretamente. Hay mil pistas rojas.
—¿Tú vas a subir? —pregunto, y él, por alguna razón, me mira con el ceño fruncido.
—Sí, pero no voy a ir con ellos.
—¿Podrías indicarme arriba dónde están?
Mikael entrecierra los ojos y me mira de arriba abajo. Se queda en silencio durante unos segundos, pero termina por asentir con la cabeza lentamente.
—Claro que puedo… Ven conmigo.
Salgo de la pequeña terraza de la cabaña y me acerco a él. Caminamos juntos en silencio hasta el telesilla, aunque puedo sentir su mirada de reojo constantemente.
Nos ponemos los esquís antes de montarnos en el telesilla, y mientras subimos a las pistas rojas, yo solo puedo pensar que en qué momento estoy en la misma silla que Mikael, subiendo a unas pistas que no son de mi nivel.
Dios mío, Kelly.
Eres idiota.
«Thiago está arriba, tranquila».
—¿Por qué hoy hay tan poca gente esquiando? —le pregunto a Mikael, rompiendo el silencio que se ha instalado entre nosotros desde que he aceptado a acompañarle.
—Hay aviso de nevadas y viento. Estamos en alerta amarilla. Las pistas tienen que estar desalojadas a las seis y media.
Lo miro impactada.
—¿Qué? —Trago con fuerza—. ¿Y por qué no me lo has dicho antes de subir?
—Hay un cartel avisándolo en el hotel, y miles de ellos por la estación —informa con cierta sorna—. Pero no te preocupes, guapa, vas conmigo, no va a pasarte nada.
Me separo la braga del cuello porque me estoy empezando a poner nerviosa. ¿Cómo narices no he podido ver esos cárteles?
«Joder, Kell, no puedes estar tan despistada y distraída con tus pensamientos todo el tiempo».
Bueno, al menos solo es alerta amarilla… Podría ser peor… Podría ser… roja…
—¿Y crees que en media hora me dará tiempo a encontrar a Thiago y a bajar la pista? —pregunto, sabiendo que la respuesta es no.
Mikael me mira fijamente, y consigue hacerme sentir más incómoda y angustiada de lo que ya me estoy empezando a sentir.
—¿Encontrar a Thiago? —repite mis palabras con dureza—. ¿No se supone que vas a buscar a todos?
Trago ahora con mucha más fuerza.
—Sí, bueno, a todos… Pero él es mi monitor… Esperaba que… Esperaba bajar la pista con él. No tengo el nivel para bajar una roja —confieso.
Mikael hace una mueca que me indica que ya me puedo poner a rezar.
—Pues, preciosa, estás bastante jodida —admite, confirmando mis sospechas.
—¿Por qué exactamente?
—Porque, para encontrar a Thiago, vas a tener que esquiar sobre una roja. Y la verdad es que no creo que llegues a tiempo si vas a tu ritmo. Cuando quieras llegar, ya se habrán ido todos y tendrás la ventisca encima.
«Vale, Kelly, que no cunda el pánico. Al menos no estás sola todavía. Por mucho que Mikael no sea santo de tu devoción, sigue siendo un monitor y puede sacarte de aquí. Tranquilidad».
—¿Y todo esto no me lo podrías haber dicho abajo? —Le echo en cara—. Joder, sabías de sobra que con Thiago no he superado las pistas azules.
Mikael me mira un poco mal porque lo estoy confrontando.
—Eh, tranquila, bonita, que la culpa es solo tuya. Te he informado desde el primer momento que Thiago está en las pistas rojas. ¿Cómo narices pretendías llegar a él si no era esquiando por esas pistas?
Estoy a punto de contestar, cuando de pronto el telesilla se frena, y pocos segundos después una ráfaga de viento helado nos da de frente y hace que las sillas se muevan de forma brusca.
No, no, no, no ¡y no!
Miro a Mikael alarmada y asustada, pero él no parece preocupado.
Aunque, como no podía ser de otra forma, mi mente me juega una mala pasada, porque de pronto recuerdo las palabras de Thiago de ayer diciéndome que podía estar tranquila en el maldito telesilla…, ¡siempre y cuando no se levantara una ventisca!
Dios Santo, voy a morir. Y voy a morir con Mikael al lado.
Me resisto las ganas de agarrarlo del brazo con todas mis fuerzas, y tan solo empiezo a rezar para que el telesilla se ponga en funcionamiento de nuevo y pueda salir de aquí cuanto antes.
—Me vas a tener que ayudar —le advierto.
—Si hubieras estado en mi clase no te haría falta.
¿Acaso se cree que eso me importa ahora mismo?
—Si no he avanzado más es porque yo no he querido —contesto con firmeza.
Mikael eleva sus cejas.
—¿En serio? —pregunta con ironía—. ¿Y se puede saber por qué no has querido? ¿No te sentías segura con Thiago?
Qué pesado es con Thiago.
—En la vida me he sentido tan segura que cuando he estado con él —respondo de forma tajante, porque estoy harta de que intente dejarle mal todo el rato.
Mikael, en respuesta, sonríe irónicamente.
—Ah, ¿sí? —Yo asiento—. ¿Y por qué no has querido subir con él desde un principio y has terminado recurriendo a mí?
¿Recurrido a él? ¿Qué tipo de pájaros tiene en la cabeza?
—No tenía intención de esquiar hoy con nadie ni en ningún momento, porque ayer me di un golpe.
Me mira de arriba abajo, intentando descubrir dónde me golpeé.
—¿Y por qué has cambiado de opinión?
Me encojo de hombros, intentando encontrar una excusa.
—Me apetecía ver a Taylor esquiando. —Y no es del todo mentira.
—Claro, a Taylor —dice con ironía—. Thiago te da igual.
Lo miro extrañada.
—¿Qué clase de obsesión tienes con Thiago? —no me resisto a preguntar, un tanto a la defensiva.
Mikael me mira de forma retadora.
—¿Y tú, preciosa?
Me quedo callada como una tonta.
No tengo ningún tipo de obsesión con Thiago, pero que una persona como Mikael (que no me conoce de nada) suelte un comentario de ese estilo… me deja un poco confundida.
¿Estaré dando una impresión equivocada sobre lo que ha causado en mí volver a ver a Thiago?
No. No puedo demostrar eso, y menos delante de gente que no me conoce de nada.
—Deja de llamarme de esa forma —le pido.
Mikael sonríe.
—¿Eso es lo único que tienes que decir?
No, por supuesto que no.
—No, también que dejes de sacar cosas de contexto. Estoy aquí para casarme.
—¿Y Thiago lo sabe?
—¡¿Puedes dejar a Thiago en paz?!
Él, tras ese grito, levanta las manos en forma de inocencia, y su expresión sarcástica cambia a una completamente diferente. Mikael deja de mirarme a mí para pasar a mirar al horizonte, mientras aprieta con fuerza la mandíbula.
Y cuando pensaba que iba a dejar la conversación aquí, suelta un comentario bastante fuera de contexto.
—No entiendo qué cojones le veis todas a ese niñato.
¿Niñato?
Uf.
Cuidadito, Mikael.
—Te recomiendo no hablar mal de él delante de mí.
Deja de mirar al frente y clava sus ojos oscuros en los míos.
—¿Me recomiendas, Kelly? —A pesar de que utiliza su usual tono sarcástico, esta vez va acompañado de una pizca de cólera.
—Ese niñato es mi exnovio —respondo duramente, para darle a entender que no voy a pasar ni media, y para dejarle claro que, aunque Thiago sea alguien de mi pasado, es de las personas que más me importan, y que defendería sin pensármelo.
Mikael sonríe ampliamente.
—Vale, vale, ahora todo tiene sentido…
—¿El qué tiene sentido?
—Que quieras estar cerca del pequitas. ¿Tu prometido sabe que aún te mueres por él? —dice, y, o yo estoy loca, o el tono que acaba de utilizar está lleno de rencor.
—Dios Santo, estás fatal de la cabeza —murmuro. Luego, para mi sorpresa, Mikael me agarra de la barbilla cuando estoy a punto de dejar de mirarlo. Me gira la cabeza con algo de fuerza y me obliga a clavar mi mirada en la suya de nuevo. Solo cuando siente que tiene toda mi atención, habla.
—Eh, un respeto, que quien te va a salvar ese bonito culo que tienes de lo que te espera en cuanto te bajes de este telesilla voy a ser yo.
Se nota a kilómetros que le ha encantado decir eso…