CAPÍTULO 14
TE brILLAN LOS OJOS
Thiago
L a última clase de la semana sin Kell no me está molando nada y, por primera vez desde que soy monitor, quiero que por fin se termine.
Llevo toda la mañana pensando en el día de ayer, en nuestra conversación.
No es ninguna mentira que durante todos estos años no he podido pasar página. Dentro de mí siempre hubo una pequeña esperanza. Algo que me decía que Kelly iba a regresar, que iba a estar a mi lado y que podía volver a quererme…
No me siento orgulloso de decir que ni siquiera recuerdo el número de chicas con las que he intentado (aunque sea por un segundo) olvidarme de Kell y, más aún, porque con ninguna ha funcionado.
De alguna forma siempre terminaba pensando en ella; deseando que la chica que tenía junto a mí fuera Kell.
Deseando que, al mirarlas a los ojos, pudiera encontrarme con el azul de sus ojos.
Era incapaz de no compararlas. Por mucho que todas esas chicas me parecieran preciosas, ninguna era Kelly.
Ninguna era tan perfecta como ella. Ninguna conseguía hacerme sentir ni una pizca de lo que sentía con Kell.
Y la culpa era solo mía. Esas chicas tenían mucho que ofrecer, pero yo era incapaz de aceptarlo.
Intentaba cosas nuevas con ellas, pero siempre me terminaba apareciendo un recuerdo de nosotros haciendo algo parecido y, al instante, era incomparable, porque todo con Kelly era mejor…, y nada sin Kelly tenía sentido.
Entré en un bucle infinito en el que me convencía todo el rato de que con otra chica iba a funcionar cuando con la última no lo había hecho, pero siempre terminaba ocurriendo lo mismo: por mucho que ellas me pudieran parecer perfectas, siempre deseaba con todas mis fuerzas que fuera ella.
Lisa tenía razón.
Por más que tratara de aparentar que había superado a Kelly, nunca lo llegué a conseguir, porque para mí Kell es insuperable…
Ha llegado un punto en el que realmente no sé de lo que sigo enamorado: si del recuerdo de lo que fuimos o de la pequeña esperanza de lo que aún podríamos ser…
Estoy destrozado y también decepcionado.
Siento que el tiempo se me agota, pero al mismo tiempo no sé cómo actuar.
No sé qué hacer con el tiempo que aún nos queda estando cerca.
Tal vez no puedo hacer nada, porque, como ella me volvió a recordar ayer, está aquí para casarse con un hombre al que…
quiere y respeta, y yo no puedo hacer nada para evitarlo.
Yo puedo seguir enamorado de Kelly, pero está claro que ella no lo sigue estando de mí…
¿Qué es lo que debo hacer? ¿Intentar aprovechar el tiempo que me queda con ella hasta que su… prometido venga? ¿O aparentar que he aceptado que nada puede cambiar y dejarla disfrutar de su viaje con sus amigas?
Joder, no puedo.
No puedo dejarla escapar. No puedo no estar cerca de ella cuando llevo tantos años deseando tenerla de nuevo a mi lado.
La necesito.
Llevo todos estos años sin el corazón en su sitio…, y ahora que ella está aquí, parece que está volviendo a encontrar su lugar en mi pecho.
Pero… ¿qué pasará cuando se marche de nuevo?
¿Sería capaz de sacrificarlo para toda una vida por pasar estos últimos dos días cerca de Kelly?
Sí, desde luego que sí.
Por ella todo merece absolutamente la pena. Aunque ella ya no piense lo mismo de mí…
—Eh, guaperas, ¿listo para que te destroce en la pista?
Taylor me saca de mis pensamientos, y puede que ella sea la única persona en el mundo capaz de hacerlo sin que me moleste.
—Creo que te has olvidado de con quién estás hablando —le contesto con una sonrisa.
Hace dos horas que hemos terminado las clases con el colegio.
Anoche le prometimos a Taylor que después de comer iríamos a verla probar su nueva silla adaptada.
En la estación se pueden alquilar sillas de ese estilo, pero Taylor nunca ha terminado de sentirse cómoda esquiando con ellas, porque al ser de una calidad algo cuestionable, no le permitían disfrutar del esquí como a ella siempre le ha gustado.
Eso a Taylor la desilusionó tanto que incluso dejó de esquiar durante varios meses… Con el paso del tiempo, recordó que realmente esquiar era su pasión, y decidió convertirse en una monitora más de la estación.
Sin embargo, aunque volviera a reconciliarse con el deporte, finalmente decidimos comprarle entre todos una de las mejores sillas para ella sola, para que pueda esquiar cuando quiera, y, como siempre ha ocurrido, siendo una de las mejores.
—Sí, tienes razón. Con un amigo que no me cuenta nada últimamente.
Su respuesta me pilla por sorpresa y me hace fruncir el ceño.
—¿Qué? ¿De qué hablas, Tay?
—Te he pillado completamente perdido en tus pensamientos. Llevas así varios días. ¿Quieres hablar del tema?
—¿Qué tema? —Me hago el loco. Ella lo sabe perfectamente. No es tonta y acaba de revelar que ha notado una actitud rara en mí desde…
—Pues de ella; de Kelly.
Aprieto los dientes, porque no sé si realmente quiero hablar con alguien al respecto.
—No hay nada de lo que hablar realmente, Tay.
—Ah, ¿no? Thiago, te brillan los ojos cada vez que está cerca —dice, y aunque me haya encantado escucharlo, no es ninguna sorpresa para mí—. Estoy segura de que algo debió pasar entre vosotros, y que eso que pasó fue lo que te trajo hasta aquí…
Yo miro a Tay con los ojos entrecerrados.
—¿Hay que quemarte en una hoguera, brujilla?
Ella se encoge de hombros, sonriente.
—Era demasiado predecible.
—Para ti, supongo.
—Para cualquiera que os preste un poco de atención.
¿Eso quiere decir que Taylor me puede dar información sobre lo que Kelly no expresa que siente o de lo que yo no me estoy dando cuenta?
Joder, ojalá que sí.
—Tay, sin contarte nada… ¿Qué ves en ella? —pregunto, ansioso por saber lo que ella piensa.
Taylor resopla lentamente y luego frunce el ceño mientras piensa o recuerda algo. Quizás a Kelly. Tras estar unos segundos en silencio, contesta algo que, muy en el fondo, me esperaba.
—Arrepentimiento. Y un poco de tristeza.
Trago saliva, porque escuchar que Kelly está triste creo que es de las cosas más dolorosas que puedo procesar.
Sí es verdad que la Kell que he vuelto a ver, en cierta medida, no tiene nada que ver con la que yo conocía, pero pensaba que era…, no sé, por haber crecido y madurado, y también por la situación tensa que hay entre nosotros… Nunca pensé que podía ser porque de verdad se sintiera triste.
—Está a punto de casarse, no debería estar triste…
Me agobia saber que Kell no es feliz a casi una semana de su boda.
¿Su… prometido será consciente de eso? ¿Será él quien la hace sentir así?
Aprieto la mandíbula al imaginarme mil situaciones diferentes en las que, de alguna manera, él hace que Kelly no sea feliz.
Joder, si ni siquiera sabe cuál es su flor favorita. ¿Cómo narices pretende hacerla feliz?
La voz de Taylor me saca de mis pensamientos.
—Thiago, algo me dice que Kelly no solo está triste, también muy perdida.