Aquí, ahora y contigo CAPÍTULO 13 #3
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CAPÍTULO 13 #3

Doy un par de pasos hacia atrás todo lo rápido que puedo, y, a pesar de que me hubiese encantado salir corriendo hacia el hotel, desaparecer justo cuando le van a dar los regalos a Taylor es bastante irrespetuoso. Por eso comienzo a caminar hacia las escaleras sin esperar a Thiago.

Entro en la cabaña, y al instante siento alivio por el calor que hace.

Camino hacia el sillón donde está Molly, y debe de notar que algo ha pasado, porque me pregunta al oído si estoy bien.

Le digo que sí, y gracias a Dios no da tiempo a más conversación, porque de pronto apagan las luces del local y Thiago y Oliver aparecen con una tarta con dos velas enormes encendidas encima, mientras que le cantan el «cumpleaños feliz» a Taylor.

—Este regalo es de parte de todos, pero en especial de Thiago —anuncia Elsa, mientras le extiende un paquete enorme.

Taylor los mira intrigada cuando ve el tamaño de su regalo, y se pone algo ansiosa por descubrir qué es.

No pierde el tiempo en tratar de averiguarlo y rompe el envoltorio con prisa e ilusión.

Se queda confundida mirando la caja, pero cuando la gira y ve el nombre y el dibujo de algo se lleva una mano a la boca y se le humedecen los ojos en un solo segundo.

—¿Esto es de verdad? —pregunta al borde del llanto, mirando a Thiago.

—Completamente verdad, Tay. Ya tienes tu silla adaptada. Por fin vas a poder esquiar de verdad de nuevo —contesta él.

Ella rompe a llorar y mueve su silla de ruedas hasta que queda frente a Thiago. Lo abraza con fuerza mientras solloza, y Thiago no duda en devolverle el abrazo con la misma intensidad.

Cuando volvemos al hotel, me dirijo a la recepción para recoger el paquete de Alan, mientras que Molly y Sienna se van a la habitación a ducharse, porque siempre hay peleas por quién lo hace primero.

—Han dejado un paquete para mí —le digo al de recepción—. Kelly Williams.

Él asiente y se dirige a otra de las puertas; se mete dentro de un pequeño almacén y vuelve con lo que Alan me ha dejado.

Dios mío.

El chico deja un ramo de rosas enorme encima del mostrador, junto a una caja de bombones y un pequeño paquete; luego saca una carpeta de un cajón. Tras buscar entre unos papeles, me extiende uno y me da un boli.

—Tiene que firmar aquí —dice, señalando el papel.

Yo firmo lo más rápido que puedo, y luego cojo todo.

—Gracias —le digo entre dientes antes de marcharme.

Me dirijo a los ascensores, pero la voz de alguien me hace parar.

—¡Hala! ¡Qué flores más bonitas! —exclama Taylor.

Elsa, Oliver, Thiago y ella están en los sillones de la recepción. Yo comparto una mirada con Thiago, que tonto no es, y a pesar de que para variar me habría gustado salir disparada de ahí, me acerco a ellos, pero, en especial, a Taylor.

—¿Te gustan? —le pregunto con una sonrisa.

Ella asiente entusiasmada.

—Son preciosas. A mí nunca nadie me ha regalado flores…

Yo sonrío.

—Bueno, pues eso tiene solución ahora mismo —digo, y de mi ramo saco unas cinco rosas y se las ofrezco—. Para ti, Taylor. Feliz cumpleaños.

Ella me mira impactada.

—Pero…, son tuyas… —dice algo cortada, sin atreverse a coger el minirramo que le quiero regalar.

—¿Tú has visto todas las que tengo? Podría regalarle una a todos los de este hotel. Cógelo, Taylor, me hace ilusión ser la primera que te regala flores —digo, y luego le guiño un ojo.

Ella sonríe de forma tímida, pero esta vez sí que se anima a coger los rosas.

—Muchas gracias, Kelly.

Yo le sonrío en respuesta y luego miro a sus acompañantes.

—¿Alguien más quiere una rosa? —pregunto.

—Yo soy alérgica —dice Elsa.

—Yo es que soy más de hortensias, pero también gracias —dice ahora Oliver, robándonos una sonrisa a todos.

Miro a Thiago, pero creo que no hace falta intuir ni predecir nada. Obviamente no va a aceptar una flor que otro hombre me ha regalado a mí. Por eso mismo ni siquiera abre la boca.

—Buenas noches, chicos —me despido, ahora algo cortada, y tras recibir también su respuesta, me doy media vuelta para ir hacia los ascensores, pero la voz de Thiago me detiene.

—Kelly, espera. Se te ha caído esto del ramo —dice, enseñándome un pequeño papel doblado en dos.

—Gracias… —respondo, y extiendo la mano para coger el papel.

Thiago tarda su tiempo en reaccionar, y sé que eso ocurre porque se muere por saber lo que pone en la nota: no me sorprendo cuando la abre rápido y disimuladamente para leer el mensaje.

Me mira a los ojos durante unos segundos, y por fin me entrega el papel. Aunque, para mi sorpresa, en vez de alejarse cuando ya lo tengo entre mis dedos, acerca un poco más su cara a la mía, porque tiene algo que decirme casi en un susurro.

—Se va a quedar muerto cuando le confieses que tus flores favoritas no son las rosas. Buenas noches, Kell.

Y tras decir eso último, se separa de mí y vuelve con sus amigos.

Yo, con la cara ardiendo por alguna razón, voy al ascensor. Por suerte no tarda más de dos segundos en llegar, y puedo soltar bastante rápido el suspiro que llevo todo el día queriendo sacar. Mientras subo a mi planta, abro la nota.

Las flores favoritas de mi chica, para mi chica favorita.

~A.