CAPÍTULO 13 #2
¿Debo llamarle? ¿O esperar a mañana? ¿Estará enfadado? ¿Se me notará que me he tomado dos gin-tonic? ¿Le digo que al final no he ido a la excursión? ¿Le cuento que casi me abro la cabeza esquiando?
No.
No voy a decirle nada.
Voy a esperar a mañana y…
¡Mierda!
Me está llamando. Otra vez.
«Kelly, coge la maldita llamada».
Deslizo el dedo hacia la opción de contestar, y me llevo el móvil a la oreja mientras que con la otra mano me tapo el otro oído para poder escucharlo bien.
—Hola, cari…
—¿Qué está pasando, Kelly? Te he llamado unas quince veces.
—No, no lo sé. Creo que mi móvil sigue sin funcionar bien —contesto, tapándome el oído con más fuerza, porque lo escucho fatal.
—Me tenías preocupado… ¿Dónde estás? ¿En una fiesta?
—No…, bueno, más o menos. Estoy en un cumpleaños.
—¿Un cumpleaños? ¿El cumpleaños de quién?
—De la amiga de mi monitor de esquí… A Molly a Sienna y a mí nos han…
—¿Y la excursión, Kelly?
Me paso la mano por la frente y me chupo los labios algo nerviosa. ¿Por qué siento que tengo que mentirle? ¿Por qué no puedo decirle que me he caído esquiando y que no era buena idea ir a la excursión?
—Es que ha ocurrido un problema…
—¿Qué problema?
—Pues que… que… —decido contarle la verdad—. Me he caído esquiando y no me encontraba con ganas de ir…
Escucho cómo suspira.
—De acuerdo, no te preocupes… ¿Y cómo estás, cielo? ¿Dónde te has hecho daño?
—No es nada grave, no te preocupes.
—¿Desde cuándo estáis ahí? Hace unas tres horas que me han informado de que el paquete que te he mandado ha llegado a la recepción del hotel.
—¿Qué paquete, Alan?
—Te he comprado un móvil.
—¡Te dije que no hacía falta! —le reprocho.
—Por supuesto que hace falta, Kelly. No te llegan las llamadas.
—Alan, no te comportes como si fueses mi padre y debieras tenerme controlada a todas horas, ¿vale?
—Kelly, por Dios, no trato de tenerte controlada, intento comunicarme con mi prometida. ¿También te sienta mal que me preocupe por ti?
—No. Simplemente… —Se me ahogan las palabras en la boca. Quiero decirle que puedo apañármelas sola y que no necesito que a cada pequeño problema que me surja él le ponga solución—. Da igual… Gracias por el teléfono, Alan.
—Cariño… —me dice con calma tras unos segundos en silencio.
—¿Qué?
—Que te quiero. Que todo lo que hago o trato de hacer es para hacerte feliz.
Me muerdo el labio inferior con fuerza.
—Lo sé, Alan, pero no tienes que estar siempre preocupado por hacerme feliz.
—¿Y de qué otra cosa podría preocuparme, Kelly? Tú eres lo más importante para mí.
Levanto la mirada del suelo y la pierdo ahora en una de las ventanas, dando la casualidad de que a través del cristal justo se puede ver la mesa en la que estamos.
Por suerte, Lisa ya no está con Thiago, sino que ahora él está bromeando con Taylor, porque ella no para de reírse. Sonrío sin darme cuenta.
—Tú también eres lo más importante para mí —digo por acto reflejo.
—Por favor, avísame cuando estés en el hotel y cuando tengas el nuevo móvil.
Asiento.
—Vale, te aviso.
—Te quiero, Kelly. Mucho.
—Yo también te quiero, Alan.
Y dicho eso, cuelgo la llamada.
Me froto la cara porque tengo un lío en la cabeza que ni yo misma entiendo. ¿Qué narices me pasa?
Necesito irme de aquí cuanto antes. Necesito casarme y largarme. No aguanto más. Cuanto más tiempo paso aquí sola, más confusa me siento.
Ojalá no hubiera venido hasta el día de mi boda.
Ojalá hubiera decidido otro lugar para casarme.
Ojalá pudiera decir que tengo todo claro en mi vida…
—Hombre, Kelly, qué sorpresa encontrarte por aquí.
En cuanto reconozco a Mikael, me separo de la barandilla de madera. Estoy dispuesta a meterme de nuevo en la cabaña, cuando él se me pone delante y me interrumpe el paso.
—Eh, que solo vengo a hablar. —Levanta las palmas con fingida inocencia—. ¿Qué tal estás? ¿Con quién hablabas?
Me cruzo de brazos y lo miro desafiante.
—Hablaba con mi prometido —le contesto, para ver si pilla de una vez que no voy a ligar con él, y que no voy a permitir que él lo intente conmigo.
A pesar de que mi respuesta tendría que haberle echado para atrás, en él tiene un efecto contrario.
—Ah, ¿sí? —Sonríe divertido—. ¿Y qué te ha dicho?, ¿que te comparte un rato conmigo?
Le doy un empujón para que se aparte de mí.
—Das asco. ¿Qué te piensas que soy? ¿Un maldito trozo de carne que mi marido decide si puede compartir o no? ¿Tú eres un cavernícola o qué?
—Tranquila, preciosa, que tan solo era una broma.
Niego con la cabeza. Que los machirulos se justifiquen con «es una broma» me eleva los niveles de cortisol hasta picos preocupantes. ¿El que sea una broma significa que deba molestarme menos su comentario de mierda?
Mira, de verdad…
—Ya, pues menos mal que era broma, porque ahora ya tengo claro que eres un completo payaso.
Tras fulminarlo con la mirada, me doy media vuelta. Aunque para mi desgracia no estoy lo suficientemente lejos cuando me contesta, porque escucho su respuesta a la perfección.
—¡Enfadada solo me pones más!
Le saco el dedo y me alejo.
Decido volver al hotel. Necesito una ducha y silencio. Ahora es el momento perfecto ya que Sienna y Molly están entretenidas y pasándoselo bien fuera de la habitación. Comienzo a bajar los escalones de la cabaña, pero me detengo cuando veo a Thiago fumando al final de las escaleras.
Me quedo quieta durante unos segundos decidiendo si pasar por su lado o si darme la vuelta para ir por el contrario, pero contemplar la posibilidad de que Mikael siga por ahí me hace decantarme por la primera opción.
Thiago me ve, pero yo hago como que no lo veo a él. Paso por delante sin dejar de mirar al frente, pero sintiendo su mirada en mí.
—¿Kell? ¿A dónde vas? ¿Kell? ¡Kelly!
No quiero hablar con él ahora mismo. Solo quiero irme a mi habitación.
Pero como a Thiago debe extrañarle que pase de una forma tan descarada de él, se pone a correr para alcanzarme y detenerme.
—¿Por qué pasas de mí? —me dice una vez está enfrente.
—Lo preguntas como si fuera una novedad que lo haga.
Él frunce el ceño, tira el cigarrillo al suelo y lo pisa sin quitarme los ojos de encima.
—¿A qué viene esa contestación?
—A que yo no te busco, ¿vale?
Thiago se extraña aún más.
—¿Qué narices te pasa?
—¿A mí? Nada. ¿Qué narices te pasa a ti?
—Joder, Kell. No estoy entendiendo nada.
—Pues como siempre, Thiago.
Trato de andar lejos de él, pero me interrumpe el paso con su brazo en mi cintura. En el tiempo en el que me vuelve a colocar en el mismo lugar en el que estaba, estudia la expresión de mi cara.
—¿Estás así porque Lisa…? No tenía ni idea de que ibas a venir, Kelly. Pensaba…
Le interrumpo, porque me parece de coña que vuelva a justificarse con lo que hace con su vida o con Lisa.
—¿Puedes parar? No quiero ningún tipo de explicación, Thiago.
—Sí que la quieres, Kelly, aunque no lo quieras admitir.
Pues sí, puede que tenga razón.
—¿En serio me estás diciendo que, si llegas a saber que voy a venir, no hubieras traído a Lisa al cumpleaños? ¿Qué pasa? ¿Que estás intentando jugar a dos bandas o algo así?
Thiago niega con la cabeza.
—No, joder, Kelly, claro que no.
—¿No? Pues ya me explicarás por qué narices influía que yo viniera en que ella lo hiciera.
—Lisa habría venido lo hicieras tú o no —contesta tajante.
—Entonces, ¿por qué hace un momento intentabas justificarte?
Él se pasa la lengua por el labio inferior.
—Porque…, no sé, Kell, quizás pensaba que podría haberte dolido ver…
—¿Cómo te manosea? —pregunto por él. Aunque no dice ni sí ni no, sé que lo que quería decir era algo como eso—: Thiago, me voy a casar con alguien a quien quiero y respeto, ¿te acuerdas?
Él asiente con la cabeza, mientras aprieta la mandíbula.
—Por supuesto que me acuerdo, Kelly.
—Entonces, ¿por qué narices piensas que podría dolerme ver cómo otra te mete mano? —Me gustaría mucho descubrir la razón. Más que nada porque acaba de demostrar que ha notado mi incomodad, pero tampoco ha hecho nada al respecto.
Thiago me fulmina con la mirada. Sus ojos verdes, tan cálidos como siempre, me retan.
—¿Quieres que te diga por qué, Kell?
Me cruzo de brazos.
—Sí.
Él da un paso hacia mí, reduciendo completamente las distancias. Ahora tengo que alzar el mentón para poder mirarlo a los ojos.
—Porque a mí me volvería loco ver cómo alguien toca a la persona a la que más he querido en toda mi puta vida.
Porque esperaba que tú siguieras sintiendo algo parecido por mí.
Porque soy un puto desgraciado que no puede pasar página y que se muere porque a la chica de su vida le interese, aunque sea un poco, la persona con la que ha aprendido a vivir —dice a escasos centímetros de mi cara—. ¿Contenta ahora, Kell?
Lo separo de mí, porque estoy de todo menos contenta.
—No puedes echarme la culpa de que no puedas pasar página —le digo.
—No te estoy echando la culpa, Kelly.
—¡Sí lo estás haciendo, Thiago! Me acabas de echar en cara que no sienta celos por ti, porque tú sí que los tendrías de mí.
—Simplemente te he confesado mis sentimientos.
—Pero has dicho que te gustaría recibir de mí lo mismo que tú sientes ahora.
—Y eso no es ninguna mentira, Kelly —reconoce—. Me encantaría que me dijeras que quieres absolutamente todo aquí, ahora y conmigo, pero entiendo que eso no es posible. No te lo estoy echando en cara, solo te demuestro lo que me gustaría que ocurriese.
Doy un paso hacia atrás y trato de tragar con fuerza, pero tengo la boca y la garganta completamente secas.
—Joder, Thiago, no me puedes hacer esto.
—¿El qué?
—¡Eh, vamos a darle los regalos a Taylor! ¿Venís o qué? —grita Oliver.
Ambos miramos en dirección a la cabaña, y lo vemos de pie junto a Sienna. Ella está agarrando el brazo de Oliver al tiempo que me mira con el ceño fruncido, intentando descifrar no solo la expresión de mi cara, sino también lo que acaba de ocurrir y por qué Thiago y yo estamos hablando tan cerca.
Joder.